ESTUDIOS DE LOS PROCESOS INTERCULTURALES: COMUNIDAD, REDES, CONSTRUCCIONES MEDIÁTICAS, EXPERIENCIAS ORGANIZATIVAS, PROCESOS DE CONSTRUCCIÓN Y HUMANISMO

Ezequiel Hernández Rodríguez
Ricardo Contreras Soto
Rubén Ramírez Arellano

3.
No obstante, en este contexto analizado y visibilizado desde los propios movimientos sociales, se construyen, en los intersticios o grietas de dicho sistema, formas otras de hacer política, que se oponen a una sola manera de vivir (europea/norteamericana), las cuales son forjadas ya no desde la utopía o como metas alcanzables en un futuro luminoso, sino desde el aquí y el ahora, como dice Sergio Rodríguez Lascano (2010). Y que desde el análisis del sistema mundo moderno colonial se ha llamado un hacer y pensar descolonial (Mignolo, 2009).
¿Cómo fue posible la construcción de esas formas otras de hacer política? Algunos pensadores críticos como Wallerstein o Aguirre Rojas (2006) le dan el crédito al contexto de “crisis terminal del capitalismo”, desde donde se comienzan a replantear todas sus formas tradicionales de funcionamiento, como es el caso de la política tradicional. Sin embargo esta perspectiva, además de que puede apuntar al presupuesto de que “la historia está de nuestro lado” y el capitalismo caerá por sí solo, no explicita que no se trata sólo de cambiar un sistema económico sino también la colonialidad que lo constituye. Un ejemplo son las transformaciones que están ocurriendo en los llamados gobiernos progresistas de América Latina, donde efectivamente hay un distanciamiento de la ortodoxia neoliberal, pero subsiste una forma de organización “desde arriba”,  desvinculada (o en franca oposición) con el grueso de los movimientos y organizaciones sociales.
Por ello prefiero, siguiendo a John Holloway (2010) y a Catherine Walsh (2009), poner el énfasis del surgimiento de una política otra, en los procesos de organización y en el potencial epistémico de los propios movimientos sociales, construidos desde sus diferencias concretas de cómo producen y reproducen sus vidas, en un marco alternativo al sistema mundo moderno colonial. El resto de la ponencia se centrará en esta última idea.
4.
            Cuando comencé a conocer los proyectos políticos de la CONAIE en Ecuador y de la ACIN en Colombia, encontré un principio fundamental explícito que los atraviesa, éste es la interculturalidad. Mientras que teniendo como referente a la lucha zapatista reconocí el mismo principio pero de manera implícita, es decir, sin llamarle interculturalidad, pero funcionando desde la misma lógica.
            Pero ¿qué es esto de la interculturalidad? Regularmente confundida con la multiculturalidad y/o descontextualizada de sus forjadores, la interculturalidad no sólo apela a una relación entre culturas, sino que cuestiona las formas en qué se dan dichas relaciones desde las estructuras de dominación hegemónicas (lo cual está ausente en la multiculturalidad). Pero no sólo eso, sino que la interculturalidad propone relaciones entre diferentes desde un marco ético, epistémico y de una política otra que combata a ese lado oscuro de la Modernidad: la colonialidad . (Walsh, 2006).
            La interculturalidad pues, parte de considerar a la cultura como la forma en que los pueblos y las colectividades viven desde sus diferencias particulares. Por lo que cuestiona la Cultura monolítica y homogeneizadora dominante, la cual ha sido usada como una herramienta de jerarquización y clasificación económica y de subjetividades, superiorizando a unos grupos e inferiorizando a otros (Walsh, 2010).
            En este sentido, las historias locales de transgresión al mundo moderno colonial toman gran importancia, ya que es desde ahí que se combate a un centro productor económico, político, social, cultural desde donde se construyen, aparentemente de forma autónoma, nuestros presentes y futuros. Pero atención, no estamos hablando de relativismo cultural, sino en un marco perfectamente delimitado, por ello Walsh le ha denominado interculturalidad crítica (Walsh, 2009b).
La CONAIE, la ACIN y el EZLN, emergen en las últimas tres décadas como sujetos no solo sociales sino políticos, apelando a una transformación no sólo relacional sino estructural de la sociedad, considerando su hacer como un proceso de descolonización, proponiendo que “la única manera de ir cambiando esta matriz de poder colonial es ir formando alianzas y articulaciones entre grupos. Los pueblos indígenas solos, los pueblos afrodescendientes solos, las mujeres solas, [los colectivos urbanos solos] no podemos cambiar este sistema sino es en alianza con otros grupos” (Walsh, 2010).
Una serie de alianzas, para “caminar juntos”, tejiendo puentes entre las diversas luchas, ya no sólo indígenas sino de todas las fuerzas sociales. Se trata pues de “un proceso de buscar entrecruces interepistémicos, es decir, de pensar con otros sistemas de conocimiento que no sean simplemente los del patrón eurocéntrico, que ha sido impuesto desde la escuela hasta la universidad, pero también pensar con otros sistemas y modos de vida, otras cosmovisiones, otras filosofías, otras formas de vivir” (Walsh, 2010).
Por lo cual no es una cuestión sólo “étnica” o de indígenas, de lo contrario estos movimientos no estarían planteando alianzas con nosotros, como lo hace el movimiento indigena ecuatoriano en su propuesta de Estado Plurinacional, la ACIN en su Minga de Resistencia Social y Comunitaria, y el EZLN en la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, plantea pues otro marco de lo político.
5.
En Ecuador la lucha de los pueblos y nacionalidades indígenas articulados en la CONAIE es por la construcción de un Estado Plurinacional, como lo señalan en su Proyecto Político (CONAIE, 2001). Es decir, una organización política y jurídica donde se reconozca realmente la diversidad de modos de vida de cada sector de la sociedad ecuatoriana, lo cual se contrapone al Estado uninacional-hegemónico-blanco-mestizo-liberal, que sólo reconoce al ecuatoriano como ciudadano con una cultura homogénea. Con lo que se pone al “descubierto la injusticia social y la explotación económica, el ineficiente y caduco sistema jurídico-político y administrativo, así como el carácter antidemocrático del Estado y de las instituciones del poder” (CONAIE, 2001), anclado en esta clasificación jerárquica racial y económica de los seres humanos.
  A partir de visibilizar esto, la CONAIE busca construir una “nueva sociedad comunitaria, colectivista, igualitaria e intercultural”, ello a través de “la autodeterminación, así como de la independencia económica y política de los Pueblos y Nacionalidades Indígenas, y de los demás sectores sociales del Ecuador” (CONAIE, 2001). En este proceso, la interculturalidad sirve como una herramienta para la transformación de las actuales estructuras (Estado, gobierno, sociedad, instituciones), las cuales hasta ahora sólo se han encargado de dispersar y aislar a la población, utilizando la “cultura nacional” como herramienta de dominación (Walsh, 2009c).
Ante ello, algunas opiniones podrían argumentar que éste podría ser el discurso de toda la izquierda en el Ecuador, aún del gobierno de la Revolución ciudadana, encabezado por Rafael Correa, que también apelan a la interculturalidad y a la plurinacionalidad. Sin embargo, las prácticas políticas, económicas, sociales y culturales de este gobierno, anuncian sólo una continuidad del mono-culturalismo y del uni-nacionalismo, negándose a aceptar la significación que desde los Pueblos y Nacionalidades indígenas se da a la plurinacionalidad e interculturalidad, conceptos de transformación política y no de mera inclusión (Walsh, 2010). Luis Macas señala: “A la cultura dominante sólo le interesa reconocer la plurinacionalidad hasta cierta medida. Quieren reconocer las cosas superficiales para fomentar el turismo folclórico. No hay un reconocimiento de los sistemas de vida, de lo que somos” (Macas, 2009). Se observa pues una cooptación y manipulación de los términos que surgieron y se construyeron desde la organización, como señalan Walsh y Macas.
El proyecto de Correa y el de la CONAIE son inconmensurables. El primero, retomando elementos de los diversos movimientos sociales, proyecta un modelo donde el Estado direccione la economía, la planificación, la inversión y la redistribución (Ospina, 2009); un alejamiento de la ortodoxia neoliberal sí, pero alejada también de la forma “otra” de hacer política que supone el proyecto de la CONAIE, con la propuesta plurinacional y la interculturalidad que hemos mencionado, alejado pues de una transformación de las estructuras.
En este sentido, podemos ver que la construcción del Estado Plurinacional y la interculturalidad, que la CONAIE ha intentado posicionar en la Constitución del 2008 y ante el gobierno de la “revolución ciudadana”, tiene límites claros, que a mi modo de ver, tienen que ver con el intento de transformación radical “desde adentro” de la estructura estatal, sea ésta neoliberal o posneoliberal, supone pues un desgaste político y un poner en riesgo el proyecto de la construcción de una Política Otra. No negando con ello los logros históricos que suponen un ordenamiento jurídico-político como la Constitución de 2008 y el Plan Nacional del Buen Vivir para Ecuador.
Sin embargo, debemos mencionar que el proyecto político de la CONAIE, al derivar de la experiencia de la colonialidad, permite visibilizar las condiciones coloniales presentes, así como establecer políticas de descolonización, proceso en el cual la interculturalidad ha sido central, mismo que debe ser visto en su historicidad, es decir, con estrategias que se transforman con el tiempo, como es el caso de buscar la construcción del Estado Plurinacional desde “adentro” del Estado Uni-nacional, lo cual ha mostrado avances, pero también desafíos, conflictos y contradicciones, aspecto fundamental en el proceso de la interculturalización, negar el conflicto sería pues negar la realidad. Así, lo importante y lo que nos interesa retomar es que este proyecto político no parte de la ideología estatal (europea/norteamericana) sino de la diferencia colonial, pensada desde un lugar de enunciación indígena, con todo lo que ello implica en la lucha contra del sistema moderno/colonial.

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