MUJERES EN EL MEDIO RURAL: CONFLICTOS TRADICIONALES, PRÁCTICAS EMERGENTES Y HORIZONTES

Irma Lorena Acosta Reveles (Coord.)

VI. Migración por género y generación

Encontramos varios casos donde las mujeres de algunos hogares fueron las pioneras de la migración de su propio hogar, se iban siempre en compañía de algún familiar, ya fuera consanguíneo o de la familia política por parte del marido. En algunos casos, los primeros en partir fueron los hijos o las hijas mayores de edad de la familia y después se incorporaron paulatinamente al movimiento migratorio los demás miembros del hogar hasta completar la mayor parte de ellos; incluso se encontraron algunos casos donde la totalidad de los individuos que conforman el hogar cambiaron su lugar de residencia hacia los Estados Unidos. A continuación presentamos parte de la entrevista sostenida con una de las pioneras en la migración, la cual nos ilustra sobre las difíciles condiciones económicas, de vivienda y alimentación para ella y su familia,  carencias que la llevaron a tomar la decisión de migrar al vecino país del norte, así como el proceso de incorporación en la migración por parte de los demás miembros del hogar, el ejercicio de la autoridad y conducción del hogar de la migrante, y por último, velar por los intereses a defender mediante el arreglo legal de la residencia a su descendencia.


Es el caso de doña Gloria, de 68 años y madre de 11 hijos ya todos migrantes; ella señala: “Yo soy padre y madre en los Estados Unidos y aquí también para todo andaba yo, anduve adelante en todo, después de la segunda vuelta para los Estados Unidos me  llevé conmigo a mi esposo, pues para el respeto, verdad; pero él no opinaba nada ni sabía. Ni siquiera sabía leer ni escribir, ni sabe nada, tenía una memoria  que nunca me ayudó ni nunca sabía prevenir algo para mañana, el vivía al día; como estaba él día de hoy el esperaba para mañana, no decía y voy a conseguir para mañana- algo, nada. Oiga, pues me desesperé y tuve que salir sola con mi hermano y mi cuñado  y al primer año me fui sola ya para el segundo año me llevé a Gustavo,  Adolfo,  Rodrigo y Albertina y dejé a mi hermana Teresa con mis otros niños y me llevé a mis cuatro hijos; y ya con ellos me alivianaba para mandarles para acá. Es del modo que hicimos casa porque con mi pobre hombre nomás un  cuartito teníamos para todos. No, no, que duro y que triste! Una tortilla y media nos teníamos que comer porque no ajustábamos”.


Ante tal situación, Gloria nos dice: “Tuve que salir, pero ya como le digo, me quedó el consuelo de que les arreglé  papeles de residencia a todos mis hijos, todos están arreglados ya no andan ahí de mojados; ya se hicieron ciudadanos y tienen sus casas, tienen su familia por allá, todos sus hijos nacieron por allá en sus casas. Por ejemplo, Carlitos que es el más chico de la familia, él le ha sabido luchar mucho, tiene departamentos, tiene una casa de un piso, tiene de dos pisos, tiene de tres pisos, tres casas y su trabajo es de puras convenciones trabaja 15, 16 o hasta 20 horas diarias y mire, está pero bien puesto, son de todas las convenciones que llegan porque sólo descansan media hora o una hora (duermen o comen) llega otra convención y pues a atenderla,  pero sí sacan buenas propinas, no le hacen caso al sueldo sino a las propinas. Mire, bendito sea mi padre Dios, uno aquí tan pobre y ellos allá tan bien puestos; y aquí uno con necesidad allá casi ¿cuándo me mandan una ayuda? pero no necesitamos dónde que no nos falte, pero tienen sus familias y aparte que sus mujeres no los han de dejar, también ¿qué no ve que trabajan los dos? y todo lo que han hecho, pues también ellas. Pero aquí con mi pensioncita de los Estados Unidos pues no nos falta, nos manda una ayudita casi  cuando y con la pensión de mi esposo y la mía que nos mandan cada mes de 600 dólares entre los dos”.

“También mis hijos me ayudan con dinero para pagar gastos del doctor y medicamento para las enfermedades, cada mes me mandan, que los 200 o 300 dólares, lo que pueden ellos, pues cada mes me tengo que estar checando la presión, que la tengo alta y  tengo que comprar las pastillas que son tan caras,  cuestan 529 pesos con catorce pastillas y también para el corazón y para las rodillas”.

Esta parte de la entrevista resulta importante no sólo porque nos muestra las percepciones de la migrante en relación con su pareja y su descendencia sino también de ella misma. Acerca de los atributos o características del esposo, había sido percibido por ella en base a una ausencia de los más mínimos deseos de superación, por vivir únicamente al día, por no prever para el futuro o el mañana inmediato, por ser conformista, por no comunicarse ni decir lo que piensa o lo  que opina; además de estar presente la incapacidad para leer y escribir. Por su parte, la mujer se ve en la necesidad de tomar la decisión de migrar debido a la desesperación por las carencias, tanto de vivienda como de alimentación, toma  así la delantera para ir en busca de un futuro para ella y su familia; pero no sin  irse acompañada por un familiar para las cuestiones del respeto.


En el rol que desempeña esta mujer migrante está presente, en cierta medida, el aprendizaje del sentido de responsabilidad de sacar adelante a sus hijos; empero, no sin antes haber ido y observado las condiciones del nuevo lugar de residencia, proceso que inicia después de la primera experiencia migratoria. Con ello, esta mujer abre el proceso de incorporación de algunos miembros del hogar en la migración, logrando así, un mayor número de trabajadores que se suman en el desempeño de las labores y que se ve reflejado en un mayor salario o percepción de dólares, mismos que, en parte, son utilizados para solventar los gastos en la comunidad de origen y concretar el anhelo de construir una casa.


Este aspecto económico que la migrante valora mucho, ahora lo ve materializado al menos, en uno de sus hijos porque él ha sabido luchar por tener casas y departamentos, como resultado de su trabajo en las convenciones, espacio laboral que representa mejores oportunidades para reunir dinero, por el concepto de las propinas más que por el salario. A esto se suma el hecho significativo de que la esposa también trabaja; así, lo que han hecho, en términos de bienes inmuebles, ha sido con las aportaciones económicas de ella también.  


Por último, respecto a las percepciones que tiene la ex-migrante de sí misma en el presente, aún se sigue asumiendo como pobre, pero ahora no en términos económicos sino por su situación de salud, admite que no tiene necesidad del apoyo económico de sus hijos dada su calidad de pensionada tanto  ella como su esposo. Sin embargo, por  cuestiones de afecto y atención están presentes los apoyos económicos de los hijos a través de las remesas, mismas que son utilizadas para el cuidado de la salud y para viajar para los Estados Unidos.

 

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