DIVERSIDAD CULTURAL Y COLABORACIÓN SOCIOTECNOLÓGICA

Salvador Estrada Rodríguez
María de la Luz Martín Carbajal
Rubén Molina Sánchez

Capítulo 6

Esquema hilemórfico virtual “subjetividad mediática en el mercado global de la educación superior en México”

Lya Adlih Oros Méndez1

 

Resumen

La cuestión sustantiva es cómo capacitar y para qué, de modo de no caer en las redes tradicionales pero tampoco de perder el norte y pasar a incorporar bulímicamente conocimientos que nos hagan otra vez caer en la indigestión. La transmisión de información,  plantea a los procesos de formación actuales el desafío de construir signos y símbolos cuando las señales ya no son controladas por el dispositivo pedagógico tradicional, el del pizarrón, el aula y el cuerpo del docente, sino por tecnologías de información y comunicación,  entre ellas: pantallas, celulares, dispositivos de audio y ondas electromagnéticas. El asalto del afuera de la escuela, ya sea el hambre, la tecnología o una combinación de ambas, u otros factores, exige que la escuela no sea más un interior autosuficiente, posibilitándose la producción de  subjetividades por las clases disciplinares y de control, legitimadas por medio de las TIC´s.

Introducción

El sistema de educación superior en México, en la actualidad se ve inmerso en una problemática de identidad, en la que de forma palpable surge una disputa sobre el desdibujamiento de éste como una institución social y de conocimientos que pretende la formación de ciudadanos,  polarizándose entre una visión de recurso y como medio de negociación-interacción, en la que se le tilda como fábrica de competencias públicas, legitimadas  por intereses privados mediante procesos tecnológicos y administrativos, que de forma eficaz administran las exigencias del mercado y la ganancia, dando espacio a  una educación clientelar, que se traslapa a un contexto global.

Los objetivos que se pretenden alcanzar con el presente, están encausados a describir, analizar y evidenciar la participación de los actores que conforman la actual sociedad de la información como constantes de la educación superior en México, al igual que los paliativos que de ella se emanan. Al mismo tiempo se busca destacar  el nivel social, subjetivo y tecnológico, los cuales son considerados, por la actual oferta  educativa tanto de un sector público como privado  en un nivel superior, al adoptar modelos educativos a distancia, que se potencian bajo una dinámica global y que permiten anticipar escenarios futuros del desarrollo educativo, develando espacios mediáticos, sin olvidar la participación e identificación de los elementos de la transnacionalización educativa.
En la actualidad podemos abordar una realidad, en donde las instituciones educativas de nivel superior se encuentran inmiscuidas, es decir mediante la adopción de subjetividades mediáticas, y tecnologías de acción a distancia en el mercado global de la educación superior en México, como medio legitimador de  una formación del ciudadano, a la capacitación tardía del alumno inmerso en la cultura una virtualidad real, donde evidentemente los roles que le conciernen continúan redefinidos, inventado unos y desdibujando otros.

El mercado de la  educación superior

Es posible hablar de una intencionalidad educativa,  de la cual se significa la reforma universitaria, enmarcada por una racionalización y burocratización de las que emerge un trabajo especializado, dicha reforma se origina a partir del siglo XIX,  encontrando un  esquema educativo  totalmente relacionado con las necesidades de la industria, trabajo y el accionar diario, perfilando cierto pragmatismo  que busca relacionar los servicios educativos proporcionados por las  escuelas  de las universidades con las necesidades más específicas de la economía y la sociedad; sacando ventaja de la vocación práctica de los individuos, ayudando así a resolver los problemas de las empresas y la producción industrial  a través de medios como el isomorfismo, que legitima relaciones clientelares entre alumnos e instituciones educativas.

Según Bill Readind (1996) es necesario reacomodar una actualidad educativa, que  direccione  dichas instituciones ya que la implementación de una subjetividad mediática les hace perder cotidianamente su esencia: productoras, protectoras y formadoras universalmente del individuo, para incursionarse como corporaciones transnacionales y burocráticas,  resaltando el control y panóptico que de ellas emanan.

Dado lo anterior no hay duda de que la escuela  como pieza formadora no puede quedar al margen de este impacto. Ha de reelaborar el currículo introduciendo este nuevo contenido de la virtualidad del que se apoya para complementar sus procesos formativos, por lo que parafraseando a Pérrez (1998:40) retomamos:

“…el papel de la escuela, sería ayudar a formar ciudadanos más cultos, responsables y críticos ya que el conocimiento (en este caso sobre el potencial y los mecanismos de seducción y concienciación de los mass media y las nuevas tecnologías de la comunicación) es una condición necesaria para el ejercicio consciente de la libertad individual y para el desarrollo pleno de la democracia”.

Lo anterior nos permite evidenciar la actual función de la educación superior en México, la cual está siendo tornada como objeto,  ante la relación clientelar del alumno y la institución,  donde las nuevas instituciones educativas, recurren a procesos isomórficos bajo la intención de   sobresalir a través de estándares de calidad administrativos, más que académicos, dejando por un lado la formación universal del individuo.
Por lo que, deberemos entender por isomorfismo “La cantidad de organizaciones o individuos similares que muestran una forma o práctica dada” (Greenwood y Hinings 1996). Entendiendo que se origina un isomorfismo en la propuesta virtual y tecnológica que emerge de la educación superior por homologar su oferta educativa, en la que destaca un  isomorfismo estructural  como una importante consecuencia, al pretender generar patrones competitivos, que le permitan al educando ya moldeado, incorporarse a las nuevas exigencias de un mercado transnacional, hoy legitimado por un estado, a través de valores, ideas y creencias, pero sobre todo por políticas educativas que regulen y garanticen mecanismos de control, maquillados hoy en día por el sello de una calidad educativa, en el que continuamente las competencias académicas de nuestro país, son comparadas contra otros.
Anteriormente, el modelo educativo tradicional contemplaba los espacios disciplinares bajo el esquema  de aulas y  muros formativos, donde el espacio (caracterizado por un encierro) arquitectónico apoyaba el panoptismo de una vigilancia, lo que permitió propiciar lo que  Focault (2000)  llamó “sociedades disciplinares”. Las cuales permitieron  la interrelación de tres dominios: Producción económica, Poder y política y Conocimiento.

Marginson (1999)  hace referencia a la interpretación clásica de la producción del conocimiento a través de máquinas, y tecnologías que en el presente conllevan a procesos de virtualidad, convirtiéndose en una fuerza  productiva, facilitando la transnacionalización de la enseñanza superior, para generar condiciones  que beneficien a los proveedores de los mismos,  justificados por una transmisión de conocimientos, o “sociedad de conocimientos” como las nombra la Secretaria de Educación Pública, a través del control y poder,  conducidos por subjetividades mediáticas en las que continua redefinido un panóptico  que no está supeditado a una concentración espacial de vigilancia y encierro, permitiendo ejercerse a distancia, sin estar al margen de una institución del secuestro de las que hace alusión Foucault (2000), para dar paso a las “sociedades de control” como transmisoras de información y domesticación.

Aproximaciones de una subjetividad mediática. Dispositivos productores de subjetividades

La transmisión de información plantea a los procesos de formación actuales, el desafío de construir signos y símbolos cuando las señales ya no son controladas por los dispositivos pedagógicos tradicionales: el pizarrón, el aula y el cuerpo de docentes, sino por el complemento de tecnologías de mediación, entre ellas: pantallas, celulares, dispositivos de audio, ondas electromagnéticas. El asalto del afuera de la escuela, ya sea el hambre, la tecnología o una combinación de ambas, u otros factores, exige que la educación superior  no sea más un interior autosuficiente, posibilitando la producción de subjetividades por las clases disciplinares y de control, legitimadas por medio de viejas y nuevas tecnologías.

Sin embargo, lo expuesto anteriormente requiere introducirse a una virtualidad, creada por la manipulación de tecnologías electrónicas, informáticas y cibernéticas como un mecanismo de control desde el interior y exterior de las instituciones educativas, resaltando que una figura mediática no se trata de los medios de comunicación, sino de un conjunto de tecnologías “de acción a distancia”, como sostiene Gabriel Tarde, dentro de las cuales conviven viejas tecnologías (los medios masivos) con nuevas (las tecnologías de información). Desde este punto de vista, “mediático” no quiere decir tanto proveniente de los medios de comunicación sino propio del avance de tecnologías de mediación refiriendo a Pablo Rodríguez (2009),  y la tendencia de incorporación a un mundo globalizante, pendiente de las exigencias de un estado y mercado.
En cuanto a subjetividad, tomaremos su definición como un modo de vida cultural y socialmente construido,  en el que encontramos sus producciones mediante prácticas materiales que dan existencia a esos modos de vida; les nombraremos  dispositivos productores de subjetividades a la existencia de determinadas estructuraciones prácticas, que logran afectar un modular en la forma de vivir.

Entre los dispositivos de control y poder que destacan en una oferta educativa,  encontramos los medios de comunicación, al igual que  las tecnologías de información y comunicación, que bien retoma Duschatzk (2002) al mencionar que  no ejercen su poder sobre los sujetos previamente constituidos, sino que los constituyen. De ahí la influencia que ejercen los medios masivos y las TIC´s por instituir subjetividad, desde una  epistemología constructivista del lenguaje que, hegemonizado por el soporte-pantallas, organizan un complejo sistema espacio-temporal y perceptivos-cognitivo que condiciona la producción de modos de vida.

Por tanto, lo anterior nos permite señalar: “La subjetividad dominante no es institucional sino massamediática” (Lewkowicz, 2004:35)  donde,  hablando de un nivel superior, entendemos que sus reglas no son meramente de carácter normativo y de saberes, sino que recaen en la subjetivación a través de reglas de imagen y opinión, donde se ve acentuado el hablar de una sociedad del espectáculo, al igual que de  una educación impersonal,  encabezada y domesticada por la semiótica a través de lectura de imágenes, más que de letras, producto de la experiencia mediática por medio de las tecnologías de información y comunicación, con las que se contemplan actualmente nuestro sistema educativo; especialmente cuando la educación  superior es manejada por los dos grandes consorcios de la comunicación en nuestro país.

En 1996 Manuel Castells trabajó en la trilogía de la obra  “Era de la Información” la cual constituye un ambicioso y original intento de formular una teoría sistemática, que da cuenta de los efectos fundamentales de la tecnología de la información en el mundo contemporáneo. De la misma forma atribuye al  desarrollo tecnológico, con dispositivos mediante los cuales el trabajo actúa sobre la materia, para generar producto; el análisis de Castells se desarrolla a lo largo de tres dimensiones básicas: producción, poder y experiencia, con las que, de igual forma,  coincide  Basil Berstein al afirmar:

“Las relaciones de clase generan, distribuyen,  reproducen y legitiman formas características de información, que transmiten códigos dominantes y dominados, y esos códigos posicionan de forma diferenciada a los sujetos en el proceso de adquisición  de los mismos, permitiéndonos entender el origen de los países que han propiciado y comercian con una transnacionalización educativa, producto de una virtualidad real”. (Berstein,1994:34)

Castells, en La sociedad-red, propone transitar este tema tan remanado invirtiendo sustantivo y adjetivo: más que de realidad virtual, habría que hablar de virtualidad real. Con este juego de palabras intenta destacar que no existe una contraposición entre una realidad “vivida”, no representada, y otra que vendría a ser la realidad propia de la representación.

Por tal, es necesario que podamos diferenciar entre lo que compone y simboliza un mundo mediático del que no lo es. En un mundo no mediático, lo que sucede en cualquier tiempo y espacio es vivido; en el mundo mediático no se requiere una vivencia ni una presencia en sí, la radio como herramienta mediática relata lo que está aconteciendo a millones de personas, sin que éstas estén viviendo la nota, al igual que la televisión, a su vez, radio, cine y televisión son registros grabables y reproducibles como medios tradicionales. Pasando a la actualidad, los medios digitales, en los que se adjuntan y colocan materiales e información (plataformas virtuales) para ser atendida por toda una población y alumnos globalizan en la distancia y en el proceso de formación.

Componentes concernientes de la subjetividad mediática

En este sentido, el mundo mediático, la virtualidad real, el espectáculo, son nombres de una compresión del espacio y del tiempo (el tiempo atemporal y el espacio de los flujos) en la que los sujetos y estudiantes ya no se desplazan. Se trata, casi, de un viaje interior, sin movimiento, hacia la sustancia misma de la representación; de ahí la justificación de las universidades virtuales, clases a distancia, licenciaturas ejecutivas, procesos y modalidades digitalizadas y globalizantes que permiten el intercambio mercantil de un servicio educativo, mediante una vigilancia a distancia controladora (desterritorialización) de gobiernos haciendo ejercicio de una supuesta autonomía que les corresponde como instituciones de educación superior.

Por ello, necesario abordar  de una  forma sintética, los componentes que conciernen a la subjetividad mediática en la educación superior: La educación como encierro, disciplina y vigilancia, el paso del moldeamiento a la modulación, sociedades de control, forma, formación e información, espacio, tiempo y cuerpo en las sociedades de control y la subjetividad mediática. Lo anterior  se aterriza bajo la intención de evidenciar las transformaciones sociales, producto de fenómenos globalizantes, encontrándose entre ellas la “crisis de la educación”,  la cual en la actualidad  busca  soportarse y transnacionalizarse  mediante nuevas dinámicas sociales, flujos tecnológicos y sus efectos subjetivos, permitiendo  dar respuesta a la cuestión: ¿Cómo dimensionar la potencia de la educación superior en la era de la información?

Hoy la exigencia no es solamente la de formarnos, sino capacitarnos, que significa ir cambiando de curso a curso, de problema en problema, de modalidad en modalidad, de competencia a competencia, al hablar de la era de la información, haciéndose notar que las  tecnologías digitales, efectivamente cumplen la función como  mecanismo  de vigilancia y panóptico, al igual que de sociedades de control, solo que de forma más económica y a distancia , en la que, a los nuevos y futuros profesionistas se les apoya en un proceso formativo basado en “competencias” y  “artefactos virtuales”, buscando no tanto una formación histórica, sino una permanente en el orden global de la información y de las comunicaciones que permiten la transnacionalización de la educación superior adoptando esquemas isomorfos e innovadores, en los que se desvirtúan cada vez más una comunidad local o nacional para dar paso a una multiculturalidad respaldada y transitada por las relaciones sociales y subjetividades mediáticas.
Dado lo anterior no hay duda de que la escuela como pieza formadora, no puede quedar al margen de este impacto. Ha de reelaborar el currículo introduciendo este nuevo contenido de la virtualidad del que se apoya para complementar sus procesos formativos,  a lo que Pérez nos dibuja magníficamente su papel al mencionar:

 “…el papel de la escuela, sería ayudar a formar ciudadanos más cultos, responsables y críticos, ya que el conocimiento (en este caso sobre el potencial y los mecanismos de seducción y concienciación de los mass media y las nuevas tecnologías de la comunicación) es una condición necesaria para el ejercicio consciente de la libertad individual y para el desarrollo pleno de la democracia…” (Perez,1998:40).

Sin embargo, lo expuesto anteriormente requiere introducirse a una virtualidad, creada por la manipulación de tecnologías electrónicas, informáticas y cibernéticas como un mecanismo de control desde el interior y exterior de las instituciones educativas.

“La transformación producida por las TIC´S (tecnologías de aceleración absoluta) del tiempo real que conllevan  una crisis de los fundamentos antropológicos  en los que se formó y ha podido florecer  la democracia” (Berardi: 2006:1).

Las tecnologías pueden potenciar tendencias, transformar otras, convertirse en algo igual o distinto a lo previsto en el tiempo de su creación a través del uso social; pero tampoco basta con hacer referencia a este uso para omitir cualquier preocupante. La crisis del sentido de la formación, como enseñanza y como aprendizaje en la modernidad, es correlativa a la emergencia de la revolución tecnológica de la información. A su vez, esta revolución intensifica el campo de acción del espectáculo, porque lleva al infinito la posibilidad de la representación (síntesis de imágenes y sonidos, convergencias de tecnologías nuevas y viejas). Y al hacerlo vuelven a confirmar aquella crisis de la formación.

Desde este punto de vista, la información sería el nombre de un proceso de transformaciones (de las sociedades occidentales, hasta el capitalismo mismo) del cual las tecnologías son al mismo tiempo expresión y potenciación; que están pivoteando entre las sociedades de control como aspecto general y las subjetividades mediáticas como aspecto individual como lo señala Berardi (2006) las tecnologías de comunicación han trastocado el contexto antropológico del pensamiento crítico en el que podemos encontrar paradigmas del humanismo moderno, al margen de éstas.

A manera de líneas conclusivas

Por tanto, podemos situar subjetividades en una cultura escolar, comprendida a través de sus prácticas, saberes y representaciones producidas y reproducidas en su mismo contexto que forman parte del a vida cotidiana de cualquier institución. Entendiendo que al abordar nuevas subjetividades mediáticas en educación, se persigue la capacidad modeladora del conjunto de prácticas, conocimientos, y las representaciones sociales que operan a través de los medios masivos y las nuevas (y ya no tan nuevas) tecnologías de comunicación.
Cada vez más se evidencia la necesidad de conocer la diversidad y pluralidad tanto como la singularidad en los distintos espacios de quehacer en materia educativa, entendiendo que  estamos cobijados por una época del conocimiento que hace alusión a un sistema de educación superior moderno, pendiente de las exigencias del estado como de las del mercado,  que responden a  procesos globalizantes en base a relaciones de poder y dominación, encontrándose ocultos tras el argumento legitimador de que las relaciones al interior de las instituciones son el resultado de atender criterios de eficiencia  focalizados a un grupo de colectivos en sociedad que propicie una modernización económica.

Por lo que, al caer en prácticas subjetivistas en educación, estaremos  haciendo alusión a prácticas no reguladas, controladas, ni mucho menos certificadas hacia el interior ni exterior de una cultura escolar. En la que el cliente-educando no deja  ser una figura-medio individualizada por la tecnología y masificada por la solidaridad de la mediatización.

Anteriormente, nuestras subjetividades pedagógicas terminaban con el moldeamiento, buscando la adquisición de conocimientos a través de la ciencia, la memoria y el saber. En la actualidad la subjetividad mediática remplaza aquellos elementos tradicionales como el pizarrón dentro de un aula, para inventariar la información a través de la imagen y la opinión, resaltando la siguiente interrogante  ¿Cómo vincular al docente instituido y letrado en la subjetividad pedagógica con el alumno-usuario mediatizado globalmente? y por tanto ¿Quién enseña a quién?

Las instituciones de educación superior, cada vez son más homogéneas, productos de continuas reformas, donde las imitaciones en las prácticas y estructuras juegan un rol importante, por tanto dichas instituciones tienden a modelarse después de que perciben que su competencia es cada vez más legítima y exitosa, permitiendo responder a un impacto isomórfico.

Al hacer mención de lo mediático en la convivencia de las tecnologías de información y comunicación, hacemos referencia al avance que de ellas emane, aun cuando señalemos que vivimos  una “Modernidad Tardía” (Lewkowicz, 2004). Tecnologías que como bien señala Tarde (2004), nos permiten entender que al hablar de subjetividades mediáticas continuaremos hablando de dichas convivencias que se tornan afectadas por el tiempo  y el espacio.

La propuesta emerge en busca de un equilibrio social que permita seguir preservando un esquema  educativo tradicional, apoyado por las tecnologías de información y comunicación, en el que su uso, no sea meramente encausado a  fines administrativos, comerciales y transnacionales, sino como un medio que permita continuar consolidando la formación de individuos universales, a través del conocimiento científico.

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1 Lya Adlih Oros Méndez" <liceorioverde@hotmail.com>, Docente, Universidad Politécnica de San Luis Potosí.

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