ESTUDIOS DE LOS PROCESOS INTERCULTURALES: COMUNIDAD, REDES, CONSTRUCCIONES MEDIÁTICAS, EXPERIENCIAS ORGANIZATIVAS, PROCESOS DE CONSTRUCCIÓN Y HUMANISMO

Ezequiel Hernández Rodríguez
Ricardo Contreras Soto
Rubén Ramírez Arellano

Crisis de precios en la producción cafetalera y descapitalización

El campo mexicano se encuentra en una etapa de severas transformaciones, las cuales están determinadas “necesariamente por el rumbo que tome el proceso de acumulación del capital” (Rubio, 1991). Así, durante la década de los ochenta la agricultura ingresó en una prolongada recesión, la cual se manifestó en la caída de la producción de los cultivos de punta, los forrajeros y las oleaginosas. Se trataba de una crisis estructural, en el marco de la fase intensiva de acumulación, que predominó en la agricultura mexicana desde la década de los sesenta; esta forma de acumulación se basó en el alza de la productividad vía el uso de maquinaria e insumos que sustituían a la fuerza de trabajo, así como en el incremento del capital constante y la intensidad de la fuerza de trabajo. La crisis constituyó un fenómeno que afectó al capital agropecuario de punta, principalmente al truncar el proceso de acumulación; y no obstante que se trata de un fenómeno netamente del capitalismo, la crisis afectó en gran medida a pequeños y medianos productores agrícolas. Por ello, ante la caída de la tasa de ganancia, “el capital agrícola comenzó a salir de la rama”, y la descapitalización del campo fue inminente, “ante el vacío de opciones rentables de inversión en la agricultura” (Rubio, 1991). Para inicios de la década de los noventa, desde la política oficial, se establecen las bases para volver a hacer rentable la inversión en la agricultura, apoyándose en la exportación, de ganado, flores, hortalizas y frutales, y en garantizar la tenencia de la tierra. De esta manera, la salida de la crisis por la que atraviesa la agricultura mexicana “se caracteriza por el retorno del capital hacia la inversión de actividades muy localizadas, orientadas hacia el exterior, captadoras de enormes montos de inversión y dirigidas hacia mercados muy restringidos”. De lograr sustituir a los productos decadentes y consolidarse como la producción alternativa, y de punta, la agricultura mexicana se encontraría en los albores de una nueva estructura productiva “y con ello de un nuevo modelo de acumulación” (Rubio, 2001. Rubio, 1991).
Así, como producto de más de dos décadas de políticas encaminadas a privilegiar a ciertas ramas del sector exportador, la agricultura, pero en especial la rama dedicada a la producción de café, atraviesa por una fase de bajos precios. Adicionalmente, la caída de precios no ha significado solamente una baja temporal en los ingresos de los productores cafetaleros, sino que esta situación se ha traducido en un proceso de descapitalización, desacumulación y baja rentabilidad (Cfr. Valseca, 2001), que acentúa aún más los procesos de exclusión originados por la actual relación entre industria y agricultura ; así, “la caída de los márgenes de rentabilidad de las inversiones en importantes ramas de la producción agrícola ha repercutido seriamente sobre las tasa de acumulación del capital agrícola” (Calva, 1988). En este sentido, Calva (1988) plantea como uno de los detonantes de la crisis por la que atraviesa el sector agrícola, y la economía mexicana en su conjunto, la caída de la rentabilidad de las inversiones agrícolas y de la acumulación de capital en ciertas ramas de la producción rural y en aquellos estratos denominado como campesinos, que producen primordialmente con mano de obra propia y familiar. Así, para este autor este deterioro de la rentabilidad deriva a su vez de la caída de los precios relativos de los productos agrícolas.
Por otro lado, los productores de café se encuentran inmersos en una economía de mercado;  son grupos que conservan formas ancestrales de vida, cultura y convivencia, y muchos de ellos reconocidos como indígenas. Sin embargo, la producción cafetalera que ellos llevan a cabo se halla condicionada por las leyes del funcionamiento del sistema de producción capitalista, situación que los ha orillado a depender cada vez más del mercado; de tal manera que la mayor parte de los productos indispensables para cubrir sus necesidades son obtenidos a través de los mecanismos propios de una economía mercantilizada (Ruiz, 1991). Sin embargo, y aunque esto parezca contradictorio, aun cuando los productores de café, y aquí sí, principalmente los indígenas, detentan medios de producción, los cuales a su vez son capitales-mercancías, esto no implica necesariamente que su nivel de desarrollo técnico y económico sea equiparable al de los grandes farmes norteamericanos, o al de los ultra subsidiados agricultores europeos; guardando las debidas proporciones, los productores cafeticultores se encuentran produciendo totalmente bajo la lógica de mercado, lo cual no implica necesariamente que así lo hayan decidido, e incluso que lo hagan de manera consciente; más producir para el mercado tiene sus implicaciones en el sistema de producción capitalista, a saber: producir bajo la ley del valor, que es el mecanismo económico, en una sociedad de productores privados, que distribuye la fuerza de trabajo a disposición de la sociedad, y por ende los recursos materiales necesarios para la producción (Mandel, 1980).
Finalmente, ante los procesos de exclusión y descapitalización, pero sobre todo frente a la imposibilidad de seguir reproduciendo sus unidades de producción en una economía de mercado, por lo cual atraviesa la cafeticultura, se erigen procesos de organización, entre aquellos que han visto como la cafeticultura ha pasado de ser un proceso productivo que permitía la reproducción de la unidad familiar, en escala ampliada, a una actividad recolectora; y que no permite si quiera una acumulación con fines de reposición de los medios de producción empleados en la producción cafetalera. En suma, En relación a la influencia que los bajos precios han ejercido sobre la producción cafetalera, hay investigaciones cuyos planteamientos afirman que “ante esta situación el productor no invierte en mejores prácticas de cultivo, manteniendo sus plantaciones semiabandonadas, pasando de cultivadores a recolectores de café” (Rivadeneira, 2006).

Metodología

En Huehuetla se reporta la existencia de 1, 754 productores de café, cada uno con características diferentes, se procedió a trabajar con una muestra representativa de esta población; así, se optó por aplicar un muestreo aleatorio simple, tomando como varianza la variable “superficie poseída” por cada productor. De esta manera la muestra que se calculó resultó de 83 individuos de entre los 1, 754 que en el municipio existen. Posteriormente, para la recolección de la evidencia empírica pertinente, se diseñó un cuestionario, el cual constó de 94 reactivos; esta herramienta se aplicó en las 11 comunidades que conforman el municipio, así como en la cabecera municipal; la aplicación de los mismos se realizó aleatoriamente y sin reemplazo. El 53% de las encuestas aplicadas se llevaron a cabo en idioma totonaco; mientras que el 6% de las encuestas se realizó tanto en idioma totonaco como español. Así mismo, se recurrió a la aplicación de 4 entrevistas dirigidas, (a dirigentes de organizaciones) con el propósito de precisar y confrontar la información obtenida mediante el trabajo de encuestas. Debido al monolingüismo, en cuanto al habla indígena, imperante en la zona de estudio la aplicación de las encuestas requirió el apoyo de un traductor.


Sin embargo, Calva (1988) señala que no todas las ramas agrícolas, ni todas las diferentes gradaciones de agricultores se comportan conforme a un promedio; ya que unas ramas de la agricultura han mantenido, e incluso elevado, sus niveles de rentabilidad gracias a la caída artificial de los salarios reales “que han significado un verdadero mana de plusvalía”; tal es el caso de las hortalizas, floricultura y la producción de tabaco, en cuyo proceso productivo se emplea gran cantidad de mano de obra indígena mal remunerada y con escasa seguridad social.

Donde: N= tamaño de la población; Z2α/2= nivel de confianza = 90%; S2= Varianza = 0.34; d = Nivel de precisión = 0.1; n= tamaño de la muestra.

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