MUJERES EN EL MEDIO RURAL: CONFLICTOS TRADICIONALES, PRÁCTICAS EMERGENTES Y HORIZONTES

Irma Lorena Acosta Reveles (Coord.)

II. Para comenzar desde el marco jurídico

Ya hace varios años la sociedad global enfrenta las consecuencias del agotamiento de un proyecto de desarrollo caracterizado por generar un creciente desgaste del sistema y en particular el ecológico a nivel planetario junto a un aumento alarmante de la pobreza. A partir de la perspectiva del desarrollo, esta realidad llevó a reconocer que la estrecha interrelación de los fenómenos económicos, sociales, culturales y ambientales debe ser considerada tanto en la definición como en las acciones orientadas a la construcción de un nuevo proyecto.


          A quince años del Informe Brundtland y a diez del Programa 21 mucho se ha debatido sobre el desarrollo sustentable. Incluso el término mismo esta de nuevo en tela de juicio ante el agravamiento de la crisis ambiental y social. El eje del debate ha girado en torno a la necesidad de abordar y transformar las relaciones de la sociedad con la naturaleza. El doble desafío de preservar los recursos naturales y a la vez generar los satisfactores para el incremento de la calidad de vida de la población, ha puesto en el centro de la discusión a los seres humanos.


           Así  la sustentabilidad en el desarrollo supone la transformación de las condiciones de injusticia social que están en la base de la crisis ambiental y social, tales como las desigualdades entre sectores sociales, culturas, géneros y generaciones (Vázquez: 2011).
Las mujeres, entre otros sectores sociales, se han pronunciado por un pre-requisito para que los seres humanos puedan vivir en armonía con la naturaleza es la adopción de nuevo modelo de relaciones humanas que incluya la democratización en los ámbitos político, social, comunitario, familiar y personal. En este ejercicio de balance del Programa 21,  se debe reconocer que las dimensiones sociales, humanas, de la sustentabilidad están escasamente consideradas frente a otras de carácter ambiental y económico, y que aún falta mucho por hacerse para construir nuevos procesos de desarrollo basados en la justicia social.


De manera paralela, en 1975, la primera Conferencia Internacional sobre la Mujer estableció como prioridad la transformación de la condición de las mujeres tanto en la vida pública como en la privada. En Nairobi, en 1985 se evaluaron los logros del Decenio de las Naciones Unidas para la Mujer, en cuyas estrategias de avance el tema de medio ambiente fue incorporado a la discusión, al tomar en cuenta las mutuas relaciones entre las mujeres y el ambiente en el ámbito del desarrollo. Desde entonces, la influencia de los movimientos sociales ha estado presente.


En la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo realizada en Río, tanto en su Declaración como en el Programa 21, se acepta que es imprescindible contar con la plena participación de las mujeres para lograr el desarrollo sostenible. Las organizaciones de mujeres, por su parte, firmaron dos tratados en el Foro Global: el “Tratado Global de las mujeres para las ONG que buscan un planeta justo y sano” y el “Tratado de ONG en materia de población, ambiente y desarrollo”. En estos se expresa la necesidad de impulsar una visión de equidad de género en la agenda ambiental, así como el incluir la perspectiva ambiental en las demandas de mujeres. A partir de entonces esta doble estrategia ha sido incorporada en los espacios de debate y construcción de propuestas a nivel nacional e internacional.


En la Cuarta Conferencia sobre la Mujer, en Pekín en 1995, se consideró la relación entre las inequidades de género, el medio ambiente y el desarrollo y quedo dentro de la Sección K del Capítulo IV. Un año después, en 1996 se realizó en Estambul la Conferencia sobre Asentamientos Humanos, en la cual se abordan consideraciones específicas respecto a la igualdad en la participación de hombres y mujeres en el desarrollo sustentable. Ese mismo año, en Roma, la Cumbre Mundial sobre Alimentación reconoce la importante participación de las mujeres en la lucha contra el hambre.
Las acciones de revisión Río + 5 y Pekín + 5  se concluyó que a pesar de los avances logrados, mucho quedaba por hacerse para alcanzar las metas de justicia social y equidad de género. Hoy, a diez años de la CNUMAD,  se propone efectuar un balance de lo realizado a partir del Programa 21, documento que ha orientado las acciones en torno al desarrollo sustentable.

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