ÉTICA Y CIENCIA

Isabel Pérez Cruz

Título: Papel de la ética de las investigaciones comunitarias en el ámbito sociocultural

Autora: Dra. Isabel Pérez Cruz, Daily Rodríguez Ramírez.

Estudios  Socioculturales. Curso 2009/2010.

La ética investiga desde la filosofía, el conjunto de problemas relacionados con la moral siendo esta última el conjunto de reglas, comportamientos que aprendemos espontáneamente. En las investigaciones cualitativas realizadas en la comunidad, la ética juega un  papel imprescindible para dar respuesta ante los dilemas éticos que se presenten en la investigación.

El presente trabajo  Papel de la ética en las investigaciones comunitarias en el ámbito sociocultural persigue como objetivo general analizar el papel de la ética en las investigaciones comunitarias en el ámbito sociocultural. Para dar cumplimiento a dicho objetivo alcanza a definir el Código Ético como una vía para proceder ante los dilemas éticos que se presentan en la investigación, identifica los principales problemas éticos que se pueden presentar en las investigaciones cualitativas, así como los principios básicos para darles solución y aplica los principios éticos en la investigación comunitaria en el ámbito sociocultural. La principal fuente bibliográfica utilizada fueron artículos tomados de Internet.

La importancia de dicho trabajo radica en la necesidad  de socializar conocimientos referidos a la ética de las investigaciones que se realizan en el ámbito comunitario.

Los códigos éticos han sido elaborados por diversos profesionales, según Gregorio Rodríguez en su libro Metodología de la Investigación Cualitativa, estos “ están considerados como guías para un correcto proceder, o al menos para alertar y sensibilizar a los miembros de la comunidad científica sobre los dilemas y cuestiones morales a los que han de enfrentarse”(2008).

En nuestro ámbito más cercano, son los códigos elaborados por las Asociaciones Americanas de Antropología (A.A.A), Investigación Educativa (A.E.R.A), Psicología (A.P.A) o Sociología (A.S.A) los que han inspirado las propuestas éticas para la investigación educativa.

Los códigos antes mencionados coinciden en cuestiones como: el consentimiento de los sujetos a ser investigados,  la protección de la intimidad de los sujetos  y  la responsabilidad del investigador.

Refiere además  Rodríguez que  “Los Principios de Responsabilidad Profesional”, adoptados por la American Anthropological Association en 1971en su primer punto, aluden a la salvaguarda de los derechos, intereses y sensibilidad de los informantes durante la recogida de información, ya que procedimientos como la entrevista en profundidad representan poderosos mecanismos para evadir el modo de vida de las personas, que pueden utilizarse tanto como para valer sus derechos como para violarlos”(2008).

Respecto a la comunicación temprana de los objetivos de la investigación a los informantes, en su apartado 1b, se señala que los proyectos de investigación no suelen estar definidos al comienzo de la misma. Más bien se precisa de un diálogo con los informantes para explorar aquellas vías que hacen que un estudio pueda ser útil a al menos interesante para ellos  “todo esfuerzo deberá dirigirse a buscar la cooperación con los miembros de la sociedad original en la planificación y ejecución de los proyectos de investigación” 2008).

Se recogen además en el código de la A.A.A orientaciones universales como el derecho de los informantes a que se respete su intimidad o que reciban algún tipo de compensación por todos los servicios prestados.

La primera dificultad que encuentra el investigador cuando trata de acogerse a códigos y principios éticos de este tipo es que resultan en exceso generalistas, es decir, no descienden a los dilemas que se plantean en el trabajo diario. Pero incluso si lo hiciesen, estarían obligados a contemplar numerosas excepciones y complicaciones en sus reglas de conducta.

Es preciso reconocer que las decisiones éticas difíciles terminan siendo competencia del investigador, de sus valores, sus creencias y de sus juicios de lo que está bien o de lo que está  mal. A cada investigador corresponde definir su responsabilidad para con las personas que entran en el marco de un estudio. Los códigos éticos pueden actuar de modo de una “moral piloto”, para investigadores, estudiantes y demás personas vinculadas a la planificación, desarrollo y evaluación de un proyecto de investigación.

La investigación según Rodríguez la podemos entender  como “una tarea orientada a la resolución de conflictos teóricos y prácticos asociados a la educación, es decir, como actividad dirigida a identificar y entender el significado que tiene la educación para los que llevan a cabo y para los que la reciben, así como a desarrollar teorías que expliquen y resuelvan los problemas derivados de la práctica educativa” (2008). Refiere además que  “en esta práctica el investigador no se limita a poner en práctica una serie de métodos y técnicas, sino que toma decisiones acerca del modo de investigar (2008)”.Resulta imprescindible por tanto que las consideraciones éticas estén presentes cuando el investigador decida cuáles son los comportamientos correctos, acerca del modo en que va investigar.

En el caso de la investigación cualitativa, la importancia de la ética en el investigador es aún mayor, ya que el investigador que parte del paradigma cualitativo puede llegar a formar parte de un sinnúmero de relaciones que se dan en un contexto estudiado, desempeñando un papel en el mismo, participando y viéndose afectado por los conflictos que surgen en las relaciones interpersonales.

El trabajo de campo trae consigo la inmersión del investigador en la realidad investigada, la relación con personas e instituciones, la obtención de informaciones que los informantes no hubieran revelado de no ser por el grado de confianza que llegan a tener en el investigador. Al mismo tiempo que el investigador actúa como participante, persigue una finalidad distinta a las personas con las que se relaciona, en la medida en que pretende llegar a conocer e interpretar la realidad que investiga. A raíz de esta dualidad surgen una serie de tensiones y dilemas éticos que se suman a los que ya afectan a cualquier tarea de investigación.

El componente ético supone una garantía de la integridad moral de los investigadores. Por ello Rodríguez  citando a Snow (1961) refiere que “el investigador no es neutral en las decisiones que adopta en sus trabajos de investigación, sino que en él se proyectan valores y planteamientos éticos”.

El problema ético se presenta al investigador en forma de dilemas acerca de lo que es correcto o incorrecto en su modo de actuar, siendo esta preocupación lógica teniendo en cuenta que los resultados de la investigación o la propia actividad investigadora pueden tener cierta incidencia sobre grupos humanos.
Estos dilemas éticos se agudizan y amplían en la investigación cualitativa, en la que la interacción con las personas y escenarios es posiblemente más intensa.

En el  marco de la investigación cualitativa las actuaciones moralmente más censurables son las que afectan las relaciones que mantiene investigador e informantes, desde el acceso al campo hasta el lugar concedido a los significados aportados por los informantes .Por tanto el principio básico de contar con el consentimiento de los sujetos a investigar debe aceptarse como un criterio de conducta para el investigador.

Otro de los problemas éticos surge cuando los investigadores son cuestionados acerca de los propósitos, el diseño o las consecuencias de sus actividades. La sinceridad en las respuestas se contrapone a la posibilidad de que el conocimiento de los objetivos y la marcha de la investigación puedan sesgar el tipo de información que los sujetos participantes proporcionen. Ante este dilema Rodríguez citando a Erikson (1989)  “considera  un principio básico el que los individuos sean bien informados acerca de los propósitos y las actividades de la investigación, así como de las exigencias que para ellos pueda suponer o los riesgos que se deriven de su participación”.

Retomando a Deyhle, Hess y Le Compte (1992) hacen alusión a los problemas éticos derivados de los intercambios establecidos entre investigador e informantes, a fin de ofrecer alguna contrapartida por el esfuerzo que han de hacer( acudir a entrevistas, facilitar documentos personales, participar en sesiones de comprobación de hallazgos, etc) al actuar como sujetos investigados. En muchas ocasiones la obtención de información se ve compensada por asesoramiento, materiales, servicios, o incluso dinero. En este tipo de intercambios los problemas surgen al determinar cuánto ha de  ofrecerse por la información obtenida. Ante esta situación cabe reflexionar acerca de si la información ¨comprada¨ posee el mismo valor que la ofrecida voluntariamente, o si el modo de obtenerla crea diferentes obligaciones y restricciones respecto al uso de la misma.

Estos  autores reconocen que es necesario tener en cuenta que parte de la información que recoge el investigador podría perjudicar a los sujetos si llegase a conocerse por terceras personas. El grado de familiaridad que establece el investigador con algunos informantes trae como resultado que se reserven los datos que éstos no querrían ver publicados. Ante esta situación el investigador podría encontrarse ante un segmento de información embarazosa cuya utilización plantea problemas éticos, por lo que posiblemente habrá de otorgar un carácter confidencial a este tipo de datos, aunque los tenga en cuenta a la hora de estructurar la comprensión global de la realidad estudiada.

También señala que un caso similar al anterior es cuando el investigador se percata que determinados miembros del grupo estudiados son injustamente tratados o cuando descubra prácticas contrarias a las normas establecidas por el grupo y/o la ilegalidad vigente, de cuyo conocimiento podrían derivarse sanciones administrativas. En este caso la obligación cívica de denunciar tales situaciones entrará en conflicto con respecto a la vida privada de las personas  y al compromiso de salvaguardar la identidad de los informantes.

Los riesgos psicológicos y sociales para los individuos se incrementan cuando se vinculan a relaciones entre grupos de intereses divergentes en los contextos estudiados, por tanto el investigador debe prever los conflictos éticos que surgen en estos casos y negociar desde un principio el modo en que la información va ser utilizada. Es por ello que autores como Erikson (1989)refiere que  “la norma ética básica consistirá en proteger los intereses particulares de los participantes que resultan especialmente vulnerables, es decir, aquéllos que son sujetos centrales de la investigación o que ocupan un puesto singular en las organizaciones, que les hacen fácilmente identificable”.

La recogida de datos también se ve afectada por dilemas éticos en cuanto a la forma de registro. No deberían ser grabadas en audio o video ningún tipo de conversaciones o escenarios sin el consentimiento de los participantes.

Refiere Gregorio Rodríguez en Metodología de la Investigación Cualitativa tomando a Erikson (1992) como referencia que “el problema de la confidencialidad de las grabaciones en video  forma parte de un problema ético más amplio, que consiste en la exigencia fundamental de que el investigador evite la posibilidad de que se derive algún tipo de perjuicio para los sujetos participantes (situaciones comprometidas ante sus superiores, represalias administrativas, pérdida de prestigio, etc.)”. Según este mismo autor el modo de minimizar los riesgos pasaría por soluciones como no registrar en vídeo más que interacciones inocuas, borrar parte del material registrado o negociar quiénes tendrían acceso a los registros, evitando a las personas que están en situación de tomar medidas contra los participantes o retrasando en el tiempo su acceso a las cintas.

Por último de acuerdo con Howe y Dougherty (1993) “es necesario que los procedimientos de investigación interpretativos se desarrollen dentro de un contexto definido por un continuo diálogo , que evite las posibles presiones de los investigadores destinadas a conseguir de informantes y participantes en el estudio una confirmación de sus posiciones e interpretaciones”.

Las decisiones adoptadas por el investigador en cada caso ante interrogantes de este tipo dependerán de un conjunto de principios éticos basados en un esquema de valores.

Ética en las investigaciones comunitarias en el ámbito sociocultural

 Ignacio Dobles Oropeza en su trabajo La dimensión ética en el trabajo con grupos  y comunidades, citando a Fals Borda (1985) “el trabajo con comunidades, tiene que ver con el poder, es decir con  la capacidad de un grupo humano de tomar las decisiones cruciales acerca de su acción y su situación, sus posibilidades de convertirse en sujeto social.  El poder pone en juego los recursos con que cuenta el grupo o la comunidad, en relaciones intergrupales e intragrupales específicas, y este poder tiene un efecto sobre las mismas relaciones sociales. Es necesario considerar que los investigadores no están ajenos a relaciones de poder, y aportan lo suyo”.

Refiere Ignacio Dobles Oropeza que para Nobre de Andrade (s.f.), “quien ha escrito sobre la dimensión ética en las prácticas comunitarias, el asunto ético crucial a considerar tiene que ver con la forma en que se establece la relación sujeto/objeto en el proceso mismo de la práctica comunitaria. La discusión ética debe trascender los límites  de una ética individual, para preocuparse por las consecuencias de la acción del investigador (a) sobre grupos, comunidades o la sociedad como un todo, es decir, por la ética social explícita o implícita en la acción investigativa”.

Por otro lado, la discusión ética no puede ubicarse exclusivamente en un plano de moral individual, en la que cada investigador  podría optar por este u otro proceder, sino que tiene que ser examinada a la luz de valores y principios que deben guiar la acción con individuos, grupos o comunidades.  Por lo tanto no es necesaria una ética relativista, en la que todas las opciones tendrían un mismo peso, sino la necesidad de rescatar y  promover determinados valores y principios.

Según el psicoanalista argentino Fernando Ulloa “una respuesta posible ante la cantidad de adversidades o frustraciones que pueden presentarse en el trabajo comunitario puede ser el activismo (el lo denomina voluntarismo), siendo la respuesta de los investigadores desarrollar más y más actividad, de forma irreflexiva, no sólo lesionando la interrelación necesaria entre teoría y práctica en el proceso de construcción del saber sino también, muchas veces, lesionando la autonomía del grupo al sustituir sus responsabilidades o funciones”.

A partir de la concepción de Freyre Roche, tratamos  “el término sociocultural invita a pensar en dos realidades objeto de estudio científico: la sociedad y la cultura, lo social y lo cultural”. Por ello las investigaciones socioculturales llevadas a cabo en las comunidades  deberán potenciar los procesos de transformación y creatividad hasta la cotidianidad.

En este terreno de las prácticas con grupos y comunidades,  lo ético debe concebirse de manera estrecha con lo metodológico, teórico y operativo. En la consideración de que  “es necesario en este tipo de investigaciones  la presencia   de un profesional o especialista con una rigurosa formación que permita  una interpretación científica e integral de la realidad y a la vez desarrolle  capacidades  de coordinar, incluir o sugerir las iniciativas, proyectos y  programas de desarrollo, que impliquen oportunos cambios en el ámbito psicosocial y sociocultural”, en una concepción de las autoras.

Para lograr cambios en el ámbito psicosocial y sociocultural es necesario vincular  la propuesta que hace Enrique Dussell, en Ética de la Liberación en la era de la globalización y la exclusión (1998), de una Ética para la Liberación, con la propuesta  de Prilletensky (1994).

La ética de la liberación que propone Dussell contiene tres componentes fundamentales:
 

  1. Una ética orientada a producir y reproducir la vida humana, es decir, destacando el carácter material, objetivo de las condiciones de existencia,
  2.  La necesidad de la participación democrática en el establecimiento de la misma y 
  3. El elemento de factibilidad de las propuestas.

Y la ética para la liberación que propone Prilletensky (1994) apunta a  “una investigación que busque dar a grupos y comunidades mayores posibilidades de regir sus propios destinos debe procurar la autonomía, la participación democrática y la justicia distributiva”.

El tema de la autonomía, sobre todo en su vertiente individual, es, por supuesto, de especial predilección de la Psicología.  Autorrealización, que “haya yo donde solo había ello”, que “se desarrolle la moral autónoma”, etc., que “el individuo libere su potencialidad espiritual o corporal, esto es pan de todos los días en la disciplina.

En el caso del trabajo con grupos y comunidades, la autonomía es también una de las metas que se proclama, y sin embargo es una pretensión que de inmediato hace surgir algunos de los obstáculos principales que se presentan en el trabajo con comunidades, siendo  el paternalismo y en un sentido más amplio, la dependencia de la comunidad hacia los intelectuales, trayendo como consecuencia que en algunas ocasiones, incluso muy en contra de la voluntad y las disposiciones de los profesionales, se puede manifestar la dependencia de los pobladores. Así, los grupos, y no por diferencia el investigador, parece reunirse únicamente si está el profesional. O, de una u otra manera se quieren depositar en él o en ella encargos sociales que desbordan sus posibilidades.

El segundo valor ético que propone Prilletensky (1994) en su propuesta es el de la “participación democrática” señalado también por Dussell como elemento fundamental de una ética de la liberación. Se trata de una participación democrática que no agota en sí la discusión, porque no se trata exclusivamente de establecer condiciones adecuadas de comunicación, sino también de las condiciones concretas en que se enmarcan estos procesos y sus resultados. Prillieltensky establece que: “las personas afectadas por intervenciones sociales e individuales deben ser parte del proceso de toma de decisiones” (Prilleltensky, 1994,204).

Un primer obstáculo que se presenta aquí es que el investigador asuma una condición de experto, que se autoproclame poseedor de la verdad, las respuestas, etc.Superar esto dependerá en parte de las actitudes del investigador, pero también del lograr o no establecer normas y estructuras democráticas y de participación en el grupo o comunidad.

Otro problema tiene que ver con las diferenciaciones existentes dentro de la comunidad y grupo. Es muy difícil encontrar un grupo o comunidad con que se quiera trabajar en el que no existan subdivisiones o grupos. Esto puede darse por cualquiera de las muchas divisiones posibles en nuestra sociedad: género, edad, labor ocupacional desarrollada, lugar de residencia, religión, política, etc.

No es casual entonces que la identificación de estos subgrupos sea una de las tareas de diagnóstico de la comunidad y grupo de gran importancia al inicio de la experiencia. Trabajar en medio de estas diferenciaciones, que a veces se convierten en conflictivas, requerirá de mucho cuidado por parte del investigador comunitario. Deberá reflejarse, quizás, en asegurarse de que el tiempo invertido en el trabajo se divida de manera más o menos pareja entre los grupos, de tener cuidado de que no se está inclinando la balanza hacia uno u otro sector (incluso en cuestiones como de donde se come, donde se duerme, etc.). El no hacer esto cuidadosamente puede afectar, en las praxis conjunta que implica el proceso de investigación, las posibilidades de establecer mecanismos democráticos y equitativos de participación y toma de decisiones.

El último valor que propone Prilleltensky (1994) en su  modelo de empoderamiento es el de la justicia distributiva, que se refiere a la injusta distribución de la riqueza y el poder en la sociedad. Para Prilletelnsky (1994) la justicia distributiva: “..se aplica tanto al nivel microsocial, donde la gente y los grupos pequeños negocian la distribución justa de recursos, como al nivel macrosocial, donde se requieren el compromiso y la acción social y política” (1994,206).

Este valor en la propuesta de Prilletensky  apunta al hecho, destacado por la Ética de la Liberación, de que hay condiciones materiales que condicionan las posibilidades de acción de grupos y comunidades ( la propuesta de constituir una ética para la promoción de la vida humana). Esto coincide, por lo demás, con lo que se ha planteado en la  investigación participativa de la necesidad de superar esquemas que se queden en la “concientización” o en la pedagogía. Por otro lado, establece que es un valor a tratarse en diferentes niveles, lo que incluye, además, a los investigadores. Se trata, además, de la distribución y socialización de bienes materiales y simbólicos.

Este propósito ético esbozado por Prilleltensky enfrenta, por supuesto, enormes obstáculos. Puede especificarse en luchas específicas de las comunidades o grupos para obtener mayores recursos, en salud, educación o producción, en actividades que busquen fomentar el establecimiento de leyes o de un funcionamiento más equitativo de instituciones, o puede tener que ver con el flujo de la información dentro del propio grupo, con el “valor social” de las diferentes voces que se expresan en la comunidad, etc.

Todo trabajo que se lleve a cabo en la comunidad, la tendrá a ella como protagonista,  desarrollando un trabajo encaminado al desarrollo comunitario. Refiere Pérez en Perfiles éticos de la investigación sociocultural para el desarrollo local que “el profesional que desarrolla investigaciones socioculturales  para el desarrollo local debe caracterizarse por el compromiso con su pueblo, lo que significa contribuir a la concienciación de sus necesidades, ofreciéndole al mismo tiempo las herramientas necesarias que faciliten su autonomía y protagonismo”.

Por lo señalado anteriormente desde las investigaciones socioculturales, en particular en el ámbito comunitarito, el investigador que pretende llevar a cabo una investigación en aras de propiciar un desarrollo local, deberá regirse por los siguientes perfiles éticos.

  1. Reconocimiento de los intereses, necesidades y valores de la propia comunidad. Acción que debe concebirse e implementarse con su núcleo conductor esencial en el protagonismo de los miembros de la comunidad.
  2. Respeto de la diversidad de tradiciones y características culturales producidas por la historia, asumiendo los elementos de carácter progresivo  y regresivo. Atención y respeto a las particularidades de cada comunidad que hace de cada una de las comunidades un marco irrepetible.
  3. Sustentar el trabajo en valores como la cooperación y la ayuda mutua.
  4. Respetar la autonomía, a discreción y  confidencialidad de los participantes.
  5. Concepción de la comunidad como núcleo, constituida por personas individuales a las cuales debe llegar la acción comunitaria no como impersonal o distante, sino de modo directo o personal.
  6. Visión cultural de la participación donde el recurso humano es actor directo o sujeto activo de cambio, es protagónico.
  7. Interrelación de investigación, participación, trasformación y modificación.
  8. Saber colectivo que integra saber-saber hacer. Conocer y hacer para la producción y utilización de conocimientos que potencien y gestionen el desarrollo local.

El asunto ético crucial a considerar en las investigaciones comunitarias tiene que ver con la forma en que se establece la relación sujeto/objeto en el proceso mismo de la práctica comunitaria.

Los códigos éticos funcionaran como una ¨moral piloto¨ para los investigadores, sin embargo las decisiones que estos tomen ante los diversos dilemas éticos, dependerán en gran medida de su competencia profesional.

Debido al papel sumamente importante que desempeña la ética en las investigaciones cualitativas  donde el investigador cualitativo puede llegar a formar parte de un sinnúmero de relaciones que se dan en un contexto estudiado,  es necesario vincular la propuesta de Gregorio Rodríguez de la ética en las investigaciones comunitarias.

La propuesta de Dusell de una Ética para la Liberación y la propuesta de Prilletensky ya que coinciden en aspectos como :  una ética orientada a producir y reproducir la vida humana, es decir, destacando el carácter material, objetivo de las condiciones de existencia, en  la necesidad de la participación democrática en el establecimiento de la misma y  en el elemento de factibilidad de las propuestas, así como en la autonomía, la participación democrática y la justicia distributiva, para de esta forma propiciar cambios en el ámbito psicosocial y en el ámbito sociocultural a través de las investigaciones comunitarias.

Bibliografía

Gómez, G. R., Javier Gil Flores, & Eduardo García Jiménez. (2008). Metodología de la Investigación Cualitativa. La Habana: Félix Varela.  
Ignacio Dobles Oropeza. (n.d.). La dimensión ética en el trabajo con grupos y comunidades. Universidad de Costa Rica.
Isabel Pérez Cruz. (2010, May 28). Perfiles éticos de la investigación sociocultural para el desarrollo local. www.monografías.com. Retrieved June 7, 2002, from http://es-ar.start3.mozilla.com/firefox?client=firefox-a&rls=org.mozilla:es-AR:official.
Prilleltensky, I. (1994). The morals and politics of psychology: psychological discourse and the status quo. State University of New York Press.

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