MUJERES EN EL MEDIO RURAL: CONFLICTOS TRADICIONALES, PRÁCTICAS EMERGENTES Y HORIZONTES

Irma Lorena Acosta Reveles (Coord.)

II. Panorama nacional y estatal de los nuevos procesos de producción agrícola y del sector jornalero

a) El sector hortícola en México
A principios de los años noventa, mientras las áreas de cultivo dedicadas a la producción de granos básicos se mantenían estancadas, las frutas y hortalizas fueron casi el único grupo de cultivos que se mantuvo en constante dinamismo, tanto en superficie sembrada como en la producción. La ampliación del mercado interno para estos alimentos favoreció la expansión de una agroindustria especializada, que con el establecimiento de filiales trasnacionales pasó a ocupar un lugar prioritario en la industria alimentaria nacional (Suárez et al., 1997).
La ampliación de estos mercados les ha exigido a las empresas agrícolas mejorar la calidad y presentación de sus productos, por lo que se han valido de la fuerza de los hombres y de la delicadeza de las mujeres para cumplir con estas exigencias del mercado globalizado.
Para el 2008, la superficie agrícola de México estuvo ocupada en un 38.7% por cereales (maíz, trigo, avena), sin embargo la producción de este grupo de cultivos solo representó el 28% del valor de la producción total agrícola. Mientras que las frutas y hortalizas, a pesar de que solo ocuparon el 29.7% de la superficie sembrada, participaron con 34% en el valor de producción agrícola nacional. El resto de la superficie agrícola fue cultivada con forrajes, cultivos industriales, legumbres secas, oleaginosas y los clasificados como otros (ornamentales, orgánicos, tubérculos, semillas  para sembrar, especias y medicinales); sumando un total de 23,032,155 hectáreas. 

Como se ha mencionado con anterioridad, la relación entre superficie cultivada y valor de la producción para cada uno de los grupos de cultivos cambian sustancialmente. Para el caso de las hortalizas el valor de la producción para el 2008 fue de $45,141 millones de pesos, ocupando de esta forma el cuarto lugar a nivel nacional, antecedido por los forrajes ($52,508 millones de pesos), las frutas ($57,029 millones de pesos) y los cereales ($85,439 millones de pesos).

Volviendo a la superficie cultivada, el sector hortícola ocupó solo 566,079 has (2.45%) en el 2008, sembradas principalmente con Chile, elote, jitomate, tomate verde, cebolla, calabacita y brócoli. Cabe destacar que la variedad de cultivos se incrementó en relación al año 1980, año en el que se registraron un total de 37 cultivos genéricos en contraste con los 60 registrados para el año 2008. De Grammont y Lara (2004) consideran que este aumento se debe a la necesidad de satisfacer los mercados exóticos para el consumo de lujo nacional e internacional.
Los estados con mayor superficie sembrada con cultivos hortícolas son Sinaloa, Zacatecas, Puebla, Guanajuato, Chihuahua, Michoacán, San Luis Potosí, Sonora, México y Jalisco.  Y en cuanto a la producción, los estados de Sinaloa, Michoacán, Puebla, Morelos, Chihuahua y Zacatecas concentran el 51% del volumen de producción nacional.
Como es evidente, existe una concentración del establecimiento de los cultivos y de la producción a nivel nacional, y por lo mismo, persiste la misma tendencia en cuanto a las empresas exportadoras. De acuerdo al Censo Agropecuario 2007 en la actividad agrícola (incluyendo viveros e invernaderos) de 3,762,195 unidades de producción censadas, 2,223,898 (59%) reportaron vender su producción en el mercado local, regional y/o nacional, mientras que 3,200 (0.08%) de la misma forma vendieron en el mercado internacional, otras también destinaron su producción como semilla para siembra así como para consumo familiar y/o ganadero. El mayor número de empresas agrícolas que ofertaron parte de su producción al extranjero se encuentran ubicadas en los estados de Michoacán, Sonora, Chiapas, Sinaloa, Baja California Sur y Veracruz que en su conjunto representaron el 46.5% del total de unidades exportadoras de México.
Cabe señalar que la capacidad de estas empresas para abastecer la demanda externa se debe en muchas ocasiones a que suelen tener inversiones extranjeras; según la Secretaria de Economía a través de la Dirección General de Inversiones Extranjeras para el año 2009 registró 403 empresas con inversión extranjera directa (IED) en lo que respecta al sector agrícola, ganadero, de caza, silvícola y pesquero, lo que representó el 0.88% del total de los negocios con capital foráneo del país. Para el caso del subsector agricultura, ganadería y caza el número de empresas fueron 313, esto es el 77.7% del sector. Dentro de la rama agricultura fueron 230 empresas y en la clase hortalizas y flores 150 agronegocios, siendo 65.2% de los datos de la rama. Los países que invierten en las empresas agrícolas nacionales son Estados Unidos de Norteamérica y Japón, siendo el primero el que figura en las unidades de producción de hortalizas como inversionista extranjero.
Las regiones de México que se han incorporando a la globalización a través de este tipo de inversiones foráneas obedecen a que cuentan con recursos naturales (suelo, agua) y humanos (mano de obra barata) propicios para la instalación de estos capitales (Rivera, 2005).
De acuerdo a la información de la Secretaria de Economía, Baja California Sur, Coahuila y Nayarit son las entidades en las cuales se ubican las empresas de la rama agrícola con IED. Esto es muestra de cómo la agricultura mexicana está siendo el escenario del tránsito de capitales extranjeros con dirección a una flexibilidad de empresas y de la fuerza de trabajo, a partir del desarrollo de cultivos comerciales que demandan mano de obra intensiva (Rivera, 2005).
En lo que concierne a las exportaciones del sector, México es uno de los líderes mundiales de cultivos agrícolas de calidad (Ortiz, 2006). De acuerdo con datos estadísticos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) en el 2007 México ocupó el primer lugar en la exportación de chiles picantes, cebolla, aguacate, tomates y hortalizas leguminosas; el segundo lugar en espárragos, espinacas y pepino; el cuarto en brócoli, calabazas y hortalizas congeladas; y la quinta posición en chícharo, y lechuga.
En el siguiente gráfico se muestran los porcentajes correspondientes al valor de las exportaciones de las principales hortalizas, destacando como principal producto los tomates, los cuales se ubican en la segunda posición de los productos exportado a nivel nacional.

b) Horticultura en el estado de Zacatecas
El crecimiento del cultivo de hortalizas en el estado de Zacatecas ha sido muy dinámico: mientras que en 1960 apenas se destinaban 3,265 hectáreas, en 1992 se tuvo un máximo de 44,615 hectáreas, cantidad que se redujo en 1999 hasta las 22,912 hectáreas (Rivera, 2005).  Sin embargo, el atractivo económico de las exportaciones ha intervenido en el impulso de la reconversión productiva agrícola, dando mayor auge a la  producción de hortalizas y dejando a un lado la de los granos básicos. De aquí que la superficie dedicada a la siembra de hortalizas para el 2008 según la SAGARPA  fue de 52,978 hectáreas, es decir el 6% de la superficie agrícola sembrada (938,399 has.).
Es importante destacar que a pesar de esta reducida proporción, el valor de producción de las hortalizas representa el 53% ($3,156,154,670) del valor total de producción de los grupos de cultivos establecidos en la entidad ($5,998,530,826) entre los que se encuentran frutales, legumbres secas, industriales, orgánicos, ornamentales, entre otros.

La zona hortícola del estado, se ubica en la región conocida como la “franja agrícola” que incluye a los municipios de Juan Aldama, Río Grande, Sombrerete, Fresnillo, Calera, Morelos, Villa de Cos, Guadalupe, Ojocaliente y Loreto (Rivera, 2005).
Los principales cultivos, por superficie establecida, son: chile (34,918 hectáreas), lechuga (3,354 has), tomate verde (2,878 has), cebolla (2,765 has), zanahoria (2,567 has), Jitomate (2,254 has), ajo (1,709 has), calabacita (794 has), Nopalitos (487 has), pepino (365 has), repollo (290 has),  brócoli (204 has), ejote (184 has), coliflor (100 has), cilantro (90 has) y chícharo (21 has). Por lo que las primeras siete representan el 95% del total de la superficie estatal sembrada.

En lo que se refiere a las exportaciones agrícolas en Zacatecas para el año 2001 se comercializaron 3,086 toneladas de brócoli, 293 de zanahoria, 551 de chile y 358 de ajo, en cuanto a especies hortícolas.

c) La agricultura protegida
El campo mexicano, a través de los procesos globales, se ha venido convirtiendo en escenarios de cambios tecnológicos que no solo alteran la explotación de los recursos naturales, sino que transforman las fases de vida de los habitantes de las regiones rurales (Rivera, 2005). Ejemplo de ello es la denominada agricultura protegida, la cual es definida por Pacheco (2010) como aquella que se realiza bajo estructuras construidas con la finalidad de evitar las restricciones que el medio impone al desarrollo de las plantas cultivadas.
De acuerdo con el mismo autor, las ventajas más relevantes del cultivo bajo invernadero con respecto a uno de cielo abierto son la intensificación de la producción, la posibilidad de cultivar todo el año, la obtención de productos en regiones con condiciones restrictivas, la producción fuera de temporada de productos de alta calidad, el aumento de rendimientos por unidad de superficie, el menor riesgo en la producción y un uso eficiente del agua e insumos. En este último punto, según la Secretaria de Desarrollo Agropecuario (SEDAGRO), el nivel de eficiencia en el manejo del agua de riego en el estado de Zacatecas se encuentra por debajo del 60%.
En cuanto al impacto laboral de este tipo de tecnología, se menciona que una hectárea establecida con agricultura protegida genera en promedio ocho empleos directos.
Los antecedentes que enmarcan a este tipo de agricultura se encuentran dentro del Plan Nacional de Desarrollo 2007-2012, el cual establece el eje de economía competitiva y generadora de empleos para el sector rural, basado en los objetivos de elevar el nivel de desarrollo humano y patrimonial de los mexicanos que viven en las zonas rurales y costeras; abastecer el mercado interno con alimentos de calidad, sanos y accesibles provenientes de nues­tros campos y mares; mejorar los ingresos de los pro­ductores incrementando nuestra presencia en los mercados glo­bales, vinculándolos con los procesos de agregación de valor; revertir el deterioro de los eco­sistemas, a través de acciones para preservar el agua, el suelo y la biodiversidad; por lo que algunas de las estrategias planteadas para lograr dichos objetivos son mejorar la productividad labo­ral a través de la organización, capacitación y asistencia técnica; promover el acceso a insu­mos competitivos; incrementar acciones que den certidumbre a las actividades agropecua­rias y la generación de valor agregado; promover el financiamien­to y la capitalización en el medio rural; orientar la producción a las demandas del mercado e impulsar la generación de em­presas rentables en el sector rural social.

En México la agricultura protegida, como modalidad de producción, está en un notable crecimiento. En 1999 se tenían contempladas 721 hectáreas, mientras que para el 2008 se estimaban 9,948 has. La Asociación Mexicana de Horticultura Protegida A.C (AMHPAC), de acuerdo al Estudio de Oportunidades Externas para el Desarrollo de la Inteligencia Comercial del Mercado de Exportación de la Horticultura Protegida Nacional 2009, estima la existencia de 15,000 has de agricultura protegida y determina como principales cultivos bajo algún sistema de protección al tomate (roma, bola, cherry), pimiento (en todos sus colores), pepino (europeo y americano), berenjena y chiles picosos. El estado con mayor número de hectáreas de agricultura protegida fue Sinaloa (2,980 has), seguido por Baja California (2,300 has), Jalisco (970 has), Sonora (890 has), Coahuila (380 has), Chihuahua (375 has) y San Luis Potosí (240 has). Los primeros cuatro estados concentraron el 72% del inventario nacional para el 2008.
Ya situados en Zacatecas, como evidencia de las políticas de desarrollo rural encaminadas a lograr la competitividad en el marco del sistema económico actual globalizado se ha introducido la agricultura protegida en Zacatecas, de acuerdo con Morales y Escobar (2009), como una alternativa para hacer un uso intensivo del agua y del suelo con la finalidad de aumentar la producción, debido a que las eventualidades climáticas en el estado son determinantes para el éxito o fracaso de la producción agrícola. La instalación de invernaderos en la entidad da inicio en el año 2000, tanto por iniciativa de particulares como de las dependencias gubernamentales.
Para el año 2010, de acuerdo con información del Fideicomiso de Riesgo Compartido (FIRCO) el inventario estatal de agricultura protegida fue de 323 hectáreas, ubicadas principalmente en la zona centro- este. El municipio con mayor superficie fue Villa de Cos (110 has), seguido de Pánuco (55 has), Guadalupe (40 has), Trancoso (23 has), Zacatecas (25 has) y Ojocaliente (18 has).

El nivel de tecnología con la que cuenta la infraestructura estatal de agricultura protegida en un 35% es de nivel alto, caracterizado por ser multitunel, equipado con sistema de riego, ventilación lateral y cenital automatizados y con estación climatológica. El 45% es de nivel medio, siendo infraestructura de multicapilla, parrales, raspa y amagado. Y el 20% de nivel bajo predominando estructuras de malla sombra al igual que micro y macro-túneles.
Los cultivos que se han establecido son principalmente tomate rojo (saladette, cherry, bola), pepino, pimiento morrón y en menor cantidad calabaza, forraje verde,  plántula de durazno y chile, entre otros. El mercado principal de estos productos de calidad son el nacional y regional, sin embargo, el mercado de exportación está siendo cubierto gradualmente debido al grado de calidad e inocuidad que demandan los países socios comerciales de las hortalizas.

Para gran parte de las hectáreas establecidas se ha recurrido a los apoyos gubernamentales, debido a que este tipo de agricultura representa una alta inversión de capital.  Por lo que en el año 2000, SAGARPA invirtió   $9’291,119.00 en este componente;  para el ciclo 2005, la inversión en este sector alcanzó la cifra de  $58`982,302.90, lo que representó un incremento de 634.8% en tan solo cinco años en términos nominales.
Datos más recientes revelan un incremento considerable en los montos de inversión en esta tecnología por parte de las dependencias gubernamentales en sus distintos niveles, siendo durante el periodo 2004-2010 de 198.74 millones de pesos, con lo que se presume el establecimiento de 372 hectáreas de agricultura protegida impulsando la creación de 30 empresas hortícolas, dando beneficio a 399 mujeres y 562 hombres, así como generando más de 2,900 empleos directos.
La superficie establecida de invernaderos coloca a Zacatecas como un proveedor importante de hortalizas en ciertas ventanas de mercado. Sin embargo, no es claro hasta donde debe crecer la agricultura protegida en la entidad y no hay un plan que fomente los agrupamientos de invernaderos para contar en un solo lugar con diversos servicios de capacitación, asistencia técnica, financiamiento e infraestructura de selección y empaque. Hasta ahora se han apoyado invernaderos dispersos y pequeños, cuya competitividad está en duda por la falta de integración a redes de valor (Morales y Escobar, 2009).

d) El sector jornalero
Las tecnologías impuestas por el modelo de desarrollo agrícola actual que fija atención en el sector agroexportador llevan a la transformación del mercado de trabajo ya que la mano de obra se vuelve más intensiva y flexible al demandar ciertas cualidades/habilidades de los trabajadores (hombres y mujeres) en determinadas fases del cultivo; en ocasiones a costa de salarios bajos, debido a que el empresario agrícola nunca reducirá costos de producción de insumos pero sí los costos de mano de obra, pues ello no repercutirá en sus rendimientos productivos y mucho menos en sus utilidades. Esta aseveración la hacen debido a que perciben una debilidad en la organización de los trabajadores del campo (jornaleros) o bien, saben de las carencias económicas actuales de los hogares rurales que les obliga a entrar en el mercado de trabajo hortícola por falta de otras opciones laborales.
En cuanto a las estadísticas de la población jornalera en México, no existe un dato exacto, debido a que el concepto de jornaleros es aplicado por las instituciones estadísticas, en la actividad agrícola, pecuaria, caza y pesca, de manera general; y generalmente se subestima cuando se habla de la participación de la mujer; ya que como se desempeña en esta actividad de manera temporal, al momento del conteo manifiestan ser amas de casa más no jornaleras.
Aún así, mencionaremos que el Censo General de Población y vivienda para el año 2000 reportó un total de 1,779,006 jornaleros en el país, de los cuales solo el 9.63% fueron mujeres (230,737).  Existiendo en el estado de Zacatecas un total de 16,452 personas lo que representa un 0.92% del total nacional (PRONJAG, 2000; citado por Ramírez et al., 2006).
Los tipos y características de los jornaleros agrícolas son diversas; por su lugar de origen o procedencia  pueden ser mano de obra local, regional e interregional. Por su adscripción étnica  pueden encontrarse mestizos e indígenas (Rodríguez, 2005). Un concepto similar al de jornaleros interregionales es el de “migrantes” dentro de los cuales se puede detectar una tipología definida por tres categorías: 1) de origen, los que habitan en su lugar de residencia 2) de destino, aquellos que permanecen temporalmente en las zonas agrícolas y 3) de tránsito, son los jornaleros migrantes que van de paso hacia su centro de trabajo, lugar de origen o de destino.
Los mercados de trabajo asociados a los cultivos hortofrutícolas demandan fuerza de trabajo cuyas características (edad, sexo,  origen, etc.) dependen de cuatro factores: 1) Tipo de productor; 2) Proceso de producción del cultivo; 3) Destino de la producción; y 4) la relación oferta-demanda del mercado laboral (Rodríguez, 2005).
En el estado de Zacatecas, de acuerdo con la Secretaria de Planeación y Desarrollo Regional, los cultivos que demandan mano de obra jornalera tanto local como foránea son las hortalizas y la vid, así como la actividad agrícola desarrollada en ambiente controlado (invernaderos) que la demanda con algún grado de especialización debido a las exigencias del mercado sobre los productos que oferta esta modalidad (Secretaría de Planeación y Desarrollo Regional- SEPLADER, 2008).
En el cuadro 1 se muestra la incidencia del tipo de jornaleros agrícolas en los diferentes cultivos por actividad desarrollada, y se evidencia la presencia de jornaleros locales y en menor grado foráneos o migrantes. Asimismo, la presencia de jornaleros en la entidad se da durante todo el año, por lo que demuestra que el sector es de suma importancia en el mercado de trabajo y de productos.
Se tiene evidencia de que los jornaleros migrantes que se emplean en el sector agrícola de la entidad provienen de los estados de Veracruz (Martínez de la Torre), de la Huasteca potosina (Rio Verde), Aguascalientes, Durango (tepehuanos), Oaxaca, Guerrero y Nayarit (jornaleros wixarikas). En lo que concierne a los jornaleros locales, los principales municipios expulsores de jornaleros son Saín Alto, Sombrerete, Villa Hidalgo y Pinos. Los jornaleros del norte del estado suelen migrar a los campos de cultivo del estado de Saltillo y Durango, mientras que los del sureste migran hacia Guadalajara y Nayarit (Secretaría de Educación y Cultura- SEC, 2008).


La llegada de los jornaleros wixarikas a tierras zacatecanas, representa toda una travesía, de acuerdo con la SEC (2008) salen de las localidades de San Sebastián Teponaxhuatlán, Tuxpan de Bolaños, San Andrés Cohamiata y Santa Catarina Cuexcomatitlán, atravesando a pie la Sierra Madre Occidental para ocuparse durante los meses de abril y mayo en los campos de avena y cebada del municipio de Colotlán, Jal., posteriormente se trasladan hacia Tlaltenango y Jerez, Zacatecas, siguiendo su ruta hacia el centro del estado instalándose en Fresnillo y municipios aledaños por los meses de septiembre y octubre. Esporádicamente algunos wixarikas continúan su viaje hacia Calvillo, Aguascalientes, para ocuparse en el corte de guayaba.
Este proceso de movilización de mano de obra se debe entre otras cosas a la expansión de la agricultura comercial, y por otro lado,  a la existencia de campesinos e indígenas que viven con un profundo deterioro de sus economías familiares, al carecer o contar con parcelas erosionadas e improductivas (Rodríguez, 2005).

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