MUJERES EN EL MEDIO RURAL: CONFLICTOS TRADICIONALES, PRÁCTICAS EMERGENTES Y HORIZONTES

Irma Lorena Acosta Reveles (Coord.)

III. Migración y estrategias de vida familiar

La migración a los Estados Unidos puede entenderse como una estrategia de reproducción económica familiar, ya que es precisamente en el ámbito de la familia donde se dan los ajustes sociales más importantes que hacen posible las largas y repetidas ausencias de los varones (Alarcón, 1988: 345). La estrategia familiar consiste en complementar los ingresos con las órdenes de pago en dólares que les mandan regularmente los hijos emigrados. Se considera que esta estrategia es exclusiva de las familias grandes (mayores de cinco miembros) en las que han salido la mayoría de los hijos desde temprana edad (Hernández, 1988:326).

De lo anterior se desprende la necesidad de revisar la discusión teórica, sobre las estrategias de reproducción  de las unidades domésticas. Para ello, se entiende por estrategias, al conjunto de las diversas actividades que llevan a cabo los diferentes miembros de la familia para hacer posible su reproducción cotidiana y generacional, así como lograr su interacción con la estructura social. Actividades a las que se les ha denominado de diferentes maneras como: estrategias de supervivencia, estrategias de sobrevivencia, estrategias de reproducción o estrategias familiares de vida.


Con la idea de integrar los diferentes conceptos utilizados, Acosta (2000) identifica cuatro maneras de conceptuar las estrategias. La primera en los estudios pioneros de Duque y Pastrana, que analizan las estrategias de supervivencia de las familias de sectores populares de Santiago de Chile; en este estudio postulaban la relación entre las clases sociales y las características de supervivencia en los comportamientos de los hogares. La segunda, en (la década de los ochenta) los estudios llevados a cabo en México. A partir de que Chayanov (1974) conceptualizó la unidad doméstica campesina como unidad económica –de producción y de consumo- autores como Salles (1989), Giner de los Ríos (1989), Margulis (1989), Pepin y Rendón (1989), emprendieron la reflexión teórica y el análisis empírico acerca de la reproducción de los grupos domésticos rurales y urbanos como una manera de acercarse al estudio de la reproducción de la fuerza de trabajo y la reproducción social.  La tercera versión de las estrategias corresponde a la investigación empírica desde la antropología social, que ha privilegiado el análisis de la relación entre la estructura social, la organización interna de las unidades domésticas obreras y la segmentación del trabajo urbano. La cuarta y última, se relaciona con las contribuciones de los historiadores de la familia.


El concepto de estrategias familiares parte de la necesidad de vincular en el análisis los diferentes procesos económicos, demográficos y sociales, puesto que, a fin de cuentas, determinan la estructura de opciones para los individuos.


Entre los trabajos que enriquecen la discusión acerca del concepto de estrategias familiares se encuentra el de Oliveira y Salles, (1989:27). Estas autoras se basan en el trabajo de Chayanov (1974) sobre la conceptualización de las estrategias de reproducción de los grupos domésticos. A estas estrategias se les concibe como “un conjunto de acciones, orientadas por motivos conscientes o no, desplegadas por las familias para garantizar la supervivencia”.
Para Oliveira y Salles, la preferencia por el concepto de estrategias de reproducción sobre el concepto de estrategias de supervivencia, radica en las limitaciones analíticas. Sus razones se deben a las críticas que ha recibido este último concepto por su adecuación casi exclusiva para analizar los comportamientos asociados a la subsistencia mínima de los grupos sociales de bajos ingresos. Al haber destacado esta observación Torrado,  también había planteado la necesidad de ampliar el concepto para que fuera posible “localizar estrategias variables de acuerdo con las diferentes posiciones económicas de los grupos familiares” (Oliveira y Salles, 1989: 27).


La segunda crítica, a partir de las reflexiones de Oliveira y Salles está orientada a cuestionar el énfasis en el carácter racional y económico de los comportamientos individuales y familiares, estando más presentes en la conceptualización de las estrategias de Duque y Pastrana  que en la de Torrado.


A pesar de que los trabajos de Oliveira, Salles y Pepin (1989)  enfatizan los aspectos materiales que están vinculados a los procesos de producción, consumo y reproducción de los grupos domésticos se reconoce también que en el interior de las unidades domésticas se trasmiten y se reproducen, de generación en generación, los valores  ideológicos y culturales, los afectos, los conflictos y las relaciones de autoridad entre géneros y generaciones; elementos todos que se manifiestan cotidianamente en la organización interna de las unidades domésticas (Oliveira y Salles, 1989:31).
Para el estudio de las estrategias de reproducción rural diversos autores siguen los planteamientos de Chayanov (1974), quien afirma que la unidad doméstica “permite vincular las actividades de producción y consumo y analizar las interrelaciones entre el grupo familiar y la unidad productiva, aspectos cruciales en la reproducción de los grupos campesinos” (Oliveira y Salles, 1989:15).


Otro elemento reconocido por diversos autores como: Giner de los Ríos, 1989, Margulis, 1989, Oliveira y Salles, 1989; Pepin Lehalleur y Rendón, 1989; Quesnel y Lerner, 1989 como parte fundamental de las estrategias de reproducción de los grupos domésticos, lo constituyen las redes de relaciones sociales que establecen los miembros de la familia, concebidas como un conjunto de “relaciones externas” de parentesco y amistad basadas en vínculos de intercambio y normas de reciprocidad, que constituyen recursos fundamentales para satisfacer las necesidades de la unidad doméstica (Oliveira y Salles, 1989:19).


Sobre la conceptualización de las redes de relaciones sociales y su papel en las estrategias de reproducción de las unidades domésticas están presentes  los trabajos de Roberts, 1973; Lomnitz, 1975, 1977; Bilac, 1978; Schmink, 1979, Jelín, 1979, 1984; Jelín y Feijoo, 1980; González de la Rocha, 1986; sin embargo, no se comparte la idea de Lomnitz, 1975,1977; ni la de Jelín, 1979   porque consideran a las redes de relaciones sociales como las unidades de análisis más adecuadas en el estudio de las estrategias familiares; se está más de acuerdo con las propuestas de González de la Rocha (1986) acerca de la utilidad de mantener la distancia analítica entre las redes de relaciones sociales y la unidad doméstica, y acerca de la necesidad de no distorsionar los lazos de colaboración y de cohesión que establecen los miembros de la familia, pues según esta autora, la solidaridad, el conflicto y la violencia coexisten en su interior. 


En este sentido, nos gustaría recuperar dos cuestiones relacionadas con la migración de los contextos rurales que Oliveira y Salles (1989) señalan: dentro de las estrategias diferenciadas de la utilización de la fuerza de trabajo se encuentra la migración. Por su parte Pepin y Rendón (1989) consideran que los campesinos emigran en busca de fuentes de trabajo permanentes o temporales en el marco de las estrategias de reproducción de las unidades domésticas.


También, existen los enfoques alternativos que establecen que la migración no es solamente una estrategia “alternativa” del grupo doméstico para resolver el problema del consumo cuando los recursos disponibles en la localidad son escasos.  La toma de decisiones en el seno de los grupos domésticos tiene como trasfondo procesos de dominación y negociación, es decir, sus miembros no necesariamente actúan como una unidad; con frecuencia las diferencias de intereses son encaminadas por la ideología de la armonía y el consenso (D´Aubeterre; 2000: 26).


Por su parte, Arizpe coincide con la posición de Jelín sobre la toma de decisión para migrar, que no debe analizarse en relación con las motivaciones individuales del migrante sino en relación con la estrategia de los grupos en los que participan las mujeres y en especial, en el grupo doméstico (Arizpe; 1989: 225).


Dentro de las estrategias familiares asumidas por los hogares campesinos encontramos: 1) aumentar su producción para el mercado, si tiene la disponibilidad de tierras y de acceso a insumos; 2) diversificar sus fuentes de ingreso a través de las artesanías, las industrias caseras y el pequeño comercio, aunque la tendencia del mercado también hace poco competitivas estas actividades por lo que a la larga, no logran compensar el déficit agrícola; y 3) vender fuerza de trabajo; si hay fuentes de trabajo cercanas puede no haber migración o ésta puede ser predominantemente estacional; si las fuentes de ingreso se encuentran en regiones alejadas o en la ciudad, la migración será temporal o permanente. En esta situación, es común que se envíe a varios miembros de la familia, sobre todo a las hijas (Arizpe, 1989: 235).

La misma autora, considera que la decisión de migrar no debe analizarse tanto en relación a las motivaciones individuales sino a las estrategias de los grupos en los que participan las mujeres, y en especial, en el grupo doméstico. Generalmente, la migración femenina que se emplea en el sector doméstico, el cual tiene características del sector informal porque no hay un contrato formal, el salario es muy bajo y el trabajo es eventual. También los migrantes, sobre todo los de mayor de edad y los jefes de familia, ingresan primordialmente al sector informal. De ahí, que se establece que este grupo de migrantes no se plantean su movilidad como una de estrategia para alcanzar un mejor ingreso sino una opción para lograr la sobrevivencia personal y del hogar. 


En regiones cercanas a una gran ciudad, el hogar campesino puede establecer una estrategia de migración por relevos siguiendo las etapas del ciclo doméstico. En esta estrategia, las hijas juegan un papel vital: la gran demanda de servicios domésticos en la ciudad les permiten ingresar a este empleo con facilidad y también, salirse de él sabiendo que podrán encontrar otro.  El mayor control ideológico que se ejerce sobre las hijas y el hecho de que si son empleadas domésticas estarán residiendo en su lugar de trabajo, hace que el padre tenga mayor control sobre ellas y sobre sus ingresos. Las remesas de las hijas tienden a ser, por tanto, más constantes y seguras que las de los hijos. En esta estrategia de migración por relevos, los ingresos de las hijas se utilizan para financiar la educación de los hermanos menores: frente a condiciones económicas poco propicias para la inversión en actividades agrícolas o pecuarias, la inversión en la educación de algunos de los miembros del hogar campesinos constituyen una estrategia ventajosa (Arizpe, 1989: 236).


Por su parte Fauné (1995:200), considera que la migración ha pasado a ser un componente fundamental de las estrategias de sobrevivencia por la necesidad de asegurar la estrategia de reproducción que ha llevado a las familias rurales a modificar el esquema de hogar fijo por un tipo de hogar más bien móvil, en donde sus miembros, de acuerdo a su edad, género y oportunidad de empleo y/o de mercadeo, entre otros, deben rotarse en el tiempo de permanencia y moverse en el espacio rural, urbano, nacional e internacional.


Por su parte, las mujeres rurales parecen asumir el papel de gestoras y articuladoras de las estrategias de sobrevivencia y, por consiguiente, como las organizadoras de este hogar móvil con sus movimientos espaciales, y a la vez,  como controladoras de los tiempos de permanencia o de migración de sus miembros, especialmente de los hijos e hijas en cada una de las familias nucleares que coexisten bajo un mismo techo.


Entonces, este rol protagónico de las mujeres se correlaciona con el incremento que ha experimentado la jefatura femenina en los hogares rurales. Estas llamadas estrategias del “rebusque” han partido de las mujeres; son ellas las que rebuscarán el ingreso familiar con el trabajo por su cuenta en actividades informales, “mercadeando” una variedad de productos elaborados en la casa revendiendo en el mercado local, integrándose como asalariadas en las maquilas textiles a domicilio y en los contingentes de empaques y procesamiento de las empresas de exportación (Fauné, 1995: 201).


En estas circunstancias García y Villaseñor, ven a la migración de millones de mexicanos como un recurso de sobrevivencia familiar asociado a los procesos de reestructuración y crisis económica que en 1982,  marcó el fin del modelo de industrialización basado en la sustitución de importaciones y la implementación de la nueva estrategia de industrialización en la exportación de la industria manufacturera que trajo como resultado una marcada polarización, desigualdad, carencias y pobreza de vastos sectores de la población.

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