ESTUDIOS DE LOS PROCESOS INTERCULTURALES: COMUNIDAD, REDES, CONSTRUCCIONES MEDIÁTICAS, EXPERIENCIAS ORGANIZATIVAS, PROCESOS DE CONSTRUCCIÓN Y HUMANISMO

Ezequiel Hernández Rodríguez
Ricardo Contreras Soto
Rubén Ramírez Arellano

Desarrollo

“Comunidad”

Los estudios de comunidad tienen su antecedentes en el trabajo de Ferdinand Tönnies, quien propuso desde la teoría evolucionista, analizar las relaciones sociales mediante dos polos extremos en transición: comunidad y asociación; considerando a la primera como “la perfecta unidad de las voluntades humanas en tanto que condición original o natural que mantiene a pesar de su dispersión empírica“ (Tönnies, 1979: 33), como un todo orgánico que descansa en la armonía y:
Se basa en el consenso de las voluntades, descansa en la armonía, y se desarrolla y ennoblece mediante las tradiciones, las costumbres y la religión…Hay… un sistema común y obligatorio de derecho positivo, de normas impositivas, que regulan las relaciones entre las voluntades. Tiene sus raíces en la vida familiar y su base en la propiedad de la tierra. En lo esencial determina sus formas el código de tradiciones y costumbres. La religión consagra y glorifica esas formas de voluntad divina, es decir, interpretadas por la voluntad de sabios y gobernantes (Tonnies, en Viqueira: 1995: 23).
Lo anterior significa que para que la “comunidad” sea posible, tiene que existir un sentimiento compartido, recíproco y obligatorio nombrado consenso, que representa la unidad de los seres humanos como miembros de un todo congruente consigo mismo. Estos análisis, como el de las primeras teorías sociales del siglo XIX,  parten de la reflexión, no de lo nuevo sino de la exaltación de un pasado comunal, como una forma de anhelo por lo antiguo, en el que se ve a la sociedad homogénea, cohesionada, armónica, indisoluble, con una organización social basada en el parentesco.
Max Weber, al igual que Tönnies, analiza las relaciones sociales estableciendo la distinción entre lo comunal y lo asociativo, originándose la primera, mediante sentimientos subjetivos y colectivos de pertenencia mutua de las partes, que se establecen por solidaridad. La segunda, se apoya en el ajuste de intereses motivados racional, individual y objetivamente, guiados por la utilidad práctica o el valor moral. Metodológicamente para este autor, la organización social se analiza como una especie de  tipos ideales, como tipologías.   
Algunas otras formas de conceptualizar a la “comunidad” las ofrece Robert Nisbet quien desde distintas perspectivas sociológicas ofrece una revisión general sobre los estudios de “comunidad” en el que sitúan a autores como Comte, Le Play y Durkheim. El primero es quien hace un análisis sustantivo y moral del término que está regido por su atracción a un sistema medieval sin cristianismo; Le Play introduce el interés empírico y la importancia del trabajo de campo al término a partir de la observación comparativa. En su obra Los trabajadores europeos, “…se encuentra un esfuerzo por combinar observaciones empíricas con la de deducción de inferencias cruciales (…) respetando los criterios científicos” (Nisbet; 1977: 89). Con Durkheim se comienza a platear este concepto desde su sentido metodológico, dejando de tener una connotación meramente colectiva y empírica. La “comunidad”, pasa de ser un tipo sustancial de relación humana a ser un criterio de análisis de la conducta social del ser humano.
Desde la perspectiva antropológica, la “comunidad” ha sido el espacio y el concepto por excelencia que permitió la construcción de los estudios de los indios de México; en esta área autores como Boas, Redfied, y la Escuela de Chicago influyeron en los trabajos antropológicos que sobre la comunidad se hicieron en nuestro país. La propuesta conceptual de Robert Redfield, influida por Durkheim y Tönnies, observa los tipos polares (ideales) de sociedades que evolucionan del estatus al contrato, de la societas a la civitas, de la solidaridad mecánica a la orgánica, de la “comunidad” a la asociación y de lo folk a lo urbano (Pérez, 1998). Para este autor la “comunidad” es un todo organizado y armónico “formada por individuos que ocupan un territorio común, que poseen un hábitat. Las sociedades aquí consideradas se parecen a otras sociedades humanas porque las relaciones sociales que las definen existen en términos de esos entendimientos convencionales que llamamos ‘cultura’.” (Redfield, 1944: 33).
Los estudios culturalistas de la escuela de Chicago, representados por este autor, influyeron particularmente en Chiapas con autores como Villa Rojas, Cámara, Barbechano, Calixta Guiteras, Julio de la Fuente, Foster, Sol Tax, Paul Kirchhoff, Ricardo Pozas y Jiménez Moreno.
Uno de los autores que influye en el giro conceptual que tuvo este término fue Eric Wolf, que mediado por los estudios de Weber, define “comunidad” como un tipo de institución que sirve para organizarse respecto a los intereses vinculados a la propiedad de la tierra; ampliando el estudio de comunidad, hasta entonces ligado sólo a poblaciones indígenas, hacia las sociedades campesinas. Aunque este autor supera la idea de comunidad como un todo armónico y homogéneo, persiste la noción de que la comunidad es una corporación cerrada, aislada y reacia al cambio. Para él, la comunidad es una creación colonialista del sistema sociopolítico externo.
Hasta este momento podemos observar que ya sea desde la sociología o desde la antropología, la “comunidad” es un concepto que permitió estudiar a la organización social, entendida ésta, sin conflicto, estática, cerrada y ahistórica. La sociología la utilizó para hacer referencia a la superioridad que tiene lo social ante lo individual convirtiéndola en un criterio de análisis de las relaciones sociales. La antropología fundamentó sus estudios primero, sobre los indígenas, a partir de cuatro variables: el territorio, las características de la población, la organización social y lo cultural; ampliándola posteriormente al campesinado mexicano, entendiendo a ésta no como un criterio sino como un área de trabajo delimitada a zonas rurales.
En los dos casos habría que cuestionar la idea de homogeneización y cohesión que sobre ella recae; al igual que Viqueira (1995) y Pérez Castro (1998) consideramos que el concepto necesita ser revisado con detenimiento dadas las polarizaciones conceptuales que la envuelven y que la han contenido en una especie de nebulosa semántica; además de las limitaciones y en consecuencia escaso pragmatismo para definir una sociedad siempre cambiante.
Existen nuevas propuestas teóricas sobre la “comunidad” que aunque vuelven  a centrase en el análisis de lo individual frente a lo colectivo, de la solidaridad frente a lo conflictivo; evitan caer en idealismos folklóricos como los de la antropología culturalista, así como también soslayan pensarla y focalizarla como la simple delimitación del área de estudio. Llevando al concepto a una transformación mayor que englobe los nuevos procesos sociales por los que atravesamos actualmente, proponiendo términos como comunalismo, identidad y tribalismo. Entre los autores que trabajan esto se encuentran Zárate (2005),  Delgado (2005), Mafesoli (2004) y Bauman (2003).
Zárate propone que si bien individuo y sociedad parecen una unidad indisoluble, individuo y comunidad aparecen como opuestos. El comunalismo moderno busca establecer esta nueva relación aunque parece más utópica que la comunidad corporada cerrada, pero la presión del mercado capitalista globalizador determina las estrategias organizativas de las comunidades locales “que participan y conviven con las modernas tendencias de producción y consumo capitalista” (Zárate, 2005: 82). Los significados rituales y sagrados, como el territorio, se resignifican en la relación entre comunidad local y sociedad mayor y en función de las pugnas que se mantienen tanto al interior como con el exterior. Se hace necesario regresar a la idea de comunidad política local que reconoce diferencias internas para presentarse al exterior como una totalidad homogénea y organizada.
Por su parte, Manuel Delgado realiza una propuesta basada en la diferenciación entre lo común y lo colectivo, basándose el primero en la comunión y el segundo en la comunicación. Lo común pertenece a todos y forma un solo cuerpo y una sola alma. Lo colectivo es la copresencia en que, si bien las ideologías y sentimientos no son comunes a todos sus miembros, sí les es común el objetivo final: la convivencia. De la comunidad no se puede escapar, a la colectividad se entra y se sale a voluntad produciendo mayor solidaridad. A esto colectivo se le adecua el concepto cultural moderno de espacio público, como el espacio en que se reúnen en colectividad varios individuos con un objetivo común, no a pesar de las diferencias sino porque son diferentes. Algunos de estos colectivos están formados por grupos históricamente agraviados, que encuentran en la idea de que “están poseídos por una inmanencia cultural trascendente” (Delgado, 2005: 57) la posibilidad de generar sentimientos cohesionadores y de lograr negociaciones con las administraciones centrales que sólo así los asume como posibles interlocutores. Surgen así las comunidades imaginarias o míticas que se justifican por la emancipación de los más débiles.
La comunidad para Bauman ofrece seguridad y protección en un mundo hostil donde existe violencia, indiferencia moral, donde está la globalización, el consumismo, la política y el individualismo. Pero a la vez, vivir en comunidad implica ciertos costos: si bien la comunidad promete un cuidado especial, parece privar al hombre de su libertad, de la posibilidad de ser uno mismo. Libertad y seguridad son valores deseables, aunque su equilibrio suele ser frágil y difícil. Bauman se propone evaluar las oportunidades y peligros que alberga la comunidad y la individualidad intentando evitar los errores del pasado. Comunidad es sinónimo de paraíso perdido, es la nostalgia por la idealización por un mundo. La comunidad implica solidaridad y necesidad mutua, y puede tener una lado positivo y uno negativo: lleva a la unión para la marginación de un ente externo. Finalmente propone que los estudios de comunidad están siendo desplazados, al ser menos adecuados, por los estudios actuales de identidad.
Maffesoli propone que, ante la crisis de la individualidad en la época del posmodernismo, existe una posibilidad en el regreso a la tribu. Así es que maneja dos variables: la vuelta a la tribu como el regreso a la colectividad y el vínculo del ser humano con la naturaleza donde el individuo ya no se acerca a ella como si fuera un objeto sino como en un vaivén entre ambos. En la tribu, el yo ya no existe por sí mismo, sino que es el otro quien lo crea; la tribu se convierte así en la creación de una comunidad emocional. Según este autor, la metáfora del tribalismo muestra que ya no son las grandes instituciones las que prevalecen en la dinámica social, sino aquellas pequeñas entidades que han estado reapareciendo progresivamente. Se trata de microgrupos emergiendo en todos los campos (sexuales, religiosos, deportivos, musicales, etc.). Con esto, hace una crítica al mito del progreso y en su sentido estricto simboliza el reagrupamiento de los miembros de una comunidad específica con el fin de luchar contra la adversidad que los rodea.
Teniendo estas dos formas ambivalentes para entender a la “comunidad”, una partiendo de la noción de orden y la otra de conflicto, una que nace de la nostalgia por el pasado y la otra que emerge de los múltiples cambios y formas que han tomado las relaciones sociales, tenemos que reflexionar en la postura que al respecto toman las Universidades Interculturales y particularmente la uiet, al situar en su misión la impronta de "Formar profesionistas-intelectuales que contribuyan a elevar el nivel de desarrollo humano de su región mediante la generación y gestión de proyectos auto-gestivos que promuevan la conservación y difusión de su patrimonio cultural y natural, respetando la diversidad cultural y su entorno”. Lo que quiere decir que es precisamente ese espacio comunitario el ideal para intervenir elevando el desarrollo humano de la región mediante la formación de recursos humanos que se profesionalicen.
Entonces es menester discutir ¿qué se entiende por “comunidad” en estos espacios? y ¿cómo se han abordado teórica y metodológicamente en el aula y en la praxis? Para realizar esto, nosotros partimos de dos elementos importantes, uno fue lo que el alumnado entiende por dicho concepto, reflexión que retomamos del “2do. Foro de Educación Intercultural: Entre la teoría y la práctica en un mundo multicultural” que llevamos a cabo en la Institución en noviembre de 2010 y en el cual se discutieron 40 ponencias, y además por la revisión de algunos programas de estudio que corresponden al eje metodológico, y a algunas entrevistas aplicadas a alumnos y docentes de la Universidad. Así que lo que presentamos aquí son algunos de los resultados de casi dos años de trabajo de la línea “Educación Intercultural” a partir del proyecto “Significación e influencia de la interculturalidad en la vida cotidiana de los estudiantes de la uiet”. Y aunque la reflexión central no es esta, consideramos pertinente hacer una revisión del trabajo que a seis años ha hecho la Universidad en la región en la que se encuentra, mediante la interpretación que sobre ella tienen los actores universitarios.


Para Comte la sociedad es sustantiva y primaria; precede al individuo en lo lógico y en lo psicológico, y lo modela. Esto nos habla del rechazo total del individualismo en el estudio de lo social. Comte hace de la Sociedad el Ser supremo.

Dentro de lo moral, Comte entiende las relaciones como filiales, fraternales y conyugales

Aunque algunos autores han querido homologar la teoría de Durkheim sobre la solidaridad mecánica y solidaridad orgánica con las propuestas tipológicas de Tönnies y Weber; Delgado propone que ambas teorías son diferentes.

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