EL NACIONAL REFORMISMO EN PINAR DEL RÍO ENTRE 1944 Y 1952

Pedro Luis González Cruz

El Nacional Reformismo de 1944 a 1952.

Con la instauración de la República en 1902 solo se consiguió una de los grandes objetivos de las guerras libradas por Cuba durante treinta años, librarse de España. Quedó pendiente el logro de plena independencia económica, política y social, impedida por el dominio imperialista de EEUU. Hacia este objetivo se dirigieron en los años siguientes los esfuerzos de los continuadores de Céspedes, Agramonte, Maceo y Martí, quienes se enfrentaron a aquellos que, por otra parte devinieron en instrumento criollo del imperialismo, empeñado en afianzar su dominio en Cuba.
Durante los primeros veinte años de la República neocolonial se perfilaron y profundizaron, las primeras corrientes ideológicas que se enfrentaron en el marco político cubano: una reaccionaria, proimperialista y continuadora (en otras condiciones históricas)de las concepciones anexionistas del siglo XIX cubano. Otra nacionalista, heredera de las ideas esenciales del programa martiano por la independencia, que en su desarrollo, se presentó en dos vertientes bien definidas: La nacional  reformista y la nacional revolucionaria. La corriente proletaria, unió el ideario más radical de la liberación nacional a las concepciones del marxismo leninismo acerca de la revolución social.
En ese período de gestación de las corrientes nacionalistas y proletarias, correspondientes a las dos primeras décadas del siglo XX, el temor a que EEUU, amparado en el derecho que le otorgaba la Enmienda Platt, interviniera en Cuba, con pretexto de cualquier alteración del orden, influyó negativamente sobre muchos cubanos.
Sin embargo partir de 1920 numerosos acontecimientos demuestran el redespertar de la conciencia nacional:
-   La Protesta de Trece.

  1. El movimiento de Veteranos y Patriotas.
  2. La fundación de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU).
  3. El Congreso Nacional de Estudiantes.
  4. La Liga Antimperialista.
  5. El Grupo Minorista.
  6. La Universidad Popular José Martí.
  7. La Confederación Nacional de Obreros de Cuba (CNOC).
  8. El Partido Comunista de Cuba (PCC).   

A estos factores internos se suman varios de carácter externo:

  1. El triunfo de la Revolución Socialista de Octubre.
  2. La Revolución Mexicana.
  3. La Reforma Universitaria en Argentina.

 La corriente ideológica reaccionaria y proimperialista, reflejo de los intereses de la burguesía azucarera, de los grandes terratenientes especialmente dedicados al cultivo de la caña de azúcar y de la burguesía comercial importadora, en aquel momento mayoritariamente española, comenzó a desarrollarse en los primeros años del siglo XIX y tomó de los anexionistas del siglo anterior, el criterio de que era imprescindible el sometimiento económico y político a EEUU para poder sobrevivir.
Las organizaciones políticas, que con mayor fidelidad representaban a estas clases y que fueron fieles vehículos de su ideología, eran durante los primeros treinta años del siglo pasado, el Partido Liberal y el Partido Conservador. Posteriormente en la década de los años treinta, el ABC y el Partido Unión Nacionalista.
Esta corriente se caracterizó por la defensa de la dominación imperialista en Cuba, en detrimento de la soberanía nacional. Se sustentaba este anexionismo en dos tesis: la de fatalismo geográfico (la posición geográfica de nuestra isla como la causa de su encadenamiento a EEUU) y la de las economías complementarias (necesidad de que Cuba produjera lo que le convenía a EEUU, principalmente azúcar e importar de dicho país lo que requería para el consumo).
Otros rasgos generales fueron: La identificación de los intereses de clases de la oligarquía dominante con los intereses nacionales, la oposición a la teoría marxista leninista, a las revoluciones comunistas y el apoyo a la discriminación del negro, de la mujer y de los trabajadores cubanos.
En 1925 asumió la dirección del gobierno Gerardo Machado, genuino representante de los intereses de la oligarquía dominante y fiel lacayo del imperialismo.
La unidad casi monolítica de la oligarquía en torno a Machado, conque este comenzó su gobierno, fue después resquebrajándose, debido a que las medidas adoptadas por el jefe del gobierno para contrarrestar los efectos de la crisis económica de 1929, perjudicaba los intereses de los magnates nacionales.
En 1933 la oligarquía había abandonado a Machado y aplaudía la injerencia norteamericana en Cuba, pues quería la sustitución del presidente por otro, que respaldara mejor sus negocios y evitaba así que el pueblo, que luchaba contra Machado, llegara a asumir el poder.
En el período comprendido entre septiembre de 1933 y enero de 1934, la oligarquía dominante fue desplazada del gobierno por las fuerzas representativas de la burguesía nacional. Como clase dominante no fue sustituida, pues continuaron siendo el instrumento nativo del control económico imperialista.
Ya en 1934 recobraron el dominio de la máquina del gobierno, mediante el golpe de Estado en franca coincidencia con EEUU. Este hecho brindó a Fulgencio Batista la posibilidad de convertirse, en el más genuino representante de los intereses de la oligarquía nativa y del imperialismo norteamericano en Cuba.
En esos primeros años de nuestra historia republicana, también se desarrolló la corriente ideológica del nacionalismo. El ideario político de los luchadores por la independencia de Cuba, en la década final del siglo XIX, estuvo basado en las ideas liberales del democratismo burgués y se sintetizó magistralmente en los artículos, cartas y discursos de José Martí. Su contenido esencial era nacionalista, marcadamente opuesto al dominio de EEUU, cuya voracidad creciente, vislumbró Martí ya en 1985.
Las ideas nacionalistas no se extinguieron con la instauración de la República en 1902, continuaron latentes en el seno de la población cubana y en la década de los años veinte fueron un factor importante, en la revitalización de la conciencia nacional.
Esta corriente ideológica era la expresión de los intereses de la burguesía nacional, no aliada con el imperialismo y de las diversas capas integrantes de la pequeña burguesía. Los intereses de estas clases y capas de nuestra sociedad giraban alrededor del desarrollo de las industrias, de los cultivos o de las empresas comerciales privadas. En este sentido coincidían con los intereses de la nación, ya que significaban el surgimiento y desarrollo de una industria nacional que daría empleo a obreros cubanos y cuyas ganancias serían reinvertidas en el país, de ahí que sintieran la necesidad de romper con el dominio del imperialismo y de la oligarquía dominante, que les oprimía e impedía el desarrollo. La comunidad de intereses que este mismo afán creaba, constituyó el fundamento económico y social, de la defensa del ideario nacionalista.
La pequeña burguesía era frenada en su desarrollo por la burguesía agraria e industrial, no aliada con el imperialismo y por oligarquía dominante.
 La divergencia de intereses entre ellos se reflejó en su ideología y sustentó en lo esencial las dos vertientes de la corriente nacionalista: La nacional reformista y la nacional revolucionaria. Estas vertientes coincidían en la defensa de la soberanía nacional, frente a la intromisión extranjera en lo económico y lo político, en apoyo a la adopción de medidas económicas de carácter nacionalista que limitaran el latifundio y desarrollaran la industria nacional. El Nacional Reformismo fue la concepción ideológica, que reflejó los intereses de la burguesía no vinculada a la oligarquía dominante y de los sectores de derecha de la pequeña burguesía.
Los rasgos característicos de la vertiente reformista del nacionalismo fueron:

  1. La defensa de la soberanía nacional opuesta a la injerencia norteamericana en los asuntos de Cuba, pero sin llegar a una postura antimperialista consecuente.
  2. El apoyo alas medidas económicas de carácter nacionalista que limitaran el latifundio en manos extranjeras y cubanas, establecieran créditos y recursos para los agricultores y modificaran el sistema de impuestos sobre bases científicas, todo con vista a desarrollar la industria nacional.
  3. La defensa del Estado burgués, con las instituciones representativas establecidas, al que concebían como instrumento para conciliar los intereses contrapuestos y hasta antagónicos de las diferentes clases de la sociedad.

En el período de 1930 a 1934, la organización que mejor expresó el Nacional Reformismo fue el Directorio Estudiantil Universitario (DEU), constituido en 1930, organización de combate contra Machado, integrada por estudiantes y profesores de la Universidad y de centros de la Enseñanza Media. Posteriormente se organiza el Partido Revolucionario Cubano (Auténtico) que se convirtió en el medio de expresión de las ideas reformistas y en la agrupación encargada de desarrollarlas.
En agosto de 1933 por la acción directa y vigorosa de las masas, que culminó en una huelga general, Machado fue obligado a abandonar el poder y huir del país.
La oligarquía proimperialista continuó en poder pero encabezado por menocalistas, marianistas y medietistas (viejos opositores a Machado) Este período se cierra con el golpe de Estado de las clases y soldados del Ejército, el 4 de septiembre de 1933, estimulados por los hombres del DEU, organizados por la Agrupación Revolucionaria de Cuba.
Ocupó el gobierno entonces las fuerzas exponentes de la corriente nacionalista, en su vertiente reformista, agrupados en el DEU, el ABC radical y el grupo Pro Ley y Justicia.
En el Gobierno de Cien Días se manifestaron las contracciones entre los nacional reformistas y los nacional revolucionarios.
Al concluir este gobierno, las fuerzas nacional reformistas pasaron a la oposición al régimen e iniciaron la política, que las caracterizaría en años posteriores, repudio demagógico al militarismo como causa de los males del país. Esta táctica les era doblemente beneficiosa, les ganaba el apoyo del imperialismo (al que verdaderamente no combatían) y del pueblo que rechazaba tajantemente el militarismo.
Las fuerzas de la vertiente nacional reformista se incrementaron notablemente.
 El 8 de febrero de 1934 se fundó el Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), bajo la dirección de Ramón Grau San Martín, quien había capitalizado el prestigio que daban a la actuación gobernante, las medidas progresistas adoptadas por el Gobierno de Los Cien Días, implantadas por la presión de Antonio Guiteras, así como su oposición a la injerencia de EEUU. En noviembre de 1933, en un acto de civismo, de los que no pueden contarse muchos en la República neocolonial, Grau San Martín, durante su corto período de gobierno, envió al Presidente de los EEUU, una carta en la cual le pedía que retirara de Cuba al Embajador Sumner Weelles y explicaba las causas de esa petición.
Enterado el Embajador del contenido de dicha carta, pidió una entrevista a Grau, la cual se celebró el 22 de noviembre en la casa del doctor José Antolín del Cueto. En la entrevista, Welles olvidó la discreción a que obligaba su cargo y se refirió a aquella carta estrictamente confidencial. Grau con su habitual sangre fría, le preguntó cómo él conocía un asunto que se había tramitado de cancillería a cancillería. Welles respondió al presidente que él olvidaba su amistad personal con Roosevelt, a lo que Grau respondió: pues bien, puesto que usted la conoce, voy a ordenar su inmediata publicación.
El Embajador, al darse cuenta de su indiscreción, pidió al Presidente que no hiciera tal cosa y le aseguró, antes de terminar la entrevista, que próximamente él abandonaría su cargo de Embajador.
Welles no perdonó nunca a Grau, que hubiera hecho fracasar su combinación “estrictamente constitucional”, para derribar a Machado y después no haber podido someterlo a su voluntad. A los informes intencionados de Welles y la Cancillería de Washington, se debió que el gobierno de Grau no fuera reconocido por EEUU.
La fundación del PRC(a) se realizó en la redacción del periódico” Alma Mater” bajo la presidencia de Félix Lancís, donde se acordó por unanimidad, inspirada en las doctrinas martianas, adoptar el nombre de Partido Revolucionario Cubano, agregándole siempre entre paréntesis la palabra Auténtico, para así darse a conocer como el organismo continuador de la doctrina y las proyecciones auténticas del Gobierno Revolucionario de 1933, a quien el pueblo señaló como los “Revolucionarios Auténticos”, por haber combatido la mediación, repudiado la “Enmienda Platt y dado al país el manojo de leyes que trasformaron a Cuba, social y económicamente, abriendo anchos caminos de liberación y progreso. El Bloque Septembrista, (miembros del DEU y funcionarios del gobierno de Grau) y la Coalición Revolucionaria (catorce agrupaciones antimachadista) quedaron fusionadas en un solo partido.
Su reglamento fue enviado al gobierno provincial el 20 de febrero del mismo año 1934. El Programa Constitucional, fue discutido durante tres meses.4
Se consideraban miembros fundadores del partido los cuarenta y nueve que firmaron su programa..
En el artículo tercero de los Estatutos se exponen sus propósitos:
El partido Revolucionario Cubano (auténtico), tiene por objeto la realización de su programa doctrinal basado en la más completa defensa de la soberanía nacional, en la más amplia liberación económica del cubano y en la efectiva implantación de la justicia social, partiendo de la base de que la clase trabajadora constituye un factor indestructible en la concurrencia de la producción y de que su mejoramiento y ascenso es el mejoramiento y ascenso del pueblo cubano.
En el artículo sexto da a conocer su lema: “Cuba para los cubanos”.
Este fue redactado en plena efervescencia de la lucha contra Machado y contra la injerencia norteamericana durante la mediación y el gobierno de Los Cien Días. No puede decirse que fue un programa de izquierda, pero sí fue un programa avanzado y en su redacción colaboraron los hombres mejor inspirados del Partido. Se reconoció en él: “...que la labor capital de la generación presente y de las inmediatas futuras, ha de ser la liberación económica del país”. Porque “Nuestro título de poseedores de Cuba es hoy, más que precario, nominal.”
Reconoció que la labor de reconquistar la riqueza de Cuba para los cubanos, “solo puede realizarla un poder político independiente de toda injerencia extraña. Ese poder a de acometer la obra de la reconquista al amparo de una Constitución que consagre el derecho supremo de la colectividad por encima del interés privado”.
Este programa atrajo las simpatías de muchos cubanos vinculados a otros partidos de ideologías no muy definidas. Esto unido a que el Partido Revolucionario Cubano captó para sí el prestigio que las leyes de los “cien días” dieron a aquel gobierno, pronto hicieron del Auténtico un Partido fuerte.
El PRC(A), como organización política, surgió como un partido de la pequeña burguesía antimachadista, antimperialista (nacional reformista en realidad) y socializante. Hasta 1939 sus consignas fueron: Nacionalismo, Antiimperialismo y Socialismo. En su programa se evidenció lo previsto por Lenin desde 1911, acerca de que en las condiciones del desarrollo del Capitalismo y con el objetivo de debilitar y dividir al movimiento obrero, la burguesía en lugar de desarrollar la lucha abierta contra las tesis socialistas y en contraposición a las ideas de la Revolución Social, acude a la defensa de las reformas sociales.
Ello explica que no obstante esas consignas, esta organización fuera marcadamente anticomunista y que paulatinamente sus miembros abandonaran los lemas y las actividades antiimperialistas para ganarse el respaldo del gobierno norteamericano y obviar las dificultades que pudieran enfrentarse cuando asumieran el poder.
Las ideas nacional reformistas penetraron durante los años finales de la década del treinta, en otras capas de la población cubana, además de las que integraban su base social, sobre todo entre los trabajadores, menos desarrollados políticamente, pero interesados en mejorar la situación económica, política y social de la patria. Las ideas del nacional reformismo se mantuvieron latentes en muchos revolucionarios sinceros, quienes por medio de la prensa, en las aulas universitarias, como miembros de izquierda  organizaciones políticas y sociales, las defendieron por considerarlas la solución a los problemas de Cuba.
En el período de 1938 a 1945 las manifestaciones de corriente ideológica nacionalista en su vertiente nacional reformista, reflejó en el marco de la lucha por la unidad nacional,  el crecimiento del sentimiento nacionalista.
Por medio de la Asociación Nacional de Industriales, el sector industrial de la burguesía nacional revelaba su sentido nacional reformista, propiciador del desarrollo de la industria nacional, de la diversificación de la producción y de ciertas libertades de corte democrático. En este sentimiento de protección de la industria nacional se escudaba la burguesía con una posición tímida y vacilante que nunca se materializó en actitudes políticas concretas, ni siquiera para defender sus intereses.
El PRC(A) fue la principal organización que expresa esta vertiente ideológica. Hasta 1944 divulgaba demagógicamente, sus consignas de Nacionalismo, Antiimperialismo y Socialismo, para mantener a las masas engañadas y arrastrar tras de sí a la juventud. Además desde su surgimiento manifestaba su oposición al proletariado y a su Partido Comunista. Esto explica que 1939 el PRC(A) saboteara las proposiciones del Partido Comunista, para la formación del Frente Unido Antimperialista durante la campaña de la elección de delegados a la Asamblea Constituyente, actitud que propició la propaganda reaccionaria fascista-falangista en contra de La URSS y los comunistas y frenó el ascenso de la conciencia nacionalista del pueblo. El profundo espíritu anticomunista de las huestes de Grau, que lideraba un importante sector del pueblo en la oposición al régimen impidió aglutinar las fuerzas populares y constituyó a caotizar la situación política.
Alrededor de 1944 concluyó todo un proceso de abandono de las posiciones nacional reformista por los dirigentes auténticos oportunistas, cuyos intereses coincidían con los de la burguesía y los latifundistas subordinados a los monopolios norteamericanos. Por ello el PRC(A) devino el principal partido político y exponente de su ideología.
Después de la II Guerra Mundial cuando los imperialistas, recrudecieron su política e inauguraron el bochornoso período de “guerra fría”, en Cuba, se respiraba un nuevo auge del sentimiento antimperialista y se reafirmaba la lucha por la liberación nacional y el progreso social.
Esta política imperialista se manifestó con particular fuerza en lo económico, en lo político, en lo social y en plano ideológico, como continuidad del proceso para la eliminación del sentimiento nacional, mediante la imposición cada vez más abierta de la doctrina totalizadora del cosmopolitismo y con la más violenta oposición al Marxismo-Leninismo y a los comunistas.
Los representantes de la ideología de subordinación y el sometimiento a los monopolios yanquis utilizaron como arma fundamental en forma sistemática el anticomunismo y el antisovietismo.
Las tesis del determinismo económico y el fatalismo geográfico se convirtieron en doctrina política de la burguesía proimperialista.
Esta ofensiva ideológica reaccionaria se incrementó a partir de 1946 y llegó a su máxima expresión en la década de los años cincuenta cuando la burguesía proimperialista logró el control absoluto del poder.
Los gobiernos auténticos apoyados por el PRC(A) se sometieron a la cruzada de la “guerra fría” y por ello desplegaron la más barbara represión contra el movimiento obrero y el Partido Socialista Popular con el objetivo de frustrar las ideas nacionalistas, progresistas y socialistas y propiciar una mayor penetración económica política y social por parte del imperialismo norteamericano.

En la lucha contra el movimiento obrero, contra los comunistas y contra la conciencia de clase de los trabajadores, la Comisión Obrera del PRC(A) devino agencia de la Américan Federación of Labor. Al crearse la CTK se inició una ofensiva ideológica que utilizó una fraseología demagógica y social reformista, seudodemocrática y seudo revolucionaria, en realidad reaccionaria, destinada a mantener engañada a las masas, así como atraer a la juventud.

En 1944 la alianza auténtica republicana eleva a la presidencia de la República a Ramón Grau San Martín, quien en un evidente desacierto, arremetió al día siguiente de las elecciones contra el más representativo baluarte de las masas trabajadoras, La Confederación de Trabajadores de Cuba. Venía decidido a asestar golpes espectaculares a las fuerzas democráticas y por ello atacó a la CTC, que para él había mistificado su funcionamiento. En una entrevista de prensa en el Diario de la Marina en La Habana, el 4 de junio de 1944 expresó: “por que hoy en día está subordinada a un partido político, que es contrario precisamente a los ideales e intereses de la gran mayoría de los trabajadores cubanos”.
Grau creyó que la gran mayoría alcanzada por él en las elecciones, le permitiría obrar libremente según sus intenciones. 5
Sin embargo esta declaración provocó la airada respuesta de todas las fuerzas progresistas del país que rechazaban indignadas tal intromisión antidemocrática en la organización obrera y lograron que Grau, se reacondicionara a la situación reinante y atemperara su conducta en el futuro hasta que la correlación de fuerzas le favoreciera.
El hecho de que el gobierno no contara con la mayoría en el Congreso y que el movimiento sindical, respondiera en lo esencial a la política del partido de la clase obrera, tampoco permitió la libertad de acción de los auténticos. Por ello desde 1944 el gobierno de Grau se vio forzado a dialogar con el Partido Socialista Popular.
En tal sentido comentaba el jefe del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), Eduardo R. Chibás en 1948 al expirar Grau su Mandato: “El Gobierno de Grau es más culpable por lo bueno que ha dejado de hacer, que por lo malo que ha hecho”.
Un fortalecimiento de esa línea fue el nombramiento de Carlos Prío Socarrás, como Ministro del Trabajo en mayo de 1947. Prío era abogado con gran capacidad leguleya, demostrado en la gran cantidad de negocios sucios, que prosperaban en sus manos y poseía una gran experiencia política que era por los casi siete años que llevaba como Senador, además del tiempo que llevaba como Primer Ministro de Grau. Prío para comenzar mandó a desalojar la CTC unitaria del Palacio de los Trabajadores, local que legítimamente había ocupado esta y que aun no se había terminado de construir.
Para continuar con su política represiva, el gobierno clausuró en mayo de 1946 la emisora Mil Diez y un tiempo después, suspendió por un año la salida del periódico Hoy. En octubre Prío, ilegaliza la CTC unitaria.
En el orden económico es unánime el criterio de los analistas de la época, de que el período de gobierno de Grau fue el más favorable de cuantos había tenido la República neocolonial por haber afianzado el desarrollo del país hacia rumbos firmes y hacia la creación de riquezas realmente nacionales. Las causas de esta balanza la podemos encontrar en:

  1. Crecimiento de la demanda que había sido aplazada por la falta de oferta durante la guerra.
  2. Elevado ahorro de divisas.
  3. El proceso inversionista llevado a cabo por los capitalistas nacionales desde el principio de la guerra ante el debilitamiento de la competencia monopólica de EEUU.
  4. Las zafras récords de 1947 y 1948 (5 677 000 y 5 876 000 toneladas) vendidas a un alto precio en el mercado mundial (más de 600 millones de pesos cada una).
  5.  Las cifras récords en las recaudaciones estatales en ese período, debido a la expansión de la producción industrial.
  6.  Notable incremento de las importaciones desde que finaliza la guerra (más de 500 millones en 1947) indicativa de gran circulación comercial y grandes ingresos aduaneros.

 
Al sobrevenir la II guerra Mundial, el mercado el mercado azucarero había experimentado inmediatas variaciones.
Muchas regiones de Europa y Asia, productoras de azúcar de remolacha y de caña quedaron seriamente afectadas, se generó un pronunciado desnivel de la demanda en relación con la oferta, lo cual se rigió por la tendencia alcista de los precios. Pero los beneficios que Cuba sacó de esta coyuntura fueron mediatizados por el monopolio que ejerció el gobierno norteamericano sobre la compra y venta del azúcar, con la conocida justificación de que tal materia prima era de un reconocido valor estratégico.
Al concluir el conflicto las condiciones ventajosas se mantuvieron durante un cierto tiempo, aunque siempre con la intervención de las entidades estatales norteamericanas.
Las zafras de 1945 a 1947 fueron negociadas también con la Commodity Credit Corporation, pero particularmente en las dos últimas se pudo obtener un apreciable aumento del precio de venta (4,14 centavos por libra en 1946 y 4,96 en 1947) como consecuencia de la introducción, por la presión de los delegados cubanos, de la llamada Cláusula de Garantía que vinculaba del azúcar al costo de la vida en EEUU.
De esta forma Cuba podía obtener una importante participación en las altas tasas de ganancias, que proporcionaba el renglón azucarero en los años de posguerra.
Desde 1945 a 1948, los valores producidos por el azúcar y los subproductos, expresados en las exportaciones, alcanzaron cifras relevantes aunque ninguna superior a la de 1920.
Era evidente por tanto que la situación coyuntural creada por la II Guerra Mundial, independientemente del estado de sugestión que poseía la estructura productiva cubana en relación con la economía norteamericana, propiciaba un determinado respiro financiero a la isla, que atemperaba las consecuencia de la crisis estructural presente ya desde finales de la década del veinte, pero estos influjos favorables comenzaron a verse menguados, cuando se estableció el sistema de cuotas el 1ro de enero de 1948, en virtud de una ley, de agosto de 1947.
Cuba que había estado suministrando como promedio un 46% de las necesidades de azúcar del mercado norteamericano, a partir de la aplicación en 1948 del sistema de cuotas, veía reducida su participación en 27, 13%.
En el desarrollo de las relaciones comerciales de Cuba en estos años, tenía también indiscutible incidencia, la readecuación de sus nexos con EEUU en el marco del sistema multilateral, que se materializa en 1947 mediante el AGAC.
El gobierno cubano firmó ese acuerdo en Ginebra el 31 de octubre de 1947, el cual si bien dejaba sin efecto el Tratado de Reciprocidad Comercial de 1934 suscrito con EEUU, mantuvo mediante un convenio exclusivo suplementario Cuba – EEUU, en virtud del cual, Cuba otorgó rebajas de adeudos a derechos arancelarios y el beneficio de no aumentar estos a 576 partidas de su arancel, lo que significaba la consolidación de 81,6 % de las importaciones provenientes de EEUU.
El gobierno norteamericano por otra parte rebajó las tarifas del azúcar de 0,75 a 0,50 centavos por libra.
La presión de las importaciones que entre 1944 y 1952 representaban el 76,7 % del total de egresos de la balanza de pagos, contribuye al drenaje de los recursos que el país obtiene de su reanimada actividad exportadora. Los demás factores de ese proceso los representan los enormes gastos de Cuba en materia de fletes, seguros y otros servicios, incluyendo el turismo, pues aunque Cuba ingresó 43 millones de pesos en su balanza de pagos por la visita de 193 588 turistas en 1950, en ese año y en todo esta etapa, los gastos de los turistas cubanos en el extranjero resultaron superiores.
No obstante este costoso drenaje financiero, en 1948 las reservas en divisas del país ascendían a 912 millones de dólares y eran las más altas de América Latina. Todavía en 1951 las reservas computaban la respetable cifra de 591 millones a pesar del sesgo desfavorable del balance comercial con EEUU que entre 1948 y 1952 había representado la pérdida para la isla de 433,4 millones de dólares.
“El presidente de la cubanidad “como se hizo llamar Grau, triunfa en las elecciones del 1ro de junio de 1944, tras la “jornada gloriosa “como fuera calificada, al frente del PRC(A), que al contrario de lo que muchos de sus votantes pensaban era ya una agrupación inmersa en los más oscuros arreglos de la política tradicional. Quedaban las poses, los gestos, las consignas, también quedaban muchos miembros fieles al ideario nacionalista y por supuesto se contaba con cientos de simpatizantes, cuyas ansias insatisfechas de justicia y mejor vida habían sido captadas por la mística populista a lo largo de diez años, a la cual le había servido de base el Programa Constitucional del PRC(A).
En realidad en el seno del PRC(A) podían verse ya los resultados de un proceso cambiante en la composición clasista de su dirección y en aquellos elementos más cercanos a la cúpula del partido.
Grau había anunciado que renovaría totalmente la dirección oligárquica de esta entidad. Pero ocurrió que José Manuel Casanova y Arturo Mañas continuaron en sus cargos. Andrés Gómez Mena propietario de centrales, se incorpora a la directiva, mientras que R. B. Wood, presidente de la Cuban American Sugar, era nombrado para integrar la delegación que negociaría la zafra de 1945 con EEUU.
El nombramiento de otro norteamericano, el señor W. W. Schuyler, administrador general de la United Fruit Company, causó mayor sorpresa porque este jamás había simpatizado con el partido. Para entonces entre el “zar del azúcar” y el Presidente auténtico, existía al parecer una comunicación muy afectiva.
Los vínculos del gobierno con la izquierda, en contraste fueron frágiles. El Partido Socialista Popular por ejemplo que había formado parte de la coalición Socialista – Democrática en las elecciones de 1944, en el desarrollo posterior de los acontecimientos demostraría que Grau y su equipo político no valoraban la colaboración brindada por los comunistas y que en todo caso la utilizaron durante los primeros años para fortalecer su posición en el cuerpo legislativo y neutralizar a la oposición.
El debate político en torno a las deformidades de la economía cubana adquiría un carácter eminentemente nacional a partir de los épicos episodios de 1933. El asunto se convirtió en tema obligado de cualquier coloquio público, aunque los matices y los grados de profundidad de los remedios que se proponían variaban de acuerdo con el abanico ideológico. Como consecuencia se levanta un fuerte nacionalismo, de evidente corte populista, que se orientaba hacia la reconquista de las riquezas de Cuba. “Cuba para los cubanos”, parece ser la expresión más sintética y con sentido más amplio y exacto de lo que se anhelaba, la cual puede encontrarse en numerosos documentos de la época.
Una de las corrientes que más prosperó, extendiéndose a amplias capaz de la población fue el nacional refomismo, cuyas formulaciones económicas canalizaban en buena medida las aspiraciones de gran parte de los sectores medios y de un nutrido numero de campesinos y  obreros.
El PRC(A) había introducido en su programa constitucional de 1934, típicamente nacional reformista, postulados económicos básicos, que se hacían eco de reclamos tan arraigados como la diversificación, la industrialización, la contención de la penetración extranjera y la fuga de las riquezas nacionales, la distribución científica y honrada del dinero público y algo de mucho peso en las argumentaciones posteriores de este grupo político, el papel del Estado como regulador de toda la riqueza económica.
En octubre de 1944 cuando el líder auténtico ocupa la presidencia de la República, muchas de las originales poses altisonantes a favor del nacionalismo consecuente se habían quebrado ya. Sin embargo la doctrina de intervencionismo estatal, mantenía una importante presencia. Sus principios habían sido divulgados con anterioridad en las propias intervenciones públicas de Grau y guardaban muy estrecha relación con el doctrinario populista latinoamericano de la época y no poca con el pensamiento económico criollisado por Julián Alienes Urosa, de John Maynard Keynes, el cual exaltaba el papel interventor del Estado en la dirección del proceso económico, en la utilización de los gastos públicos, para incrementar el ingreso nacional y auspiciar el desarrollo capitalista.
En este sentido en su primer mensaje al Congreso, el Presidente auténtico, especificaba que la intervención estatal en general iba dirigido a:
“...ordenar, encauzar y dirigir los efectos propios de las leyes naturales económicas...”
“Y a este respecto, la acción del Gobierno y del Congreso a de servir para la realización de un propósito rector de armonía y cordialidad entre, los elementos productores de riquezas (...) tanto el trabajador como el empresario...”
Se expresan así dos aspectos básicos de la prédica nacional reformista y en este caso de la llamada por Grau: La Revolución Constructiva, referido a las funciones del Estado y su papel en desarrollo económico y social de la isla de Cuba.
La acción económica estatal se hizo presente en estos años en una serie de intervenciones de empresas privadas, tanto industrias urbanas como agrícolas, con la intención del Gobierno de aumentar el salario a los trabajadores. Muchos propietarios asumían posiciones obstaculizadoras a los incrementos de los jornales y el Estado, entonces interponía sus facultades y se hacia cargo, provisionalmente de la dirección de las empresas para lo cual nombraban un administrador.
Por medio de decretos presidenciales y resoluciones del Ministro del Trabajo,  por las vías de La Comisión Nacional de Salario Mínimo y  La Comisión Nacional de Cooperativización Social, se intervinieron en 1945 varias propiedades, por ejemplo: un ingenio, una fábrica de caramelos, una fábrica de pastas de harina, tres minas de nafta, una refinería y un matadero.
Lamentablemente, tales disposiciones que pudieron haber sido beneficiosas para la nación, se convirtieron en fuentes de lucro, cuando muchos interventores estatales se situaron dietas elevadas a cobrar de los propios fondos de las empresas en dificultades. Otro componente principal de llamada Revolución Constructiva, era la reordenación de la Hacienda Pública sobre la base de una mayor eficiencia y una pulcra honestidad, para lo cual era imprescindible acabar de aprobar una ley orgánica de presupuestos. Pero en realidad el gobierno de Grau sumió en total desorden a la Hacienda Pública.
Como causa, en primer lugar debiera señalarse la facultad caprichosa y anárquica con que el propio Presidente de la República manejó el dinero de la nación, administrando por decretos la inversión de cientos de millones de pesos.
En el cuatrienio de 1944 a 1948 se utilizaron créditos ascendentes a más de 247 millones de pesos, que significaban alrededor de un 25 % de los ingresos del tesoro público.
Una segunda causa estuvo en el famoso Inciso K de la ley # 7 de 1943 (Ley de Ampliación Tributaria) por el señor José Manuel Alemán, Ministro de Educación y uno de los amigos de Grau.
Este inciso, concebido en un inicio para proporcionar 180 000 pesos anuales, llegó a alcanzar durante la administración grausista, un presupuesto anual de 17 500 000 pesos con el pretexto de abrir nuevas escuelas, pagar el desayuno escolar y otros gastos especiales.
De este abultado presupuesto emergía una camarilla enriquecida a la sombra de los fondos de la Educación. Y no fue solo aquí, también se robó en las recaudaciones de renta de la lotería, de los llamados fondos especiales, de las cajas de retiro obreros y hasta del dinero para pagar la deuda externa.
Al final del mandato del primer gobierno auténtico, el saldo era muy desfavorable. El país continuaba sin presupuestos debidamente aprobados, por un lado y por otro se desvanecía la pregonada honestidad auténtica, al presentar la Tesorería Pública un déficit de alrededor de 68 millones de pesos.
Lejos de actuar como un vehículo de fomento, el presupuesto del Estado, continuó siendo una fuente de acumulación de capitales para una burguesía burocrática, compuesta ahora por los prohombres del auténticismo, que no asociaban la realización de sus aspiraciones de enriquecimiento, a la diversificación y crecimiento de la economía nacional.
No obstante esta dramática realidad, fue más o menos encubierta, momentáneamente por la coyuntura económica favorable de mediados de los 40. Y esta circunstancia fue la que permitió cierto vigor a la gestión del grausato y creó el espejismo de un determinado desarrollo.
El desenvolvimiento de un vasto plan de obras públicas, constituyó otro de los pilares del proyecto económico social del gobierno auténtico. Grau estimaba que el país necesitaba una adecuada red de carreteras auxiliares, caminos vecinales y otras vías necesarias para el desarrollo de la producción y el turismo. Igualmente en este amplio programa se incluía la construcción de escuelas rurales con viviendas anexas para los maestros como parte del proyecto de la Escuela Montuna, que aspiraba a resolver uno de los serios problemas de la sociedad cubana: el analfabetismo.
La industrialización también ocupaba un importante espacio en la proyectada Revolución Constructiva. En estos años el ejecutivo cubano promulgaba varios decretos que pretendían estimular el desarrollo de la industria nacional.
Experimentan una expansión significativa rubros industriales como la cerveza, la fabricación de alcohol, los textiles y la industria del calzado. Otras industrias que también alcanzan producciones apreciables en estos años son: La del caucho, productos farmacéuticos, juguetes para el consumo doméstico y para la exportación, talla de diamantes, caramelos, conservas y frutas.
Sin embargo, es oportuno señalar que los efectos de la legislación grausista y de las iniciativas de entidades oficiales no fueron los factores determinantes en la expansión industrial de los años inmediatos al fin de la guerra. Estos tuvieron que ver con una coyuntura internacional favorable, que se tradujo en el plano interno, en una demanda del mercado nacional, combinado con la atenuación de la presión ejercida por la competencia de las mercaderías norteamericanas, que ahora afluían masivamente a otras áreas (Europa, Mediano y Lejano Oriente) devastada por el conflicto bélico recién concluido.
Pero una vez restauradas estas economías, el embate de la industria estadounidense, comenzó de nuevo a hacerse sentir y con fuerza, lo que provocó el cierre de fábricas y talleres.
En el ámbito agrario, Grau fue prolijo en la oferta de expectativas de desarrollo: “nosotros tratamos de crear una gran economía agraria (afirmaba Grau) a base de pequeñas propiedades, como en otros países agrícolas del mundo, para ello organizaremos y desarrollaremos el régimen de la cooperación agrícola, no entregando tampoco la tierra a cualquiera, sino a aquellos que vayan a cultivarla”.
El saldo agrario de cuatro años de administración perreceista era exiguo, al exhibirse como resultado de esta política agraria: La inauguración de 6 frigoríficos, 2 cooperativas pesqueras, 2 mercados libres en la capital, la celebración de exposiciones y ferias ganaderas y el inicio del Censo Agrícola Nacional en 1946, quizás el aporte más significativo.
La política relativa a los abastecimientos del país, estuvo impregnada de una gran dosis de efectismo populista, que el caudillo del PRC(A) utilizó para granjeares la simpatía de las grandes masas afectadas por la escasez de alimentos y alto costo de la vida.
En este sentido, desde mucho antes de tomar el poder, se proyectó una intensa propaganda en torno al alza de los salarios para los trabajadores, como compensación al crecimiento constante del costo de la vida en la isla.  Pero las formulas que se manejaban no proporcionaron las soluciones apetecidas, porque en principio se partía del supuesto de no lesionar ningún interés, en particular los de comerciantes importadores. Por tanto en este medio solo podía prosperar una verdadera anfibología política, que no conducía a nada concreto.                
 En una serie de discursos, recogidos en su obra La Revolución Constructiva, Grau utiliza una gran carga de demagogia, de su nacionalismo reformista:
“Apenas el gobierno de la Revolución iniciaba su obra, nos sorprendió el ciclón. Lo de menos fue que destruyera tanto impulso de trabajo, lo de más fue la destrucción de tanta vida material, de tanto trabajo acumulado y sobre todo la siembra de luto en los hogares de nuestra patria”. Contra lo que podía esperarse, el ciclón sirvió para poner aprueba el espíritu de lucha de nuestro pueblo. Y como este Gobierno es el Gobierno del pueblo, es el propio pueblo el que más eficazmente cooperó”. Tengan la seguridad del cumplimiento de una promesa: El Ministro de Obras Públicas, va a emprender la gran tarea que le hemos encomendado, desde el momento de trazar la ejecución desde el poder, de los planes que le prometimos al pueblo desde la oposición”. 6
También trata de demostrar que el pandillerismo es ajeno a la Revolución Constructiva:
“No se me oculta, que hay individuos que miden su adhesión a este gobierno y hasta a la Revolución, a través de sus vehemencias de lucros y de sus intereses particulares. Pero cada uno de ellos, invoquen lo que invoquen, no constituyen otra cosa que especímenes de aquellos plateados de la Independencia, a los que Máximo Gómez mandaba a fusilar. Los que amedrentan a punta de pistola a los comerciantes, son contrarrevolucionarios que obstruyen la marcha de la Revolución”. 7
Realiza maniobras representativas de su clase:
“Desgraciadamente no puedo dar una nota optimista. Vamos a vivir, el período más agudo de la guerra y después el de posguerra. El costo de la vida no ha de bajar por muchos y heroicos esfuerzos que hagamos, tendera a subir. Lo más que podemos hacer es luchar contra la inflación”.8
Habla de democracia, de cubanidad, de justicia social y libertad, como propias de su gobierno:
“Así es como el pueblo de Cuba ha probado que sabe lo que es y debe ser la Democracia. Esta es la línea de la cubanidad. Y esta es la doctrina autentica. Orgullosamente podemos proclamar que no necesita nuestro pueblo de nadie que venga a enseñarle como se practica la justicia social. De libertad y justicia social, no impuesta a través de una dictadura, sino lograda por la determinación del pueblo, podemos los cubanos ofrecer bellos paradigmas. Desde el año 1933, el Gobierno provisional de la Revolución Cubana demostró, como podía producirse una justicia social de este tipo, fundada y apoyada en la voluntad popular”. 9
Como falso seguidor de las doctrinas martianas planteaba:
“Para poner a examen nuestra conciencia y decidir si estamos entendiendo la República como la entendió Martí. Estamos haciendo en el poder el programa del PRC, seguidor de aquel que trazara el maestro por su propia mano en 1892 y en cuyo epígrafe se hablaba de libertad e independencia. Apellidamos auténtico al actual PRC no porque lo constituya un grupo de hombres que pretenda acaparar la ideología martiana. Nos llamamos auténticos, porque auténtico era el partido que llamaba a todos los cubanos para la magna obra de la libertad y para la constitución de la República. Revolución es levantar a niveles superiores de vida a los que lo necesitan. Revolución significa la rebeldía frente a las doctrinas totalitarias promotoras del predominio de una raza sobre otras o de unas clases sociales superiores a otras. Lo primero es el nazismo o dominio de los arios para constituir una supercategoría humana, lo segundo es el agobio de una clase económicamente pobre por otra explotadora y rica. Marx negaba la existencia de clases en el mundo, como nosotros tenemos que negar también, la existencia de razas inferiores y de clases con derechos a oprimir a las demás. Ni predominios raciales, ni de cases: He aquí la Revolución que está haciendo el gobierno, sirviendo a la Revolución como lo soñó Martí”. 10
Se refiere también al Titán de Bronce:
“Maceo fue aquel que dijera que no había ni blancos ni negros, sino cubanos que luchaban por la independencia. Y añadía, el blanco que no sea capaz de pelear y el negro que no sea capaz de pelear por Cuba, podrán ser blancos o negros, pero no serán cubanos. Hoy podríamos decir lo mismo, porque en el empeño de llevar adelante la República, no puede haber más colores que la de nuestra bandera única”. 11
Habla además de la nación y de la nacionalidad cubana:
“Conozco bien a nuestro pueblo, tanto que muchas veces las palabras que pronuncio las ha pensado el pueblo antes. Vine al Gobierno acompañado del pueblo de Cuba y sé que este pueblo nunca olvidará a su viejo Presidente cubano. Al autenticismo se le llama también doctrina cubana. Interpreta la cubanidad en todas sus manifestaciones”. 12
“La nación consiste en la unión de individuos que tratan de producir y crear, principios que nos llevan a considerar a nuestros compatriotas como hermanos. Nuestro nacionalismo, lo que hemos dado en llamar cubanidad, no es un círculo de hierro. Cuba es una nación porque ha sabido crear su nacionalidad, ganarla a punta de heroísmo y sacrificio. Por eso nuestro concepto de la nacionalidad esta siempre presente la sagrada memoria de los que la hicieron posible. Muchas definiciones se han dado de nación y en todos ellos estamos los cubanos comprendidos, pero escogeremos aquella que decía que la nación era la tierra y los muertos”. 13
Todo se convirtió en palabras que se llevó el viento, que no cumplió en su período presidencial (1944 a 1948). La denuncia de los propios miembros del PRC(A) da muestra, de lo defraudado que estaban los cubanos en estos cuatro años de gobierno. El pueblo cubano, vuelve a vivir otros cuatro años del PRC(A).
“El Presidente de la Cordialidad”, Carlos Prío Socarrás, nominado como  candidato del PRC(a) a la presidencia de la República desde el 11 de marzo de 1948, sería considerado como continuador de la obra del viejo profesor de Fisiología.
Aunque en los años de la formación del PRC(a), cuando muchas ideas políticas surgían de un fértil idealismo juvenil, Prío Socarrás se había señalado como un partidario ciento por ciento del insurreccionalismo, al darle a su personalidad una cierta distinción izquierdista, que contrastaba con las maneras no violentas del caudillo perreceista, ahora con 45 años de edad, su carácter había evolucionado convirtiéndose en un político un tanto conservador, en el que no quedaban, apenas huellas de aquellas pasadas rebeldías revolucionarias que lo habían distinguido como una de las figuras claves del Directorio Estudiantil Universitario (DEU) de 1930.
Su nominación a pesar de todo lo dicho no fue fácil. En los últimos tiempos del Gobierno de Grau, se había desatado una verdadera pugna por la postulación del Partido y el viejo caudillo lejos de poner cierto orden con su preeminencia, mantuvo una postura un tanto díscola.
Surgió entonces el notorio Bloque Alemán-Grau- Alsina (BAGA), patrocinado por el Ministro de Educación José Manuel Alemán, que utilizó el dinero del Inciso K para preparar sus aspiraciones senatoriales, la de Félix Lancis y Francisco Grau Alcina, sobrino del líder auténtico.
El triunfo en las elecciones del 1 de junio de 1948, a diferencia de cuatro años antes no tuvo una connotación sensacional, sencillamente fue una victoria fabricada de acuerdo con los cánones de la maquinaria electoral.
En breve se produjeron acusaciones entre Grau y Prío. El primero no perdía ocasión para declarar públicamente, que estaba arrepentido de haberlo hecho Presidente de la República, así como el segundo era presto en asegurar que su gobierno, no era responsable de nada. En fin mientras el asunto de los 174 millones de pesos se esgrimía desde un campo a otro, no se pudo evitar, que este proceso judicial, fuera utilizado, por la oposición y en particular por Partido del Pueblo Cubano (ortodoxos) PPC(o), como una verdadera espada de Damocles contra Grau, Prío y el propio PRC(a).
La filosofía política que sustentaba Prío, poseía similares ingredientes que la de todos sus antecesores: el uso desmedido del poder para enriquecimiento personal y otorgar favores a socios políticos.
Prío se vincula, de forma directa a determinados negocios que fueron descubiertos o hechos públicos por la prensa, como el caso de la Terminal de Ómnibus S.A. que ingresaba 12 millones de pesos.
Los hermanos del Presidente también hicieron historia. Antonio, Ministro de Hacienda se hizo famoso por un enorme atraco, cometido, por la incineración de 39 960 pesos, después que se conoció por la serie y los números de los billetes, que estos estaban en circulación.
Otra de las grandes lacras fue el manejo de la Renta de la Lotería. En la medida que transcurrió el año 1949, Grau nucleaba una facción antipriísta dentro del PRC(a), creando un clima de división dentro del Partido y aunque a mediados de este año, auspiciado por el general Genovevo Pérez Dámera se intentó la reconciliación entre la “cubanidad” y la “cordialidad” como se denominaban estas tendencias, las diferencias fueron haciéndose profundas.
A partir de la segunda mitad de 1949, se produjo un acercamiento entre los Partidos Liberal y Demócrata al PRC(a) con una maniobra sorprendente que provocó no pocos disgustos en el líder republicano y Vicepresidente de República Guillermo Alonso Pujol, pero no menos disgustos ocasionaba, también en las filas del perreceismo, las idas y venidas del mismo Vicepresidente a la finca Kuquine, residencia del general Batista, recién llegado después de una prolongada estancia en los EEUU, lo que significaba un acercamiento sospechoso entre ambos políticos.
En 1950, Prío dio un matiz renovador a su gobierno, definido por el propio Presidente como “nuevos rumbos”.
Los “nuevos rumbos” constituían un malabarismo político, de un inconfundible sello electoralista. Se trataba de reanimar las expectativas del pueblo en la validez de la gestión gubernamental, mediante dos pasos efectistas fundamentalmente:
- Una reestructuración del Gabinete y la entrada de seis nuevos Ministros, incluyendo algunas figuras con fama de capacidad técnica.
- El anuncio de una nueva política que iba dirigida al cumplimiento de las tan ansiadas leyes complementarias de la Constitución de 1940 y al desarrollo de la obra económico social anunciada por el Gobierno.
 
En el marco de esta política entra un hecho significativo, la expulsión definitiva de Grau del PRC(a), el 20 de febrero de 1950, dado el acercamiento de este a Batista y Guillermo Alonso Pujol.
Uno de los primeros pronunciamientos públicos de Carlos Prío, ya como candidato oficial del PRC(a), consistió en dar a conocer su Mensaje Programático Presidencial en abril de 1948. En este documento Prío argumentaba también sobre el papel del intervencionismo del Estado y a continuación presentaba seis grandes promesas.
- Creación de la Banca Nacional, con sus derivados lógicos: El Banco Central, la Bolsa de Valores, el Banco de Créditos Agrícola e Hipotecario y las Cajas de Créditos Rurales.
- Industrialización del país para el mejor aprovechamiento de las materias primas y la mano de obra nacional.
- Reforma Agraria con todas sus consecuencias legales y sociales.
- Protección y fomento de la industria de exportación, con la participación del Estado en la responsabilidad de ampliar sus renglones en beneficio del capital que la ha establecido, de los trabajadores y pequeños propietarios.
- Mantenimiento de altos salarios, altos precios y alto porcentaje de empleados siempre que sean costeables, sin poner en peligro la vida misma de  la industria y el comercio.
- Mantenimiento de la política de no empréstitos extranjeros.

Además de este mensaje, se proclamaba la continuación de obras públicas que había iniciado Grau y la aprobación por fin de una ley básica de presupuestos, otra de las medidas pendientes del mandato anterior.
Pero la coyuntura económica y política en que se iniciaba el Gobierno de Carlos Prío Socarrás no poseía ni remotamente, las condiciones favorables de las que disfrutó Grau. A la altura de 1948 cesaba el período de auge de la posguerra y sobrevenía un nuevo ciclo depresivo. Por ello cobraban influencia en la gestión económica oficinista las ideas industrialistas y desarrollista de un grupo de economistas como Gustavo Gutiérrez, Felipe Pasos y Julián Alienes.
El mismo recién estrenado Presidente de la República pronunció en su discurso inaugural “... Nuestro deber es lograr el más alto desenvolvimiento de nuestra naciente burguesía, sobre todo la industria...”
Pero el sector azucarero, se negaba así a arriesgar sus intereses en apoyo de un proyecto de desarrollo que, con probabilidades de éxito no muy evidente, podía provocar represalias funestas en mercado importador norteamericano.
Desde el mismo año 1948, el Gobierno había promulgado dos leyes que fueron exhibidas como grandes logros iniciales de la “cordialidad”. La primera conocida como Ley # 7 de Arrendamiento y Aparcería, promulgada el 2 de diciembre y la segunda, la Ley # 15 que creaba el Banco Nacional de Cuba, el 23 del propio mes.
La Ley # 7 fue presentada, como una auténtica reforma agraria, cuando en realidad se limitaba a regular formalmente las rentas que debían pagar los arrendatarios y aparceros, además de otras disposiciones relativas a la distribución de los gastos que ocasionan la siembra y recolección de frutos.
Por su parte la creación del Banco Nacional, establecido en 1950 se insertaba en los intentos por desarrollar un capitalismo nacional.
El entreguismo caracterizaba al Gobierno de Prío, que distanciaba al auténticismo de las posturas nacionalistas de las que presumía. Vale como ejemplo la defensa desmedida que hizo por las instituciones jurídicas y los órganos ejecutivos de la Compañía Cubana de Electricidad, subsidiaria de la Electric Bond Share, en su intento por aumentar las tarifas eléctricas y bastaría observar como en los años del Gobierno de Prío, al igual que en la época de su predecesor, no se ejerció el debido control legal sobre las inversiones extranjeras y las exportaciones de estas, asunto que violaba el espíritu de la Constitución de 1940 en cuanto al control y rescate de las riquezas nacionales. 
La corrupción político administrativa, junto a las demás lacras de la República neocolonial hicieron que estos Gobiernos cayeran en una profunda crisis de la que no pudieron salir jamás.   

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