UNA APROXIMACIÓN AL CONOCIMIENTO ARQUEOLÓGICO EN LA CUENCA DEL DAMUJÍ

Yamilka Borges García
Carlos Rafael Borges Sellén

Capítulo  I. El modo de vida cazador recolector en la cuenca del Damují. Antecedentes teóricos e históricos de la investigación:

En el presente capítulo se abordan  los elementos teóricos que sustentan la investigación, como  las nuevas teorías sobre la llegada del hombre primitivo a América, las principales tradiciones líticas estudiadas hasta los inicios del siglo XXI así como la evolución social y cultural del modo de vida cazador recolector. Se describen las características de las bandas primitivas  en Suramérica y sus posibles vías de arribo a Cuba. Se abordan  además diversas teorías sobre  la ocupación temprana en el territorio nacional. En el estudio teórico se contextualiza  cómo a través de la Arqueología Social podemos sustentar teóricamente la integración de los procesos tecnológicos con los socioculturales.

1. El poblamiento temprano  de América.


Los científicos involucrados no tienen una posición común sobre el origen del hombre ni sus resultados parecen conducir linealmente a una respuesta coincidente. Pero todos ellos tienen en común el hecho de que son incompatibles con la fecha más antigua propuesta por la teoría del poblamiento tardío (clovis): entre 12.000 y 14.000 años adp.

La singular combinación entre evolución biológica, desarrollo cultural y cambios ambientales originó, desde un ancestro homínido, a las especies del Género Homo: hábilis, erectus, y sapiens. Este último colonizó el planeta. Períodos áridos y lluviosos, fríos y templados, fueron modelando los continentes, su fauna y su flora. En África, esas nuevas especies del Género Homo, dos millones y medio  de años atrás, comenzaron a desenvolver una segunda naturaleza: la Cultura.

Movilizados gracias a este formidable recurso, grupos de familias dedicadas a la caza y la recolección, grupos denominados cazadoras y recolectores, se dispersaron desde ese continente originario. Hacia el fin del Pleistoceno, - última Edad de Hielo -

arribaron a América después de atravesar las tierras congeladas del norte del continente asiático. El canal de Bering resultaba entonces un puente transitable entre América y Asia para la fauna trashumante de la época y para sus cazadores. Ríos, valles y montañas, cedieron el paso a  colonizadores primigenios que habitándolos, los nombran por primera vez. Pueblan las nuevas tierras desde Alaska a la Patagonia. Sus dos masas continentales: Norte y Sur, enganchadas por la estrecha franja territorial denominada América Central, resultando entonces modificadas  por la presencia humana.

El poblamiento americano fue una experiencia única que sólo se repetirá cuando el ser humano colonice otro planeta. Aquellos primeros grupos de cazadores que cruzaron el Estrecho de Bering hace más de 15000 años, tenían  delante casi un tercio de la superficie habitable del globo, que nunca había sido pisada por el hombre.

En las postrimerías de la Edad de Hielo, se inició una de las empresas humanas más fantásticas. Cuando se colonizó el noreste de Asia y el puente de Beringia permitió acceder a este continente-isla, comenzó la dispersión humana en sus tierras. Un clima frío y seco causante del pronunciado descenso del nivel de las aguas marinas, puso al descubierto enormes planicies hoy sumergidas, ampliando el actual territorio americano. Disponiéndole un paisaje sin fronteras, sin competencia con otros habitantes humanos y como nuevos depredadores ante presas desprevenidas, donde  el desplazamiento hacia el sur del continente fue vertiginoso. (Vargas, 1997:1)

1.1.2 El poblamiento de América del sur.

Los cazadores nómadas de origen mongoloide, llamados “paleoindios”, habrían ingresado a Sudamérica hace unos 8000 años a.C. Sin embargo, recientes descubrimientos arqueológicos como los de Pedra Furada de Brasil (11 000 a.C.) y Monteverde de Chile (13 000 a.C.), sugieren que este subcontinente no estaba despoblado. Los cazadores de origen melanésico y australiano se les habría  adelantado, estos deben ser llamados “paleoamericanos”, según Tom Dillehay.(Gómez, 2008:1).

 La versión tradicional planteaba que América del Sur fue poblada inicialmente por cazadores mongoloides provenientes del norte del continente unos 13 000 años a.C ingresando por el tapón del Darién, al norte de Colombia.  Aunque no se descartaba la llegada de melanésicos y australianos se la consideraba muy tardía, no más de 6 000 años a.C.

 El estudio de los  esqueletos descubiertos en  Pedra Furada de Brasil (11 000  a.C.) demostró que sus cráneos  no tienen rasgos mongoloides o paleoindios, sino de negroides, posiblemente melanésicos. Los restos arqueológicos de Monteverde de Chile (13 000 a.C.)  sugieren el ingreso de cazadores oceánicos (posiblemente procedentes de Australia) por el extremo sur del continente americano. Los restos líticos y esqueletos humanos más antiguos de Sudamérica están claramente asociados a los melanésicos y australianos que habrían cruzado el Oceánico Pacífico, siendo los primeros pobladores de Sudamérica.(Gómez,2008:1).

Sin embargo, hacia los 8000 años a.C. habrían ingresado los cazadores mongoloides provenientes del norte y extinguido a los paleoamericanos, de origen oceánico, merced a sus mejores armas e  instrumentos líticos. Los mongoloides se convirtieron en los nuevos amos de este subcontinente. También es factible que se haya dado un mestizaje entre ambas razas dando origen a grupos como los patagones y fueguinos que poseen características antroposomáticas de ambas razas.(Gómez,2008:1). 
 
El mundo científico aguarda las investigaciones en los estratos más profundos de Monteverde de Chile, donde habría evidencias de presencia humana de unos 30 mil años a.n.e. Mientras tanto, sobre el origen del hombre americano, los especialistas siguen teniendo más preguntas que respuestas.
 Al respecto, el arqueólogo Duccio Bonavia sintetiza el estado de la cuestión:

“En América del Sur se nos presenta prácticamente el mismo problema que hemos contemplado para Norteamérica y Canadá. Nos referimos a la existencia de algunas dataciones relativamente antiguas para determinados yacimientos, tal es el caso de Monte Verde en Chile y Pedra Furada en el Noreste brasileño, con fechas superiores a los 30 000 años” (Bonavia, 2006:3)

Aunque el contexto arqueológico es más seguro que en los yacimientos más tempranos de Norteamérica, los materiales están aún en fase de estudio y no se puede decir la última palabra.

Pero de todos modos existe siempre una concordancia y una lógica en la información arqueológica y no se plantean, hasta el momento, graves contradicciones. Sin embargo la gran mayoría de sitios han dado fechas que caen dentro de los mismos rangos de variaciones. Oscilan entre 8 000 y 12 000 años a.C. y corresponden a estaciones arqueológicas que se extienden prácticamente a toda el área pacífica, desde Venezuela hasta Tierra del Fuego o la Patagonia en Argentina.

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