LA TEORÍA DE LA COMPLEJIDAD Y EL CAOS EN LA CIENCIA REGIONAL

Andrés E. Miguel
Julio C. Torres
Pedro Maldonado
Néstor Solís
janos016@gmail.com

4.3 Los factores clásicos del desarrollo regional y la competitividad

Interpretando los supuestos de la teoría clásica del desarrollo regional (Hermansen 1979), son diversos los factores que intervienen en la organización económica de las regiones. La propuesta teórica es que la interacción de los mismos de alguna manera se manifiesta en la competitividad, y ésta en el desarrollo de las regiones. La teoría clásica del desarrollo regional supone que la manifestación de los factores de la organización espacial de la economía influye de manera tal que se tendrá mayor competitividad si se posee: 1) mayor infraestructura, transporte y servicios); 2) mejores condiciones económicas; 3) mejores condiciones geográficas (ubicación, calidad y usos del suelo); 4) mejores apoyos financieros (privados y públicos); 5) mejores condiciones ambientales (recursos y calidad del ambiente); y 6) mejores condiciones demográficas (mas población capacitada). La propuesta es que a mayor competitividad se tendrá un mayor desarrollo regional.
La visión armoniosa de la región ha inducido a desarrollar en las regiones un concepto de competitividad que promueve la “especialización”, la “homogeneización” de la propia región, y por consiguiente considera que su impacto es siempre favorable por sí mismo, es decir, es siempre armonioso y favorable para elevar el bienestar regional. Esto conlleva a la reflexión de ¿cuál puede ser el impacto de la competitividad, en caso que las regiones poseyeran contexto caótico donde tratara de impulsarse ésta?

4.4 Las características de la competitividad en un contexto caótico

Si no se toma en cuenta la variedad de recursos que tienen las regiones (por ejemplo su biodiversidad o multiculturalidad), la competitividad impulsada puede llevarse a cabo en un contexto de incertidumbre, que a la larga puede afectar la propia competitividad, así como la “diversidad” regional, propiciando la reducción o eliminación de esta diversidad (biológica, climática, cultural, etcétera). A su vez, este proceso destructivo puede activar los “conflictos” de la región.
El mundo de las regiones entraña un gran número de conflictos. Estos conflictos pueden ser solamente a nivel de ideas, o en operaciones económicas de competencia (“conflictos operativos o intermedios”), hasta “conflictos declarados” (cuando las regiones entran en franca confrontación por la lucha de los recursos naturales, mercados, etcétera). El conflicto surge cuando las respuestas de las regiones en su interacción y competencia no son compatibles con las requeridas por otras regiones, cuando un elemento o región satisface sus necesidades a costa de perjudicar a otros elementos o regiones.
El conflicto puede sincronizarse a la competitividad, provocando impactos inarmónicos, y esto puede accionar los “atractores”, “activadores” y “receptores” de caos en la región. Un “atractor” es el conjunto de elementos o sistemas que atraen o generan desórdenes (como las estructuras regionales de la pobreza y el desempleo); el “activador” es el elemento o sistema que produce o activa el caos (como las asociaciones políticas contestatarias o los fenómenos naturales destructivos). El efecto del caos requiere de un “receptor”, que es el elemento que resiente los efectos del caos (como la población en general).
Puede decirse que la competitividad armoniosa parte del supuesto de “reversibilidad”. éste supuesto implica que las cualidades originales o deseables de la región son "algo" que puede sufrir alteraciones ocasionales, pero que con determinadas medidas o acciones de regeneración se puede recuperar el estado original de la región. Bajo este supuesto se pueden destruir o perder recursos naturales, flora, fauna, cultura u otras creaciones humanas, considerando esta perdida como algo temporal. Sin embargo, la sincronización del caos en la competitividad puede provocar la “irreversibilidad regional”, manifestándose ésta como un cambio climático, aparición o desaparición de especies biológicas, alteración del equilibrio ecológico, etcétera, en otras palabras, dificultando el “desarrollo sustentable” de las regiones.
Una competitividad enganchada al caos saca a luz la "vulnerabilidad” de las regiones. La vulnerabilidad es producto de la dependencia económica y tecnológica, así como de la interacción y la competitividad que establecen entre sí las ciudades, las regiones y los países, y esta vulnerabilidad puede acelerar la extinción o transformación de la diversidad, porque puede repercutir en cambios desfavorables en el hábitat o medio original de las regiones.

4.5 La competitividad y el desarrollo del Sur-sureste en el contexto regional en México

Por lo que respecta al “desarrollo”, debe señalarse que en el informe sobre Desarrollo Humano 2000, el “Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo” ubicó a Méxicoen la categoría de desarrollo humano medio. Este país ocupaba el quincuagésimo quinto lugar en la clasificación mundial (de un total de 174 naciones), y el noveno entre las naciones de desarrollo humano medio. Por otra parte, los promedios nacionales ocultan profundos contrastes regionales y entre estados de la República. En México, el Distrito Federal, Nuevo León, Baja California Sur, Baja California y Sonora ocuparon en 1997 las primeras cinco posiciones de acuerdo con el valor registrado por el “índice de desarrollo humano”. A su vez, estados como Puebla, Guerrero, Oaxaca y Chiapas de la región Sur-sureste se ubicaron en los últimos cinco lugares de la clasificación nacional (CONAPO 2001). Las regiones de mayor desarrollo relativo lo eran la región Noreste (con un “índice de desarrollo humano” de 0.84), Noroeste (0.82), Península (0.81) y Centro-este (0.80); seguidas de las regiones Centro-Norte (0.79), Centro-Occidente (0.78), Sur (0.77), Norte (0.77), y Este (0.76). El Sur-sureste poseía un valor promedio de 0.79).
En el año 2000 el estado con más bajo nivel de desórdenes lo fue Tlaxcala, el cual manifestó “desórdenes aislados”. Por el contrario, los estados con mayores desórdenes lo eran el D.F. y los estados de México, Jalisco y Veracruz, los cuales alcanzaban niveles de “macrocaos”. El resto de los estados presentaban niveles de “microcaos”. Por lo que respecta a las regiones, las que presentaban mayores desórdenes lo eran la región Centro-este (con un valor de “nivel de caos o desórdenes” de 1.71), Noreste (1.67), Norte (1.60), Este (1.60), Centro-occidente (1.59), Noroeste (1.53), Sur (1.45), Centro-Norte (1.35) y Península (1.24). El Sur-sureste ocupaba un nivel bajo de desórdenes (1.37)
Aunque la correlación “desarrollo-desórdenes” entre los estados es relativamente baja (0.30), puede decirse que a más desarrollo, existe una tendencia a más desórdenes en los estados de México. Por lo que respecta a las grandes regiones del País, puede decirse que la región con el valor más alto de los desórdenes (1.7) es la región Centro-este, entre los que se encuentran estados de mayor desarrollo relativo como el D.F. y el Estado de México), seguida por las regiones Noreste (1.67), y Norte (1.60), regiones con un buen nivel de desarrollo, es decir, en las grandes regiones de México se cumple la tendencia que a mayor desarrollo, más desórdenes. Esto confirma que las regiones adquieren la propiedad de sincronización de los desórdenes a su proceso de desarrollo.
Por lo que respecta a la “competitividad”, durante los periodos de 1990-1995 y 1995-2000 las regiones Norte, Noreste y Sur mantuvieron una alta competitividad. Las regiones Noroeste, Centro-norte, y la Península de Yucatán manifestaron una baja competitividad. Otras regiones, como la Centro-occidente pasaron de una competitividad media a baja; la Centro-este de una competitividad alta a media; y la región Este, de una competitividad media a baja. En términos generales, las regiones con una competitividad media manifestaron un comportamiento inestable, cambiante.
Los cambios que ocurrieron en la competitividad durante el periodo 1995-2000 en las regiones de México fueron los siguientes:
a) Todas las regiones mantuvieron su competitividad ambiental sin cambio; todas disminuyeron su competitividad en lo que respecta a los factores geográficos; y también todas las regiones aumentaron su desarrollo;
b) Las regiones que aumentaron su competitividad por cambio en sus factores demográficos lo fueron la Noroeste, Norte, Este y la Península de Yucatán;
c) Las regiones que aumentaron su competitividad gracias a su actividad económica lo fueron la Noroeste, Norte, y Centro-Norte;
d) Las regiones que aumentaron su competitividad en infraestructura lo fueron la Norte, Centro-Occidente, Sur, Este, y Sur-sureste;
e) Las regiones que aumentaron su competitividad por apoyos públicos lo fueron la Noroeste y Centro-Occidente; y finalmente,
f) Las regiones que aumentaron su competitividad global lo fueron la Noroeste, Centro-Occidente, Centro-este, Este y Sur-sureste.
El balance en términos de ganancia o pérdida de competitividad durante el periodo 1995-2000 puede describirse señalando que (Cuadro No. 4.7):
a) Las regiones sin ganancia o con pérdida muy rápida de competitividad lo fueron la Noreste y Centro-este;
b) Las regiones de ganancia lenta o con perdida rápida de competitividad lo fueron la Centro-norte, Sur, Península, y la región Sur-sureste;
c) Las regiones de ganancia media o con perdida media de competitividad lo fueron la Centro-occidente y la región Este; y
d) Las regiones de ganancia rápida o con perdida lenta de competitividad lo fueron las regiones Norte y Noroeste (el mapa No.4. 1 resume estos resultados con respecto a la ganancia de competitividad de las regiones durante el periodo 1995-2000).

4.6 Contexto de la competitividad y el desarrollo en México

Para confirmar el contexto en el cual de desenvuelve la relación “competitividad-desarrollo” de las regiones de México, se efectúa la comparación (correlación) de los valores de los índices de desarrollo y competitividad durante los periodos 1990-1995 y 1995-2000.
En términos generales, en el periodo 1990-1995 los factores más influyentes en el impulso al desarrollo regional lo eran el demográfico y los apoyos públicos, aunque con una débil (0.26) y muy débil (0.18) correlación. En el periodo 1995-2000 estos factores lo fueron los apoyos públicos y el económico, entonces con una fuerte (0.67) y una moderada (0.48) correlación respectivamente. Por su parte, la competitividad y el desarrollo mantuvieron una muy débil (0.10) y débil (0.23) correlación en ambos periodos, lo cual indica que en México el desarrollo de sus regiones ha estado acompañado cada vez de una mayor “competitividad”, pero con un impacto poco significativo en el desarrollo regional.
En los índices restantes la relación entre los factores de la estructuración regional de la economía regional y el desarrollo es opuesta a la propuesta teórica original. Así, durante el periodo 1995-2000 el “índice geográfico” indicaba que la distancia geográfica de las regiones hacia el centro o la frontera del país se manifestaba en menos desarrollo (con una correlación muy débil, r = -0.12). Lo mismo indicaba el “índice de infraestructura”, el cual aunque posee una débil correlación (-0.28), sugería que más infraestructura no necesariamente se reflejaba en un mayor desarrollo regional. El índice “ambiental” reveló que a mejores condiciones ambientales menos desarrollo (con una correlación moderada, r = -0.58); y finalmente el índice “demográfico”, sugiere que existe una relación inversa entre la cantidad de población capacitada y el desarrollo (con una débil correlación, r = -0.39).
En este contexto puede destacarse el caso de la región Sur-sureste, la cual se mantuvo estable durante los periodos analizados con una competitividad media, y un nivel de desarrollo bajo, es decir, esto sugiere que sus posibilidades competitivas no logran superar su bajo bienestar y PIB per cápita, y su alta marginación y pobreza en el contexto nacional. También se observa que en su competitividad con respecto al contexto nacional, el Sur-sureste destaca en los factores geográfico y ambiental (el nivel de su índice es alto en estos casos). Sin embargo, durante el periodo 1995-2000 la correlación del primer factor es muy débil, y operó en sentido opuesto al desarrollo, es decir, que las mejores condiciones geográficas manifiestan un impacto negativo poco significativo en el desarrollo. Por su parte, el factor ambiental posee una correlación moderada, pero en el sentido opuesto al propuesto por la teoría, es decir, que en lugar de contribuir, al desarrollo juega un papel opuesto a los factores ambientales.
Tomando en cuenta que la región Sur-sureste manifiesta una perdida muy rápida de su competitividad comparativamente con las otras regiones de México que gradualmente ganan más competitividad; así como las correlaciones de los diversos factores de la competitividad con el desarrollo de las regiones de México, cuya sumatoria de sus ponderaciones resultó negativa (–4) entre 1990-1995 y 1995-2000; la conclusión es que se cumple el supuesto planteado en este Capítulo que la relación existente entre la competitividad y el desarrollo se manifiesta en un contexto caótico, propiciando esto que los desórdenes tiendan a “engancharse” al proceso de desarrollo y a la competitividad, dificultando que los efectos deseables de ambos se reflejen, generando un impacto de incertidumbre en las regiones de México, pero especialmente en aquellas regiones y estados en los cuales el “índice de los desórdenes” es mayor. Esto significa que la competitividad se manifiesta en un contexto de desarrollo inarmónico, y consecuentemente, la competitividad puede activar los atractores de caos existentes, haciendo más vulnerables algunas regiones del país, preferentemente aquellas como el Sur-sureste, en las cuales la competitividad se pierde rápida y muy rápidamente.

4.7 Las perspectivas de desarrollo de la región Sur-sureste y el Plan Puebla-Panamá

Durante el periodo 1995-2000 el Sur-sureste manifestó un índice de competitividad global que cambió positivamente, sin embargo, la dinámica económica de la región no logró revertir los aspectos desfavorables del desarrollo de la misma; y también no puede perderse de vista que esta región se clasifica en el grupo de las regiones de ganancia lenta o con una perdida rápida de competitividad, junto con las regiones Centro-norte, Sur, y la Península. Por consiguiente, puede considerarse que durante el periodo analizado los factores clásicos de la competitividad han sido poco relevantes para propiciar el desarrollo del Sur-sureste mexicano.
Por consiguiente, ¿cuáles pueden las perspectivas del desarrollo de la región Sur-sureste en México durante el inicio del Siglo XXI en este contexto?. Las expectativas actuales mas importantes de desarrollo para esta región son las perfiladas en el Plan Puebla-Panamá (PPP), el cual rebasa las fronteras mexicanas, implicando la participación de Belice, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá, los países centroamericanos. Como se ha dado a conocer, éste tiene como objetivo “mejorar la calidad de vida de los habitantes de la región”. El PPP pretende impulsar su estrategia de desarrollo “a través de dos vertientes: 1) acciones estratégicas resultantes del proceso de planeación regional, integral y sustentable, y; 2) programas complementarios concurrentes en la región”.
Los objetivos específicos del PPP son: “a) Promover la conservación y el manejo sustentable de los recursos naturales y los mecanismos participativos, especialmente de las comunidades locales, en la gestión ambiental; b) Reducir la pobreza, facilitar el acceso a los servicios sociales básicos de la población vulnerable y contribuir al pleno desarrollo de los pueblos mesoamericanos; c) Promover la prevención y mitigación de desastres naturales e incorporar la consideración de la gestión del riesgo en los proyectos de todos los sectores; d) Promover el desarrollo del turismo ecológico, cultural e histórico mediante acciones regionales que destaquen la complementariedad, las economías de escala y los encadenamientos productivos del turismo; e) Fomentar el intercambio en la región mediante una reducción de los costos de transacción y promover la participación de pequeñas y medianas empresas en las exportaciones; e) Promover la integración física de la región para facilitar el tránsito de personas y mercancías y, de esta manera, reducir los costos de transporte; f) Unificar e interconectar los mercados eléctricos con miras a promover un aumento de las inversiones en el sector y una reducción del precio de la electricidad, y g) Desarrollar la infraestructura de interconexión informática de la región” (OPEDER 2001). A partir de estos objetivos, se propone que las perspectivas del desarrollo mejoren en el Sur-sureste. Sin embargo, conviene efectuar una breve reflexión de las tendencias que se perfilan a partir de la aplicación del PPP en el contexto caótico sugerido por la evaluación empírica del comportamiento del Sur-sureste en México.
Al respecto, puede señalarse que el escenario oficial que sustenta el Plan es “optimista”, y visualiza una situación favorable en todos los aspectos, esto es, en el sentido que dicho Plan favorecerá una competitividad regional que no impactará negativamente la ecología, la multiculturalidad y las posibilidades de desarrollo de la región.
Sin embargo, una primera reflexión es que si el contexto en el cual se presupone se elevará la competitividad de la región es “caótico” (el Sur-sureste está incluido en el rango de “competitividad media”, y es posible que manifieste la inestabilidad que caracteriza al bloque de regiones con una competitividad media en el contexto nacional según se analizó); el impacto de la competitividad puede conllevar aspectos desfavorables, ocasionando conflictos locales, inter e intraregionales.
De ocurrir lo anterior, el impacto de la competitividad puede ocasionar cambios ambientales y económicos en la región Sur-sureste, debido a la problemática que puede acarrear la competencia por los mercados y recursos con las otras regiones del país. El riesgo de la destrucción de su diversidad, así como la activación de viejos y la generación nuevos conflictos es alto en esta región de México. Desde esta perspectiva es posible un escenario que visualiza una situación difícil en el sentido que dicho Plan no impactará favorablemente “todo” el Sur-sureste mexicano, sino que preferentemente posesionaría en los mercados de la región a las grandes empresas, y a los interesados en los recursos naturales (agua, petróleo, flora y fauna) que aun posee el Sur-sureste. A pesar de sus propuestas poco optimistas, este escenario plantea el desafío de poner atención en un manejo cuidadoso de la multiculturalidad, la biodiversidad, así como de la soberanía que posee esta región.

Otra variante adicional podría ser que a partir de la aplicación del PPP se desarticula la región Sur-sureste en varias microregiones, las cuales sin necesariamente lograr más altos niveles de desarrollo forman jerarquías, diferencias y desigualdades regionales internas notorias a partir de la aplicación del Plan, pues las microregiones pueden entrar en franca competencia entre sí, primero por la influencia y recursos que puede aportar el PPP, y posteriormente en los sectores propios de la región Sur-sureste, como la lucha por elevar la competitividad entre los centros turísticos, culturales, por el mercado de los recursos naturales producidos en las diversas microregiones, etcétera, creando desigualdades e inequidades a favor de las ciudades, empresas, y grupos sociales y políticos más influyentes, incluso ajenos a la región.

4.8 La relación competitividad-desórdenes en el Sur-sureste

Tomando en cuenta el contexto descrito, puede decirse que el impacto de la competitividad puede reflejarse en la activación de los “atractores de caos” del Sur-sureste, lo que a su vez puede repercutir en la generación de conflictos, así como en la transformación de la diversidad y en la vulnerabilidad de esta región. Su desarrollo puede transitar en una secuencia de orden-caos. Las turbulencias de esta interacción pueden provocar que el proceso de desarrollo de la región en ocasiones parezca encontrarse fuera de control, hasta lograr nuevas “negociaciones” con los actores del desarrollo para compensar los desequilibrios resultantes del impacto de la competitividad en el contexto inarmónico en el cual tiende a desenvolverse en las regiones de México.
En resumen, a pesar de los beneficios que puede aportar, el PPP como política pública a aplicar en el contexto regional, también puede contribuir a la destrucción de la diversidad, así como a la precipitación de los conflictos y la vulnerabilidad del Sur-sureste.
Esto exige generar opciones que permitan prever que si se acepta la posibilidad que el PPP no impactará favorablemente todas las posibilidades de desarrollo de los estados y microregiones del Sur-sureste, debe visualizarse una situación en la cual puedan aprovecharse las oportunidades que derivan del Plan, pero a partir de las expectativas propias de la población regional, lo cual puede obligar a las instituciones, ciudades, empresas, universidades, gobiernos, etcétera, a formar redes para aprovechar las oportunidades; así como protegerse de los posibles efectos negativos del proceso de desarrollo logrado hasta ahora, es decir, esto requiere de “la redefinición de un proyecto político incluyente que promueva una amplia participación social en las decisiones a fin de llevar a cabo las estrategias necesarias en aras de una organización socioterritorial más justa” (Delgadillo 2001), donde la competitividad realmente resulte una fuerza positiva para impulsar el desarrollo regional, descartando o minimizando la sincronización del caos en este proceso. Conviene evitar que nuevamente una política pública como el PPP se convierta en un “activador de caos”, más que un promotor del desarrollo.

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