DIVERSIDAD CULTURAL, LENGUAJE Y ENTENDIMIENTO: SOBRE LAS ENSEÑANZAS DE LA LENGUA.

Antolín Celote Preciado
María Eugenia Meza Hernández
Ricardo Contreras Soto

El ejido, la escuela y la castellanización de los Mazahuas  en Emilio Portes Gil. Antolín Celote Preciado  (UIEM-2011)

Introducción

Emilio Portes Gil se ubica en el valle de Ixtlahuaca de la región mazahua del Estado de México que fue creada como ejido al inicio de los años treinta del siglo XX, En esa época se crearon otras instituciones relacionadas con la administración de las tierras e instituciones crediticias, así como la escuela cuya función social fue para la castellanización de los mazahuas. Las 684 personas que en esa época habitaban en el pueblo eran monolingües en mazahua, ahora las nuevas generaciones tienen por lengua materna el español.

El ejido

Después de laboriosas gestiones y conflictos por las tierras entre la última propietaria de la hacienda de Tepetitlán1, Juana de la Garza Viuda de Pliego2 a través de Fidel Garduño que fue el administrador principal, y la población de La Primera Cuadrilla de la hacienda, encabezada por Apolonio Ibarra Díaz representante de los trabajadores acasillados3 del poblado a principio de los años treinta del siglo pasado (AHEM, 1937), para crear provisionalmente el 01 de abril de 1932 el ejido que llevaría después el nombre de Emilio Portes Gil4, ubicado en el municipio de San Felipe del Progreso, al noroeste del Estado de México en la región mazahua. (Gaceta del Gobierno, 1934)
Una vez que les fueron devueltas las tierras a la población, las roturaron y las sembraron: durante ese año, en 1932, vieron el fruto de sus esfuerzos convertidos en sembradíos de maíz; pero cuando estaba disponible la producción no las querían recoger por el miedo a la violencia y a la represión que ejercían los administradores, mayordomos y capataces hacia la población5; pero al final las cosecharon por la orden que había dado el Comité Particular Administrativo Provisional del Ejido. (AHEM, 1937). Cuando se llevaron la producción sobre todo de mazorcas a sus viviendas se llenaron de alegría y de jubilo (Celote, 2010: 180) porque desde ese momento se hizo realidad el hecho de que sus antiguas tierras que habían sido expropiadas desde el año de 1545 por los colonizadores españoles, (Yhmoff, 1979:99) habían sido por fin recuperadas. Culminaba así una larga explotación de los trabajadores mazahuas de esta región que duró cerca de 400 años; también desparecía la vieja estructura social y económica hacendaria caracterizada por la concentración de grandes extensiones de tierras en manos de latifundistas españoles y criollos; (Vizcarra,2003:107) y surgía una nueva estructura jurídica de la propiedad de la tierra: el ejido que “es, en principio propiedad de la nación, pero cedida a una comunidad de campesinos en usufructo, adquiere un carácter corporativo por la imposición de reglas de organización y control a la población del núcleo ejidal; pero la ley también establece una serie de normas que, cuando se han aplicado a fondo, han producido los llamados ejidos colectivos, adquiriendo así tintes de propiedad comunal; su carácter de propiedad privada campesina proviene del usufructo individual de la parcela ejidal en la mayor parte de los casos, y de las disposiciones que permiten la herencia de la tierra” (Bartra, 1974: 130). Como fue el caso de la población de Primera Cuadrilla de la hacienda de Tepetitlán ubicada en la región de Ixtlahuaca a las puertas mismas de la ciudad de México.

La última etapa de la hacienda

Después de la revolución mexicana que inició en 1910 y finalizó en 19176 con la promulgación de una nueva Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que habría de regir al país. Mientras las tierras que fue una de las demandas que se realizaron en la lucha revolucionaria seguían en manos de latifundistas (Gilly, 1996: 214) como fue el caso de la hacienda de Tepetitlán cuya propietaria, Juana de la Garza viuda de Pliego hacía uso de los beneficios de ésta, además seguía aplicando el sistema de explotación a los trabajadores, caracterizado por largas jornadas de trabajo, con bajos salarios, el pago en especie en la tienda de raya, y los trabajadores residían en jacales rústicos sin las condiciones adecuadas para la reproducción de la fuerza de trabajo. (Durán, 1995) Por “hacienda debe de comprenderse aquí la institución social y económica cuya actividad productora se desarrolla en el sector agrario” (Nickel, 1988: 19) Como fue el caso de la hacienda de Tepetitlán que poseía inmensas extensiones de tierras, a principio del siglo XX, para el cultivo de maíz, trigo, además el pastoreo de ganado lanar, así como de extensos bosques y cerros.
Dentro de los límites de esta hacienda se encontraban incluidos pueblos mazahuas con sus tierras comunales, como fueron los casos de San Pedro el Alto, San Agustín Mextepec, San Lucas Ocotepec y San Antonio Mextepec. (González, 1996: 16-22) Estos pueblos eran asentamientos de indígenas mazahuas desde la época colonial (Yhmoff, 1979: 37), la población de estos pueblos trabajaba como eventuales en la hacienda de Tepetitlán. (González, 1996:18).  Pero no sucedió así con la población de los ejidos de Emilio Portes Gil (EPG) y Dolores Hidalgo (DH). Estos dos pueblos eran cuadrillas de peones acasillados en la época del funcionamiento de la hacienda, llamados La Primara Cuadrilla (actualmente EPG) y la Segunda Cuadrilla (actualmente DH). Estos núcleos de población estaban habitados por trabajadores acasillados de la hacienda de Tepetitlán.   De acuerdo el planteamiento de Semo, quien argumenta que dentro de la hacienda existían trabajadores muy bien delimitados; los peones acasillados, los peones eventuales, los arrendatarios y los aparceros. Los peones acasillados estaban sometidos al dominio patriarcal del hacendado con quien mantenían relaciones que trascendían a la esfera del trabajo. Frecuentemente estaban endeudados y su libertad de movimiento era restringida. Su salario tenía tres componentes: el pago en dinero, las raciones de maíz y el usufructo de una casa con su cortijo para animales menores y pequeñas siembras (Semo, 1984: 75-76) Así estaba organizadas La Primera y La Segunda Cuadrilla de la hacienda de Tepetitlán a principio del siglo XX. Los acasillados tenían sus casas en pequeñas parcelas que el hacendado les prestaba donde sembraban maíz y tenían algunos animales domésticos, pero cuando las relaciones con los administradores, mayordomos, capitanes  y capataces no eran buenas, les quitaban el derecho al usufructo de la tierra. (Durán, 1995) y sólo dependían de las especies que se les dotaba y el pago que recibían en la hacienda.  
En 1917, el año en el que azotó la influenza española en la región, (Vizcarra, 2003:128) este mal flageló a la gente, y fue un referente de la población que la presenció: los muertos de la Primera Cuadrilla fueron transportados en carretas hacia la fosa común7. Para esta época los administradores de la hacienda imponían a los trabajadores acasillados un régimen de 12 horas de trabajo durante una jornada que se media por el ciclo del día: trabajaban desde que salía el sol hasta que se ocultaba, además percibían bajos salarios que se mantuvieron así durante años, para 1928  “los jornales que ganan los peones en la hacienda de Tepetitlán es de  $0.40 los hombres grandes y $0.20 los muchachos de 15 a 17 años; los muchachos de 12 a 15 años ganan diez o doce centavos.” (AHEM, 1937) También recibían el pago en especie sobre todo maíz, y vivían en chozas. Eran Trabajadores directos de la hacienda, dependían exclusivamente de ella, de acuerdo con el testimonio de doña Martiniana Durán una de las  personas que vivió el proceso de explotación en la hacienda quien dijo en lengua mazahua:
Mi pëkjojme pama, pama, ndizi k’ü mi pës’e ne jyarü asta k’ü ro ngibi nu. Dya mi soyagojme; ndizi ma mi ts’ikego k’ü in tatago k’ü mi mayordomü o zinzgo a b’epji kja asendero: ma mi dyod’ü mi juntjügo ye kjuad’ü, ma mi tagüji ye nzhexü mi ngezgo k’ü mi juntjügo k’o mi kejme. Mi pëkjo pama, pama. K’o in kjuarmago, ximi pëpji kja esendero, ngek’o mi tëb’i k’o e ba’a, ximi kja’a mandago. Ma mi tjorü nu ngo’o mi dyakjojme nziyo jwarü ndechjõ, asoka, d’a ts’ikele xabo, ma mi neji mi dyakoji d’a ts’ikele pajna, ngek’o mi kjap’ko in jwich’kwa ñe in pajna k’o in tsingo. Xo ri mbenko k’o in nzumügojme mi ts’itüchjetjo.

 “Trabajábamos todos los días,  desde que salía el sol hasta que se ocultaba, no teníamos descanso. Desde muy pequeña mi padre que era mayordomo en la hacienda me llevó a trabajar: en época de seca recogía boñigas y cuando era la época del corte de trigo me ocupaban de pepenadora; trabajábamos todo el día. Mis hermanos también trabajaban, pero en el casco de la hacienda, ellos eran los que ordeñaban las vacas y eran empleados como mandaderos. Los fines de semana me daban cuatro cuartillos de maíz, un terrón de azúcar, pedazos de jabón, a veces me daban un pedazo de tela con lo cual confeccionaba la ropa de mis hermanos menores. También recuerdo que nuestras casas eran de tejamanil.”8
La última etapa de esta hacienda en los años veinte de ese siglo se seguía  explotando a la fuerza de trabajo bajo intensas jornadas de laborales, con pago en especie sin que hubiera vigilancia y supervisión del Gobierno. Pero la gestión de las tierras para crear el ejido se realizó después de una huelga que efectuaron los trabajadores acasillados porque ya no soportaron más la explotación y la sumisión a los hacendados dentro de un contexto de grandes movilizaciones y conflictos: “el mes de julio de 1926 la hacienda de Tepetitlán “con motivo del corte de trigo les impuso a los peones una tarea de un cuadrado de 75 varas por un lado, que sólo terminaba en una media y solamente trabajando desde la salida del sol hasta el ocaso teniendo mucho que dejar de la tarea pendiente para el siguiente día, lo que apuntada el mayordomo el sábado les era descontado de la raya uno o dos días de jornal. Los peones desesperados  por la situación se pusieron de acuerdo y un día no salió ninguno al trabajo promoviendo así un huelga” (AHEM, 1937). A partir de esta huelga los peones acasillados se les redujo la jornada en el corte del trigo, pero los administradores tomaron represalias contra ellos al no emplearlos más en trabajos de la hacienda, y ellos se vieron en la necesidad de buscar trabajos en las minas del El Oro, y otros se emplearon como vendedores ambulantes en donde  se contactaron con personas que habían solicitados tierras ejidales, fue así como se organizaron e iniciaron la solicitud de tierras ejidales al gobernador del estado (González, 1996 y Celote, 1996).
En esta época las dos cuadrillas la población que allí habitaban mantenían relaciones solidarias entre sí cooperando para la realización de las fiestas patronales, además tenían redes parentales a través de vínculos matrimoniales: los varones de la segunda cuadrilla contraían matrimonios con mujeres de la primera cuadrilla, y viceversa, los hombres de la primara cuadrilla contraían matrimonios con mujeres de la segunda cuadrilla eran pueblos hermanos, por ejemplo, Román Moreno que era nativo de la segunda cuadrilla contrajo matrimonio con Jovita Ibarra que era nativa de la primera cuadrilla, lo mismo Crescencio Durán que era nativo de la primera cuadrilla y su esposa de la segunda Cuadrilla.
La primara solicitud de tierras ejidales al gobernador del Estado de México Carlos Riva Palacio la realizaron colectivamente la población de las dos cuadrillas el 25 de febrero de 1928, cuyo gestor principal fue Román Moreno, el documento de petición fue posteriormente turnado a la Comisión Local Agraria en el Estado de México, esta institución a su vez comisiona al C. ingeniero Eduardo Juárez para que realizará las investigaciones pertinentes y el censo de población en las dos cuadrillas del 31 julio al 01 agosto de 1929.
Después que se realizó el censo de la población se informó que “Los vecinos de las Cuadrilla peticionaria viven en dos Cuadrillas separadas una de otra a una distancia aproximada en línea recta de un kilómetro. Estas cuadrillas son conocidas en el lugar con los nombres de cuadrilla número 1 y cuadrilla número 2. La primera queda al Sureste del casco de la hacienda de Tepetitlán, y la segunda al norte del mismo. Estas dos cuadrillas han sido denominadas en conjunto “Plutarco Elías Calles”, por los mismos vecinos, para designar con este nombre el pueblo que desean formar al ser dotados de Ejidos los vecinos. Este lugar queda a una distancia aproximada de seis kilómetros de la estación de Tepetitlán, sobre el ferrocarril Nacional que va de México a Acámbaro. Está en terrenos de la jurisdicción del Municipio de San Felipe del Progreso, a una distancia aproximada de ocho kilómetros de la cabecera municipal. Los pueblos más cercanos son los de San Agustín a tres kilómetros y San Pedro el Alto a seis kilómetros al sur y sureste respectivamente; el de San Antonio Mextepec a dos kilómetros al Oeste. Los vecinos carecen de tierras propias; las que poseen pertenecen a la hacienda en cuyos terrenos viven” (AHEM, 1938: 68). También se reportó que en esos lugares vivían 290 personas mayores de edad, de éstas 211 mayoritariamente vivían en la segunda cuadrilla querían tierras; pero 79 de los también censados manifestaron que no querían tierras, (mayoritariamente eran de la Primera Cuadrilla). A raíz de ese desacuerdo entre los que querían y los que no querían tierras afloraron los conflictos entre la población de las dos cuadrillas, “hubo una guerra entre ellos”9  fue por eso que se separaron y cada quien realizó sus propias gestiones y solicitud de tierras para crear sus respetivos ejidos.   
La primera solicitud de tierras ejidales de la población de la Primera Cuadrilla de Tepetitlán al gobernador del Estado de México Filiberto Gómez se turna el 8 de julio de 1931 que la firmaron los vecinos: Apolonio Ibarra Díaz, Macario Celote Maya, Nazario Guadarrama, Hilario Guadarrama que fueron los principales gestores,  la solicitud a su vez se turna a la Comisión Local Agraria esta institución comisiona al ingeniero Jorge E. Crotte para que realizará el censo, misma que se levanto el primero de enero de 1932.
El ingeniero informó que “el poblado de referencia tiene una superficie de 102 Hs. Y está limitado al Norte, Oriente y Poniente por la hacienda de Tepetitlán y por el sur con el ejido de San Agustín. El clima es frío y las heladas son frecuentes. Este Pueblo es sumamente pobre no cuenta con ningún comercio, los habitantes para surtirse de los artículos de primera necesidad, tienen que recurrir a San Felipe del Progreso o a Ixtlahuaca que se encuentran demasiados  lejos de su centro. Las vías de comunicación están constituidas por el camino carretero Toluca-Morelia que pasa a unos cuatro kilómetros, aproximadamente y por el ferrocarril México-Acámbaro que tiene su estación más próxima en el escape de Tepetitlán. Las condiciones económicas de este poblado son sumamente malas, antiguamente los habitantes eran jornaleros de las haciendas más próximas, pero debido al fraccionamiento agrario han perdido sus trabajos y actualmente no reciben ración ni jornal y no ocupan casa del dueño de la finca, por lo que no se les puede considerar como peones acasillados, y a mi juicio es de justicia se les dote con terrenos suficientes para cubrir sus principales  necesidades de vida” (AHEM, 1937: 14). El dictamen del ingeniero fue contundente y determinante para que se le otorgara provisionalmente al poblado de la Primara Cuadrilla el 1 de abril de 1932  de tierras ejidales y se creó un Comité Administrativo Provisional ejidal siendo su presidente, secretario y tesorero: Apolonio Ibarra Díaz, Cirilo Canales Segundo y Macario Celote Maya, sus esposas fueron Juana Santiago, Felipa Moreno, María Benita Villareal respectivamente, sus suplentes fueron Nazario Guadarrama, Blas Hernández y Simón Santiago las esposas de estos últimos fueron  Anastasia Zendeja, Marcela Escamilla  y Ana Velázquez10, mujeres que tuvieron un papel importante en el proceso de las gestiones por las tierras ejidales, ya que ellas eran las que recibían la información y tuvieron la función de asesorar a sus esposos y orientar las estrategias de lucha, además ellas fueron las que prepararon los alimentos para sus esposos continuaran con la lucha por las tierras ejidales para la población.
Los miembros del Comité Administrativo Provisional Ejidal en coordinación con el ingeniero Jorge E. Crotte  fueron los encargados de realizar los amojonamientos,  deslindes y repartos de las tierras a los campesinos mazahuas de la Primaras Cuadrilla de la Hacienda de Tepetitlán para su usufructo.
Pero los líderes de ese momento continuaron con las gestiones, conflictos, negociaciones y la redacción de documentos y crearon las condiciones históricas, sociales, políticas y económicas  para que el 13 de octubre de 193311 que por decreto del Presidente de los Estados Unidos Mexicanos Abelardo L. Rodríguez se le dotará definitivamente al poblado El ejido de Emilio Portes Gil con 977 hectáreas. Los primeros miembros del comité ejidal del ejido fueron: Macario Leonardo Durán que fungió como Presidente del Comisariado Ejidal; el Secretario fue Domingo García y el tesorero fue Bruno Larrañaga, el Consejo de Vigilancia fueron nombrados Macario Celote Maya, Crescencio Sánchez y Buenaventura Quintana, las esposas de estos fueron doña Olegaria Sarmiento Bacilio, Ángela Cabiedes, Catarina Cabiedes, María Benita Villareal, María Ruiz y Viviana Zendeja mujeres que tuvieron un papel importante para la consolidación de un proyecto de vida y la creación del Ejido de Emilio Portes Gil municipio de San Felipe del Progreso. A partir de ese momento surgiría una nueva historia en esta comunidad a principio del siglo XX que estaba relacionada con la historia del México moderno. Finalizaba la actividad productiva de la hacienda que impedía el desarrollo social y económico de la población, y  con el ejido se propició la capitalización y con él el desarrollo del capitalismo en México (González, 1996:22), a pesar que las mujeres de este poblado participaron en el proceso de la lucha por la tierra, solamente  215 hombres mayores de edad fueron los considerados como ejidatarios a las mujeres no fueron consideradas como ejidatarias, porque según el pensamiento de ese momento histórico, se pensaba que a las mujeres al contraer matrimonio con un hombre éste era él que tenía los derechos de los medios de producción, es decir de la tierras, y no así a las mujeres, situación que las excluyó de ese derecho a las mujeres.

Nuevos administradores de la tierra

Si los miembros del Comité Particular Administrativo Provisional del Ejido nombrados el 1 de abril de 1932 encabezado, por Apolonio Ibarra Díaz, les tocó la responsabilidad de realizar las gestiones, de proporcionar la información con su pensamiento para que se redactará los documentos peticionario y crear las condiciones sociales, económicas, políticas e históricas para la dotación definitiva de las tierras ejidales a este poblado, con todo los conflictos y enfrentamientos con los administradores, mayordomos y capataces de la hacienda encabezados por Fidel Garduño quien tomaba las decisiones relacionadas con las tierras de la hacienda de Tepetitlán ya que la  propietaria Juan de la Garza viuda de Pliego no residía en la finca. El administrador, amenazó a los peticionarios con expulsarlos en donde tenías sus viviendas, además de no darles empleos. A pesar de esta situación ellos continuaron con la lucha por la tierra, y por supuesto contaron con el apoyo de las instituciones de gobierno, sobre todo del Gobernador del Estado de México en turno Filiberto Gómez y el Presidente del República Mexicana Abelardo L. Rodríguez dos personas que habían luchado en la Revolución Mexicana de 1910, ellos sabían en ese momento la importancia social y política de otorgarle las tierras a la población para evitar más conflictos, y de los mismos funcionarios de la Comisión Local Agraria que en todo momento apoyaron la lucha por las tierras, sus dictámenes fueron determinantes para la creación del ejido, además los gestores y líderes aprovecharon el contexto histórico en el que se crea el ejido, una historia de violencia: la revolución de 1910 donde perdieron la vida más de un millón de mexicanos para construir el naciente estado mexicano moderno del siglo XX.
Mientras, los miembros del Primer Comité del Comisariado Ejidal de Emilio Portes Gil Macario Leonardo Durán, Domingo García, Bruno Larrañaga así como los integrantes del Consejo de Vigilancia Macario Celote Maya, Crescencio Sánchez y Buenaventura Quintana fueron los encargados de impulsar y aplicar el desarrollo social, económicos, político y educativo en la comunidad y consolidar el proyecto del ejido, realizando las gestiones antes las instituciones públicas para los apoyos agrícolas, así como en las instituciones de educación, por qué se concebía que es a través de la educación de la población como se podría impulsar el desarrollo social y económico de la población indígena mazahua de esta población.
Pero también es importante mencionar que a ellos les tocó enfrentar los conflictos internos en la comunidad, porque toda lucha por la tierra genera conflictos, ya que la tierra es el principal medio de producción y factor importante para la capitalización; muchos no estaban de acuerdo con el proceder de ellos, por ejemplo los “CC. José Aguilar y Julio Sarmiento quejándose de que el C. Apolonio Ibarra, Presidente del Comité Particular Administrativo Agrario del Poblado de Emilio Portes Gil Municipio de San Felipe del Progreso del Distrito de Ixtlahuaca, así como el C. Macario N. Durán se han tomado la mayor parte de las parcelas señalándoles a los demás ejidatarios una pequeñísima cantidad de tierras que no es suficiente para cubrir sus necesidades” (AHEM, 1937) pero al realizarse las investigaciones de los quejosos ellos no aparecían en lista del ejido provisional; pero la irregularidad se resolvió al crearse definitivamente el ejido en el aparecieron sus nombres en el nuevo padrón.
Lo que sucedió en este lugar a principio de los años treinta, formaba parte de la nueva política agraria y dentro de un contexto social e histórica, era parte de la política económico, social y educativa del Gobierno Federal encabezada por Lázaro Cárdenas del Río ya que durante su periodo de gobiernos se distribuyeron más de 20 millones de hectáreas a los campesinos de México para impulsar el desarrollo del capitalismo, y para tal proyecto se da un impulso al desarrollo de las actividades agrícolas con la creación del banco de crédito ejidal; así como el impulso a la educación.

La escuela y la castellanización de los Mazahuas

En Emilio Portes Gil, el 13 de octubre de 1993 al crearse como ejido y las 684 personas que allí vivían eran monolingües en mazahua, (Celote, 2007:30); pero  a finales de los años treinta llegaron las primeras brigadas de maestros para iniciar el proceso de educación y castellanización, y a principio de los años cuarenta se construyó la escuela primaria rural Alfredo Zárate Albarrán que fue inaugurada el 31 de marzo de 1943 por mismo Presidente de la República mexicana Manuel Ávila Camacho.12 En esa época el Secretario de Educación Pública era Octavio Béjar Vázquez conservador y contrario a la idea de una educación bilingüe a las poblaciones indias del país (Acevedo, 1997: 196). La función de la escuela fue alfabetizar en español a la población, los maestros tenían la consigna de sus superiores de que los mazahuas no deberían hablar más su lengua, y si lo hacían eran severamente sancionados. Apolinar Basilio, comentó que fue un año a la escuela y que no aprendió nada, él refiere que el profesor los torturaba físicamente, “ese maestro nos chicoteaba con una rama de pino. Cuando nos pasaba al frente para escribir o a leer, los que no sabíamos nos picaba con una espina de maguey, él se ponía de acuerdo con algunos compañeros para agredirnos, pues con ese técnica nadie aprendía”, estas prácticas educativas eran apoyadas por las autoridades comunitarios de que se llevará a cabo el proceso de castellanización, según don Bonifacio Quintana quien nació en 1928 dijo que trabajaba en una de las tiendas de la comunidad, y que las autoridades comunitarias habían dado la orden de sancionar a las personas que hablaran en  mazahuas con la elaboración de 150 adobes. En la actualidad la escuela rural Federal continúa con su misión de castellanizar a los mazahuas de la comunidad.
En 1972 el Centro Coordinador Regional del INI en Atlacomulco reclutó a promotores bilingües de la región con estudios de primaria para alfabetizar a la población, uno de los requisitos que se les pidió, que fueran hablantes en mazahua, algunos de ellos eran nativos de Emilio Portes Gil donde se creó también en 1976 la escuela secundaria técnica agropecuaria 01 Emiliano Zapata, los egresados de esta institución algunos se incorporaron al subsistema de educación  indígena de la Dirección General de Educación Indígena de la Secretaría de Educación Pública fundada en 1978.
 Hoy en el ejido con sus tres barrios: El Centro, Tungareo y Tepetitlán tiene una población de 4442 habitantes, (INEGI 2005) de ellos se desempeñan 107 como maestros del subsistema de educación indígena de la DGEI-SEP; pero solamente 1000 personas hablan  mazahua, lo que ilustra que en una generación puede desaparecer una lengua cuando no se promueve su enseñanza en el aula escolar

Bibliografía

Acevedo Conde, María Luisa (1997),  “Políticas lingüísticas de México de los años cuarenta a la fecha” En Políticas lingüísticas de México de Beatriz Garza Cuarón (Coord.). La Jornada Ediciones, Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM, México.  
Archivo Histórico  del Estado de México (1937), Comisión Local Agraria, Vol.  48, exp.2-474, foja 69
1929-1933 Comisión Local Agraria, Vol. 32, exp. 2-418, foja 133
Bartra, Roger (1974), Estructura agraria y lucha de clases en México, era, México
 Celote Preciado, Antolín (1996), Grupos domésticos y la reproducción de la fuerza de trabajo en un ejido ñatrjo (mazahuas), tesis de licenciatura, ENAH, México.
 2006 La lengua mazahua: historia y situación actual, SEP, CGEIB y UIEM, México.
2010 “El mundo mazahua y la construcción de la interculturalidad” en Araceli Mondragón y Francisco Monroy (coord.).  Interculturalidad: historias, experiencias y utopías, UIEM, Plaza y Valdés, México.
Gaceta del Gobierno. Tomo XXXVIII. Toluca de Lerdo, 14 de julio de 1934. Número 4
Gilly, Adolfo (1996), la revolución mexicana en Semo, Enrique (coord.), México, un pueblo en la historia, Alianza Editorial, México.    
González Ortiz, Felipe (1996), Actividades económicas de subsistencia: el caso de una comunidad mazahua, tesis de licenciatura, ENAH, México.
El Nacional. Órgano oficial del Gobierno de México, No. 5024,-2ª época 1º de abril de 1943
INEGI (2005), Censo general de población y vivienda, INEGI, México.
Nickel Herberto J. (1988),           Morfología social de la hacienda mexicana, FCE, México.
Semo, Enrique (1984), Historia mexicana. Economía y lucha de clases, ed. Era. México.
Yhmoff Cabrera, Jesús (1979), El municipio de San Felipe del Progreso: a través del tiempo, Biblioteca Enciclopédica del Estado de México, México. 

Vizcarra Bordi, Ivonne (2003), Entre el taco mazahua y el mundo: la comida de las relaciones de poder, resistencia e identidad, Gobierno del Estado de México, Instituto mexiquense de la mujer, Universidad Autónoma del Estado de México, México.

1 “La hacienda de Tepetitlán tiene su origen en una estancia que con ese nombre tenía Juan de Burgos y que fue notablemente agrandada y mejorada por la merced que le otorgó el Virrey Antonio de Mendoza, con fecha 13 de octubre de 1545, en la que le concedía una caballería y media en el paraje de Telapaxtepec y un herido de molino de pan” junto al arroyo que pasaba no lejos de aquella estancia” (Yhmoff, 1979: 99)

2 Precisamente los Pliego y Pastrana llegaron ha poseer a finales del siglo XIX 100 mil hectáreas de extensión que incluía las haciendas de Tepetitlán y la de Enyege  (Vizcarra, 2003: 107)

3 “Acasillado : peón residente en una hacienda” (Nickel, 1996:449)

4 Lleva el nombre de Emilio Portes Gil el ejido porque el personaje había sido gobernador en su estado: Tamaulipas y Presidente provisional de México de los años de 1928-1930, era la práctica de la población de los pueblos que pusieran los nombres de los ejidos a los dirigentes políticos y revolucionarios de ese momento.

5 Dato proporcionado por doña María Durán, en el año 1995, y una de las expertas que proporcionaron información para escribir esta historia. 

6 La Revolución Mexicana preparada antes de 1910 cimbró la conciencia del pueblo de México, los propósitos de ésta fue la luchas por mejores condiciones de vida tanto para los trabajadores  de la ciudad, como los del campo que demandaban la restitución de sus antiguas tierras para  su usufructo que estaban en manos de grandes latifundistas extranjeros. Esta lucha revolucionaria dejo secuelas en la conciencia de los mexicanos donde murieron más de un millón..  

7 Dionisio Segundo, 1996.

8 (Martiniana Durán , EPG, 31-V-1997 diario de campo)

9 Domingo Moreno, 2007

10 AHE4/C.A.4/1937/vol.48/exp.2-474/69Fs e historia oral.

11 Casual y simbólicamente esta fecha el 13 de octubre de 1933, coincide en el 13 de octubre de 1545  cuando el Virrey Antonio de Mendoza le dota a un español,  Juan de Burgos  una merced de una caballería y media en el paraje de Telapaxtepec y un herido de molino de pan” para su usufructo. De manera que los colonizadores españoles explotaron las tierras y la fuerza de trabajo indígena  mazahua de esta región, 388 años cerca de 400 años. Uno infiere que los mazahuas de esta región aportaron su con fuerza de trabajo la riqueza de varias familias españolas  de abolengo y con ellos como lo apunta Marx contribuyeron con la acumulación originaria del capital a nivel mundial.

 

12. El Nacional, órgano oficial del gobierno de México, 1° de abril de 1943.

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