LA TEORÍA DE LA COMPLEJIDAD Y EL CAOS EN LA CIENCIA REGIONAL

Andrés E. Miguel
Julio C. Torres
Pedro Maldonado
Néstor Solís
janos016@gmail.com

6.1. Atractores de Caos en el proceso de desarrollo de Oaxaca (1940-2000)

El punto de partida del presente análisis es indagar los desórdenes sincronizados al desarrollo de la región. Así, si en México se toman como referencia los grandes modelos de desarrollo vigentes durante el Siglo xx: la “sustitución de importaciones” (SI) 1940-1982, y el Neoliberalismo (Neo) 1982 a la fecha, puede observarse la evolución del proceso de desarrollo, así como la tendencia a la sincronización de los desórdenes y el caos correspondiente.

Al observarse el “Índice de Desarrollo” durante el periodo 40/95, éste muestra la tendencia a un crecimiento constante, evolucionando de niveles de desarrollo muy bajos (0.4028) en el periodo 40/70, hasta niveles de desarrollo medios (0.6827) en el periodo 89-95  (Figura No. 6.1). Si paralelamente se compara esta evolución con un “Índice de los desórdenes” a través de indicadores de emigración, pobreza, desempleo, bajo crecimiento macro y microeconómico y no sustentabilidad, puede observarse que el comportamiento de los desórdenes es variable, pero que adquieren una trayectoria creciente a partir de los 40’s, alcanzando su valor máximo en el periodo 77-82, correspondiente al periodo cuando el modelo de la SI entró en crisis, dando inicio el “modelo neoliberal”.

Comparativamente, el valor promedio del “índice de los desórdenes” durante la vigencia de la SI (9.2) (1940-1982), ha sido relativamente mayor que durante el periodo del Neo, éste último con valor promedio de sus desórdenes de 3.6 hasta 1995; coincidiendo que el valor promedio del desarrollo de éste último (0.6827) ha sido mayor que el valor promedio del desarrollo de la SI (0.4028). De manera específica, durante los periodo del “Crecimiento con Inflación e inestabilidad cambiaria” (1935-1956) y del “desarrollo Estabilizador” (1956-1970) el valor de los desórdenes y del índice de desarrollo ha sido menor que durante los periodos del “Desarrollo Compartido” (1970-1976); y del “Neocrecimiento con inflación” (1976-1982). En éste último, el valor de los desórdenes es el mayor de todo el periodo analizado (23.5) (ver Figura No. 6.2).

Al interrelacionar los valores de los índices de desarrollo y de los desórdenes, la correlación correspondiente al periodo 1940-1995 posee un valor de –0.42, la cual refleja una baja interacción, pero que muestra como los periodos de mayores desórdenes han coincidido con el menor desarrollo de esta entidad. Puede decirse entonces que al consolidarse, los atractores de caos dificultan el desarrollo regional al retardar o reducir la mejora de la calidad de vida de la población. En Oaxaca, durante los periodos considerados, ha ocurrido que a más atractores (desórdenes) activos, menos desarrollo.

¿Cómo se manifiestan los “atractores de caos” en la actividad cotidiana de una región?. En los apartados subsecuentes se describen los que pueden considerarse los “atractores” más notorios que desde los años ‘40 del Siglo XX se han consolidado en Oaxaca, sincronizándose al proceso de desarrollo de esta entidad.

6.1.1. Los atractores de microcaos

Hasta la década de los ‘90 el análisis empírico del desarrollo de Oaxaca muestra que el crecimiento macroeconómico de este estado se aceleró a medida que aumentó la dinámica de la economía nacional. Este crecimiento manifestó una asociación con el empleo y con la emigración, y también manifestó una fuerte dependencia del crecimiento de la economía oaxaqueña hacia el contexto nacional. Lo anterior implica que el desarrollo ha sido promovido desde arriba (macroeconomía) hacia abajo (microeconomía). Así ocurre con los sectores como la agricultura, manufacturas y servicios, en cuyo comportamiento destaca la “sincronización” del auge y depresión de las curvas del crecimiento económico nacional con el crecimiento oaxaqueño.

Básicamente, el crecimiento de la economía oaxaqueña ha mantenido una fuerte dependencia hacia el gasto público federal. Como ejemplo, durante la década de 1970-1980, entre el gasto público federal y el PIB de Oaxaca existió una fuerte asociación, de tal manera que si el gasto federal crecía, la economía oaxaqueña crecía, pero el crecimiento de Oaxaca también se explica por la dinámica de actividades de tipo microeconómico. Destacaban en este sentido el turismo, la construcción de la vivienda, y en general, la creación de micro y pequeñas empresas. En Oaxaca, el 99% de las empresas existentes eran de este tipo en el periodo analizado, y todas manifestaban una alta correlación con el crecimiento
Desde los 40’s, el crecimiento de la economía ha estado acompañado por una estrecha relación con la emigración y el desempleo, pues a un menor crecimiento de la economía oaxaqueña ha correspondido un menor crecimiento del empleo y una mayor emigración. La falta de empleo y el escaso apoyo al campo han hecho de ésta una región de expulsión de población. Se estima que en 1970 habían emigrado 369,399 personas; en 1980 ya lo hacían 596,013, y en 1990 este número había ascendido a 768,797 personas. En 1995, debido a la crisis económica, el desempleo aumentó, lo que ocasionó que cientos de micro, pequeñas y medianas empresas cerraran debido a la crisis financiera enfrentada. Se estima que el número de personas que emigraron entre 1995 y 1996 a consecuencia de la crisis ascendió a cerca de 53,000 (el promedio por año se estima en 16,000 personas antes de esta crisis).

También es importante señalar que debido a sus problemas de crecimiento, en Oaxaca se ha propiciado un desarrollo regional basado en la concentración en unas cuantas ciudades, y por otro disperso en miles de localidades rurales. En este sistema regional el 98.5% del total de localidades existentes en 1995 eran rurales (menores de 2,500 habitantes), conteniendo el 56.5% de la población (INEGI 1995).

A pesar del crecimiento económico logrado durante la década de 1980-1990, en Oaxaca se notó un incremento en los índices de pobreza debido al aumento en la insatisfacción de las necesidades básicas y culturales que se manifiestan en bajos niveles de ingreso, educación, salud y falta de servicios elementales en la vivienda. En términos generales, el índice de pobreza en la década de los 80’s aumentó fundamentalmente por el incremento en la población económicamente activa ocupada con ingresos menores al salario mínimo, ya que ésta era el 21.24% en 1980, y para 1990 era ya el 30.15% (Alvarado 1994).

Durante el periodo considerado, la concentración del ingreso ha tenido relación con la pobreza, de tal manera que ésta manifestó un valor relativamente alto. Así, durante la década de los ‘80, el “índice de concentración” fue muy cercano a 1, y durante 1990 el mismo índice manifestó un valor de 0.93, indicando ambos valores una alta concentración del ingreso. A pesar de los logros obtenidos en la década de los ‘80 y los ‘90, el desarrollo de Oaxaca todavía manifiesta como problema su bajo crecimiento, pues en tanto que la población creció a una tasa promedio del 2.4% durante la década de los ‘80, el PIB solamente lo hizo a una tasa del 0.64%, es decir, éste último no fue capaz de alcanzar el crecimiento poblacional. El planteamiento es que en Oaxaca debe impulsarse la redistribución del ingreso entre la población, sin descuidar el problema del crecimiento de la economía. Durante el periodo 1980-1990, los grados de asociación entre el PIB de Oaxaca (el crecimiento), y la concentración del ingreso indicaban que si el crecimiento de la economía en Oaxaca era alto, la concentración del ingreso disminuía.

Otros ejemplos relacionados con la pobreza indican que el PIB per capita nacional aumentó de un 37% en 1940 a un 245% en 1990 con respecto al de Oaxaca. En este año, el 78.6% del territorio se consideraba extremadamente pobre. Destacaban como los distritos más pobres Nochixtlán, Jamiltepec, Yautepec, Tlaxiaco, Pochutla, Miahuatlán, Ejutla,  Villa Alta y Sola de Vega. De la PEA, el 78.7% percibía menos de 2 salarios mínimos como ingreso. En el renglón de la salud predominaban las diarreas, las enfermedades respiratorias, neumonía (todas ellas consideradas “enfermedades del subdesarrollo”); 216 municipios carecían de servicios de salud (38 % del total). La esperanza de vida de los oaxaqueños era de 62.11 años, la más baja del país. En el aspecto de alimentación, el 68% de los niños en edad escolar carecían de una dieta balanceada. El promedio de años de estudio era de 4.6 años en el estado. Existía un déficit de al menos 300,000 viviendas; 5 de cada 6 personas carecían de servicio de alcantarillado; y el 24% carecían de energía eléctrica.

Al finalizar el Siglo XX, el “atractor de la pobreza” manifestaba un fuerte arraigo en Oaxaca. Así, en los ‘80s este estado ocupaba el primer lugar de la lista nacional con grado de marginación muy alta; en 1990 se ubicó en el segundo lugar, y en el año 2000, ocupaba el tercer lugar a nivel nacional, después de Guerrero y Chiapas. De los 570 municipios oaxaqueños, 424 aun mantenían considerables niveles de marginación: en el año 2000 el 75.7% de la población estatal vivía en condiciones iguales o peores respecto a 1990; es decir, la mayor parte de los oaxaqueños se encontraban marginados de los servicios considerados derechos humanos básicos como el acceso a la educación, a una vivienda digna, a un empleo que permita satisfacer las necesidades básicas, etcétera (DIGEPO 2000).

En resumen, durante el periodo 1940-2000 en Oaxaca se reafirmaron como “atractores de microcaos” el crecimiento dependiente, que ocasiona una baja inversión y un bajo crecimiento de las empresas; un escaso crecimiento del empleo y del ingreso, realimentando la emigración y la pobreza de la población, con su consecuente repercusión en las desigualdades de ingreso y sociales (en el Esquema No. 6.1 se propone la interacción de los “atractores de microcaos” Mi).

6.1.2 Los atractores de macro y megacaos

Las políticas públicas han ocasionado transformaciones radicales en el desarrollo oaxaqueño. Desde el arribo de la “sustitución de importaciones” en la década de los 50’s, y del “neoliberalismo” y la “globalización” en la década de los 80’s, Oaxaca se ha orientado preferentemente como un sistema regional pobre, de alta emigración, exportador de materias primas, subsidiado en su desarrollo por los programas federales. Los escenarios derivado de la aplicación de estas políticas han propiciado que el desarrollo de esta entidad manifieste turbulencias que han hundido a la economía en crisis, devaluaciones e inflación, y de pronto aparecen posibilidades de crecimiento, reducción de la inflación y estabilidad de la moneda, y nuevamente el ciclo desfavorable.
Estas políticas públicas han priorizado determinados aspectos. La “sustitución de importaciones” dio preferencia al proceso de industrialización nacional, relegando a regiones como Oaxaca, acelerando su dependencia económica y la necesidad de cambios sociopolíticos, sobre todo a partir del ‘68. Por su parte, el “neoliberalismo” ha dado importancia y publicidad a los procesos de globalización e integración con otros países de los diversos continentes. En México, este proceso inició con la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) de México con los Estados Unidos y Canadá. México mantiene acuerdos de libre comercio con 31 países en tres continentes. En Oaxaca la mayor influencia de la globalización, aparte de intentar la integración comercial, ha quedado reducida, en gran medida, a la aceleración de la emigración de su población, y a la difusión de sus atractivos turísticos y culturales. La emigración ha resultado “económicamente benéfica” para casi todo el territorio estatal, pues en todas las regiones existe emigración y ésta ha sido creciente, y en cambio, no todas las regiones de Oaxaca poseen atractivos turísticos: éstos destacan en los Valles Centrales y la Costa, y no en todas las áreas de Oaxaca poseen un potencial turístico.
En el año 2000, Oaxaca terminó ocupando los primeros lugares en migración. Más de 70 mil oaxaqueños abandonaban la entidad en busca de mejores condiciones de vida. De los 570 municipios oaxaqueños el 60% seguían considerándose de fuerte expulsión, el 17.5% de débil expulsión, el 11.2% de equilibrio migratorio, el 5.8% de débil atracción, y el 5.4% de fuerte atracción. Las principales regiones de la entidad que expulsaban fuerza de trabajo al noroeste del país y a los EU fueron la Mixteca, Sierra Norte, Sierra Sur y Valles. Resultaba notorio que las remesas de migrantes mantenían la estabilidad social de Oaxaca. Los 3 mil millones de pesos (entre 217 y 289 millones de dólares anuales), que enviaban los migrantes oaxaqueños eran la segunda fuente de ingresos para el estado. Comparativamente, los recursos propios y los enviados por la Federación sumaban cerca de 9 mil millones de pesos.
La globalización ha estado acompañada de transformaciones importantes, sobre todo de la estructura socioeconómica interna y el manejo de los recursos naturales, pues efectivamente,un problema que también destaca en la década de los ’90s es que en Oaxaca se han conformado dos niveles sociales que interactúan, utilizando la terminología de Bonfil, el “México imaginario”, y el “México profundo” (Bonfil 1994). A partir del alzamiento armado de Chiapas en 1994, la discusión acerca del papel de los indígenas volvió a cobrar relevancia en el país y en Oaxaca. Nuevamente ha salido a relucir que la situación de los pueblos indígenas no es muy alentadora: continúan siendo pobres, en ellos se incrementa la desnutrición infantil, están excluidos del sistema de impartición de justicia, y se violan sus derechos humanos.

Por otra parte, desde los 80’s, la sostenibilidad ha adquirido en Oaxaca una dimensión preocupante debido a la acelerada destrucción de sus recursos naturales, pues el menor crecimiento de su economía manifiesta una fuerte correlación con el mayor riesgo de la sostenibilidad de sus recursos. La sostenibilidad también ha mantenido una fuerte relación, aparte de la explotación de los recursos naturales y de la dinámica de la economía, con la pobreza. En Oaxaca, la destrucción de su biodiversidad tiende a crecer. Su superficie extremada y parcialmente erosionada alcanza el 57% de su total. Conservadoramente se estima que en este estado se da una pérdida anual debido a los desmontes entre 20 mil y 30 mil hectáreas. También los idiomas, y con ello la cultura que envuelven, se pierde día con día: así sucede con el ixcateco, el chocho, el zoque de los chimalapas y el chontal (Arellanes 1996: 31- 88).

Las catástrofes naturales también afectan la sostenibilidad. A finales del Siglo XX, particularmente los sismos y los sucesos meteorológicos como los ciclones y huracanes, han ocasionado en Oaxaca daños económicos y sociales de gran magnitud. Como ejemplo se menciona el caso de los “huracanes Paulina y Rick”, los cuales en 1997 causaron devastación en 84,605 hectáreas de granos básicos, 29,600 de café; 6,600 de ajonjolí; 1,017 de cacahuate; 1,338 de frutales; 108 de copra; 70,000 de bosques y selvas; 45,215 productores afectados; causando oficialmente 82 muertos y 24 desaparecidos. También destaca el temblor del 30 de septiembre de 1999 que provocó 21 personas muertas, 51 mil heridos, 191 edificios, 3,870 viviendas, 1,299 escuelas y 24 carreteras destruidas; 900 poblaciones sin energía eléctrica y 7 incomunicadas; 78 inmuebles de los siglos XVI y XIX dañados, incluyendo las pirámides de Mitla y Monte Albán las cuales resultaron con fisuras (Carrillo 1999). Las consecuencias de los sucesos naturales señalados son que han venido a reforzar la “pobreza” (cuando destruyen infraestructura física, equipamiento o cultivos), el “desempleo” (cuando dificultan las posibilidades de inversión o bloquean la actividad existente), la “emigración”, la “insostenibilidad” (cuando transforman el ambiente o destruyen los recursos naturales); y también la “violencia social”.

Efectivamente, los “aspectos socio-políticos” son otro factor que históricamente ha causado "inestabilidad" en el sistema regional oaxaqueño, ocasionando en Oaxaca turbulencias que no permiten efectuar previsiones de mediano y largo plazos en decisiones relacionadas con la planeación del desarrollo. Sucesos notorios del siglo XX correspondieron a los años de 1914, 1928, que demarcaron el "Movimiento Serrano", el "Movimiento Soberanista" y el "Movimiento Cristero". Los años de 1947, 1952 y 1978, que trajeron aparejada la caída de tres gobernadores (Sánchez Cano, Mayoral Heredia y Zárate Aquino). Como protagonistas de la inestabilidad correspondiente han aparecido diversos grupos sociopolíticos: como por ejemplo "los soberanistas" (1914), "los cristeros" (1928), "la liga 23 de Septiembre y la Unión del Pueblo" (a partir del ’68 y parte de la década de los 70’s), o el “Ejército Popular Revolucionario” (década de los 90’s). El resultado de la actuación de tales grupos ha sido el aumento de la incertidumbre en Oaxaca. Otra manifestación de este factor sociopolítico lo son los sucesos como las marchas, plantones, bloqueos de calles de sus principales ciudades que producen "catástrofes cotidianas" entre la población. Como ejemplo, en 1999 se registraban en la entidad 374 conflictos agrarios serios (Morales 1999: 2a), y en promedio, los habitantes de la capital resentían un promedio de 1.8 manifestaciones diarias (Aguilar 2000: 6A).

En resumen, durante el periodo 1940-2000 en Oaxaca se reafirmaron como “atractores de megacaos” las políticas públicas externas, la no sustentabilidad y la aparición de catástrofes naturales; y como “atractores de macrocaos” el bajo crecimiento económico, los conflictos sociopolíticos, la emigración, la generación de desigualdades de ingreso y sociales, así como los conflictos y turbulencias sociopolíticas; los cuales repercuten a su vez en la mejora de la calidad de vida a la que aspira la población oaxaqueña (en el Esquema No. 6.1 se propone la interacción de los “atractores de macro y megacaos” Ma  y Me).

6.2. Comparaciones finales

La complejidad proporciona la visión de una región que cambia, a veces de manera ordenada, y en otras de forma brusca, sobre todo cuando entran en acción los atractores y activadores de caos. El desafío de regiones complejas como la de Oaxaca consiste en encontrar los medios y procesos que propicien la armonía que pueda controlar los “atractores”, o hacer inactivos los “activadores de caos” que repentinamente tienden a provocar turbulencias sociopolíticas y económicas en esta entidad. La sobrevivencia ecológica y cultural de regiones como las de Oaxaca consiste en saber si existe una respuesta positiva a la interrogante si la complejidad puede reducir sus desequilibrios permanentes (la “heterostasis regional”), y contribuir a desarrollar esta región en armonía.

La complejidad enseña que muchos sucesos aparentemente aislados están mutuamente interconectados, y que lo que parece una acción de un elemento aislado es en realidad una forma de respuesta de la región como un todo hacia el contexto con el cual interacciona (por ejemplo, la emigración de los oaxaqueños puede entenderse como la “respuesta compleja” con que la región y la población se sincronizan a la escasez de oportunidades de empleo o a la falta de inversiones en Oaxaca entre otros aspectos). La región es moldeada por el hombre, pero aun en la actualidad la región continúa moldeando al hombre, pues el cambio de la región puede desarrollarse sin la intervención humana, o incluso en su contra, como lo demuestra la continua aparición de contingencias naturales en las regiones.

De manera específica, puede decirse que durante el periodo hasta aquí analizado (1940-2000), el desarrollo en Oaxaca se ha basado en un proceso que avala el supuesto que en esta entidad cotidianamente se manifiestan turbulencias ocasionadas por los atractores de caos de su estructura, los cuales en ocasiones operan independientemente, y en otras de manera sincronizada. El proceso de desarrollo analizado ha producido atractores de megacaos (el “atractor de las políticas públicas” y el “atractor de la no sustentabilidad” por ejemplo); los cuales repentinamente se sincronizan con los atractores de macrocaos (el “atractor sociopolítico” y el “atractor del crecimiento dependiente” por ejemplo), sincronizándose éstos con los “atractores” de microacaos (como por ejemplo, el “atractor de la pobreza y marginación”), y así sucesivamente.

La dialéctica de esta interacción se refleja en la generación de conflictos, así como en la transformación de la diversidad y en la vulnerabilidad de las regiones. En Oaxaca repentinamente se pasa de situaciones armónicas a inarmónicas y viceversa. Su desarrollo es una secuencia de orden-caos. Las turbulencias de esta interacción provocan que el proceso de desarrollo de la región en ocasiones parezca encontrarse fuera de control (como se notó más claramente en 1947, 1952, 1968 y 1978 a partir de los problemas sociopolíticos y económicos de esos años). Esta falta de control se refleja nuevamente en los desórdenes socioeconómicos, y a su vez éstos dan pie a los mecanismos de transformación de su diversidad natural y cultural, y a la auto-organización del sistema (tales como la readaptación hacia el exterior, los cambios en los subsistemas económico-sociales tradicionales, la violencia social, la necesidad de democratización, el tomar en cuenta las propuestas de los grupos sociales más vulnerables, el impacto en el empleo de los recursos naturales, etcétera), para compensar los desequilibrios a que continuamente son sometidas las regiones oaxaqueñas.

La existencia de “atractores de caos” en la estructura socio-económica y política de Oaxaca indica la necesidad que continuamente manifiesta esta entidad para adaptarse a los cambios provenientes del exterior, así como a los derivados de su dinámica interna; adaptación que desafortunadamente está demostrando que su parte más vulnerable es su población pobre, así como su diversidad natural y cultural. En Oaxaca, esto confirma que los atractores dificultan el desarrollo regional al retardar o reducir la mejora de la calidad de vida de la población.

Para resumir el periodo analizado, es necesario comentar que durante el periodo de 1940-82 tuvo vigencia el modelo de la SI (Sustitución de Importaciones), el cual buscó un crecimiento nacional hacia adentro basado en el proteccionismo y el intervencionismo gubernamental: la economía oaxaqueña fue promovida como una economía periférica del centro, básicamente proveedora de materias primas (bienes agropecuarios y recursos naturales), y abastecedora de fuerza de trabajo hacia la industria central.

Durante el periodo 1982-2000, con la vigencia del Neoliberalismo (Neo), modelo que ha sugerido el “crecimiento hacia fuera” basado en la propuesta de la privatización de la actividad económica, la economía oaxaqueña ha tratado de aprovechar sus ventajas relativas regionales (turismo, cultura, agricultura, y desarrollo de las micro y pequeñas empresas manufactureras, de servicios y comerciales de la región), para poder insertarse al proceso competitivo promovido por este modelo. Aun manteniendo un fuerte arraigo agropecuario, y manifestando el comportamiento de una economía periférica, su dependencia ya no ha sido exclusivamente hacia el centro, sino hacia otras regiones, como las del norte del país, a las cuales abastece de fuerza de trabajo. Ambos periodos han generado caos.

La trayectoria de los tipos de caos ha sido constante a lo largo del periodo 1940-2000. Tanto en la SI como en el Neo destaca el papel del caos en los cambios de la economía de Oaxaca a través del indicador de los desórdenes que ambos modelos conllevaron (4.49% de la SI frente a 3.59% del Neo).

La probabilidad de incidencia del “microcaos” en el SI y el Neo ha sido muy alta en ambos modelos. La relación entre la variación de la incertidumbre y el crecimiento de la población, muestra que tanto durante la SI como durante el Neo se han manifestado razones promedio desórdenes/población mayores de 1 (2.68 y 1.43 respectivamente), lo cual significa que el crecimiento de los desórdenes ha superado al de la población: ambos modelos han dado margen a un proceso de desarrollo adaptado al caos en este sistema regional.

Esta adaptación al caos ha manifestado diferentes características en los periodos analizados. Durante la SI por ejemplo, el caos se manifestó de manera drástica a través del “megacaos” de los ’50 que cambió radicalmente el sistema de producción y el empleo de los recursos naturales; y del “macrocaos” que se reflejó en movimientos político-sociales. Con el Neo el “megacaos” más reciente se inició en los ’80 del Siglo XX a través del proceso de transformación ambiental y ecológica de las regiones del planeta y la globalización, que tienden a cambiar la estructura productiva, de consumo y cultural de la población; su “macrocaos” se ha manifestado a través de aspectos económico-sociales, y a últimas fechas (1997-2000), a través de catástrofes naturales. Llama la atención que con el Neo la frecuencia del caos es de 1 veces/año (con la SI esta era de 0.62 veces/año).

El comportamiento del caos confirma que el crecimiento de la economía de Oaxaca ha sido fluctuante, turbulento, con altibajos constantes que dificultan la predecibilidad de su comportamiento inmediato. Su manifestación indica que, aunque en ocasiones se manifiesta drásticamente (especialmente en el “macro y megacaos”), el caos es un proceso que se va gestando a través de la acumulación de diversos desórdenes particulares.

Para concluir, puede recalcarse lo siguiente sobre los “atractores” del caos en Oaxaca:

El “megacaos” ha tenido diversos “atractores”, algunos ajenos a la región. El ejemplo más notable lo han sido las “políticas públicas” promovidas en el ámbito nacional (en el pasado fue la “modernización” promovida por la SI, y actualmente, el arribo de la globalización, con su posible impacto en la multiculturalidad, biodiversidad y la emigración).

El “macrocaos” ha tenido como “atractores” la falta o perdida de control temporal del proceso socio-político interno de las regiones y municipios de la entidad (debido a la dependencia hacia el gasto público federal); debido a que existe una dependencia hacia el comportamiento de otros “sistemas socioeconómicos” con los cuales se relaciona Oaxaca (por ejemplo, el turismo nacional o internacional no depende de la situación de la economía oaxaqueña); a que se pierde el control político de la región (casos políticos de los periodos de Mayoral, Sánchez Cano o Zárate Aquino); o porque aparecen intentos de un orden alternativo al vigente (caso de la irrupción de los grupos armados como la Liga 23 de Septiembre, Unión del Pueblo, o el EPR con su propuesta de cambio radical del sistema).

El “microcaos” ha sido permanente desde 1950, a través de “atractores” como la pobreza, el desempleo, la emigración, la desigual distribución del ingreso, y el estancamiento de la economía. El “microcaos” ha actuado como atractor de macro y megacaos de este sistema.

El impacto del “megacaos” muestra la adaptación de la economía de Oaxaca a las condiciones externas. En 1982 esta entidad conoció un nuevo contacto con el “megacaos”, el cual tiende a provocar su readaptación a las nuevas situaciones cambiantes externas promovidas por las “políticas públicas” nacionales, muchas de ellas de origen mundial. Una característica de este suceso megacaótico es que su llegada no se ha manifestado de manera brusca en Oaxaca, sino gradual (como sucedió también con el arribo de la modernización y el deterioro de sus recursos naturales en los ’50, y el impacto de la globalización desde mediados de los ’80), lo cual ha ocultado su impacto transformador radical.

El “macrocaos” de la SI ha enseñado que en Oaxaca el desarrollo no solamente es producto, y ha producido "desarrollo", sino que también ha combinado "desórden es" (pobreza, desempleo, emigración, insostenibilidad y estancamiento de la economía), así como la perdida de control del proceso (los desajustes sociopolíticos). El “macrocaos” del Neoha tenido raíces más relacionadas con la economía, pero las repercusiones del mismo también se han manifestado en la estabilidad sociopolítica.

La presencia y magnitud del caos resultante tiende a ser un indicador de la magnitud del cambio exigido por este proceso, el cual, como resultado, tiende a transformar el sistema regional oaxaqueño en otro para readaptarse al nuevo orden proveniente del exterior. Estos mecanismos continúan vigentes, y la estimación hecha sugiere que en el futuro el caos en sus diversas modalidaddes todavía posee una fuerte probabilidad de ocurrir.

Las transformaciones de las regiones oaxaqueñas son indicadores que las mismas no han sido, ni son sistemas estáticos. Sus transformaciones turbulentas indican que el sistema regional de 1950 es diferente al de 1982, y éste último al correspondiente al de 1995-2000. Al contrario de lo que comúnmente se piensa, este comportamiento indica su capacidad de adaptación a los cambios provenientes del exterior. Como lo prevé la teoría, la presencia de las turbulencias socioeconómicas es un indicador, no necesariamente bienvenido, de las transformaciones complejas producto de la interacción inarmónica del proceso de desarrollo con las estructuras socioeconómicas y ambientales de las regiones.

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