CAPACIDAD DE LA CORRESPONSALÍA MUNICIPAL DE CONTRIBUIR A LA IDENTIDAD CULTURAL DEL RODENSE

Yamilka Borges García
Yaser Ramírez Benítez

1.4 Identidad cultural y televisoras municipales.


Las investigaciones sociales han nombrado y pensado las identidades de muy diversas maneras, especialmente como necesidad. La investigadora de la Torre, 2001 ha considerado la conceptualización desde la posición de varios investigadores. 

Las últimas dos posturas suelen ser interesantes, ya que pone al margen de esta investigación algunos constructos explicativos de la realidad social que permiten formar un concepto más acabado de la identidad cultural colectiva.
Por una parte se establece la necesidad colectiva de darle continuidad a la identidad cultural como formación social y construirla desde la cultura tradicional y las proyecciones futuras que se van realizando a través de los cambios socio históricos de la sociedad.
Y por otra parte, la identidad cultural debe ser considerada una formación social que le de sentido al colectivo: sentido de existencia y de pertenencia.
La identidad cultural es una formación social que reconoce político, económico y culturalmente a un colectivo determinado y lo diferencia de otros. Para ello requiere de un proceso activo de construcción desde los componentes tradición - costumbre y contemporáneos – futuro. Los componentes tradición – costumbre impiden o potencian los procesos sociales que posibilitan la participación de la comunidad en la construcción de la identidad. Y los componentes contemporáneos - futuro impiden o potencian la flexibilidad de lo tradicional (migración y multiculturalismo) y están sujetos a los cambios históricos sociales de la realidad, por eso su discurso tiene forma de proyecto comunitario). Ambos buscan ratificar reconocimiento cultural de la comunidad y deben ser un instrumento valioso del Estado y de los principales agentes socializadores.
Los medios de comunicación deben ajustar su accionar al proyecto futuro de la comunidad y el reconocimiento local. Más que una estrategia de trabajo, debe ser un modo de existir. El sentido de pertenencia y su estado de regulación tiene una implicación directa con las costumbres colectivas, no siendo así los contenidos más contemporáneos. Estos suelen ser más flexibles y buscan que la vida colectiva tenga trasformaciones para buscar mejoras a favor de nuevas tendencias y estilos de vida o existencia. Están bien sujetos a los cambios de política del Estado, a las altas y bajas de la planificación economía y a las tendencias socioculturales y sociopsicológicas del momento.
En Cuba desde 1987 aparecen resultados de investigaciones sobre identidad, realizadas por Mónica Sorín acerca de la realidad psicosocial del cubano. Otra investigadora que tuvo reconocimiento por sus trabajos fue la Dra. Carolina de la Torre y su proyecto “Caracterización psicológica del cubano”. También resulta interesante resaltar los trabajos de Lecsy Tejeda en 1990 sobre la identidad cultural y su vínculo con el desarrollo moral.
Todo este renacer de la investigación referido al conocimiento de la identidad ha permitido concretar ‘cómo somos’ y ‘cómo nos percibimos’. Las investigaciones tienen como fin describir un perfil de cubanía, pero deja un poco a la deriva las verdades sobre identidad cultural de las comunidades que están dentro del “todo”. El cubano no es sólo una identidad en singular, hay elementos culturales que apuntan a un reconocimiento colectivo de determinadas regiones en el país, que se acercan a una descripción del cubano, pero en otras se alejan un poco de la “norma”.
Las investigaciones de Carolina de la Torre han tenido mucho peso en el análisis de la identidad individual y colectiva, a tal punto que se refiera a la identidad, en singular, y a las identidades en plural haciendo referencia no sólo a las colectivas, también a la multi-expresividad de ella en el contexto cubano.
En su trabajo queda claro que el concepto de identidad suele confundir a la hora de pensarla como individual y trasladarla a la colectiva.
En ocasiones los autores suelen conceptualizarla desde una mirada personal sin detenerse que hay particularidades en la individual que no suelen ser comprendidas en la identidad colectiva. Sin una no hay otra, pero hay que respetar sus diferencias.
Por ello quizás en ocasiones se le nombre: la autoimagen, la búsqueda de sentido, el autorespeto, la libertad, la autocategorización, la pertenencia, la reflexividad o la narración. - parece ser que, a pesar de la resistencia de algunos sobre el constructivismo, las personas siguen necesitando de la sensación de relativa estabilidad que proporciona la identidad individual. También del sentimiento y percepción de pertenencia a diversos grupos humanos que se ven a sí mismos con cierta continuidad y armonía, dadas por cualidades, representaciones y significados construidos en conjunto y compartidos (De la Torre, 1995, 2001).
Entonces, la identidad no es algo que está ahí, esperando a ser "descubierta". Cualquier identidad necesita ser pensada, reconocida, establecida, aceptada y negociada en un proceso práctico y de comunicación humana, que se lleva a cabo a través de interacciones discursivas y de la actividad social.
Cada colectivo tiene una historia que defender, sus tradiciones y a la vez tiene un grupo de problemas sentidos en su realidad contemporánea que le exige planificar las acciones políticas, económicas y culturales a favor de sus particularidades. Si reconoce su singularidad podrá ser fuerte y ejercer más resistencia a las agresiones externas que pretende desestabilizar el colectivo.
Finalmente de la Torre define como identidad aquella formación socio psicológica que: cuando un sujeto individual o colectivo hace referencia a procesos que le permite asumir, en determinado momento y contexto, y tener conciencia de ser él mismo, y que esa conciencia de sí se exprese (con mayor o menor elaboración o awareness) en su capacidad para diferenciarse de otros, identificarse con determinadas categorías, desarrollar sentimientos de pertenencia, mirarse reflexivamente y establecer narrativamente su continuidad a través de transformaciones y cambios" (De la Torre, 2001, p. 82).Dicho muy en breve, es la conciencia de mismidad la que sella el concepto de identidad cultural.
La autora culmina su aporte al concepto de identidad cultural basado en los estudios de Vygotsky y Leontiew. Encuadra sus fundamentos teóricos en cuatro enfoques principales y operativos para el estudio de la identidad colectiva. La conciencia de mismidad tiene cuatro canales operativos que permiten construir y expresar la identidad cultural de un colectivo.

Larrín en su libro “Identidad chilena” ratifica la diferencia y las convergencias entre identidad personal y la colectiva:
“…al construir sus identidades personales, los individuos comparten ciertas afiliaciones, características o lealtades grupales culturalmente determinadas, que contribuyen a especificar al sujeto y su sentido de identidad. Implícita en esta afirmación está la idea de identidades colectivas tales como género, clase, etnia, sexualidad, nacionalidad etc., que Stuart Hall ha llamado "identidades culturales". Son formas colectivas de identidad porque se refieren a algunas características culturalmente definidas que son compartidas por muchos individuos.” (Larrín, 2001)
Un enfoque, algo diferente, sobre la identidad cultural lo plantean dos grandes catedráticos de la Universidad del Norte, Barranquilla, Colombia y lo ajustan a un contexto de comunicación social.
Ambos afirman que para que las televisoras locales pretendan construir un discurso audiovisual autónoma y con identidad debía dominar cuatro aspectos fundamentales (Crawford – Flores, 2002)

Estos aspectos por sí solos no permiten el principal cambio que debe realizar las TV locales a favor de la comunidad. Los proyectos que se mencionan deben fomentar el tránsito de la identidad al reconocimiento, compréndase que todo lo que identifica a un colectivo debe ser utilizado en aras de ser reconocido y favorecer la comunicación y el desarrollo social.
“La identidad concebida como un proyecto y no como anclaje a un pasado, implica que la dinámica sociocultural se conciba como generadora de un reconocimiento de doble vía: el auto-reconocimiento (al interior de la propia cultura) como cogestor de un proyecto y el reconocimiento del otro (desde afuera) como agente del propio proyecto de vida y construcción de sociedad.”
“Así mientras las identidades centradas en el anclaje requieren de una permanente vuelta al pasado y conciben el futuro más como amenazas que como posibilidad; mientras reclaman el reconocimiento del otro en la aceptación de una marginalidad que condena a la historia, la identidad como proyecto se afirma en una libertad que es histórica y que como tal busca, desde su propios centro, la inserción en las dinámicas del patrimonio cultural de la humanidad.” (Crawford – Flores, 2002)
La postura de ambos catedráticos es muy interesante, ya que le dan un tratamiento a la identidad cultural con un enfoque aterrizado y adaptado a las exigencias de los medios de comunicación.
Los medios de comunicación deben darle un tratamiento a la identidad cultural a favor de los consumidores, que reconozcan su localidad desde las tradiciones y de las nuevas tendencias sociales que vive y experimenta el colectivo.
Los consumidores culturales se sentirían identificados y tendrían una postura crítica sobre la sociedad, pero a la vez el estado puede usar el medio para emitir las políticas culturales ajustadas a las exigencias reales.
Una identidad cultural con vuelta al pasado suele ser excluyente de nuevas tendencias sociales, al igual que una identidad cultural con fuerte incidencia al futuro suele ser destructora del patrimonio de la localidad.
En América Latina, comunidad de rica tradición cultural y de grandes cambios sociales, la identidad cultural debe asumir un proyecto futuro que incluya a los miembros de su comunidad, debe asumir un proyecto de manera que la sociología, la antropología y la comunicación social integre y reconozca la comunidad latina.
El ALBA es un megaproyecto cultural que permite que los pueblos se unan para ayudarse, planificarse, organizarse en función de sus recursos materiales y de las igualdades culturales que comparten. Y esto sólo es posible desde un proyecto cultural que ratifique el reconocimiento de la región y que estimule el reconocimiento de las distintas comunidades que pertenecen a la región.
El canal Tele Sur es una muestra del megaproyecto cultural y sólo es posible gracias a que los miembros de la comunidad latina lo organizan y defienden, se sienten identificados con lo que se muestra en el canal. Tiene una fuerza organizativa desde la comunicación social, pero cada día gana espacio en la comunidad latina y revoluciona proyectos comunitarios a favor de las necesidades de la localidad. Todo este megaproyecto es posible por la utilización de patrones culturales incluyentes y excluyentes a la vez. No se trata de dejar a otros colectivos fuera de la región, se trata de diferenciarse y organizarse desde esa diferencia.
"la identidad no es algo ya dado, sino también, y simultáneamente, nuestro propio proyecto" (Habermas, 1992).
Las tradiciones pueden ser un fuerte elemento para la inclusión, pero a la misma vez puede ser excluyente. Esto queda claro cuando Habermas demuestra que los contenidos de la identidad cultural de una comunidad o nación pueden tomar una expresión ambivalente y puede crear conflictos y desacuerdos.
“…no todo lo que constituye una tradición nacional es necesariamente bueno y aceptable para el futuro. Si bien es cierto que una nación no puede elegir libremente sus tradiciones, puede, por lo menos, decidir políticamente si continuar o no continuar con algunas de ellas". (Habermas, 1989).
Con este planteamiento queda resuelto que la identidad cultural es una formación social en forma de proyecto futuro, que está sujeta a cambios propios de la realidad social y que no escapa de los contenidos tradicionales de una determinada comunidad. Tal y como el futuro regula las acciones políticas de una localidad, las tradiciones mantienen viva la herencia cultural de la comunidad y deben ser interpretadas con la intención de incluir las nuevas generaciones, más que excluirlas, aún cuando crezcan con nuevas tendencias sociales. 

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