CAPACIDAD DE LA CORRESPONSALÍA MUNICIPAL DE CONTRIBUIR A LA IDENTIDAD CULTURAL DEL RODENSE

Yamilka Borges García
Yaser Ramírez Benítez

Capitulo 1: Fundamentos teóricos de la investigación.


1.1 Breves consideraciones sobre la inclusión de la comunicación social en la Política Cultural de América Latina y de Cuba.


No es un asunto novedoso que los pueblos de América Latina presentan un problema de identidad cultural. Entendida la identidad como ese constructo que explica y describe CÓMO NOS PERCIBIMOS como colectivo, COMO UTILIZAMOS ESE CONOCIMIENTO para desarrollar la identidad individual y colectiva, DE QUIEN NOS SENTIMOS PARTE para usar modos de expresión y lectura de los fenómenos sociales inherentes a nuestro espacio social.
El hombre es un sujeto activo ante su identidad e identidades. La primera tiene un patrón explicativo, fundamentalmente, propio de las ciencias psicológicas, el segundo tiene un carácter colectivo y es potencialmente estudiada por la sociología y la antropología: somos latinoamericanos, somos cubanos, somos cienfuegueros, somos rodenses.
La identidad colectiva es la formación social que permite a los sujetos agruparse por determinadas cualidades socioculturales que son compartidas y concientemente construidas.
Como formación social tiene una implicación directamente con el Estado que emite una política en función de organizar las acciones que contribuyan a socializar los elementos de la cultura en un espacio regional determinado.
La política cultural que emita un Estado debe satisfacer al consumidor cultural, pero a la vez debe facilitarle que ellos mismos, como consumidores, asuman un papel activo en la construcción y expresión de la cultura.
Un papel primordial en la ejecución y propagación de la política cultural son los medios de comunicación. Ellos como portavoces activos de lo que hacen los agentes sociales con la política cultural, emitida por el Estado son una salida fundamental para cuestionar las proyecciones de una determinada entidad cultural: lo que se hace, lo que se dice y lo que sería mejor para la comunidad.
Toda manifestación de la cultura en una nación, territorio o región puede encontrar en la televisión un espacio crítico para darse a conocer o potenciarse. La política cultural dictaminada por el Estado debe ser emitida por los medios de comunicación, pero su expresión y consumo comunitario debe ser retroalimentado desde los medios. La TV es una herramienta social clave para que el Estado influya sobre el colectivo, pero a la vez es un agente crítico desde la voz de la comunidad: qué acciones socioculturales son aceptadas y cuales no, cómo sería correcto realizarlas para que tenga niveles mayores de aceptación.
Barbero considera que en América Latina la relación entre política cultural y cultura de masa (colectivo) se da en algunos contextos sociales con divorcio y en otro con unión controlada.
En la primera, la política cultural no considera la cultura de masa contemporánea, sin embargo, sí es recelosa con los bienes o forma de cultura tradicional, del pasado; la actual está dominada por una hegemonía globalizante.
Por consiguiente no hay una expresión de las actuales tendencias culturales y sociales de la realidad. Los individuos son controlados por lo que debe consumir culturalmente, no deciden, la información es manejada según la hegemonía sociopolítica. El divorcio entre el Estado y el pueblo, propio de las concepciones capitalistas, es el resultado de tal relación y por consiguiente de grandes problemas de identidad local.
En la segunda postura, la política cultural ha comenzado a darse cuenta que es una necesidad considerar la cultura masiva para rescatar y cuidar todos los bienes culturales que tienen o expresan los pueblos. La idea de la cultura es solo lo tradicional, está siendo desechada, lo actual, lo que viven los pueblos de hoy es una expresión cultural inmediata que debe ser informado y puesto al ojo critico del colectivo: los conflictos sociales, las carencias, las nuevas expresiones culturales, la integración multiétnica, la integración de Estados Latinoamérica por un bien común es una realidad que debe ser tela que cortar en las TV municipales o provinciales en todo nuestro continente.
Esta necesidad se le esta dando una salida paulatina, pero con una fuerza conservadora increíble. Hay instituciones culturales o de comunicación que han sido sensibilizadas sobre esta problemática, pero el Estado no ha dado su brazo a torcer, sigue con viejas concepciones que excluyen a la cultura y a las masas.
Este punto considera una de las problemáticas más complejas que vivencian los pueblos de América Latina y Europa. El problema de identidad se da en el contexto latinoamericano por la instruida capacidad de los medios de “rescatar” quienes fueron nuestros antepasados, el indio y su cultura, y por la “incapacidad controlada” de reflejar la realidad que vive el pueblo.
La socialización de la cultura no es un problema único de los pueblos, es un complejo proceso de no entendimiento entre las políticas culturales, el Estado, y las instituciones que producen la cultura.
El cine, la televisión, las revistas y periódicos, la radio, los museos y las disqueras de música venden sus productos a favor de lo que más se vende y no sobre la cultura de masa, lo que necesita, lo que siente. Es una imposición de la cultura a los pueblos: si no lo quieres, no lo compres, si no lo compras, resiste.
El término “resiste” apunta a que las nuevas generaciones son consumidores hambrientos de estos bienes culturales producidos con fines de mercado y el que no la consume debe vivir observando la decadencia de otras expresiones culturales propias de su localidad o región.
Esto es una visión actual de la crisis económica desde el siglo pasado que no se ha salido de ella y como respuesta se asume la privatización de todas las industrias. La cultural no se queda fuera de esta dinámica globalizadora. Todo ratifica que la crisis económica conllevó a una crisis de Estado y por consiguiente a una crisis de la industria cultural nacional.
Los problemas de identidad que viven los pueblos de América Latina, las grandes migraciones que suceden en los pueblos, las pocas diferencias entre lo urbano y lo rural y entre otros problemas sociales que vive hoy el continente es resultado, en gran medida, de una postura débil del Estado.
Barbero ratifica esta posición débil del Estado ante la cultura de masa al decir:
“El Estado se hace cargo del pasado - o mejor, del pasado que lo legitima- y le deja el futuro a la industria cultural, una industria en que los procesos masivos de comunicación no son exteriores, sino constitutivos de los de producción”. (Barbero, 1999).
Si bien hasta la primera mitad de la década del sesenta el Estado pudo controlar a la mayoría de las televisoras en el continente, las rápidas presiones foráneas conllevaron a cambiar la situación. Con el argumento de que las burocracias estatales impedían el pleno desarrollo de los medios de comunicación y la promesa de garantizar la libertad de expresión. El sector privado logró que se le abrieran ampliamente las frecuencias de telecomunicaciones y con ello que se derrumbara la endeble hegemonía estatal.
Desde entonces, según el investigador Martín Barbero, 1999 en la mayoría de los países de América Latina sólo se ha constatado el notable poderío de lo privado junto al sensible debilitamiento de lo público. No obstante, en el panorama televisivo contemporáneo conviven ambos sectores imponiendo distintas lógicas, formatos y contenidos teóricos.
En Cuba esta posición que refiere Barbero fue paulatinamente erradicada en la primera década del 60 del siglo pasado. El triunfo de la Revolución fue un triunfo de la cultura cubana y con ello el estado priorizó los medios de comunicación como medios de expresión y de construcción de una sociedad socialista. 
La política cultural en Cuba sobre los medios de comunicación quedó establecida en Palabras a los intelectuales en la Biblioteca Nacional José Martí por Fidel. Los principios que debía seguir el Estado sobre la cultura de masa estaban fundamentados sobre la base de la construcción de una sociedad socialista en Cuba y que sirviera de ejemplo para los demás pueblos de Latinoamérica.
La materialización de estos principios se dio el 24 de mayo de 1962 con la creación del Instituto Cubano de Radio Difusión. Posteriormente cambia su nombre por Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT).
Esta institución durante la historia de la Revolución ha realizado cambios con fines de mejorar la transmisión e identificación cultural del pueblo cubano y latinoamericano.
Primeramente estos cambios fueron aprobados en el 1er. Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) el 17 de diciembre de 1975. Incluyó programas educacionales, culturales en mayor por ciento y de producción nacional.
En 1986, el Instituto Cubano de Radio y Televisión, por necesidades específicas de la política del país, tomó la decisión de extender sus acciones de comunicación a las provincias. Una alternativa a favor del reconocimiento cultural y sociopolítico de las regiones y de expresar sus realidades.
A finales de los 90, con la introducción de tecnologías cada vez más avanzadas en la esfera de las comunicaciones, se crea la posibilidad de extender estas corresponsalías a lo largo del país, conformándose lo que conocemos hoy como la red de telecentros nacionales. Anteriormente sólo habían corresponsalías en provincias estratégicas, como por ejemplo en la región central en Santa Clara con un radio de acción para las provincias centrales, luego cada provincia adaptó una estrategia de comunicación específica a su región.
Ya a principios de este siglo el estado cubano adopta una nueva estrategia sobre los medios de comunicación que marca la descentralización de su política cultural y la importancia capital que tienen los medios para construir la sociedad socialista: la creación de las Corresponsalías Municipales.
El orden de los sucesos históricos que han ocurrido desde 1959, ejecutada por el Instituto de Radio y Televisión, ha marcado la importancia que el Estado le concede a los medios de comunicación en nuestro país.
El estado cubano ha hecho digno la realidad de los medios: una efectiva herramienta socializadora en la construcción de la cultura nacional, provincial y municipal. La descentralización que ha sucedido en este sector de la sociedad ha favorecido no solo a los avances socioculturales, sociopolíticos y socioeconómicos de un territorio, también los miembros de la comunidad se han visto en la televisión como constructores activos de su región y de su nación.

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