INFLACIÓN POPULAR: EL IMPACTO DE LA DINAMICA DE PRECIOS EN LAS FAMILIAS POBRES URBANAS DE GUATEMALA

SERGIO A. ROSALES MAZARIEGOS
sergio1982arm@gmail.com

Variación de los precios en la Canasta Básica Alimentaria

Como se mencionó anteriormente, la división alimentos y bebidas no alcohólicas, específicamente maíz y trigo, es mencionada constantemente por el Banguat, junto con los precios internacionales del petróleo y sus derivados, para explicar los choques de oferta que en algunas ocasiones han imposibilitado el logro de la meta de inflación planteada por dicho organismo al momento de definir sus acciones de política monetaria, cambiaria y crediticia. De esa cuenta y por la importancia que estos gastos representan para la población más pobre, que como se mencionó en los capítulos I y II de este documento, pueden llegar a representar el 100 por ciento del consumo para las familias en pobreza extrema, se analiza el comportamiento de los precios en la división mencionada.
Para el efecto, se hace uso de la información sobre la Canasta Básica Alimentaria –CBA- y la división Alimentos y Bebidas No Alcohólicas –ABNA-, en comparación con el IPC General, todos datos publicados por el INE.
El comportamiento (en cuanto al ritmo en sus altibajos se refiere) de la CBA y la división ABNA es, obviamente, similar pues la primera está implícita en la segunda. Ambas series se utilizan para ilustrar la acentuación de las variaciones en un indicador más estrecho (CBA con 26 productos) respecto a la división más amplia de gasto, la ABNA con 62 gastos básicos. La variación fue menos acentuada en la CBA que lo visto en la ABNA, hasta el año 2006 donde la relación se reduce hasta revertirse casi por completo a partir de 2007. Esto significa que el núcleo de artículos contenidos en la CBA aceleró el alza en sus precios por encima del resto de artículos de consumo alimenticio, con implicaciones sobre el acceso a la ingesta de alimentos que provean el mínimo necesario para subsistir. Recuérdese que el costo de la CBA debe relacionarse con el pago del salario mínimo, que se encuentra fijado por debajo de dicho costo e impide a una familia de cinco (5.38) miembros acceder al mínimo necesario. Esto impulsa el empleo de ambos jefes de familia (cuando es una familia con doble jefatura) o en ocasiones, de los hijos que componen el núcleo familiar, con el objeto de complementar los gastos familiares.
Como se aprecia en la Gráfica 5, la variación porcentual en la CBA se encontró por debajo de la variación en los datos de inflación oficial (serie Índice Total) hasta el mes de enero de 2007, caso contrario, la división Alimentos y Bebidas no Alcohólicas –ABNA– ha presentado, con muy pocas excepciones, variaciones interanuales por encima del ritmo inflacionario. Este aspecto es relevante si se considera que, por largos períodos, una familia no puede mantenerse consumiendo un número muy estrecho de productos (26 en la CBA) y deberá tener acceso a otros artículos para diversificar su dieta y adaptarse al consumo cambiante según su estructura etaria. Esto restringe en buena medida que se pueda acceder al consumo de otros artículos más allá de lo delimitado por el costo de la canasta de alimentos.
Asimismo, el comportamiento más acelerado en la inflación de la división ABNA presupone una acentuación de la línea de pobreza extrema, pues futuros cálculos de la misma deberán considerar mayores precios que elevarán el valor de dicha línea considerando un volumen igual en la ingesta kilo-calórica, y en consecuencia, una estimación más elevada del número de pobres si el comportamiento en los salarios e ingresos obtenidos, junto con el auto-consumo y transferencias en especie, no sigue el mismo patrón al alza. 
En una perspectiva histórica más amplia (ver Gráfica 6), la variación interanual de la CBA únicamente superó al ritmo inflacionario en las últimas dos décadas previo a 2006, durante el período comprendido entre julio 1996 y febrero 1997, mientras que desde octubre 2003 no se observa una reducción importante en el costo de la canasta básica alimentaria (-3.27 por ciento). Por el contrario, a partir de noviembre 2006 la CBA ha aumentado por encima del cinco por ciento, hasta alcanzar un alza interanual del 23.3 por ciento en julio de 2008, por encima del 14.2 por ciento observado en el ritmo inflacionario.
          Este nuevo escenario acentúa las presiones sobre los salarios reales, pues el salario mínimo está fijado por debajo del costo de la CBA, aspecto que presiona aún más su incremento, so pena de hacer cada vez más difícil el acceso a los alimentos para un segmento amplio de la clase trabajadora del país y la reducción en el consumo de otros productos para poder cubrir una canasta alimenticia cada vez más cara. Debe destacarse que, precisamente a partir de 2006 entra en vigencia el Tratado de Libre Comercio entre Centro América, República Dominicana y Estados Unidos. Dicho tratado, dentro de la propaganda mediática y política, prometía mejores precios para el consumidor nacional, pero la evidencia demuestra que no tuvo tales efectos, a juzgar por cómo se aceleró el comportamiento de la CBA respecto al ritmo inflacionario precisamente al finalizar el primer año de vigencia de dicho tratado comercial desigual. En ese sentido, debe reflexionarse acerca de la coyuntura inflacionaria vivida en los años 2007 y 2008, durante los cuales es evidente la mayor aceleración en los precios de la canasta básica alimentaria, y en consecuencia, el recrudecimiento de las carencias alimenticias de la población pobre.

Análisis coyuntural de la inflación: años 2007 y 2008

          La actividad económica nacional registró en 2007 un crecimiento del 6.3 por ciento, mayor al observado en 2006 (5.4 por ciento), con una leve desaceleración de la economía mundial (según el FMI ésta pasó de crecer 5 por ciento en 2006, a un 4.9 por ciento). Este escenario de expansión económica, combinado con el entorno económico internacional que presionó con alzas en los precios del petróleo y sus derivados, junto con incrementos sustanciales en el precio internacional del trigo y del maíz, aceleraron el nivel general de precios. Al finalizar el año, la inflación se ubicó en 8.75 por ciento (superior al 5.8 por ciento observado en diciembre de 2006) y se prolongó durante el año 2008, hasta alcanzar un ritmo inflacionario del 14.3 por ciento en julio y concluir dicho año con una variación anual del 9.4 por ciento. Por efecto de los precios en los mercados internacionales de las materias primas mencionadas, la inflación importada llegó a impactar en un 5.84 por ciento a junio de este último año, para reducirse al 0.94 por ciento al mes de diciembre.
          A inicios de 2007, la división de Alimentos y bebidas no alcohólicas (variación interanual del 11.9 por ciento), en la cual inciden los precios internacionales del maíz y trigo, tuvo una participación en la inflación que pasó del 48.97 por ciento en enero al 26.85 por ciento en el mes de diciembre , mientras que la división de transporte y comunicaciones (variación interanual del 10.8 por ciento), afectada primordialmente por los precios del petróleo, pasó de una participación del 4.08 por ciento al 50.98 por ciento en el mes de diciembre. Esto muestra una mayor incidencia en la inflación a raíz del alza del petróleo, acompañado (y no de menor importancia) por las presiones del maíz y trigo. Asimismo, el Banguat estimaba que de la inflación observada (8.75 por ciento) más de la tercera parte correspondía a inflación importada (3.17 por ciento), a la cual se atribuyó la desviación del ritmo inflacionario de la meta de política monetaria planteada en 2007.
          En la Gráfica 7 puede apreciarse el comportamiento del precio internacional del petróleo y el ritmo inflacionario para los años 2006 a 2008. A partir de enero de 2007 se observa un incremento continuo de los precios del petróleo, que alcanza su mayor nivel en el mes de junio de 2008. Esta alza constante tuvo repercusiones en la inflación doméstica que se prolongaron hasta el año siguiente. El comportamiento de ambos indicadores demuestra la estrecha vinculación del precio del crudo con el nivel de precios en el país, y se hizo más evidente a partir del segundo semestre de 2007 en una espiral alcista que se rompe hasta el segundo semestre de 2008, donde los precios locales se resistieron a la baja en la misma proporción de la caída de los precios del petróleo. Es decir, el nivel de precios locales transfiere el comportamiento del petróleo en períodos alcistas, pero la inercia inflacionaria opone resistencia para transmitir las bajas en éste.
          Debe resaltarse el hecho que la inflación importada estimada por el Banguat considera únicamente los impactos del precio internacional del petróleo sobre 32 bienes y servicios de la canasta básica, y los efectos de segunda vuelta sobre los bienes y servicios afectados por el aumento en los precios del transporte, electricidad y gas propano . No se consideran los efectos del alza en los precios internacionales del trigo y del maíz, a pesar de mencionarse estos como causantes, junto al petróleo, de los choques de oferta internacional que afectan la inflación doméstica.
          Otro punto que debe considerarse es el hecho que en EEUU la inflación bajó de 3.2 por ciento en 2006 a 2.9 por ciento en 2007, en contraposición al alza de ese indicador en Guatemala. En la Gráfica 8 puede observarse un comportamiento bastante similar entre las divisiones de gasto Alimentos y bebidas no alcohólicas –ABNA–, Gastos de vivienda, y Transporte y comunicaciones, con el IPC total. En 2007 el alza en la división ABNA fue superior a lo observado en Transporte y comunicaciones, por lo que el efecto de los precios alimenticios, como el maíz y trigo, fue superior y perdió gradualmente el impulso sobre los precios domésticos para ceder a los efectos del alza en el precio del petróleo. Se observa una fuerte escalada del índice de transporte, hasta alcanzar una variación interanual del 24.5 por ciento en octubre de 2008, suficiente para presionar la inflación en dicho mes, que contrarrestó por algunos meses la tendencia a la baja observada por la división ABNA.
          Como se verá en el capítulo siguiente, son precisamente estas divisiones las que más impactan en el consumo de las familias más pobres.


INE, boletines informativos del IPC  de enero y diciembre de 2007.

Banguat. Estudio de la economía nacional 2008. Pág. 8. Descargado de www.banguat.gob.gt

Banguat. Ídem. Pág. 49.

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