ANÁLISIS DE LOS FACTORES QUE IMPIDEN LA SUSTENTABILIDAD HÍDRICA

Cruz García Lirios

Fundamentos de la Sustentabilidad

El objetivo del presente documento ha sido analizar conceptualmente al Desarrollo Sustentable. En este sentido, se eligieron conceptos, con base en sus similitudes y diferencias, para interpretar la relación naturaleza-sociedad en función de la disponibilidad equitativa de los recursos entre las especies y generaciones. Este análisis conceptual del Desarrollo Sustentable permitirá vislumbrar teorías, diagnósticos e intervenciones para promover estilos de vida racionales favorables a la conservación del medio ambiente. Se exponen algunos fundamentos de las relaciones entre el Estado, la ciudadanía y el mercado para evidenciar la complejidad de un sistema político. Se plantea que el Estado, la ciudadanía y el mercado son actores centrales en la construcción de una democracia justa, participativa y consumista. En este sentido, son considerados subsistemas de una política que aspira a la limitación de las libertades individuales en función del debate y la elección pública de mecanismos persuasivos que orienten el bienestar social para alcanzar la justicia social redistributiva del poder traducida como estructura de contrapesos. Este ensayo contribuye al estudio filosófico, sociológico y político de la estructuración de la libertad y la justicia.

Complejidad

La complejidad sistémica de la política


Un sistema, definido como un modelo de factores orgánicos abiertos al intercambio de energía con otros sistemas, fue planteado por Bertalanffy (1968) para explicar la estructura de la biosfera. Esta propuesta fue retomada por Luhmann (1986) para referir a la autorganización comunicativa del poder. A diferencia de Bertalanffy, quien afirma que todo sistema esta organizado a partir del intercambio con su entorno, Luhmann sostiene que el Estado es un sistema de comunicación que se especializa en la persuasión de sus subsistemas. El Estado puede ser coercitivo, , estructurante al individuo mediante sus instituciones según Giddens (1990), pero es en esencia un modelo persuasivo que excluye del poder a sus subsistemas competidores para autorganizarse. Bauman (2002) se aproxima al concepto luhmaniano de Estado al considerar que evolucionó para ser considerado un instrumento de seguridad, confort e identidad para los habitantes de la zona central sólida urbana en referencia a la inseguridad, pauperización y desarraigo de los migrantes asentados en la periferia urbana. Sin embargo, Luhmann aclara que en tanto sistema, el Estado diversifica las relaciones de poder que tiene con sus subsistemas. Si el Estado Baumaniano ha transitado de la solidez a la liquidez, el Estado luhmaniano ha transitado de la simplicidad a la complejidad, de la coerción a la persuasión. Si el Estado ha dividido a sus subsistemas en centrales y periféricos favoreciendo a los primeros y obstaculizando a los segundos, el Estado luhmaniano ha seducido a sus subsistemas hasta un punto tal en el que lo consideran imprescindible para su desarrollo. A pesar del liberalismo político, que supone la sustitución del Estado por el mercado, el Estado luhmaniano se erige como el gendarme por excelencia y legitimidad sin el cual, el mercado estaría condenado a su extinción. Es por ello que Rawls se aproxima a la concepción luhmaniana del Estado al considerar que una libertad sin Estado o por el contrario, el totalitarismo, son polos injustos cuyas consecuencias convergen en una distribución asimétrica del poder. Por ello, tanto Rawls como Luhmann están de acuerdo en que el Estado asuma el control limitado de la sociedad para perpetuarse como la institución política más importante de la historia.


De este modo, el Estado es un sistema persuasivo que distribuye asimétricamente el poder para perpetuar su hegemonía sobre los subsistemas que lo configuran.


Los factores complejos del sistema


Las distintas formas de participación de los individuos han sido reprimidas en los regímenes autoritarios y han sido soslayadas en los regímenes democráticos. Ambos sistemas políticos han tratado de eliminar o minimizar la influencia de estos grupos en el sistema. Incluso cuando la organización de los grupos minoritarios ha repercutido mediáticamente, el Estado a través de los mismos medios de comunicación, ha condenado la perturbación del orden público y la trasgresión a las leyes y los derechos ciudadanos por parte de los disidentes.


Por su parte las ciencias que estudian a estos grupos los han considerados como anomias, masas, muchedumbre, movimientos, minorías, disidentes, terroristas, extremistas, pacifistas, ecologistas, ambientalistas, acarreados o clientelas manipuladas por partidos políticos de izquierda, partidos únicos del régimen, grupos de choque leales al comunismo o al capitalismo, grupos contrarios al progreso económico global.
Estas ciencias no aclaran si se trata de factores exógenos perturbadores al sistema o si se trata de factores endógenos disidentes. Si su origen es político, comunitario o ambiental. Si sus objetivos son la desestabilización económica, política, social o cultural del sistema. Si sus principios son fundamentalistas, extremistas, ecologistas, progresistas, sindicalistas, pacifistas o vanguardistas.


Las ciencias de los fenómenos colectivos sólo han alcanzado a plantear que los grupos son periféricos al sistema; habitantes de los cinturones de miseria, marginados sociales, emigrantes desarraigados, inadaptados al sistema, promotores de corrupción, consumidores de los desechos, leales al populismo, huelguistas de profesión, disidentes políticos, chavos banda, todos manipulados por una racionalidad perversa.
Considerados por las ciencias de los fenómenos colectivos como factores periféricos inobservables, los individuos, grupos, comunas, gremios o comunidades al ser excluidas del sistema, son ubicados entre los factores exógenos y los factores endógenos.
Es decir, se considera a los sistemas como entidades perfectibles que manejan los riesgos minimizando la perturbación exterior y la disidencia interior al mismo tiempo que maximizan las relaciones productivas de los elementos esenciales a través de la administración de subsistemas tales como el Estado.


Debido a que estos grupos han sido indeterminados no producen riesgo alguno que ponga en crisis al sistema. El Estado como guardián del orden los margina paulatinamente obligándolos a insertarse en el sistema productivo autoritario o bien, a endeudarse en el sistema consumista democrático.


Es en este sentido productivista y consumista que los grupos indeterminados por el sistema pueden convertirse en sus perturbadores potenciales. Cada sistema económico o político local se articula con sistemas globales. Si los elementos periféricos indeterminados perturban un sistema local pueden influir indirectamente en los elementos centrales consumistas del sistema global. Dicho efecto estaría mediado por los elementos centrales productivos de los sistemas periféricos locales.


En efecto, los sistemas centrales productivos al emigrar a las zonas periféricas industriales maquiladoras pueden llegar a ser influidos por el arraigo y la identidad de los elementos periféricos indeterminados. Los corredores industriales tecnológicos al demandar y seleccionar mano de obra especializada podrían verse afectados si la identidad de los emigrantes cambia a formas de arraigo o apego a un espacio, una tradición o incluso la ausencia de todas ellas que caracteriza a los grupos periféricos del sistema.
Los sistemas, sobre todo los políticos, excluyen a los factores exógenos para reducir la perturbación, controlan a los factores endógenos disidentes y seleccionan a los factores periféricos indeterminados para configurar un conglomerado de factores centrales productivos y consumistas. El Estado como subsistema coercitivo autoritario o como subsistema persuasivo democrático, regula la entrada y salida de los factores para la preservación del sistema. Sin embargo, la reducción de riesgos, parece ser insuficiente si se considera a la identidad local como la principal amenaza de la economía global.
Ese es el gran acierto de la aproximación sistémica, la realidad son los sistemas identitarios locales y los sistemas económicos globales mutuamente incluyentes pero también mutuamente excluyentes. Principalmente, cuando los productores y los consumidores demandan nuevas relaciones a parir de la sobreexplotación de recursos, la innovadora producción, la diversidad crediticia, el inusitado consumo y el deterioro ecológico evidente.

Racionalidad

Dasein el ser en sí (estar ahí)

Martín Heidegger  (2006 / 1889) planteó el termino dasein (el ser = sein y estar = da) para referir la ontología del hombre y analizarlo desde dos categorías: tiempo y espacio, más concretamente el ser siendo en el tiempo  y el ser estando en el espacio. A decir de Heidegger la ontología se refiere a los momentos sustraídos en el presente que facilitan la constitución del ser tanto en el tiempo como en el espacio y que pueden ser recuperados una y otra vez pero en cada ocasión con un nuevo rostro, principalmente, con un nuevo sentido del ser. Heidegger propone una nueva concepción de la constitución del hombre superando la dualidad que lo tiene anclado a su acción voluntaria y a su acción determinada.


En este sentido, dasein sería un fundamento de la estructuración si se considera que el ser se apropia de un momento para innovarse, renovarse y perpetuarse. Los seres que estructuran la realidad social son precisamente, aquellos que capturan un momento para eternizarse a través de acciones.


Sin embargo dasein es un término todavía no vinculado con las necesidades individuales que en tanto intrascendentes por efímeras, sólo buscan la satisfacción y los placeres inmediatos soslayando la eternización del ser y reduciéndola a su más simple expresión: la estructuración de la vida cotidiana o la vida mundana.


Sería Max Weber (1997 / 1922) quien introduciría el concepto de tipo ideal para comprender el dasein considerando:


  “La acentuación unidimensional de uno o más puntos de vista  (…) de fenómenos concretos difusos (...) los cuales se colocan (…) en una construcción analítica unificada” (p.11).
El tipo ideal weberiano alude a una racionalidad instrumental que se gestaba en las organizaciones industriales, las cuales habían degradado al ser eternizado de Heidegger a una simple función productiva. 


La racionalidad instrumental


Los individuos que actúan a partir de sus convicciones olvidan sus responsabilidades (Weber, 1919 / 1986). Este principio individual es extensivo en el ámbito organizacional. Es decir, una gran parte de la población es empleada por micros, pequeñas y medianas empresas pero sólo unas cuantas mipymes sobreviven en sus primeros años por seguir sus objetivos y utilizar los medios consecuentes sin considerar la contingencia del mercado y las relaciones entre las organizaciones. Una organización con principios de burocratización estandarizados en sus relaciones productivas supuso acciones instrumentales que garantizarían su perpetuidad. Se trató de la consecución de objetivos y el empleo de medios o recursos consecuentes a partir de información antecedente.
Sin embargo: ¿Si el análisis de la información se da a partir de las necesidades y expectativas individuales, cómo se lograrían los objetivos de explotar y emplear los recursos para la estructuración sustentable de la sociedad?


En este sentido, Simon (1957) propuso una racionalidad acotada para designar un proceso de toma de decisiones con base en los límites de información que pueden ser de orden espacio temporal, pero esencialmente racional. En tal sentido, los costos de obtener la información debían estar acordes a los beneficios.


La racionalidad limitada


Debido a que los seres humanos no pueden aspirar a conocer la información en torno al inicio y al final de un proceso sustentable por su transición, debido a que ha sido imposible acertar al momento coyuntural a partir del cual la humanidad pueda desarrollarse sostenidamente, debido a que la humanidad no busca su trascendencia como generación antecedente para garantizar las capacidades de las generaciones subsecuentes a través de la optimización de recursos, las situaciones ambientales y los estilos de vida con sus correspondientes expectativas, necesidades, decisiones, intenciones y acciones son limitados.


A decir de Simon (1957) la humanidad, principalmente los individuos pretendidamente racionales, no pueden establecer intervalos espacio-temporales a partir de los cuales calculen las probabilidades de utilidad. En su mayoría, los individuos emplean heurísticos en los que prefieren bajas probabilidades de éxito frente a altas probabilidades de fracaso.


Se trata de decisiones que estructuran las acciones individuales y se amplifican a los grupos para terminar estructurando a sociedades. A decir de Giddens (1979) son acciones prácticas las que invierten el proceso weberiano y simoniano de racionalidad instrumental limitada. A diferencia de Weber y Simon, Giddens especula con la posibilidad de que las personas están influidas por una conciencia social que orienta sus procesos heurísticos.


La conciencia práctica.


A diferencia de la ontología Heideggeriana que propone la interpretación del hombre a partir de la eternización de su espacio-tiempo, la ontología Giddensiana plantea la conciencia práctica como acción racional. Se refiere a una práctica conveniente regulada por las instituciones (Giddens, 1991: p.204).
Anthony Giddens (1979) reconoce la influencia de Heidegger en su Teoría de la Estructuración. Señala que su planteamiento se deriva de la ontología de Heidegger. Incluso está de acuerdo con la superación de la dualidad: voluntarismo vs determinismo. Esta trascendencia de la dualidad no sería para encumbrar al ser en su eternidad espacio-temporal sino para anclarlo en una vida cotidiana de intención más que de reflexión, de decisión más que de sedición, de acción más que de trascendencia. 
La conciencia practica vinculada a la racionalidad institucional es el fundamento gidennsiano de la estructuración social. Se trata de mecanismos de pensamiento y acción favorables a los intereses de los individuos en relación a la seguridad e incertidumbre de las instituciones y con ellas, los estados. A decir de Giddens tanto las instituciones como los individuos son la vía más práctica de vincular las iniciativas públicas con las necesidades personales.


Sin embargo, la conciencia practica esta sustentada en intenciones y decisiones poco deliberadas, planificadas y sistematizadas. Se trata de acciones que buscan resultados convenientes al individuo y convincentes al grupo al que pertenece o quiere pertenecer. En este sentido, la acción práctica es eficaz pero inefectiva. Es decir, la conciencia instrumental permite la consecución de objetivos que sólo benefician al individuo pero que no le garantizan su bienestar perene. La conciencia práctica es un espejismo cotidiano en el que los individuos se miran para afianzar sus intenciones, decisiones y acciones de bienestar. Tales límites de la conciencia práctica impiden la estructuración de la sustentabilidad al ser excluyentes con el mismo grupo al que se pertenece y por ende no contemplativo de las necesidades de grupos generaciones posteriores.
Ante los límites de las situaciones, decisiones y acciones personales, Habermans (1987) propondrá un nuevo fundamento de la estructuración social: la racionalidad comunicativa. Se trata de un ámbito simbólico en el que la acción deja su lugar a los símbolos, significas y sentidos de los discursos. Si el dasein de Heidegger trasciende el tiempo y el espacio, el ser discursivo trasciende las situaciones, sobre todo las personales, y ancla al individuo en los símbolos compartidos a los cuales supone significados diferentes, pero que definitivamente, pertenecen a un repertorio cultural que ya estaba antes que el individuo surgiera. Antes que la conciencia práctica, los símbolos ya habían estructurado a las sociedades.


La racionalidad comunicativa


La estructuración de la sustentabilidad se ha analizado desde la propuesta Heideggeriana, Weberiana, Simoniana y Giddensiana de tiempo y espacio en el que el ser se eterniza en un presente continuo mediante prácticas innovadoras. Sin embargo, los símbolos, sus significas y sus sentidos de discurso, ya han estado antes de cualquier acción, incluso a decir de Habermans (1987), las determinan, delimitan y diferencian.
A diferencia de Giddens, Habermans sostiene que el ser no trasciende, con sus acciones, el tiempo y espacio, sino que más bien, son los símbolos compartidos los que ya han superado todo significado y sentido del ser en el tiempo y en el espacio. Es el acto comunicativo la evidencia de que los símbolos trascendieron al ser. Son los discursos verbales los que llevaría a la sociedad a estructurar la sustentabilidad anhelada.
Sin embargo, la estructuración de la sustentabilidad supone la trascendencia de la relación ambiente-humanidad en el pasado y el presente. Se trata de una trascendencia prospectiva que aunque simbólica, influya en el balance entre la disponibilidad de recursos y las necesidades humanas. Se trata de volver a la relación causal entre las decisiones como determinantes de las acciones. Se trata de tomar decisiones que maximicen los beneficios y reduzcan los costos, acciones que reduzcan la incertidumbre y los riesgos.


Sin embargo, kahneman (2003) demostró que las decisiones humanas no están necesariamente, relacionadas con las acciones. Incluso, las decisiones que maximizan los beneficios no derivan en acciones que reducen los riesgos.


La decisión prospectiva


La estructuración de la sustentabilidad desde los planteamientos de Heidegger, Weber, Simon, Giddens y Habermans parece obedecer a una serie de infinita de decisiones y acciones en el mismo instante en el que surgen las necesidades sin considerar la disponibilidad de recursos. En este sentido, Kahneman (2003) estableció una ley fundamental en la toma de decisiones que develó los inconvenientes de una estructuración de la sustentabilidad.


Se trata de heurísticos que orientan las intenciones del ser. Es decir, ante una situación de incertidumbre, los individuos parecen preferir arriesgarse a ganar grandes cantidades que a preservar mínimas reservas. En el caso del balance recursos-necesidades, los individuos parecen orientarse a comercializar sus residuos que a preservar los escasos recursos. En una situación de incertidumbre, los riesgos definen las acciones humanas. Es seguro que las reservas naturales se agoten pero las políticas públicas, las iniciativas privadas y las innovaciones tecnológicas se especializan en optimizar, regular o moderar la explotación de los recursos en lugar de preservarlos y asumir nuevas formas de consumo y estilos de vida.


Precisamente, los estilos de vida actuales, quizás influidos por los símbolos, significados y sentidos del pasado dispendioso, son objeto de estudio de Bauman (1998; 2002; 2005; 2008) quien afirma la liquidación de la naturaleza y junto a ella: la humanidad. 


La vida consumista


La sustentabilidad ha sido estructurada a partir de decisiones y acciones improvisadas, heurísticas  y creativas pero no por ello innovadoras o transformadoras de las relaciones inequitativas entre la naturaleza y la humanidad. La sobrexplotación de los recursos naturales ha sido en función de las necesidades, deseo y expectativas humanas más que de su distribución equitativa entre las especies animales y vegetales.
A decir de Bauman (1998) el desequilibrio entre la disponibilidad de recursos y el consumo humano, evidenció un contexto en el que la humanidad estructuró su historia a partir de presupuestos modernistas, materialistas y consumistas. En este contexto, las sociedades se estructuraron bajo los presupuestos de la modernidad.
Sin embargo, las sociedades no terminaron su estructuración moderna cuando ya presentaban síntomas posmodernos (Bauman, 2002). Si la estructuración moderna de la sociedad consistió en la ideas de progreso, crecimiento, utilidad, explotación, producción, expansión, identidad, seguridad, éxito, confianza, lealtad y felicidad, la estructuración posmoderna de la sociedad ahora consiste en la incertidumbre, riesgo, ubicuidad, frustración, desapego, miedo, terror, estrés e infelicidad. Se trata de una nueva estructuración: una pos-estructuración líquida o bien, una desestructuración sólida (Bauman, 2005).


En este sentido, la estructuración de la sustentabilidad es líquida al ser desestructurada de sus fundamentos modernos de identidad, seguridad y progreso. También, es una pos-estructuración sólida al aparentar estar anclada en el hedonismo y el nihilismo. Sin embargo, la sustentabilidad parece estar más estructurada en función del consumismo.
Precisamente, es en la noción de consumismo en la que Bauman (2008) explora los fundamentos estructurales de una sociedad posmoderna. En tal sentido, la sustentabilidad esta anclada a la noción de mercado y sus correspondientes fundamentos de maximización de ganancias y minimización de costos, reducción de incertidumbre y amplificación de riesgos.


El dasein heideggeriano se aferra a la oferta y la demanda. La racionalidad instrumental weberiana ahora se le conoce como competencias de consumo, la racionalidad limitada simoniana ahora se llama crédito al consumo, la conciencia practica giddensiana se presenta como oferta de temporada, la racionalidad comunicativa habermansiana es sólo una adquisición en barata y la decisión prospectiva kahnemaniana es un remate de mercancías.
Desde el contexto de la sustentabilidad, la estructuración de las sociedades se lleva a cabo a través de mercados de extracción, transformación, distribución, acaparación y reutilización. A medida que los recursos escasean, las sociedades intentan desestructurar sus estilos de vida modernos en formas de convivencia posmodernas. Una disminución en las reservas de energéticos tiene su correspondiente incremento de mercancías sin utilizar sólo consumidas una vez para ser reutilizadas. El ciclo de vida de los recursos naturales parece determinar la estructuración de las sociedades. Si los recursos naturales se convierten en mercancías desechables, la humanidad parece tener ese mismo fin al acelerar el desequilibrio entre el ahorro y el dispendio.
Un límite que se observa en los planteamientos esgrimidos, es el referido a sus concepciones de estructuración. Heiddeger, Weber, Simon, Giddens, Habermans, Kahneman y Bauman parecen enfocar sus planteamientos en una racionalidad externa a los individuos los cuales parecen estar determinados por las normas, valores y creencias de sus antecesores. En este sentido, otro límite de los planteamientos expuestos, es el relativo a la trascendencia del ser en el pasado, reforzando la idea de que los límites de la sustentabilidad estarían en las decisiones y acciones actuales, pero no en las futuras (ver tabla 4). 


Tabla 1. Las estructuraciones de la sustentabilidad


Autor / racionalidad

Estructuración de la Sustentabilidad

 

 

Heidegger (Dasein)

El ser trascendiendo su momento y eternizándolo sin referencia al entorno o la sociedad

 

 

Weber (racionalidad instrumental)

La conciencia que separada del ser lo trasciende especializando sus acciones en sociedades industriales y entornos devastados

 

 

Simon (racionalidad limitada)

La conciencia que acepta su finitud y la del ser en un entorno y una sociedad agotables.

 

 

Guiddens (conciencia práctica)

La acción que trasciende a la conciencia y al ser en sociedades normativas y entorno prescriptivos.

 

 

Habermans (racionalidad comunicativa)

Los símbolos que trascienden a la conciencia y al ser con base en el entorno y su relación con la sociedad

 

 

Kahneman (decisión prospectiva)

Las acciones de riesgo que trascienden a la conciencia y al ser volviendo incierto al entorno y a la sociedad

 

 

Bauman (vida consumista)

Los dispendios que trascienden a la conciencia y al ser comercializando el entorno y la sociedad

Sin embargo, esta en la racionalidad, cualquiera que esta sea, la posibilidad de volver al balance entre las necesidad de la humanidad y la disponibilidad de recursos. Los conceptos racionales expuestos abren un puente entre nuestras decisiones y acciones de consumo, entre nuestras costumbres, valores, creencias y motivos para el ahorro y el dispendio. Un incremento de la racionalidad en la humanidad seria inversamente proporcional al agotamiento de los recursos.


Si la humanidad recupera su dasein tendrá una oportunidad de estructurar nuevas formas y estilos de vida austeros. La implementación de la racionalidad instrumental en el cuidado de los recursos, propiciaría un consumo optimizado. La información, procesada mediante la racionalidad limitada, podría utilizarse para develar los límites de la sustentabilidad. Un aumento en la conciencia práctica de los individuos aceleraría el dispendio, pero al mismo tiempo, evidenciaría la opción de ahorro. La humanidad necesita de un universo expansivo de símbolos para producir ideas creativas e innovadoras como alternativas de sustentabilidad y sólo la racionalidad comunicativa haría posible tal decisión prospectiva: incrementar la incertidumbre para asumir nuevos riesgos de austeridad.

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