ACTIVIDADES EXTRACURRICULARES PARA POTENCIAR LA EDUCACIÓN SEXUAL DE LOS ESTUDIANTES DE ESTUDIOS SOCIOCULTURALES

José Sánchez Díaz

CAPÍTULO I
Consideraciones teóricas metodológicas sobre la educación sexual.
1.1 Reflexiones acerca de la educación sexual.


El siglo XXI plantea a la educación una doble exigencia que puede parecer contradictoria: la educación debe transmitir masiva y eficazmente, un volumen cada vez mayor de conocimientos teóricos y técnicos evolutivos, adaptados a la civilización cognoscitiva, porque son las bases de las competencias del futuro. Simultáneamente debe hallar y definir orientaciones que permitan no dejarse sumergir por las corrientes de informaciones más o menos efímeras que invaden los espacios públicos y privados y conservar el rumbo en proyectos de desarrollo individuales y colectivos.
Evidentemente los problemas de salud están integrados al proceso pedagógico  y tiene como objetivos educar a nuestros niños y jóvenes para que sean ciudadanos sanos, plenos con un nivel de vida cualitativamente superior. Exigiéndosele a la educación de hoy educar en todas las esferas de la vida física, intelectualmente y moral del ser humano lo que también significa educar en salud y presupone desarrollar conocimientos, hábitos, habilidades y actitudes al desarrollar hombres y mujeres con una vida más prolongada y activa.
Esto significa hablar, en el sentido más amplio, de la formación de actitudes, de la asimilación de conocimientos y de todo lo que constituye la vida del ser humano, educación multilateral que abarque todas las esferas de la vida del hombre: física, intelectualmente y moralmente. (Colectivo de autores Educación Sexual 2007:55).
El Ministerio de Educación de Cuba, en su rol de promotor de la Política Educacional del Partido, insta a la escuela a asumir el desafío de educar a los niños, adolescentes y jóvenes en materia de afectividad y sexualidad, la cual se expresa en la orientación hacia las diferentes dimensiones de la vida sexual (individualidad, pareja, familia, sociedad, cognitiva, afectiva) y en todas y cada una de las etapas del desarrollo psicosexual.
En todas las épocas ha existido educación de la sexualidad, del mismo modo ha  sucedido en relación con otros aspectos de la transmisión de los conocimientos. Siempre, de forma consciente o no, ocurre una transmisión de valores, actitudes, conductas y puntos de vista que dependen en gran medida de la educación y el momento histórico-social concreto.
La sexualidad,  como uno de los componentes de la educación sexual, es un hecho universal en la vida de las personas, que impregna y matiza las más diversas esferas: forma parte  de lo personal  y de lo común, resultando imposible comprenderla al margen de las interrelaciones sociales, la comunicación persona a persona, la colaboración al dar y recibir. (Castro Alegret, Pedro Luis y otros, 2006: 27). La sexualidad como una rica  manifestación vital, se construye, se vivencia, crece, se comparte, se proyecta y expresa en todas dimensiones existenciales: el individuo, la pareja, la familia y la sociedad. (Castro Alegret, Pedro Luis y otros, 2006: 27,28).
Los elementos teóricos expuestos por este autor en las dimensiones que aborda la sexualidad no se proyectan en la sociedad cubana actual por las características de la familia cubana limitada por prejuicios en lo referente a estos temas que impiden la aceptación de la sexualidad en todas sus dimensiones por sus miembros restringida a patrones históricos en el desarrollo individual de cada una según su modo de interpretarla   y relacionarla con  la época o etapa que se vive.
Lo anteriormente expresado constituye un obstáculo para los miembros más jóvenes en sus relaciones con los padres y otros integrantes del grupo  limitándose la comunicación en  casi todos los casos a la orientación de patrones de conducta preestablecidos que difieren de la realidad y el contexto donde se desarrolla la actividad social individual y colectiva de cada miembro si se tiene en cuenta que para:
El individuo: La sexualidad se integra en el yo  íntimo, que siempre se define a sí mismo como ser sexuado, se percibe desde adentro y se proyecta hacia afuera en su masculinidad o feminidad.  Este carácter personalizado, único e irrepetible de la sexualidad como expresión de la identidad, permite explicar la diversidad de formas de vivirla y sentirla, su flexibilidad y plasticidad, el hecho de que sus caminos no estén predestinados y cada cual pueda transitarlos de un modo único, imprimiéndole su propio sello. Al mismo tiempo el individuo se proyecta de forma singular en las restantes  dimensiones referidas, a la pareja, la familia y la sociedad, las cuales imprimen por consiguiente un innegable contenido social a la sexualidad.
La pareja: Representa la trascendencia de la sexualidad hacia una dimensión interaccional, esencialmente social, donde tiene lugar el encuentro con el otro yo y se establecen vinculaciones afectivas y eróticas  comunicación física y espiritual, al ofrecer y obtener placer, satisfacción amor y felicidad.
La familia: Constituye el primer agente de socialización de la personalidad y como parte de ella de la sexualidad y el grupo de referencia más estable a lo largo de la vida en cuanto a la formación de valores, convicciones, normas de comportamiento, concepciones y actitudes sexuales; en los vínculos intrafamiliares se potencian  la comunicación humana y los lazos emocionales y se reproduce la vida cuando la pareja o el individuo deciden tener descendencia.  Es en este grupo donde las niñas y los niños, desde las más tiernas edades, se apropian de los modelos de conducta relativos a la masculinidad y feminidad a partir de los cuales construyen su identidad y el rol de géneros, procesos estos esenciales para el desarrollo de la sexualidad.
La sociedad: Es el más amplio contexto en el cual el individuo sexuado se desempeña, interactúa y se comunica con las personas de ambos sexos a lo largo de su vida y a través de una gran diversidad de actividades, en el juego, los estudios, el trabajo, la participación en la vida comunitaria desde el punto de vista intelectual, político, artístico, científico o recreacional. De está dimensión provienen los modelos, patrones y valores genéricos culturalmente predominantes, a partir de los cuales se conforma, se educa y evalúa la sexualidad de la persona.
Lo cognitivo: Implica conocerse a sí mismo y al otro sexo como seres sexuados y valorarse adecuadamente, identificándose con su sexo, al margen de  actitudes y estereotipos sexistas, comunicarse asertivamente y de modo constructivo con la pareja y demás personas en general, decidir por la propia vida sexual y autorregularse con libertad, comprender y respetar las alternativas para vivir la sexualidad elegida por las demás personas, planear de forma consciente y responsable la familia, cantidad de hijos y su espaciamiento, practicar y defender la equidad de género en todas las esferas de la vida, saber cómo alcanzar y preservar la salud sexual y reproductiva, conocer y defender sus derechos sexuales y proyectar la propia vida sexual en una dimensión futura.
Lo afectivo: Significa aprender a valorar activamente todas las alternativas de la educación sexual con un espíritu crítico, democrático, reflexivo, divergente, comunicarse,  interactuar y dialogar con las personas que le rodean, sobre la base de la colaboración y la reciprocidad, examinando sus más diversas posiciones propias o ajenas y elegir de forma madura de acuerdo con sus necesidades y las de la sociedad.
A partir del análisis de las dimensiones que comprenden la sexualidad impresos en ellas los patrones por los cuales el individuo trasciende durante toda su vida entonces: su esencia  se completa y realiza en la espiritualidad, en lo subjetivo, que existe como realidad concreta en la personalidad única y creadora, capaz de transformar el entorno físico y cultural y de transformarse a sí misma en la praxis cotidiana. (Castro Alegret, Pedro Luis y otros, 2006:28).
Es necesario entonces comprender que la  educación de la sexualidad en nuestro país tiene que ocupar el lugar que le corresponde en el proceso docente educativo. No tener en cuenta el aspecto psicosexual en la formación de las nuevas generaciones, obviar sus proyecciones, imposibilitará su desarrollo integral. La institución escolarizada es el espacio donde se desarrolla el proceso de enseñanza-aprendizaje, es además el marco general en el que las interrelaciones estructurales, funcionales y culturales pueden dar sentido al hecho educativo formal.
Al respecto el estado cubano perfecciona constantemente el Programa de Educación Sexual el que contribuye  al enriquecimiento del sustento ideológico y material para atender integralmente la salud sexual, como derecho de todas las personas y avanzar sobre barreras culturales tradicionales en el respeto a los derechos sexuales. La Revolución Cubana creó condiciones esenciales de justicia social al dejar abiertas las puertas a la realización de diferentes programas de desarrollo para satisfacer las necesidades continuamente renovadas de los diversos grupos sociales del país.
La política cubana de educación sexual cumple los siguientes procederes. (Revista Sexología y Sociedad. Año 8, No 20, 2002).
-El derecho que tienen todas las personas, sin  distinción de raza, sexo, edad, orientación sexual, capacidades sensoriales, intelectuales y físicas, creencias religiosas, a recibir una educación sexual, como parte de su educación integral.
-El derecho que tienen todas las personas, sin excepción, de que se atienda su salud sexual dentro de su concepción integral de salud.
-El respeto a la dignidad humana, de la cual se deriva el consiguiente respeto a los derechos sexuales de todos y de todas.
-La creación de condiciones materiales e ideológicas que favorezcan el desarrollo de una sexualidad plena, sana, responsable y feliz. 
-El desarrollo de la capacidad de gestión local en las comunidades para la atención a las necesidades relacionadas con la sexualidad de diferentes grupos poblacionales vulnerables.
Los procederes de la política educacional cubana con respecto a la sexualidad muestran la necesidad de socializar la educación sexual de manera tal que se involucre a todos los miembros de la sociedad en una concepción general de salud dirigida a respetar los derechos sexuales, la dignidad humana creando condiciones que fortalecen el componente político ideológico de la sociedad a partir de los logros de las comunidades al enfrentar este proceso en todas sus dimensiones ya que en la construcción de la sociedad socialista participan personas con diferente orientación sexual.
Principios en los que se basa la política de educación sexual y que por tanto median su aplicación son. (Revista Sexología y Sociedad. Año 8, No 20, 2002).
-Carácter  multidisciplinario: La naturaleza y complejidad de la sexualidad como objeto de estudio requiere de la participación e interrelación de múltiples disciplinas científicas para su abordaje.
-Aplicación intersectorial: Las problemáticas de la sexualidad reclaman la acción coordinada de diversas instituciones del estado y organizaciones sociales.
-Carácter histórico: El programa Cubano de Educación Sexual es dinámico, respeta la historicidad y evolución de contextos y escenarios lo cual permite desarrollar acciones de intervención que garantizan su perfeccionamiento continuo.
-Perspectiva de género: La sexualidad, su educación orientación y terapia requieren de una profunda, comprensión acerca de la compleja relación que existe entre diversidad, similitudes y diferencias entre hombres y mujeres así como de firmes criterios de equidad que se dirijan a la eliminación de las asignaciones socioculturales existentes a lo largo de la historia.
-Referente científico: Una concepción dialéctico materialista y humanista de la sexualidad su educación, orientación y terapia.
Los principios en los que se basa la política de educación sexual  se corresponden con las necesidades de la sociedad de modo que se abordan  desde todos los sectores de dedicados no solo a  la ciencia el estudio e investigación de esta rama de la salud, sino que además comprende a los  dedicados a la esfera  de la producción y los servicios debido a que en ellos interactúan individuos de ambos sexos con diferente orientación sexual, proponiéndose un programa dinámico con carácter multidisciplinario abarcador de todo el acontecer social del país.
Objetivos actuales.
-Desarrollo de la educación de la sexualidad sin elementos de discriminación sexista, en las diferentes etapas de la vida y como parte de la educación integral del individuo.
-Promover la salud sexual como un elemento fundamental de la calidad de vida en diferentes grupos etarios y poblacionales.
-Educar en el respeto a los derechos sexuales   de todos y de todas.
-Propiciar sistemas de reflexiones que modifiquen estereotipos y prejuicios que promuevan actitudes y conductas favorables al desarrollo de una sexualidad sana, plena, responsable y placentera. (Revista Sexología y Sociedad. Año 8, No 20, 2002).
Preparar  a la juventud en educación sexual debe estar en correspondencia con la integración de sus demandas sociales permitiendo integrar el contenido de los objetivos actuales al proceso de preparación de los estudiantes, sin dejar a un lado sus posiciones internas es decir aquellos comportamientos y motivaciones adquiridas en etapas anteriores ya que las experiencias pasadas hacen de cada joven algo irrepetible, diferenciándose unos de otros porque las influencias recibidas y su posición interna  ante estas experiencias es peculiar para cada uno.
En el plano personal se evidencia relaciones de pareja más estables por su capacidad para hacer planes a más largo plazo, no obstante mantenerse en la mayoría de los casos el inicio de las relaciones sexuales a edades muy tempranas incidiendo en ello factores como, la curiosidad, la falta de autocontrol, la presión del grupo o de la pareja, lo que demuestra falta de madurez emocional. (Castro Alegret, Pedro Luis y otros, 2006:22)
En este sentido en el texto Educación Sexual con los Jóvenes de Preuniversitario, Educación Técnica  y Universidades Pedagógicas se proponen: los objetivos de la  educación sexual en la juventud.
-Propiciar el desarrollo de relaciones de parejas estables, con niveles profundos de comunicación física y espiritual, que garanticen el crecimiento individual y mutuo.
-Potenciar el desarrollo de pautas y estrategias de conductas flexibles y afectivas, para enfrentar y resolver los problemas y responsabilidades que puedan afrontarse en la vida sexual y reproductiva.
-Promover la decisión y autodeterminación libre y responsable de los límites de la vida sexual, atendiendo a las propias necesidades y aspiraciones y a la de las personas que lo rodean.
-Estimular la práctica de formas de convivencia con los coetáneos y adultos en la vida familiar y social, basadas en la equidad y la colaboración.
-Promover el sentimiento de respeto y la aceptación de los límites de la vida sexual ajena.
-Contribuir a la consolidación y estabilización de la orientación sexual acorde  a las formas particulares de construir y vivir la sexualidad.
-Desarrollar los conocimientos, sentimientos, valores, y modos de comportamientos afectivos que lo capaciten, según sus opciones, para  la constitución de la familia y la paternidad y maternidad responsables. (Castro Alegret, Pedro Luis y otros, 2006:57)
El criterio del autor sobre lo referente a los objetivos propuestos por el doctor Pedro Luis Castro Alegret  consiste en que estos son abarcadores de  amplios contenidos que pueden no considerar el desarrollo psicosexual de los individuos en anteriores etapas de su vida en los que la formación de criterios y conceptos  por lo general muy sólidos son moldeados por los padres y difieren de una familia a otra.

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