ESTUDIOS DE LOS PROCESOS INTERCULTURALES: COMUNIDAD, REDES, CONSTRUCCIONES MEDIÁTICAS, EXPERIENCIAS ORGANIZATIVAS, PROCESOS DE CONSTRUCCIÓN Y HUMANISMO

Ezequiel Hernández Rodríguez
Ricardo Contreras Soto
Rubén Ramírez Arellano

El caso de la organización Tlankasipi

Otra de las organizaciones que destacan, por el número de encuestados afiliados a esta, es la cooperativa Tlankasipi , que funciona desde 2005; organizados en torno al logro de la certificación para la producción de café orgánico, por tener un precio más elevado que el café convencional. Las comunidades en las cuales tiene presencia son Chilocoyo del Carmen, Putaxcac, 5 de Mayo, Leacaman, Putlunichuchut, Xonalpu y Francisco I. Madero, todas ellas del municipio de Huehuetla (Becerril; 2008). Debido a que la mayoría de los productores en el municipio son productores minifundistas, la organización en torno a la conformación de una cooperativa se torna indispensable, ya que el costo, y los gastos, para lograr la certificación son demasiado elevados para un productor individual. Según la información obtenida, el costo por certificar hasta 30 has. representó una gasto para los productores de esta cooperativa de 15 mil pesos. Así, el logro de la certificación ha implicado la puesta en marcha de prácticas agrícolas de muy bajo impacto para el ambiente. “Para obtener la certificación tenemos que ver, principalmente, que no se esté contaminando el suelo, que no se haga uso de pesticidas ni mata yerbas, colocación de barreras vivas, para que sirvan como un sistema de aislamiento y uso de fertilizantes a partir de la lombicomposta; así como la conservación de las especies animales y vegetales, desde luego para que se puedan sostener los animales” (Becerril; 2008). A diferencia de organizaciones como OIT, esta cooperativa surge por interés de productores de la comunidad de Chilocoyo del Carmen, quienes consideran la producción de productos orgánicos como una opción productiva más rentable. Pero además de obtener la certificación y vender café orgánico, que es a su vez el principal objetivo de esta cooperativa, el propósito es poder obtener apoyo de algunas instituciones de gobierno, aunque se mantiene la línea al interior de la cooperativa de no pedir apoyos hasta que no se cumpla con los requisitos para estar produciendo café orgánico; situación que ha generado que en todo el municipio se encuentren adheridos, a esta cooperativa, unos 180 cafeticultores (Becerril, 2008).
Otras actividades planeadas, es la constitución de una Federación de Productores de Café Orgánico, no sólo a nivel municipal sino regional, con la finalidad de poder exportar; ya que a este nivel en que se encuentran no se tiene planeado exportar en realidad, debido al reducido monto de lo producido. Aunque ante la incertidumbre de si logra la conformación de esta federación, la opción que se vislumbra en el corto plazo, de lograr la certificación, es poder vender a alguna otra cooperativa u organización que ya haya logrado establecer los canales de comercialización necesarios para vender café orgánico; en este mismo sentido, Rivadeneira (2008) propone que la solución a la crisis de la producción cafetalera no radica exclusivamente en el café orgánico, “ya que lo importante del mercado es notificar, entonces una organización puede vender este lote como café convencional pero al final café de calidad, bien trabajado y por lo tanto a un mejor precio; o bien, esta organización puede vender este otro lote que sí logró la certificación como café orgánico”. “Mientras no estemos organizados no podemos salir adelante, porque somos pequeños productores, en sí hasta para vender café convencional es necesario estar organizado, de otra manera se termina vendiendo a los “coyotes” locales; ya que durante la cosecha pasada lograron contactar a un comprador de Xicotepec, quien se interesó por la mercancía, pero exigía que los cafeticultores le ofrecieran por lo menos un lote (250 quintales); pero ante el hecho de que de manera individual se producen menos de 30 quintales, hubo la necesidad de organizarse para reunir el monto exigido por el comprador (Becerril; 2008); si nos organizamos sí se puede. La idea de organizarse fue esa, poder vender juntos y a mejor precio; sabemos que tenemos más ventajas estando organizados que individualmente” (Becerril; 2008).
Además de buscar la certificación, y buscar canales de comercialización, al interior de la cooperativa se fomenta el uso de las técnicas de producción adecuadas, no sólo para producir café orgánico, sino para que la producción rinda el más alto margen de ganancia posible; lo cual implica la producción de abonos orgánicos y composta, así como un mejor arreglo técnico de la distribución de los jornales. “La idea es producir más pero a un menor precio”. Otra de las finalidades de haberse organizado es precisamente organizar de tal manera la producción, para que los miembros de la cooperativa produzcan el café más barato, dado que los precios oscilan e incluso estos se han encontrado deprimidos por largo tiempo (Becerril; 2008).
Complementario a esto, por parte de la cooperativa se ha buscado el asesoramiento técnico necesario, no sólo para producir café orgánico, sino para generar espacio de comercialización (Becerril; 2008). Así, ante la inminente retirada del Estado de las actividades de fomento y desarrollo de las actividades agrícolas, la única alternativa viable para desarrollar una producción cafetalera rentable es a través de la introducción, al mismo proceso productivo, de procesos organizativos, a diferentes niveles. Por lo que los procesos organizativos no solamente constituyen un mecanismo que permite la reproducción en escala ampliada, y por ende de la acumulación de capital, de la producción cafetalera, sino que constituyen una alternativa para la rama agrícola en su conjunto, dado el inminente proceso de desacumulación, descapitalización y de crisis por la que esta atraviesa.

Estrategias que se derivan y conclusiones

A partir de lo encontrado en campo, de lo revisado teóricamente y de casos similares analizados, esta investigación delinea algunas estrategias para los productores cafetaleros, basadas en principios organizativos:
Conciencia organizativa y la organización como un proceso continuo: “quizá porque reúnen la condición de ser pobres e indios con la de cultivar un producto global y muy preciado, los cafetaleros son los agricultores del sector social más organizados del país” (Waridel et al., 2004); ya que “la organización es un aspecto inherente a la vida en sociedad; significa el establecimiento de determinando tipo de relaciones entre individuos” (Stavenhagen, 1990). Si bien los productores pueden conformar una organización en torno a la producción de café orgánico, es necesario un trabajo de reforzamiento de estos procesos, de tal manera que las formas organizativas no solamente alcancen un alto grado de desarrollo en lo material, sino que se cree entre los productores una conciencia organizativa que permita mantener la cohesión social del grupo, y permita al mismo tiempo ascender a formas más complejas y evolucionadas de organización. Ya que así como la sociedad se desarrolla, y surgen fenómenos más complejos, de igual forma los campesinos deben ser plenamente conscientes de que solamente en lo colectivo pueden poner en práctica cultivos que les aseguren su persistencia como clase campesina. En este sentido, la elección de la alternativa que mejor satisfaga las necesidades de los campesinos estará en función de la “clarividencia con que los propios campesinos sepan juzgar la situación actual, y de su capacidad para hacer sentir su fuerza organizada en el escenario nacional”; por lo que estos procesos tienen que desarrollarse “desde abajo, a través de mecanismos de participación y movilización creados y sostenidos por los propios campesinos” (Stavenhagen, 1990).
Retomar las experiencias organizativas: en base a lo que se encontró en campo, en lo que señalan otras experiencias en la región, y otros espacios del país (Waridel et al., 2004. Alvarado et al., 2005), los procesos organizativos entorno a la tierra, a la lucha por conseguir mejores precios, por el respeto a la cultura e identidad, resolver problemas que el Estado Mexicano tiene, según la Constitución, la obligación de cumplir, etc., han estado presentes en el campo mexicano (Rivadeneira, 2006. Rubio, 2001); dichos procesos constituyen además una respuesta, y un medio de contención al hartazgo, que la aplicación de políticas depredadoras y excluyentes han generado en el medio rural; de tal manera que estas experiencias constituyen una especie de energía social que debe ser retomada y aprovechada en conjunto con algunas de las propuestas arriba señaladas. Pero debido a que estos procesos organizativos han surgido al margen de los intereses del Estado, su alcance ha sido en ocasiones limitado; sin embargo, diversas experiencias organizativas han demostrado, de manera precisa en la región de la Sierra Norte de Puebla (Martínez, 1991), como mediante estos procesos es posible no solamente hacer rentable cierto tipo de producción, sino aminorar los efectos del proceso de pauperización propio del capitalismo.
Partiendo de que no se debe considerar simplemente a la organización como la panacea del desarrollo (Stavenhagen, 1990), las organizaciones campesinas indígenas de esta región se han planteado como objetivos resolver problemas relativos a mejorar sus procesos productivos, algunas con miras a aprovechar “las ventajas que ofrecen los insumos modernos” y otras practicando un respeto al medio que los rodea. Otro terreno en el cual han intentado incursionar es el de la comercialización; y es que aunque muchas organizaciones mediante gestiones, y luchas, logran mejorar su producción, sus ganancias son captadas por los “coyotes” y comerciantes locales; situación que crea la expectativa de que la producción agrícola no es rentable. Así, organizaciones como OIT lograron incursionar en lo que a comercialización de café y pimienta se refiere; esto permitió que muchos productores lograran mejores precios, y por tanto acceder a un pequeño excedente económico. Recientemente, la organización Tlankhasipi, que actualmente agrupa a productores de todas las localidades del municipio de Huehuetla (Información obtenida en campo, 2009), logró la certificación para producir café orgánico, así como acceder a los canales de comercialización, para poner el café directamente con las empresas exportadoras. Esto sólo fue posible gracias a más de 5 años de organización y presión a los gobiernos municipales; en lo individual esto jamás hubiera sido posible, dados los escasos recursos con que cuentan los productores de la zona.
Finalmente, en aras de que estas organizaciones trasciendan en el espacio temporal se hace necesario reforzar aquellos elementos de la identidad étnica que permitan mantener la cohesión organizativa al tiempo que resalte aquellos elementos que no solamente le dan identidad al grupo étnico sino que además les permita identificar aquellos elementos de orden social, económico, cultural y político que los hace similares a otros campesinos indígenas, pero adecuada a las condiciones particulares de esta región, (Fox, 2006). Porque antes de ser miembros de un partido político y perderse en el mar de ideologías políticas, que aumentan las diferencias entre ellos, estos campesinos comparten ciertos rasgos; como el de ser un grupo social marginado, discriminado, pobre, con una misma lengua, cultura e historia, que poco a poco van desapareciendo y que son elementos que históricamente los han mantenido unidos, como en el caso de la OIT; también históricamente, tal como señala Fox (2006), los migrantes indígenas como los campesinos indígenas de México poseen amplias experiencias en procesos de organización. Por ello no es casualidad que en el municipio de Huehuetla, conformado por 11 comunidades, se halla encontrado la presencia de diez organizaciones y cooperativas y una disposición de más del 60% de los mismos a organizarse. Todo esto no es casual, máxime porque se trata de una zona en la cual se tiene presencia de amplios grupos campesinos que aún conservan ciertos rasgos de comunidad, situación que les ha permitido mantener diversos elementos de su identidad totonaca; sin embargo, los cafeticultores totonacos de la zona deben abrir su sistema y establecer canales de organización con grupos nahuas de la región, así como con los grupos de población mestiza, con quienes comparten pobreza y marginación.
El papel de las universidades y centro de investigación:la cafeticultura necesita de la participación activa de las universidades en dos aspectos, en la producción y en los procesos de organización social. Como parte del proceso de desarrollo de la sociedad, la aplicación de la ciencia a los procesos productivos ha tenido un papel crucial, pero estos avances científicos no van a llegar solos a la gran mayoría de los campesinos de la Sierra. Así que ¿de dónde provendrá la ciencia y tecnología que se requiere en los procesos productivos? ¿De los grandes monopolios y trasnacionales que lucran a costa de los cafeticultores? En el corto plazo esto no se ve como algo posible. Por tanto, se hace indispensable que las universidades públicas y los centros de investigación generen la investigación que los sectores productivos requieren. Se necesita un cambio en la política de Estado, de tal manera que reoriente la aplicación de la ciencia en beneficio de la mayor parte de la población que vive en el medio rural; es decir, se debe retomar la vía de desarrollo que hace énfasis en la producción agrícola sustentada en una amplia base campesina; dotada de medios de producción, crédito, extensionismo y un mercado en igualdad de condiciones.
Si bien se habla de que los campesinos deben avanzar hacia procesos organizativos más avanzados, también se hace necesario plantear la siguiente cuestión: ¿por sí solos los campesinos pueden organizarse? ¿Surgirán entre los campesinos formas organizativas que superen las formas individuales de producir? ¿Por sí solos los campesinos pueden crear las condiciones que les permitan superar esta crisis en la que se encuentran inmersos? Así, a partir del trabajo de campo se pudo determinar que en el municipio bajo estudio han surgido diversas organizaciones, la mayoría de ellas sin auspicio del Estado; las causas que motivas estos procesos se relacionan con la crisis misma de la cafeticultura y por cuestiones de identidad indígena, preservación de la cultura y derechos humanos. La espontaneidad de los procesos organizativos no se pone en duda; sin embargo, tampoco las fracturas y escisiones al interior de las organizaciones es un fenómeno innegable. La causa de estas divisiones es sin duda la falta de precisión en la causa de los problemas que como clase campesina sufren; esto implica que para los cafeticultores no quede claro que el “enemigo común” es el capital y las formas concretas que este adopta, es decir, el acaparador, el “coyote”, el agiotista, los caciques locales, el Estado y sus instituciones. Como clase campesina se encuentran más próximos a la clase proletaria, tanto la propiamente agrícola como la de la industria. Ya que los campesinos al trabajar con sus propios medios de producción, los hace compartir la condición de clase explotada; explotada tanto en el proceso mismo de producción como por la vía del comercio y el crédito; mas esto no siempre es entendido por los campesinos. En lo individual, cada integrante de estas clases, jamás podrá revertir las condiciones que el capital le ha impuesto. Y es precisamente en este punto en el cual las universidades y centros de investigación juegan un papel determinante; propiciando procesos de concientización y formación política entre los grupos de campesinos, donde la mayoría de ellos son analfabetas funcionales e inclusive totalmente analfabetas pese a que nos encontramos en los albores del siglo XXI.
En suma, paradójicamente cafeticultores en crisis y campesinos muy bien organizados, y con una fuerte disposición para ello, según mostraron los resultados del trabajo de campo; si bien muchas de las experiencias organizativas tienen su origen en los trabajos desarrollados por el INMECAFE, la organización ha sido vista por gran parte de los cafeticultores, no sólo de Huehuetla sino de diversas regiones de México (Waridel et al., 2004. Martínez, 1991), como la única alternativa para sortear la crisis que enfrenta la cafeticultura, y hacer de ella una actividad que les permita vivir dignamente (Valseca, Ramírez, Ramírez y López, 2006). Así, existe un amplio reconocimiento, por parte de los campesinos cafeticultores, sobre el papel que tiene la organización en el proceso de producción. Bien se pueden hacer varios planteamientos en aras de remontar los efectos de la crisis, mas no retomar la experiencia organizativa equivale a desperdiciar un enorme capital social en el medio rural; ya que se han desarrollado experiencias organizativas que conciben el desarrollo más allá de lo meramente productivo, al incluir dentro de su propuesta acciones relativas a un desarrollo integral y sustentable, que incluya los aspectos más relevantes de su cultura e historia, como ha sido el caso de lo que era en sus orígenes la OIT.
Otra de las cosas que permitió detectar la presente investigación, es sin duda la importancia y recurrencia de los procesos organizativos entre los productores de café. Si bien este tipo de procesos sociales no constituyen la panacea para enfrentar la crisis actual por la que atraviesan los productores huehuetecos, así como miles de campesinos en todo México, combinada con otras estrategias, y políticas económicas macroeconómicas acordes, puede contribuir a reforzar los procesos de producción en la cafeticultura. Adicionalmente, los procesos organizativos pueden permitir a los cafeticultores revertir el proceso de descapitalización en el que se encuentran, e incluso acumular pequeños excedentes que les faciliten la renovación de sus medios de producción empleados. Y esto no va en el sentido de transformar a los campesinos cafetaleros, de la Sierra de Puebla, en unos “modernos finqueros empresariales”; ya que esta investigación no comparte aquella “idea” de que los campesinos se definen porque transfieren su excedente y que su única preocupación es su supervivencia (Cfr. Chayanov, 1974. Wolf, 1982).  Pero si bien la organización no vuelve empresarios “exitosos” a los campesinos, este tipo de procesos puede asegurar la existencia de miles de campesinos cafetaleros. Sólo si el campesino en lo individual, entiende que funcionando como un solo cuerpo social, en el que se conjuntan los demás campesinos, que opera en un único sentido en la producción, la comercialización, el uso que se le dará al excedente, sobre las decisiones de venta; que sólo así logrará su reproducción social en medio de un capitalismo salvaje y social y económicamente excluyente, y será posible consolidar una estrategia con mayor posibilidad de consolidación en el largo plazo.


La información concerniente a la cooperativa Tlankasipi fue proporcionada por el propio presidente de esta cooperativa (Becerril; 2008).

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