MUJERES EN EL MEDIO RURAL: CONFLICTOS TRADICIONALES, PRÁCTICAS EMERGENTES Y HORIZONTES

Irma Lorena Acosta Reveles (Coord.)

III. Tres casos en estudio

Bordando sueños, una forma de producción no capitalista en el capitalismo

La comunidad de Ojo de Agua del municipio de Genaro Codina fue fundada en 1726. El municipio se localiza a unos cincuenta kilómetros al sur de la capital del estado. La localidad ostenta su nombre, por la existencia de agua subterránea que abastece a los 292 habitantes, este recurso se destina a la agricultura, uso doméstico y huertos familiares de frutales y hortalizas.


Precisamente, la principal actividad que se práctica en la localidad es la agricultura de temporal, destinada al autoconsumo (maíz y frijol, básicamente). La población económicamente activa se concentra en esta actividad y en el trabajo de albañilería que los varones realizan en Zacatecas capital, Guadalupe y Fresnillo.
Como muchas comunidades de la entidad, una gran parte de la población migra a Estados Unidos, incluso se han marchado familias completas. Se estima que 30 por ciento de la población ha dejado la localidad; sin embargo de la observación de la calidad de vida de sus pobladores se infiere que no ha habido un impacto importante de las remesas en el desarrollo de la comunidad.


De las mujeres que trabajan fuera de sus hogares, encontramos que tienden a emplearse en el servicio doméstico en la zona conurbada Zacatecas-Guadalupe, a donde se trasladan todos los días.


En Ojo de Agua se sitúa el primer segmento de mujeres que observamos. El grupo “Artezac” se compone de aproximadamente veinte trabajadoras, mayores de edad todas, jefas de familias, y que constituyen el principal soporte económico de éstas. Una característica de este grupo es que se trata de mujeres sin pareja, pero con hijos a cargo; algunas con esposos migrantes, otras separadas del esposo, madres solteras y una viuda.


De estas aproximadamente veinte trabajadoras, tres son las fundadoras del taller, consideradas entre ellas como “socias”, el resto trabaja en su domicilio y sólo excepcionalmente en el taller. Todas son artesanas de textiles, y por tanto su tarea consiste en confeccionar bolsas, servilletas, chalinas, y otros artículos de tejido y bordado, generalmente prendas de vestir  y de ornato. Estas actividades las realizan manualmente y con apoyo de maquinaria.


El centro de sus actividades es un pequeño taller de unos veinte metros cuadrados. No cuentan con vehículo para el traslado de sus productos y el mismo local les sirve de almacén de sus escasos insumos y artículos terminados. La administración es responsabilidad de dos de las socias, mismas que se encargan regularmente de las gestiones con el sector público.


Este segmento de mujeres viene trabajando como artesanas desde hace unos diez años con sus propios medios, pero en el año 2010 a través de la Secretaría de Desarrollo Social se logró obtener apoyo para la construcción del taller (así reconocemos al local donde operan) y la adquisición de dos máquinas de “remallado fino”. Este equipo se suma a dos maquinas de coser que ya poseían. En el espacio laboral se carece de equipo contra incendios, botiquín de emergencia o un diseño adecuado de las instalaciones que garantice su seguridad, incluso no resulta el más conveniente para moverse con facilidad, intercambiar materiales, y en suma, hacer más eficiente la producción. Es decir, el establecimiento no cuenta con las condiciones adecuadas para realizar una actividad de esta naturaleza.


Sin estar constituidas jurídicamente como sociedad o asociación, en la práctica operan como una cooperativa o grupo de ayuda mutua. Los recursos fueron gestionados por una de las trabajadoras, en nombre del colectivo, la intención fue generar fuentes de trabajo y de ingresos para ellas, y eventualmente para otras mujeres de la localidad que estuvieran en la misma condición (solas y con familia a cargo).


 La capacitación de las trabajadoras corre a cargo ellas mismas, las de mayor antigüedad en el oficio, que a su vez lo aprendieron de sus familias (de ascendencia española). También han recibido capacitación del sector público para explorar nuevos diseños, técnicas, materiales, o bien para iniciarse en la elaboración de nuevos artículos para otros sectores del mercado. Ellas han creado nombres propios para sus diseños estableciendo una relación particular con la naturaleza, pues sus creaciones plasmadas en los bordados están inspiradas en las flores silvestres que existen en los alrededores de la localidad. Todo esto se ha traducido en la mejora de la calidad de su producción, pero no se ha fortalecido la comercialización, por lo que los ingresos no han mejorado.
Sus productos son para el mercado zacatecano y el turismo, pero también han participado en ferias artesanales en la entidad, el país y en el extranjero gracias a algunos contactos personales con una empresaria y diseñadora que ha llevado sus artículos a diferentes mercados. Sin embargo las ventas son irregulares y también los ingresos. La presencia en exposiciones artesanales en diferentes lugares no garantiza realmente la venta de sus productos.


Otra vía que han experimentado para la venta de sus productos es llevarlos personalmente a las presidencias municipales más próximas (Genaro Codina, Guadalupe y Zacatecas), y ofrecerlos a algunas dependencias de gobierno. También intentaron colocar sus artículos en tiendas artesanales; sin embargo éstas se abastecen de otras entidades como Aguascalientes, Durango o Coahuila, por los costos.
Por la misma incertidumbre de las ventas y por la falta de recursos financieros propios para continuar operando en épocas en que las ventas son pocas, suelen trabajar “sobre pedido”. Esto significa que hay etapas donde las jornadas de trabajo son intensivas y otras en que las socias y trabajadoras sólo están algunas horas en el taller. La ausencia laboral de las socias en el taller, comúnmente se da por la realización de actividades que benefician a todas las integrantes del grupo de trabajo, como las gestiones, asistencias a ferias, y entrega de mercancía fuera de la localidad.


Observamos que es común que entre ellas exista vigilancia y supervisión del trabajo, para garantizar la calidad de los productos al cien por ciento.


De las entrevistas podemos concluir que estas trabajadoras no tienen una relación laboral estrictamente, es decir, asalariada. No existe un contrato de trabajo como tal, sino que las socias principales en tanto responsables de la administración organizan la distribución del trabajo de modo tal que aunque sea en poca cantidad todas reciban algún ingreso. En cambio, cuando los pedidos y las ventas son mayores, la compensación por el trabajo realizado es mayor y todas se benefician. Es decir, predomina un principio de apoyo y solidaridad entre las trabajadoras, y no la búsqueda del lucro o utilidades por sí mismas.
Así pues, que no se puede hablar de jornadas de trabajo como tales ni de remuneraciones salariales, y obviamente no existen prestaciones como seguridad social, bonos, vales, aguinaldo, etc.


El producto de las ventas tiene como finalidad la compra de insumos y la compensación por el trabajo realizado de forma proporcional. No hay tampoco recursos destinados a promover sus productos en los mercados. Cuando existe algún excedente en las ventas va a un fondo de ahorro común pensando en que se pueda presentar una emergencia, como problemas de salud de las trabajadoras o sus familias. Pues si bien la actividad artesanal de bordado de hilo y listón, no implica un alto riesgo laboral, sus integrantes suelen enfermarse de resfriado común, e incluso algunas padecen de diabetes e hipertensión que requieren ser atendidos y no disponen de recursos para cubrir esos gastos.


De todo lo anterior inferimos que esta unidad productiva no opera bajo una lógica de tipo capitalista, sino de subsistencia o sobrevivencia, lo que explica su condición de precariedad. De hecho las mujeres que en ella se emplean se han incorporado a la vida “productiva” por necesidad, principalmente por estar solas y porque tienen que sacar adelante a sus familias.


En el mismo sentido, interpretamos que los medios de trabajo con los que cuentan (instalaciones, maquinaria, materias primas, instrumentos básicos de trabajo, insumos, etc.), no pueden denominarse capital porque no están destinados a lograr una ganancia a través de la extracción de plusvalor.


Este taller artesanal, evidentemente consume bienes y servicios generados por el capital, es decir hace posible la valorización de objetos producidos en forma capitalista; en este caso de telas, hilos, listones y maquinaria. Y también sus productos son destinados al mercado capitalista. Así que con sus actividades contribuyen a las necesidades de reproducción del capital, pero no directamente. Y sobre todo, internamente, no se organizan en base a la relación capital-trabajo y no tienen como principal objetivo la ganancia.
Este tipo de talleres no puede, objetivamente, competir con la empresa capitalista que produce bienes similares, por cuestión de costos, mercadotecnia, escala de producción, instalaciones, etc. A veces este tipo de unidades productivas lo hace o pretende hacerlo con otras estrategias, como por ejemplo, destacar en sus productos algunas bondades o particularidades, que los hacen aparecer muy atractivos para ciertos nichos de mercado, pero a un nivel de producción tan pequeño, esto es muy difícil.


Por otra parte, la presencia del gobierno en sus diferentes niveles resulta fundamental para que las artesanas puedan trabajar, y para que el taller pueda subsistir. De hecho lo mismo ocurre con muchos otros emprendimientos con características similares: las instituciones públicas les otorgan créditos y recursos para la adquisición de insumos, para el proceso productivo, maquinaria, asesoría, capacitación, facilidades para la comercialización y para acceder a ferias o exhibiciones para promover sus productos. Asimismo reciben apoyo de organizaciones no gubernamentales sin fines de lucro para que sus productos participen en exposiciones fuera de la entidad o en el extranjero.
Es importante destacar su dependencia del apoyo estatal, porque si estas mujeres (como muchas otras artesanas) han podido mantenerse en el mercado, ha sido en buena medida por el acceso al crédito otorgado por la Secretaría de Desarrollo Social a través de programas de apoyo a iniciativas de mujeres rurales; programas que impulsan la generación de autoempleo de las mujeres para superar la pobreza. En ese sentido, su sobrevivencia como agrupación se ve amenazada por los cambios de gobierno. Si bien en el sexenio inmediato anterior lograron que el gobierno estatal los incluyera en la agenda para presentarse en ferias o expos con miras a mejorar sus ventas, con el gobierno actual todavía no han sido tomadas en cuenta.


En su vida familiar, las artesanas son las principales responsables de sus familias en lo económico, pero por la carga de trabajo en algunas temporadas delegan algunas de las tareas reproductivas a otros miembros de la familia, principalmente las niñas y los niños. Cabe decir que esporádicamente éstos también apoyan en el trabajo del taller cuando reciben pedidos urgentes o por grandes cantidades. Esto a su vez, es un proceso de enseñanza o capacitación para los menores, en el oficio artesanal.


Entre las actividades que van quedando a cargo de los menores se encuentra en primer lugar la limpieza de la casa y el cuidado de los hermanos menores, no tanto la preparación de alimentos de manera regular o tareas que implican algún riesgo. El hecho de que el lugar de trabajo se encuentre próximo a los hogares, o que se realice ahí mismo, da las condiciones para que las mujeres sigan haciéndose cargo de gran parte de las tareas reproductivas como son: (a) la administración del hogar, la organización del consumo familiar, limpieza, transporte, etc.; (b) cuidado y acompañamiento de los hijos y otros dependientes de la familia, y  (c) el trabajo emocional, con todo lo que implica. Además de mantener la unidad familiar, las mujeres buscan los medios necesarios para hacer sentir valorados a los integrantes de su familia, proveerles de cariño y afecto. Por lo que expresaron en las entrevistas, algunas lo manifiestan de manera directa con frases, otras lo muestran de manera indirecta, con gestos.


Como se puede ver, con la incursión en la vida laboral fuera de los hogares, la responsabilidad de la reproducción y reposición de la fuerza de trabajo, deja de recaer exclusivamente en la mujer como jefa de familia, pero sigue siendo su prioridad. La participación de los menores en algunas tareas descarga parcialmente a sus madres para que puedan disponer de más tiempo para el trabajo productivo en el taller, pero ellas siguen siendo las principales responsables de lo que ocurre en el hogar y de que todo esté hecho.


Como sea, la ejecución del trabajo distinto al rol tradicional de la mujer necesariamente lleva a un reajuste del trabajo en el hogar y en la organización familiar. Las mujeres deben administrar mejor su tiempo y distribuirlo entre el hogar y el taller. Su jornada inicia antes del amanecer encargándose de preparar y proveer los alimentos para aquellos que deben realizar actividades fuera del hogar, y acompañan y cuidan a aquellos miembros de la familia que aún no son independientes para realizar sus actividades. Cuando las artesanas descansan destinan su tiempo a actividades religiosas, a cuidar sus huertos de traspatio o a reforzar el trabajo del hogar.


Por último, observamos que si bien al interior del grupo de artesanas no hay conflictos dado que existe un ambiente cordial y de compañerismo, hacia el exterior las dificultades sí son constantes; pero no con la comunidad, donde son apoyadas y reconocidas, sino en el esfuerzo y tensiones que implica mantenerse en funcionamiento como taller y sostener a las familias que dependen de éste. Podemos mencionar, por ejemplo, que han sido víctimas de fraude por un contador, lo que ha profundizado sus dificultades con la Secretaria de Hacienda y Crédito Público (SHCP) en la declaración de impuestos.
En suma, mientras la visión oficial ha buscado presentar a estos grupos de trabajadoras como microempresarias, constatamos que sólo son parte de los excedentes relativos de población, porque establecen un contacto indirecto con la valorización del capital, pero sí aportan a éste por dos vías al menos. Por un lado, a través del mercado capitalista de donde consumen sus productos y para el cual producen, así sea escasamente. Y por otro lado, desde la esfera reproductiva donde preservan sus roles de cuidadoras, administradoras, y proveedoras de condiciones para la crianza de los futuros trabajadores. Con su organización productiva y la búsqueda de apoyos, estas mujeres determinaron generar su propia ocupación para perpetuar su existencia, y si las posibilidades lo permiten, proporcionar ocupación a otras mujeres con características similares, enseñando y practicando el oficio de bordado de hilo y listón, aprendizaje de herencia familiar.


Insistimos en que sin ser una empresa capitalista sí aportan al desarrollo del capital  indirectamente. ¿Cómo lo hacen? Produciendo bolsas para dama, servilletas, coloridos accesorios para baño, aceiteras, rebozos (chalinas o pashminas) de manera artesanal, que por sus características, son productos destinados a un mercado de consumidores de ingresos medios y altos. Su vinculación con el mercado es complicada, porque no han encontrado un distribuidor fijo de sus productos. Además de que se enfrentan a mercancías generadas por el capital en un periodo más corto, con precios relativamente más bajos para el consumidor final.


Su producto es vendido por ellas mismas al personal que labora  en edificios del Congreso del Estado de Zacatecas, el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) y la Presidencia Municipal (personal de confianza, mandos altos, medios y bajos); es decir, a aquellos que facilitan la realización de las actividades del gran capital y cuidan de los intereses de éste. De manera constante, aunque en bajos volúmenes entregan mercancía al Instituto de Desarrollo Artesanal (IDEAZ), una instancia del gobierno estatal que tiene bajo su dirección y control la llamada Casa de las Artesanías, que es un centro de venta de productos artesanales.


Dado que las artesanas son dueñas de sus medios de producción y tienen control sobre ellos, conservan todo el valor que producen y lo distribuyen entre las participantes, pero la lógica productiva es en todo momento de sobrevivencia, como hemos dicho. Emplean su propia mano de obra y la de otras mujeres, pero no a cambio de un salario, sino de una compensación por su trabajo y por solidaridad. Aunque ello no genere las condiciones de vida más decorosas, pues estas familias no escapan a su condición precaria de reproducción.

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