INFLACIÓN POPULAR: EL IMPACTO DE LA DINAMICA DE PRECIOS EN LAS FAMILIAS POBRES URBANAS DE GUATEMALA

SERGIO A. ROSALES MAZARIEGOS
sergio1982arm@gmail.com

Comparación Inflación Popular e Inflación Oficial

          La Inflación Popular se calcula a partir del índice de la Canasta Básica Popular, por medio de su variación interanual. En el apartado anterior se observó la brecha generada por el comportamiento diferenciado de los precios en los alimentos, que impactan en mayor medida a aquellas personas con un consumo más reducido de productos con mayores fluctuaciones. El impacto del alza de precios es acumulativo, es decir, no se trata sólo de un período corto, como se busca representar en la inflación interanual, sino se relaciona con un período base para que se pueda conocer el comportamiento. Es como decir que el indicador subió para quedarse arriba, hasta que su valor absoluto [del índice] regresa al nivel observado anteriormente. Algunos pueden decir que la inflación observada a diciembre de 2008, ubicada en 9.4 por ciento “regresó a niveles cercanos” al observado meses atrás, cuando se ubicó el indicador en 9.1 por ciento (marzo 2008).
          Esta percepción usualmente expresada en distintos medios, incluso en el ámbito académico es por demás errónea. La inflación expresa la variación interanual de un número índice, y como tal, depende del valor del período que se esté tomando como referencia. Si el período base se encuentra en niveles altos y continúa subiendo de forma menos acelerada, la variación interanual aparentará una “reducción” del crecimiento, en este caso de los precios. Entonces, se dirá que “la inflación ha bajado”, lo cual no es sinónimo de recuperación del poder adquisitivo.
          La estabilización de precios deja usualmente de lado este aspecto, e implícitamente presupone como dado (e incluso aceptable) que la pérdida sufrida por la inflación se deje en el pasado. Por el contrario, para los ejemplos de marzo y diciembre de 2008, podrían analizarse los números índices. En marzo se ubicó en 172.05, mientras para diciembre fue de 182.93. Aunque la inflación interanual pareciera reflejar similitudes (9.1 y 9.4 por ciento, respectivamente), se hace evidente en los números índices que el alza alcanzada en los precios durante el período no ha regresado a sus niveles anteriores. Por lo tanto, tampoco lo ha hecho la capacidad adquisitiva de la población (pérdida del poder adquisitivo de Q 0.42 a marzo, y Q 0.45 a diciembre). Esto puede explicar, en parte, la percepción de la población respecto a la falsedad de los índices inflacionarios, pues no reflejan que “lo que se perdió, no se recupera”.
          Para reafirmar lo anterior, la Inflación Popular muestra de buena manera el impacto diferenciado del alza de precios sobre el poder adquisitivo de los hogares pobres.
          La diferencia entre ambos indicadores ha llegado a ser hasta de 5 puntos porcentuales, precisamente en el año 2008 donde se observó el mayor repunte de la inflación durante el período analizado. Por el contrario, cuando la Inflación Popular ha estado por debajo de la inflación oficial, la diferencia ha alcanzado menos del 2 por ciento (1.89). Esta posición de la inflación popular se dio únicamente en el período de mayo 2006 a enero de 2007, sin que se haya repetido a lo largo del período analizado, y podría explicarse por un impacto político de la entrada en vigencia del TLC con EEUU. Puede observarse que hay períodos importantes donde la diferencia entre ambos indicadores llega a ser alta y sostenida (julio de 2003 a abril de 2006, máxima diferencia del 4.38 por ciento) y si se considera, como ya se mencionó, que el ritmo inflacionario deja de lado el efecto acumulativo de la pérdida del poder adquisitivo, la brecha de la pobreza se ve incrementada aún dentro de un “exitoso” proceso de desinflación.
          El área sombreada muestra la brecha de pobreza que se está incrementando por efecto de los precios. En la Gráfica 9 se mostraba la mayor profundización de la brecha de pobreza extrema por efecto del alza del nivel de precios de Alimentos y bebidas no alcohólicas, que ubicó el índice ABNA para la CBP un 11.04 por ciento sobre el índice de precios oficial. Ahora, respecto a la totalidad de la CBP, el índice se ubica 14.12 por ciento por arriba del IPC a diciembre de 2008, de lo que se deduce, acentuará la pérdida de poder adquisitivo entre las familias pobres. Pero si la pérdida del poder adquisitivo fuese un indicador uniforme ¿es posible hablar de la pérdida de poder adquisitivo diferenciada para distintos segmentos de la población? De ahí que, en esta tesis, se afirme que una unidad monetaria pierde su valor respecto a la canasta de productos con que se le compare. Por ejemplo, quien dedique sus fondos principalmente a adquirir medicamentos, verá mermada su capacidad de compra real sobre el volumen de medicamentos que pueda adquirir, en consecuencia, su pérdida de poder adquisitivo estará más influenciada por el comportamiento de la división salud. De igual forma, las familias pobres, que se vinculan con el mercado principalmente a través del consumo de alimentos, en primera instancia, verán mermado su poder adquisitivo con relación al precio de estos.

Pérdida de Poder Adquisitivo del Quetzal:familias pobres y cálculo oficial

          El impacto del alza sostenida de precios se refleja en el poder adquisitivo de la moneda, en nuestro caso el Quetzal. Si se desea conocer la percepción de la población respecto al empobrecimiento que subyace detrás del alza de precios, el cálculo de la pérdida de poder adquisitivo –ppa– brinda una respuesta clara al respecto. De ahí que las frases tradicionales mencionadas por madres, abuelas y parientes de generaciones anteriores recuerden que “el quetzal ahora no vale nada, ya no alcanza para nada” y el típico ejemplo de que “un Quetzal antes alcanzaba para hacer un buen caldo para toda la familia, ahora ni para el pasaje es suficiente”.
          Por supuesto, el incremento de los precios va a acompañado del incremento de los salarios nominales, pues de igual manera el salario en los tiempos de los abuelos en muy raras ocasiones se contaba en quetzales, más bien en centavos, en reales o en cuartillos (unidades monetarias ahora en desuso –sin cita bibliográfica por ser conocimiento popular y familiar).
          Ahora bien, ya se presentó la diferencia observada entre la Inflación Popular y la inflación oficial y la brecha que se abre entre el nivel de precios medido con la Canasta Básica Popular y el Índice de Precios al Consumidor oficial. No obstante, el impacto de esta diferencia puede visualizarse de forma más fácil y didáctica calculando el poder adquisitivo a partir de los indicadores mencionados, y de la pérdida del poder adquisitivo durante el período. En este sentido, es más fácil expresarle a la población en general que “un quetzal de ‘antes’ vale 60 centavos hoy”, esto ya brinda un indicador más comprensible sin necesidad de tener formación en ciencias económicas y hace posible expresar que “el valor del quetzal se redujo 40 centavos ahora” (poder adquisitivo y pérdida del poder adquisitivo respectivamente).
          En la Gráfica 11 se representó el alza en los niveles de precios generales y populares, que ilustra cómo se han incrementado los precios a distintos niveles de consumo. No obstante, puede presentarse el panorama como la pérdida de la capacidad real de compra que tienen los habitantes ubicados en ambos niveles de consumo. La pérdida del poder adquisitivo trae consigo la reducción real de la cantidad de bienes y servicios que puedan adquirirse, el cual, como indicador macroeconómico promedio, expresa la disminución de capacidad de compra de la moneda.
          Con la CBP, la pérdida del poder adquisitivo expresa la reducción real de la capacidad de compra de las familias pobres, que aunque utilizan el Quetzal como moneda, sufren el impacto de los precios de una forma distinta que la economía en general, por su vulnerabilidad y reducido consumo. Esto abre una brecha que acentúa su pobreza, tal como se muestra en la Gráfica 12 , que presenta un movimiento similar a la pérdida de poder adquisitivo en general pero más pronunciado.
          Este efecto revela las consecuencias empobrecedoras de la inflación, pero además, pone al descubierto las dinámicas internas del sistema de precios, que castiga de forma más enérgica a la población menos favorecida. Bajo este contexto, las familias pobres se debaten entre la pobreza y la miseria, inmersas en un paradigma que les manda competir para sobrevivir, aún cuando la dotación de factores es desigual. No es casualidad que los países europeos, Estados Unidos y otras economías desarrolladas subsidien su agricultura, pues mantener estables los precios de los alimentos y artículos básicos de consumo permite a la población cubrir sus necesidades elementales y tomar decisiones sobre el ahorro e inversión, motores del crecimiento económico sostenible. Por el contrario, en el caso guatemalteco observamos una debilidad estructural en la producción alimentaria que recae, entre otros, en el fenómeno observado en la gráfica precedente.*


* De estas afirmaciones no se hace cita bibliográfica, pues el capítulo constituye en esencia la interpretación del autor de la presente tesis.

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