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DIVERSIDAD CULTURAL Y MIGRACIÓN. ECONOMÍA, CULTURA, SALUD Y POLÍTICA

María del Carmen Cebada Contreras
Eduardo Fernández

Introducción: Multiculturalidad y Migración.  Eduardo Fernández Guzmán  y Carmen Cebada

Los grandes movimientos de la población a través del espacio geográfico han sido una constante en la historia de la humanidad (Alba, 2001). Sin embargo, las causas de los desplazamientos, así como sus características y consecuencias, han sido múltiples a lo largo de la historia, generando cada época sus propias modalidades migratorias1. En este sentido cabe decir que el rasgo principal de las actuales migraciones es su carácter global, afectando cada vez a mayor número de países y regiones y adquiriendo crecientes niveles de complejidad en sus causas y consecuencias. La universalización de las migraciones debe ser entendida no sólo como el incremento de sujetos móviles, o de la creciente incorporación de más países a las redes migratorias, sino también como diversificación de los tipos migratorios (motivaciones, características de los migrantes y temporalidad de los desplazamientos (Blanco, 2000:9).


A través de su desarrollo histórico el hombre ha tenido básicamente tres causas de desplazamiento: ecológicas, políticas y económicas (Blanco, 2000). Las primeras son provocadas por catástrofes naturales o situaciones adversas del hábitat.2 Fueron muy numerosas en épocas primitivas, cuando el ser humano aún no disponía de los medios técnicos necesarios para hacer frente a los desastres naturales o sus consecuencias. Las políticas son provocadas por las adversidades de esta naturaleza, incluyendo aquí todos los movimientos originaros por cualquier tipo de conflicto bélico3 o por persecuciones de carácter político (ejemplos de ello son los desplazamientos que generaron las revoluciones en Nicaragua, El Salvador, Vietnam, Corea y algunas repúblicas africanas), religioso o étnico (como las muy sonadas persecuciones religiosas en Europa en los siglo XVII y XVIII, el conflicto de la India y Pakistán,4 y la guerra en los Balcanes) dando lugar a las figuras de los desplazados, exiliados, asilados o refugiados. Y la migraciones económicas son las producidas, como su nombre indica, por causas económicas (Blanco, 2000).
Habitualmente se conocen como económicas (y por ende migrantes económicos) sólo aquello producido por la necesidad económica de los migrantes. Esto es, cuando el migrante abandona su lugar de origen impelido por la falta de trabajo, de oportunidades laborales o de condiciones mínimas de subsistencia. Podemos preguntarnos, dice Cristina Blanco, sin embargo, que tal denominación debería adquirir aquellos movimientos producidos a causa de los procesos de globalización e internacionalización económicos, como son el traslado de directivos, gerentes o personal calificado de grandes empresas trasnacionales. Si las causas son también económicas, también deberían llamarse a estos traslados como migraciones económicas, a pesar de las reticencias existentes o a identificar migración económica con penuria económica del migrante (Blanco, 2000).


Es decir, que los desplazamientos humanos se han presentado desde el surgimiento del hombre sobre la tierra transformando la geopolítica del mundo pero, aquellos que se producen a partir del desarrollo del sistema capitalista tienen un componente específico, ligado a las transformaciones de las diferentes fases de acumulación. A lo largo de los años, el imperativo de reproducir y ampliar de manera sistemática una fuerza de trabajo mundial bajo condiciones de proletarización, impulsó a los primeros centros capitalistas a ponerse en contacto con sectores, regiones y países con menor desarrollo con el fin de ir eliminando todos aquellos resabios que pudieran impedir tener el mercado5 como eje de las nuevas relaciones. Este proceso de internacionalización será largo y tortuoso y tendrá como uno de sus instrumentos la movilización del trabajo, la cual favorecerá la consolidación del mercado capitalista y su mundialización (Aragonés, 2000:15-16).


Así tenemos que el fenómeno de la migración es hoy día uno de los temas que más han sido retomados en diferentes foros de discusión (Boira, 2008:283) por un gran número de especialistas no sólo en nuestro país, sino también en otros realizados en Estados Unidos, Europa, Australia y Asia (Souza, 2002; Portes y DeWind, 2006; Castles y Delgado, 2007); esto debido a las fuertes implicaciones que éste proceso ha formulado a los gobiernos, no sólo en el aspecto económico, sino también en lo social y cultural. Y es tal la trascendencia, que a juicio de Gustavo López Castro (2003), el fenómeno mundial después de la segunda guerra mundial es la migración; la movilidad de la gente es de tal magnitud que puede ser considerada ya como el fenómeno social más globalizado6 y más actual. Prácticamente, sostiene el sociólogo, no hay ninguna comunidad, sociedad, país o región del mundo que no tenga migrantes o que no sienta los efectos directos o indirectos de la migración; en la mayoría se trata de movimientos laborales, personas que buscan mejorar sus condiciones de vida.


Para Castles y Miller una de las características que definen la etapa posterior a la guerra fría ha sido la importancia creciente de la migración internacional en todas las regiones del mundo. Los movimientos internacionales de población constituyen una dinámica clave dentro de la globalización –proceso complejo que se intensificó a partir de mediados de la década de 1970. Entre sus características más notorias están el crecimiento de los flujos entre fronteras de diversos tipos, lo cual incluye la inversión, el comercio, los productos culturales, las ideas y las personas; y la proliferación de redes transnacionales con nodos de control en múltiples localidades. Asimismo enfatizan que mientras los movimientos de personas a través de las fronteras han dado forma a estados y sociedades desde tiempos inmemoriales, lo que es distinto en años recientes es su alcance global, su carácter central para la política doméstica e internacional y sus enormes consecuencias económicas y sociales (Castles y Miller, 2004). Razón, por la que Néstor García Canclini (2002) dijo, que la globalización es multivalente.


Y en esto hay que considerar que la globalización surge como consecuencia de la revolución en la tecnología de la información y las comunicaciones, lo cual ha propiciado una mayor facilidad y rapidez en la comunicación entre los individuos, el fluido de ideas y símbolos culturales así como en el transporte de un lugar a otro (Escobar, 2007; Castles, 2002).


Así pues, la migración laboral se ha incorporado de diferentes maneras como parte de este proceso. Por un lado, el capital global impulsa la migración y reconfigura sus patrones, direcciones y formas. La migración a su vez constituye un importante factor en la realización de transformaciones sociales fundamentales de las áreas de origen, como de destino. De tal modo que la migración es una parte integral de los procesos de globalización y transformación social (García, 2007), así como una fuerza primordial en sí misma que reconfigura a las comunidades y a las sociedades (Castles y Delgado, 2007).


En este tenor John Gledhill (1999:23) afirma que la globalización sí está cambiando nuestro mundo, y su estudio requiere que se elaboren nuevas herramientas conceptúales7, pero la reflexión respecto a estos temas también hace resaltar los problemas relacionados con las formas en que hemos conceptualizado el mundo y los procesos de la vida social y cultural en el pasado. Para apreciar esto en toda su extensión, es necesario que discutamos aspectos de la  globalización más amplios que aquellos que conciernen directamente a los desplazamientos de personas. La migración internacional obviamente no es un fenómeno histórico nuevo, de manera que la única pregunta que podemos plantear al respecto es si los recientes movimientos migratorios masivos tienen una relevancia cualitativamente distinta que los procesos pasados, cuya naturaleza e implicaciones eran a su vez muy variadas.
Anthony Giddens (2000) define a la globalización como una acción a distancia, o bien una serie compleja de procesos. Estos cambios del proceso globalizador son reflejo de la conformación de los grandes bloques económicos regionales de comercio, hechos que constituyen una característica sobresaliente del proceso de globalización económica mundial. En este contexto, las migraciones internacionales han sido un pilar importante del funcionamiento de la economía internacional. Tal movimiento ha funcionado como un factor de equilibrio en las dotaciones de recursos de los países en vías de desarrollo. Adicionalmente, en algunos casos ha sido también un factor de avance tecnológico, pues en ocasiones ha dado lugar al nacimiento de nuevas industrias en los países de destino, ya sea aportando sus conocimientos para impulsar nuevos procesos económicos o bien aportando capital de inversión. Así, la migración favorece la flexibilidad de los mercados laborales que tal proceso económico requiere y que afecta a todos los sectores económicos e impacta al mercado de trabajo, modificando su estructura y composición (Santiago y Barrios, 2000:69).


Por lo tanto tenemos que en las sociedades receptoras, la migración se deriva de la segmentación económica, la cual crea una clase de trabajadores eventuales y con oportunidades limitadas para progresar. Los empresarios recurren a los trabajadores foráneos debido a que los nativos hacen a un lado estos trabajos, y así inician flujos migratorios mediante la contratación de mano de obra migrante (Piore, 1979). En los países de origen la migración representa un ajuste a las desigualdades en la distribución de la tierra, trabajo y capital, que surgen del particular desarrollo económico. El proceso de privatización y mecanización desplaza trabajadores rurales de la agricultura mientras que la capitalización desplaza a grupos de trabajadores urbanos de las fábricas, generando subempleo y desempleo y orientándolos hacia la migración internacional (Massey, et-al, 1991:12-13).
Entonces, se observa que la migración, el fenómeno social del traslado de contingentes de población de un espacio geográfico a otro, se muestra como uno de los objetos de estudio que merecen ser más atendidos por los científicos sociales. El desarrollo del capitalismo industrial, que se desató con toda su fuerza apenas en el siglo XIX, determinó el traslado de enormes continentes de población desde los medios rurales hacia los impetuosos espacios urbanos y fabriles. La privatización y deslinde del medio de producción por excelencia en el agro, la tierra, arrebató los medios de subsistencia tradicionales a una masa campesina que se vio forzada a poner a la venta la única mercancía cuyo control inmediato no era posible arrebatarle: su fuerza de trabajo (Rionda, 1992).


El evento migratorio es un fenómeno complejo y multidimensional debido a la diversidad de elementos y de procesos que intervienen en él (González, 2007). A ello se debe agregar su relevancia social, basada en el complejo entramado de repercusiones que el fenómeno tiene sobre la convivencia social y que se va extendiendo hasta lo más hondo de la vida individual y colectiva. Esta complejidad se basa en cuatro dimensiones esenciales: demográfica, económica, social e identitaria y cultural.


Respecto a la primera el abandono masivo de población puede producir un alivio de la presión poblacional; también un envejecimiento, ya que, por término general, quien migra es gente joven, o si los migrantes son habitantes de zonas rurales, lo que se producirá es un problema de despoblación rural. En la comunidad receptora las repercusiones son las contrarias: mitigar la falta de población joven (caso de los países desarrollados afectados de envejecimiento). En cuanto a la dimensión económica los masivos movimientos migratorios llevan asociados diferentes problemáticas según sea el elemento migratorio en que se centre la atención. Por otro lado las repercusiones para unos y otros pueden adquirir connotaciones positivas o negativas, dependiendo de las circunstancias que rodea el desplazamiento (Lozano y Olivera, 2007; Lozano, 2007). Así para la sociedad emisora puede ser positiva en la medida que reduce el volumen de pobreza8 y/o el desempleo, equilibra la balanza de pagos gracias a las remesas; o al incremento de su potencial humano innovador en caso de migrantes calificados e inversores que retornen (Durand, 2005; Papail, 2005; Solimano, 2008). O puede desencadenar situaciones conflictivas en caso que retornen individuos deportados por causas de violencia, pandillerismo, narcotráfico o enfermedades mentales.


Por el contrario la migración de gente calificada es negativa por la pérdida de recursos humanos.9 Para las sociedades receptoras es positivo en la medida que el crecimiento económico requiere de mano de obra adicional, ya que con la población nativa no habría suficiente potencial humano para seguir con el ritmo de desarrollo. O también negativa dependiendo de si la situación económica es adversa o simplemente no expansiva aumentando la competencia por los recursos sociales entre los inmigrantes y nativos (Alba, 2001:46-47). Como es el caso de la Gran Depresión de 1929 y la actual crisis económica por la que atraviesa Estados Unidos. En ambos casos, muy paradigmáticos, la deportación en gran escala es el mecanismo más crudo para mitigar estas tensiones y carencias laborales.
En relación con las repercusiones sociales y culturales, tenemos que en las sociedades emisoras puede alterar el proceso natural del cambio social10 asociado a factores internos. Las sociedades evolucionan impelidas no sólo por fuerzas externas a su propio sistema (internacionalización económica y cultural, intercambio con otras culturas, evolución tecnológica externa, etc.). Sino también como consecuencia de los cambios de la interpretación de la propia cultura y de las influencias exteriores por parte de las sucesivas generaciones. Por su parte, la recepción de migrantes tiene también importantes implicaciones para la sociedad receptora en el ámbito de la convivencia social. A mayor diversidad cultural mayores serán los retos para la población autóctona, e inmigrantes, en aras de encontrar estrategias pacificas de convivencia (Blanco, 2000:19-26).
No se puede, entonces dirán Massey, Durand, Alarcón y González (1991:379):

Intentar conceptualizar la migración en términos de una sola dimensión: económica, social, cultural, histórica o demográfica. Los modelos explicativos unidimensionales fracasaron inevitablemente debido a que en la realidad la migración abarca en forma simultánea todas estas dimensiones. Nuestros análisis también ponen en tela de juicio la validez de los modelos estadísticos de migración. No se puede entender la migración desde una perspectiva sincrónica porque el proceso es fundamentalmente dinámico y sólo es posible comprenderlo desde una perspectiva diacrónica… Para poder entender la migración de hoy en día, se necesita conocer lo que sucedió en el pasado.

Es necesario, con ello, reconocer que la migración internacional tiene una base multicausal y multifacética. Muchos estudios han explorado y documentado los cambios sociales que acompañan a la migración y estos cambios también han recibido atención teórica. Sin embargo, muchos trabajos anteriores consideraban los elementos sociales por separado, y no se habían visto como partes de un todo como un complejo integrado por cambio que actúan juntos para producir un resultado particular.11


En concordancia con este cambio de visión y perspectiva, en la última década los estudios transnacionales se han constituido como una línea de investigación consolidada en el campo de la migración.12 Ariza y Portes (2007:27-28) refieren que anteriormente circunscritos a las aproximaciones antropológicas y socioculturales de las ciencias sociales, los estudios sobre transnacionalismo se han extendido al corazón mismo del saber intelectual dando origen a una gran cantidad de investigaciones empíricas y reflexiones epistemológicas. Uno de sus planteamientos centrales que guían su esfuerzo es prescindir de la idea de espacios separados (origen/destino, sociedad expulsora/sociedad receptora), como una alternativa para acceder a la experiencia concreta de los migrantes en su entorno global. “Se trata, en pocas palabras, de desarrollar un marco analítico acorde con los rasgos que ha adquirido la migración en la fase globalizadora de finales del siglo XX”.


Las prácticas transnacionales no son únicamente actos novedosos de actividad social en el ambiente socioeconómico particular, sino que expresan patrones más profundos de cambio, no siempre perceptibles. En la medida en que la migración, vía la transnacionalidad, impulsa transformaciones mutuas en las sociedades emisoras y receptoras, puede ser entendida como uno de los medios principales de interacción entre los sistemas sociales, y como un vehículo de cambio y transformación social. Es por esto que hacen falta investigaciones que contemplen los diferentes procesos y momentos (desde el origen al destino y viceversa), y más ejercicios comparativos entre países que permitan situar adecuadamente los aspectos que se analizan (Suárez, 2008:29-31).


Para Portes y DeWind (2006) el transnacionalismo representa la antítesis de la proverbial creencia de la asimilación como un proceso lento pero ineluctable de aculturación e integración de los migrantes a la sociedad receptora y reivindica, en cambio, la noción de un movimiento en continuo ascenso de ida y vuelta que les permite mantener contactos binacionales y por lo tanto aprovechar las oportunidades tanto económicas como políticas que plantean estas vidas duales.
Por lo cual, se debe reconocer que los adelantos en las tecnologías de transporte y comunicaciones han dado un giro cualitativo al carácter del transnacionalismo migrante (Aragonés, et-al, 2008), transformándose en  un intercambio transfronterizo más estructurado y dinámico de lo que fue en pasadas épocas.13 Por mucho aprecio que tuvieran a los lugares que los vieron nacer, los antiguos inmigrantes polacos o italianos no tenían los medios ni las posibilidades de enviar dinero, hacer inversiones, ir de visita o comunicarse con sus parientes y amigos con la celeridad que ahora permiten, las súper carreteras, el avión, el teléfono e Internet (Portes y DeWind, 2006). La globalización y el transnacionalismo, afirma Rodolfo García Zamora (2007), crean tanto motivaciones como mecanismos para la movilidad.


Así tenemos que la migración transnacional es un patrón de la migración en la que individuos que se trasladan y se establecen en otra nación mantienen continuos vínculos sociales con la comunidad de origen. En esta modalidad de migración transnacional las personas prácticamente recrean sus vidas a través de las fronteras internacionales, y al hacerlo construyen espacios sociales transnacionales. Aquellas personas que migran, pero que persisten en perpetuar lazos familiares, económicos, religiosos, sociales o políticos en el Estado del cual son originarios, y aunque tengan al mismo tiempo conexiones en el nuevo Estado o Estados en donde residen, pueden ser catalogados como transmigrantes (Glick, 1999). Estos crean las comunidades transnacionales14 de migrantes que se constituyen en una forma  simultánea de comunidad política, y son producto de una de las formas que adopta la migración internacional. Es el restablecimiento de una parte importante de una comunidad (concentraciones co-étnicas)15 en otra nación que mantiene unida e interactúa con la comunidad de origen por medio de grupos de migrantes relativamente numerosas y organizadas (Portes, 2005). De esta forma, dice PriesLudger (1999), “los transmigrantes y los espacios sociales transnacionales correspondientes integran elementos materiales e inmateriales tanto de la región de origen como de la región de llegada entre y arriba de los cuales se extienden pluri-localmente”. Fundamental será entonces, para entender el movimiento de retorno migrante, considerar estos elementos del análisis transnacional, la globalización, la frenética evolución de los medios de comunicación y de transporte, los imaginarios colectivos, la socialización en la cultura migrante. Las causas y consecuencias de la migración internacional en las últimas décadas son más diversas y complejas que las que la precedieron. Veamos en el caso de México-Estados Unidos porqué son tan importantes en nuestros días.

 La trascendencia de la migración contemporánea México-Estados Unidos

Durante los últimos veinticinco años se han consolidado nuevas pautas migratorias que han contribuido a que los movimientos migratorios asuman un nivel de globalización nunca antes conocido en la historia (Castles y Miller, 2004; González, 2007; Sandoval, 2007). Los movimientos han experimentado una gran extensión tanto en lo que se refiere a volúmenes de flujos como a la ampliación de redes migratorias, incorporándose nuevos países emisores y receptores, así como la diversificación de los tipos y formas de migrar. La migración internacional jamás ha tenido tanta difusión, ni ha sido tan importante en términos políticos y socioeconómicos como lo es actualmente. Nunca antes se había percibido la migración internacional como un problema que afectara a la seguridad nacional de los puntos receptores y en estrecha relación con el conflicto a escala global.16
Luis Eduardo Guarnido (2007) cree que la gran movilidad en el marco de la frenética globalización neoliberal ha ocasionado una serie de efectos no deseados, pero en la mayoría de los casos ha dejado su impronta en la transformación de instituciones y estructuras socioculturales, políticas y económicas en muchos niveles en todo el orbe.17


Para el caso de México, Marina Ariza y Alejandro Portes (2007) anotan, que a pesar de sus hondas raíces históricas, la migración mexicana a Estados Unidos ha experimentado cambios sustantivos en las últimas décadas que constituyen tanto la acumulación de tendencias previas, como el efecto de procesos estructurales de más corto plazo. Así, el aumento en la escala y en la magnitud de la migración registrado en estos años forma parte de las tendencias observadas en el conjunto de la migración internacional desde los años ochenta, consecuencia en parte del estímulo a la movilidad espacial propiciado por la globalización. Es decir, aunque se trata de una migración ininterrumpida, unidireccional, y centenaria entre dos países vecinos (Durand, 2005), en la fase actual se caracteriza por exhibir una intensidad, dimensiones y un dinamismo sin precedentes. Y que por lo tanto, en palabras de Ana María Aragonés et-al (2008), permiten replantear algunos de los conceptos que, si bien facilitaron la explicación de los flujos migratorios en etapas anteriores, en estos momentos hacen necesario buscar nuevas visiones heurísticas.
También la década de 1980 marcó un cambio en los patrones de inmigración hacia Estados Unidos ya que, por una parte, se transformó la composición étnica mayoritaria del flujo, y por la otra, crecieron tanto el volumen, como la modalidad de los flujos de indocumentados. Mientras en la década de 1950 la mayor parte del contingente de inmigrantes procedía todavía de Europa y 39% de América (con un tercio de Canadá) y apenas el 6% de Asia, para los años ochenta la composición de los inmigrantes era de sólo 10% de Europa, 37% de Asia y el 49% de América -la mayor parte de México, Centroamérica y el Caribe- (Statistical, 1992).
Para Eytan Meyers (2000) la inmigración tiene un gran impacto sobre la demografía, cultura, economía y políticas de un país. Además, la inmigración es ahora responsable de la estabilidad o crecimiento poblacional en muchas sociedades occidentales. En el caso particular de Estados Unidos se estima que a inicios del siglo XXI habitan más de 35 millones de latinos de los cuales 65% son de origen mexicano. De esos 23 millones de personas prácticamente la mitad nació en México lo que constituye a los mexicanos en el grupo nacional más numeroso de población nacida en el extranjero: de cada 100 extranjeros en Estados Unidos, 27 son mexicanos. El aumento de la migración mexicana explica el incremento espectacular de origen latino en Estados Unidos (Durand, 2006:28-34). Si bien hoy los grupos hispano y afroamericano representan el 12% (33.4 millones vs. 33.1 millones respectivamente), en el futuro inmediato ambos grupos seguirán rumbos distintos mientras que los afroamericanos se multiplicarán muy poco, los latinos lo harán con rapidez, en virtud en que persiste la migración y de tasas de fertilidad más altas. Ahora uno de cada cinco infantes nacidos en Estados Unidos es latino, para el 2050 uno de cada cuatro estadounidense lo será (Reyes, 2004:265). Es decir, con un pronóstico de población total en aquel país de 404 millones, el 24.3% (100 millones) serán latinos.


En paralelo a estas cifras, se calcula que más de 60 millones de trabajadores en Estados Unidos se jubilarán en los próximos 30 años, mientras que la cifra de trabajadores nacidos en el país de entre 35 y 45 años ha disminuido. Los migrantes constituirán el 50% del crecimiento de la población entre 2006 y 2015, y el 100%  entre 2016 y 2035. Para el 2050 las poblaciones mayores del país van a crecer en esta magnitud: anglosajones, 18 millones; afroamericanos, 25 millones; asiáticos, 27 millones; latinos, 60 millones. El peso económico de los latinos en aquel país es considerable, ya que en el año 2001 el poder adquisitivo fue de casi  500 mil millones de dólares, un incremento de 118% desde 1990 (Flores y Lemus, 2004), y ya  para el año de 2005 el poder adquisitivo se elevó a más de 800 mil millones de dólares.18 Es decir, un producto nacional, que en caso de ser una nación, sería mayor que todos los países hispanos, excepto México y España.


La trascendencia de la migración para nuestro país es fácilmente sostenible. La migración de México a Estados Unidos se ha convertido en el mayor circuito migratorio entre dos países en el mundo. Durante la última década del siglo XX se instalaron en Estados Unidos más de 4.5 millones de mexicanos. El Censo de Población19 de 2000 revela la existencia de 9.2 millones de personas nacidas en México residiendo de manera legal o indocumentada en Estados Unidos. Esta cifra equivale a 9.5% de la población total de México y 3.3% del vecino país.
Para dar una idea más clara de la intensidad que ha tenido el movimiento migratorio, es importante anotar que de 1960 a 2000 la cifras de personas residentes en el vecino país del norte se incrementó 16 veces al pasar de poco más de medio millón a los 9.2 millones ya referidos, convirtiéndose así en el grupo de inmigrantes con mayor dinamismo en términos de su crecimiento. Si a la población total de residentes nacidos en México se suman los estadounidenses de origen mexicano es posible afirmar que para el 2005 en Estados Unidos se encuentran establecidos más de 26 millones de personas, de las cuales 10.6 millones eran nacidas en México y 17.5 millones de descendientes de mexicanos (Zuñiga y Leite, 2006). Se estima, y para completar estos datos que revelan un incremento paulatino del éxodo de mexicanos, que el periodo 2001-2004 hubo alrededor de 451 mil cruces de trabajadores temporales hacia Estados Unidos cada año. Aumento muy lógico ya que tan sólo en el primer trimestre del 2005, 515 mil mexicanos cayeron en el desempleo abierto. La cifra total aumentó 171% desde el inicio del gobierno foxista.20
El papel que reviste la migración para la economía de México es relevante (Arroyo y Corvera, 2006). Este país ocupa el segundo lugar mundial después de la India en percepción de remesas, lo que representa más de la mitad del capital en la industria maquiladora y como un 40% de la inversión extranjera directa, pues tan sólo en 2003 estos ingresos rebasaron los 13 mil millones de dólares (Muñoz, 2004:10-16). El crecimiento fue espectacular, ya para 2004 llegaron a casi 17 mil millones de dólares, lo que representó alrededor de 70% de las exportaciones petroleras. Si las comparamos a los 700 millones que se dieron en 1980, el incremento en 24 años fue de 21 veces, y es que en los ochentas las remesas crecieron al 12.7 anual; durante los noventas al 16% y en los años recientes lo están haciendo al 30% (Muñoz, 2004). Ya para 2005 fueron 20 mil 283.6 millones; en el 2006 ascendieron a 23 mil 742.2 millones y llegando a una cifra de 23 mil 969.5 millones de dólares para el 2007. Sin embargo, hasta agosto de 2008 y comparándolo con 2007 ha habido una caída del 2.9% en términos anualizados. Por primera vez en muchos años se observa una caída de las remesas a México.21


Por lo que se puede inferir que en las últimas dos décadas por los menos las remesas se han convertido en un flujo de divisas de suma importancia para la economía mexicana,22 al constituir uno de los principales rubros de la balanza de pagos y al contribuir a reactivar las economías regionales23 y locales (Unger, 2006). Es obvio que contribuyen más en los estados de Michoacán, Jalisco, Guanajuato y Zacatecas que son los líderes en migrantes internacionales, pero no sólo a ellos. Esto es debido a que la migración hacia Estados Unidos es un fenómeno que se ha extendido a la mayoría de las regiones del país. Según el Consejo Nacional de Población (CONAPO), actualmente el 96% de los municipios existe un cierto grado de actividad migratoria hacia Estados Unidos.
Paralelo a estas cifras que reflejan uno de los flujos humanos y de remesas más importantes en el orbe, se crean cambios cualitativos de gran relevancia. En los últimos años, y por encima de ciertas continuidades, asistimos a una evolución muy profunda y peculiar del fenómeno que le da características novedosas en diferentes planos y que han alterado varios de los estereotipos y patrones que se tenían acerca de este. Estos cambios se observan desde las modificaciones  en las relaciones bilaterales, la geografía migratoria y el espectro ocupacional de los trabajadores transfronterizos y la fuga de talentos (González, 2007) hasta variaciones en los circuitos y patrones migratorios, así como en el uso y destino de las remesas familiares y colectivas. Asimismo, se observan también avances en la construcción de la ciudadanía extraterritorial, las relaciones de género, las prácticas culturales transnacionales (Delgado y Kneer, 2005) y los niveles organizativos, de participación y de movilidad política24 inédita de la comunidad migrante.25
Aunado a los factores económicos, culturales, políticos, sociales, que como explicamos dan cuerpo al fenómeno migratorio, hay también razones demográficas para pensar que éste proceso de mexicanos hacia Estados Unidos continuará con los mismos niveles de participación por lo menos durante los próximos 15 años.26 Y por cuestiones también demográficas, como ya antes lo referimos, en Estados Unidos se requerirá de mano de obra extranjera exactamente durante el mismo intervalo de tiempo.


Tenemos con ello que a lo largo de más de 100 años, por relevo generacional (incluyendo padres, hijos y nietos, secuencialmente o en el mismo momento coyuntural) el mercado estadounidense ha contado con la fuerza de trabajo de millones de mexicanos que, como una reserva probada y disponible, ha provisto a ese país de recurso humano suplementario en edad productiva para ser habilitados como jornaleros, sirvientes, obreros, empleados y hasta reclutas, suficientes para mantener su stock de trabajadores y conservar su ritmo de crecimiento y desarrollo que ahora lo coloca como la primera potencia del mundo. Para lo cual Guillermo Fernández-Ruiz (2003), y con una contundencia mayor que la de Santibáñez, establece que “sin ánimo de profetizar es preciso recalcar que ni ante la panorámica socioeconómica actual de este país ni ante cualquier otra más esperanzadora que se pueda construir para los mexicanos, este fenómeno social podrá revertir su tendencia quizás ni en un plazo igual a la venerable edad que ya tiene”.
Otro campo de estudio y reflexión es la vinculación entre diversidad cultural y migración. El estudio de la migración como proceso social remite a considerar varios aspectos, tales como reconocer las diferencias, los modos en que se encuentran, complementan o desencuentran y  la coexistencia de grupos en territorios acotados, los cuales, dadas las transformaciones recientes se vuelven insuficientes ante la expansión de mezclas culturales.


Entendiendo cultura como conjunto de hechos simbólicos, ya sea como símbolos objetivados (prácticas rituales, u objetos cotidianos, religiosos o artísticos) o como formas simbólicas o estructuras mentales interiorizadas. La cultura es a la vez pertenencia comunitaria y contraste con los otros, es algo que se adquiere.
Néstor García Canclini (2004:40) considera lo cultural como el conjunto de procesos a través de los cuales dos o más grupos representan e intuyen imaginariamente lo social, conciben y gestionan las relaciones con otros. Lo cultural remite a la cultura como una dimensión que refiere a diferencias, contrastes y comparaciones, permite pensarla menos como una propiedad de los individuos y de los grupos, más como un recurso heurístico que podemos usar para hablar de la diferencia (Appadurai 1996:12-13 citado por García 2004:39)


Si la migración es una práctica social que contiene una dimensión significante que le da sentido, que la constituye y guía las formas de interacción en la sociedad, se puede decir que la cultura es parte de las prácticas sociales, pero no es equivalente a la totalidad de la sociedad, dicho de otra manera “todas las prácticas sociales contienen una dimensión cultural, pero no todo en esas prácticas sociales es cultura” (García 2004:37)


Cómo reconocer las diferencias en los contextos de migración, como se dan los intercambios, los desplazamientos, los encuentros en el proceso migratorio; una manera de acercarse a la reflexión que gira en torno a estas cuestiones es mediante las categorías de multiculturalidad e interculturalidad. En las concepciones multiculturales se admite la diversidad de culturas, se subrayan las diferencias, refuerzan la segregación, designan fronteras claras a las identidades, pero oculta la desigualdad social, las jerarquías y las relaciones de dominación. Mientras que interculturalidad remite a lo que sucede cuando los grupos entran en relaciones e intercambios, implica que los diferentes son lo que son en relaciones de negociación, conflicto y préstamos recíprocos; es un proceso cultural caracterizado por el entrecruzamiento de aculturaciones recíprocas en doble dirección que se desarrollan en diferentes planos, escalas y sectores. (Cfr. García 2004:14-15; Giménez 2005; 2011)


Las ponencias que se presentaron en la Mesa de Diversidad Cultural y Migración en el 2º Foro Internacional sobre Multiculturalidad, que se llevó a cabo del 21 al 23 de septiembre de 2011 en la ciudad de Celaya Guanajuato bajo la organización de la División de Ciencias Sociales y Administrativas de la Universidad de Guanajuato Campus Celaya, abordan la migración desde distintos aspectos y disciplinas, las que refieren los aspectos económicos y el papel de las remesas y la inversión de los migrantes de retorno; las que reflexionan sobre la migración y las relaciones familiares, o el papel de los jóvenes en el circuito migratorio; las que hacen un análisis desde el punto de vista demográfico o desde la psicología social; también están presentes los temas de la participación política de inmigrantes jóvenes en Estados Unidos y la relación entre migración y calidad democrática; finalmente, se presentan los trabajos que tratan sobre la inmigración indígena en ciudades medias en México y de la condiciones de los trabajadores agrícolas migrantes.
María Elena Laura Ponce et.al.: Mediante el análisis de la correlación estadística entre el ingreso por concepto de divisas y algunos indicadores económicos y sociales de las doce entidades federativas mayormente captadoras de remesas en México, se muestra que no existe una relación directa entre ingreso por concepto de remesas y desarrollo económico regional. Proponen los autores que se tiene que ver la factibilidad económica de generar mecanismos financieros o crear alternativas mediante la captación y administración de las remesas familiares que permitan generar ahorro en el corto plazo e inversión y desarrollo económico en el mediano y largo plazos.


Se comentó en la sesión, sobre la posible participación que pudieran tener las asociaciones de migrantes en Estados Unidos. Lo que habría que considerar es cómo se podría tener realmente un impacto positivo en las comunidades de origen, si las asociaciones de migrantes son representativas de las comunidades de migrantes o es reflejo de intereses de algún grupo jerárquico. Además, que las remesas se destinan en un mayor porcentaje al gasto corriente de las familias que las reciben y muy poco se puede destinar para el ahorro e inversión productiva.
María de la Luz Martín Carbajal: Analiza la relación entre exportación de aguacate y envío de remesas con el propósito de ver si el incremento de las exportaciones de este producto provoca una disminución del flujo migratorio. Analiza municipios exportadores y menos exportadores de aguacate del estado de Michoacán. Si bien no encontró una correlación directa entre aumento de las exportaciones de aguacate y disminución del flujo migratorio, si se percibe una tendencia hacia una disminución de los flujos migratorios, asimismo, el análisis comparativo muestra que están apareciendo cultivos alternativos al aguacate como la fresa y la zarzamora, cuyo principal destino es la exportación, en donde las cadenas de la migración desempeñan un papel importante.


Eduardo Fernández et.al.: Señalan que la bibliografía revisada en torno a la problemática de la migración e inversión productiva plantea retos teóricos y metodológicos de trascendencia. Dependiendo del espacio de experimentación y análisis -global, regional o local, si se localiza en zonas urbanas o rurales, o si se toman derroteros y modelos epistemológicos determinados- los resultados arrojarán conclusiones distintas. Resaltan el hecho que la mayoría de los estudios brindan evidencias empíricas que soportan la importancia de las remesas (económicas y sociales) en la inversión productiva y el desarrollo. Aunque lleva años discutiéndose sobre los efectos positivos o negativos, la polémica sigue fresca y basta revisar mucha de la literatura actual al respecto, para darnos cuenta de las diferencias tanto en el abordaje teórico como en las apreciaciones del impacto en las comunidades, las regiones y los países involucrados


María del Carmen Cebada e Ileana Schmidt: Reflexionan en torno al papel que la migración hacia Estados Unidos ha jugado en, o como es influenciada por, las tomas de decisión y formas de relación social y familiar que se establecen entre los migrantes, sus  familias y sus comunidades de origen. Mediante entrevistas a migrantes y no migrantes en una comunidad con tradición migratoria, se encontró que el hogar y la familia en la comunidad de origen sigue siendo la base de la cual se establecen las redes de relaciones que van desarrollando entre los migrantes y sus familias y sus comunidades. Concluyen que los diversos tipos de relación social (de solidaridad, cooperación, reciprocidad o intercambio)  que se generan durante toda la cadena o red de la migración en la que se incorporan, así como en los procesos de adaptación e integración social tanto en el lugar de llegada como en el lugar de origen están fuertemente influenciados por la multiculturalidad e interculturalidad que contextualizan los espacios sociales en los que se mueven o construyen los migrantes.


Héctor Daniel Vega Macías et.al.: La preocupación existente en Europa es por el aumento de la población de origen inmigrante, y si esto genera cambios étnicos y culturales. Por lo que en este trabajo se hace un análisis de la transición demográfica de España, con el fin de conocer otras realidades y experiencias migratorias, utilizando el método de componentes demográficos. Mediante el cálculo de ocho proyecciones entrelazadas para ver el mestizaje (el cambio poblacional en Europa vinculado con la migración internacional) se construyen ocho escenarios de la migración. La discusión que está detrás es sobre la diversidad cultural que la migración crea y las consecuencias que  esta pluralidad genera en la convivencia e integración social.


Eduardo Fernández Guzmán et.al.: Parten de una revisión bibliográfica para describir una tipología de la migración de retorno contemporáneo y sus impactos en una población michoacana. Señalan que el  abanico de consecuencias que han traído consigo todo este espectro de retornados van desde la activación de la economía local y la generación de empleos, la reestructuración de las elites económicas, los nuevos patrones de consumo, la reconfiguración arquitectónica, la diversidad religiosa, hasta la agudización de los problemas sociales y familiares. El retorno, no dejó de afectar, para bien o para mal, las aristas macro, meso y micro de la comunidad. Es decir, la migración de retorno en Huandacareo, Michoacán ha traído cambios sociales significativos.


Luis Felipe García y Tonatiuh García Campos: Parten de la idea que la cultura es uno de los principales determinantes del comportamiento humano, pues la interiorización de la cultura es afectada por la experiencia individual y de grupo, su interés es ver cómo la migración afecta lo que percibimos del mundo, conocer el efecto de vivir en un municipio con un determinado índice de migración externa, en las premisas socioculturales. Consideran ciertas premisas histórico-socio-culturales como el “machismo”, la “virginidad”, la “autoridad”, el “respeto”, el “amor”, la “obediencia afiliativa”, para tratar de comprender cómo las interiorizamos. Se aplicaron 930 escalas en siete municipios del Estado de Guanajuato, se hizo análisis de varianza por municipio y por género. Los resultados, que se discuten de acuerdo al índice migratorio de los municipios,  muestran una tendencia a no concordar con algunos aspectos de la cultura tradicional. Los autores apuntan que el género si hace una diferencia en el comportamiento y en la forma de interiorización de ciertas premisas socioculturales, como lo es la importancia de la virginidad prematrimonial y la obediencia.


Alejandra Ceja y Fabiola Bedolla: Este trabajo tiene como finalidad identificar cómo viven su sexualidad y sus emociones las mujeres cuyos esposos se encuentran viviendo actualmente en Estados Unidos de forma intermitente producto del fenómeno migratorio. El grupo de estudio fue de seis mujeres de la comunidad de Huandacareo en el estado de Michoacán. Los hallazgos más relevantes son: que viven la sexualidad (genitalidad, sensualidad y erotismo) de forma reprimida en toda su dimensión. Lo que afecta su forma de comportarse y relacionarse con la gente, puesto que adquieren características designadas por el contexto en el cual se encuentran inmersas, siendo en este caso la migración, el cual modifica su rol de madres y esposas. Ellas identifican necesidades de compañía, sexuales, de aceptación por parte del esposo y los hijos, de reconocimiento y gratificación por parte del esposo y la necesidad de un mejor status social a través de la mejora económica.


Juan José Russo Foresto: Presenta en su trabajo los nexos teóricos entre dimensiones multiculturales presentes en el fenómeno migratorio y dimensiones culturales de la democracia que pueden contribuir a su mejor funcionamiento. Ello surge a partir de una reflexión sobre la necesidad de incorporar a los aspectos institucionales y estructurales de los regímenes políticos, dimensiones relativas a los valores y a la calidad del capital social en los migrantes. En la ponencia se revisa la literatura sobre el tema y se ofrece un esquema clasificatorio de calidad de la democracia y dimensiones culturales de una comunidad. Por último se ofrecen resultados de investigación sobre migrantes mexicanos en clubes en Chicago.
Rubén Ramírez Arellano et.al.: Hacen un análisis del Movimiento Estudiantil Chicano de Aztlán  (MEChA) y de cómo este movimiento que surge alrededor del 5 de mayo contribuye a la socialización de los estudiantes de origen mexicano en un condado del estado de California en Estados Unidos. Consideran que la atención política que se da a estos estudiantes es de tipo asimilatorio como un ciudadano americano de ‘segunda’. MEChA actúa como una red de solidaridad fuerte para los hispanos-mexicanos que asisten a las festividades del 5 de mayo. Que estos estudiantes ven a la escuela como posibilidad de movilidad social, sin embargo, si su situación es considerada como no legalizada no pueden trabajar porque no pueden obtener su registro (profesional), por lo que no se les reconocen sus derechos ciudadanos.


Ivy Jacaranda Jasso Martínez: A través de las historias de indígenas otomíes se analizan los procesos migratorios que éstos han experimentado para establecerse en la ciudad de León, Guanajuato desde hace aproximadamente 15 años.  Se revisan algunas de las principales causas que los han orillado a vivir en la ciudad, así como las redes de apoyo y solidaridad que en casos de emergencia activan. Se exploran también los obstáculos y limitaciones que este sector de la población vive en su proceso de adaptación a la urbe. Este caso abona a la discusión de la multiculturalidad que están registrando las ciudades a partir de la llegada y visibilización de diferentes pueblos indígenas en estos ámbitos.


Rocío Echeverría, Ibis Sepúlveda y Adela Miranda: Con el desarrollo de un trabajo etnográfico las autoras estudian el espacio habitacional a donde llegan a vivir los jornaleros migrantes, durante las temporadas de trabajo agrícola en distintos campos de México. Analizan el espacio de los sujetos en sus comunidades de origen (La Montaña de Guerrero) y como lugar receptor, el estado de Michoacán con el fin de contrastar las condiciones de vida, la precariedad de espacio y las distintas experiencias de estos grupos. Señalan que las moradas “asardinadas” distan de ser espacios habitables, son lugares colectivos de alto hacinamiento. Parten de la noción de casa que presenta un fuerte contenido simbólico que va más allá de la comprensión de techos, muros y paredes; la casa centraliza contenidos emocionales y significativos, también es un símbolo de estatus, de realización y de aceptación social. Bajo esta idea su interés se circunscribe en el tema de la re-configuración de la identidad étnica.

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1 Es importante diferenciar los conceptos de migración e inmigración. El primero se refiere a la salida de gente de sus lugares de origen, a otros sitios, ya sea al interior del país o hacia el extranjero: el segundo, es la llegada de gente procedente de otras partes ya sean del mismo estado, país o el extranjero.

2Fernand Braudel establece que la geografía puede dar respuesta a muchas incógnitas históricas, porque ayuda a descubrir el movimiento casi imperceptible de la historia. Así por ejemplo al analizar la montaña del área mediterránea de la segunda mitad del siglo XVI, dice que allí la civilización tiene un valor poco seguro. Refugio de soterradas supersticiones, los pueblos montañeses son el asilo de culturas aberrantes, surgidas de la noche de los tiempos, que persistirán aun después del Renacimiento y la Reforma. En este primitivo mundo la vida de las tierras bajas y de las ciudades  penetra con avara lentitud donde la vendetta, el arcaísmo social y el bandidaje florecen con sacrosanto fulgor, porque la montaña es un obstáculo y refugio, a la vez, para hombres libres. Y es que los recursos de la montaña aunque variados, siempre son escasos, es por ello que la migración de gente sobrante es la salida más lógica. De ahí que no exista una sola región mediterránea donde no estén estos montañeses, indispensables para la vida de las ciudades y de las llanuras. Eso es realmente la montaña: una fábrica de hombres para uso ajeno; su vida difusa y pródiga alimenta toda la historia del mar. Así para Braudel, no es lo mismo vivir en la montaña que en la llanura, ni en las zonas templadas o cálidas, estas situaciones determinan la civilización, la cultura, el progreso, la barbarie (Braudel,1976)

3 Tomemos un ejemplo paradigmático en las últimas décadas: El Salvador. Con un población de poco más de 6 millones, se calcula que más del 25 % -de los cuales aproximadamente millón y medio radica en Estados Unidos- migró o huyó de la guerra civil, que tuvo lugar entre 1979 y 1992. Este conflicto bélico provocó tal movilidad que hoy día el país depende en gran medida de este flujo transnacional: las remesas significan más de la mitad de los ingresos por exportación y más del 16% del Producto Nacional Bruto (Gammage,  2008: 225-226).

4 En 1947, la división de la India Británica en dos Estados, India y Pakistán, trajo como consecuencia lo que según Roberto Herrera quizás es la mayor de todas las migraciones que han ocurrido en la historia. Se calcula que de este acontecimiento entre 8 y 9 millones de hindúes fueron expulsados de Pakistán a la India y de 6 a 7 millones de musulmanes de la India a Pakistán (Herrera, 2006:51).

5 El incremento de la producción artesanal y agrícola y el desarrollo de la división social del trabajo entre la ciudad y el campo vinieron a reforzar los nexos económicos entre las distintas regiones dentro de cada país, contribuyeron a la formación del mercado nacional. Y la formación de este sentó, a su vez, las premisas económicas para la centralización del poder del Estado. La naciente burguesía urbana estaba interesada en la desaparición de las barreras feudales y era partidaria de la creación de un Estado centralizado. La superación del fraccionamiento feudal y la creación de grandes Estados centralizados facilitaron el nacimiento y el desarrollo de las relaciones capitalistas. A la aparición del tipo de  economía capitalista contribuyó también en gran medida a la formación del mercado mundial (Academia,1989:51-52).

6 No es lo mismo el Globalismo, la Globalidad y la Globalización. El primero alude a la concepción según la cual el mercado mundial desaloja o sustituye al quehacer político, y consiste en querer ver al Estado y todo lo que él implica como una empresa. La segunda se refiere a las distintas etapas del proceso de globalización. Correspondía al ensanchamiento del campo geográfico y la creciente densidad del intercambio internacional, así como el carácter global de los mercados financieros y la revolución permanente en el terreno de la información entre otras cuestiones. Y la tercera, son los procesos en virtud de los cuales los Estados nacionales soberanos se entremezclan e imbrican mediante actores transnacionales y sus respectivas probabilidades de poder, orientaciones, identidades y entramados falsos.

7 Dice Koselleck que la lucha por los conceptos “adecuados” alcanza actualidad social y política, porque los conceptos ya no sirven solamente para concebir los hechos de tal o cual manera, sino que se proyectan hacia el futuro (Koselleck, 1993:110-111).

8Para Julio Boltvinik cualquier aproximación conceptual a la pobreza remite a su fundamento: la concepción sobre las necesidades humanas y la manera específica en que se configuran en una sociedad concreta. Es necesario señalar que mediante el trabajo el hombre no sólo transforma la naturaleza, sino también a sí mismo, por lo cual las capacidades y necesidades humanas han sido producidas, al igual que los bienes y servicios. De ahí se desprenden, según el autor, tres consecuencias. En primer lugar, el carácter histórico (dinámico y cambiante) de las necesidades humanas; en segundo, la negación de la tesis de que las necesidades proceden del sujeto como su fuente original; y en tercero, el rechazo de la concepción de la producción como mero instrumento al servicio de la satisfacción de necesidades preexistentes (Boltvinik, 1994:33). 

9 Se estima que del 30 al 50% de la población con estudios en ciencia y tecnología que nacieron en los países subdesarrollados viven en las naciones ricas. Los cálculos para México indican que el 24% de los mexicanos con estudios superiores vive en Estados Unidos; de los cuales el 36% tiene estudios de doctorado. Lo que es más, cerca del 39% de las mujeres mexicanas que estudiaron un doctorado viven en Estados Unidos. Lowell, “Cambiante”, 2006. Se recomienda también revisar el trabajo de Adela Pellegrino que nos alerta sobre las posturas negativas al respecto, y nos dice que “en los últimos años, en ciertos círculos, se ha desarrollado una posición que ha cambiado la visión negativa o de pérdida por otra orientada a rescatar los aspectos positivos de la movilidad, en la medida que las migraciones circulares o pendulares, con retornos transitorios de los migrantes, contribuyen a la consolidación de los mercados locales y a su desarrollo”   (Pellegrino, 2008).

10Para Peter Burke se ha seguido básicamente 2 modelos de cambio social. Uno que pondera el consenso y el otro el conflicto. El primero es el modelo de Spencer que destaca la evolución social, es decir, el cambio gradual y acumulativo (la evolución en oposición a la revolución) y que es esencialmente determinado desde adentro (endógeno, en oposición a exógeno). El resultado es un modelo de modernización en que el proceso de cambio es visto, esencialmente, como un desarrollo desde adentro, y donde el mundo exterior, entra sólo como un estímulo para la “adaptación”. La “sociedad tradicional” y la “sociedad moderna” son presentadas como tipos antitéticos. El segundo es el de Marx que podría describirse como un modelo o una teoría que comprende una sucesión de sociedades (“formaciones sociales”) que dependen de sistemas económicos (“modos de producción”) y que tienen conflictos internos (“contradicciones”) que llevan a la crisis, la revolución y el cambio discontinuo. Marx explica el cambio social en términos fundamentalmente endógenos, destacando la dinámica interna del modo de producción. El énfasis en la revolución es una característica del modelo de Marx, en contraste con el de Spencer. En el caso de éste, el cambio es suave, gradual y asintomático, y las estructuras evolucionan como si lo hicieran  por si mismas. En el de Marx, el cambio es abrupto y las viejas estructuras se rompen en el curso de una secuencia de acontecimientos dramáticos. Para Burke, dada la existencia de los modelos de cambio social, cada uno con sus fuerzas y debilidades particulares, vale la pena investigar la posibilidad de una síntesis, es decir, Marx y Spencer son complementarios antes que contradictorios (Burke,2000:154-167).

11 Para Enrique Semo el conocimiento científico de la sociedad sólo es posible como conocimiento histórico. Una sociedad sólo revela las leyes de su funcionamiento cuando maduran sus contradicciones y comienzan a manifestarse los límites históricos de su existencia. Esta doble relación entre pasado y presente establece la interacción entre la historia y las demás ciencias sociales, que no pueden dejar de ser a la vez históricas y teóricas  (Semo,1985:18).

12 Liliana Suárez afirma que el estudio de los procesos transnacionales breva de de las vertientes teóricas emanadas a raíz de las transformaciones del modelo capitalista fondista desde finales de la década de 1970. La economía política dejó su impronta basada en las teorías del sistema mundo de Wallerstein, la perspectiva histórico antropológica de la articulación de lo “global” y lo “local” en la expansión del sistema capitalista y la reproducción del poder y la cultura, y las propuestas desde la geografía crítica sobre la comprensión espacio-tiempo en el capitalismo tardío y su expresión en una lógica cultural posmoderna (Suárez, 2008:58).

13Algunos creen que aplicar el concepto de transnacionalismo a décadas pasadas e incluso siglos pasados es un anacronismo. Para Liliana Suárez el transnacionalismo migrante  ni es nuevo del todo, ni nunca antes la coyuntura histórica conjugaba tan variados y contundentes factores conducentes al mantenimiento de vínculos a través de los Estados. Las redes y conexiones establecidas por los migrantes entre origen y destino son tan antiguas como los procesos migratorios en sí mismos, y la historia lo ha demostrado contundentemente. Sin embargo, no hay que confundir la existencia del fenómeno con la existencia de la perspectiva tanto en el ámbito teórico como metodológico. Es fácil encontrar antecedentes de algo una vez que el concepto está establecido, algo que Robert Merton llamó la Falacia de la alumbración  (Suárez, 2008:61).

14 Para Alejandro Portes las comunidades transnacionales son densas redes a través de las fronteras políticas creadas por los inmigrantes en su búsqueda  por ventajas económicas y reconocimiento social. Estas redes tienen vidas duales. Sus participantes son frecuentemente bilingües, se mueven fácilmente entre diferentes culturas, con frecuencia mantienen hogares en dos países, y tienen intereses económicos, políticos y culturales que requieren su presencia en ambos (Portes,  1997:812).

15 La afinidad étnica esencialmente representa, para Max Weber, la convicción de las excelencias sobre las propias costumbres y la inadecuación de las costumbres ajenas. Estas costumbres –concebidas como originales y originarias, a pesar de ser, la mayor parte de las veces, ni lo uno ni lo otro- se convierten en emblemas del honor específico del grupo, la piedra angular que da dignidad a sus integrantes, haciéndolos especiales en relación con el resto de los humanos. La etnia se erige así como un elemento de distinción social que homogeneiza interiormente (dinámica de identificación intragrupal) y diferencia con respecto al exterior (dinámica de diferenciación intergrupal). Citado por Lurbe (2008:88).

16 A nivel internacional en 1997 se estimaba que en el mundo existían 120 millones de habitantes viviendo fuera de su país, los cuales representaban el 2.3 % de la población mundial. La distribución de la migración total reportó 43 millones en Asia, 25 en Europa y Rusia, 24 en América del Norte, 16 en África y 12 en América Latina, el Caribe y Oceanía. Estados Unidos fue el país fue el país que recibió la mayor cantidad de migrantes, ocupando entre 1981 a 1991, el primer lugar por cuanto se refiere a la población y a la fuerza de trabajo nacida en el extranjero, indicador que en conjunto pasó de un poco más de 14 millones de personas  a poco menos de 20 millones. Ya para el 2004 son más de 135 millones de inmigrantes en el mundo. En Estados Unidos, que absorbe cerca de 1.5 millones de extranjeros al año, viven ya 30 millones de inmigrantes. Rusia con 13 millones y Alemania con 7, son los destinos que le siguen en importancia   (Santiago y  Barrios, 2000:73-74; y Revista Muy Interesante, núm. 7, julio de 2004:18).

17 En relación con la crítica al esquema neoliberal García Canclini es contundente al afirmar que: “las cifras revelan que, a diferencia del liberalismo clásico, que postulaba la modernización para todos, la propuesta neoliberal nos lleva a una modernización selectiva: pasa de la integración de las sociedades al sometimiento de la población a las elites empresariales latinoamericanas, y de éstas a los bancos, inversionistas y acreedores transnacionales…Tampoco corrigió desigualdades. Los desequilibrios históricos y estructurales entre países, y dentro de cada nación, se agravaron” (García,2002:44-45).

18 Revista Expansión, No.922, 17 de agosto de 2005, p. 141.

19 Ver. Pagina electrónica del U.S. CensusBereau (http://www.census.gou/main/www/cen2000.html).

20 Véase revista Proceso, sección dedicada a la migración, núm. 1521, del 25 de diciembre de 2005, pp. 18-31.

21 Véase Revista Proceso  núm. 1665, 28 de agosto de 2008, sección de economía, pp.36-49.

22 Para Alma Rosa Muñoz Jumilla y Norma Pérez las remesas son el lado verdaderamente humano de la globalización. No solamente significan una forma de complementar el ingreso familiar, sino también son una manera de prevalencia de estrechos lazos, afectivos y culturales en su país de origen (Muñoz y Pérez, 2007:171). 

23 Para Andrés E. Miguel uno de los problemas más importantes con que se inició el siglo XXI es el regional en sus diversas manifestaciones económicas, sociales, demográficas y ecológicas, pues en casi todas las naciones del mundo existen conflictos de este tipo, al mismo tiempo que se ha venido acrecentando la urgencia de desarrollar todas las regiones de cada país. La migración puede entenderse como la respuesta con que la región y la población responden a la escasez de oportunidades de empleo o la falta de inversiones (Miguel, 2002:14-19).

24 Para Leticia Calderón la vertiente política en el estudio de la migración a partir de la década de 1980 ha experimentado un gran y renovado interés. Las nuevas modalidades en el flujo migratorio, acelerado por los avances tecnológicos, permitieron que los grupos migrantes mantuvieran vínculos permanentes con sus comunidades de origen, lo que provocó experiencias inéditas comprendidas bajo la noción de comunidades transnacionales. Esta perspectiva generó muchas y novedosas posibilidades para indagar la experiencia política de los sujetos en un ambiente muy versátil como está inscrita la migración contemporánea. Advierte la investigadora, que esta no es una  perspectiva del todo novedosa, sino que proviene de una larga tradición de estudios, los cuales, dependiendo de cada época y geografía, han mostrado que la política ha sido siempre una parte inherente del proceso migratorio. Y este caso por política se entiende, desde la relación más elemental que los sujetos establecen con la autoridad, el poder, en sus múltiples formas: familia, religión, sistema político, Estado, hasta las expresiones y actividades que buscan incidir en dichas relaciones de poder a través de la participación política directa en sus múltiples vías: activismo político y partidista, y por la vía electoral (Calderón,  2006:44-46).

Obsérvese por ejemplo las grandes movilizaciones de mediados de ésta década en Estados Unidos de la comunidad latina. Esta experiencia, para Leticia Calderón, es novedosa por  la capacidad de generar, por primera vez, un frente aglutinador de la comunidad latinoamericana, de manera tan amplia, que tuvo repercusiones globales. Bajo esta coyuntura, se perfila en el escenario político, por primera vez, el sueño latinoamericanista, la base de una identidad latinoamericana (Calderón, 2008:423).

En el crecimiento poblacional mexicano de 1910 a 2050 se observa que el periodo de estabilización de esta población, de entre 120 y 140 millones de habitantes se alcanzará después de 2020 y que, hasta antes de esa fecha, el crecimiento de la población mexicana seguirá el ritmo que actualmente lleva. Los estudios muestran además que, debido a la transición demográfica, y es particular a lo que se conoce como envejecimiento demográfico, el grupo de edad que más crecerá en ese periodo es precisamente el que coincide con las edades asociadas a la migración. El grupo de edad de 15 a 34 años llegará a ser, hacia el año 2015 de 40 millones de personas y representará 33.4% de la población mexicana; una vez transcurrido este periodo de crecimiento, ese grupo de edad será de 28 millones de personas, y representará sólo 21.8% en el año 2050 (Santibáñez,  2004:304-306).

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