PROPUESTA DE ACTIVIDADES ENCAMINADAS A LA PREPARACIÓN DE ADOLESCENTES PARA LOS CAMBIOS BIOLÓGICOS DE LA PUBERTAD Y SU REPERCUSIÓN PSICOLÓGICA

Adilec Almaguer Cantó

1.2.2 Rol e identidad de género.

La cultura como creación humana, juega un papel determinante en el proceso de aprendizaje de actitudes y valores, gustos y aversiones, metas y propósitos, pautas culturales que conformarán la personalidad, además la cultura determina los valores que hemos de tomar de nuestro entorno para conducirnos de forma socialmente aceptada. La socialización es esencial en la conformación de la identidad genérica.

La socialización, como proceso dinámico y cambiante no puede analizarse de manera descontextualizada porque ella depende de un proceso histórico, de una cultura, un lugar y un tiempo determinado, donde las variables de género y clase no pueden ser desestimadas.

El proceso de educación se inicia desde el nacimiento y transcurre durante toda la vida del individuo y no se da de manera homogénea ni uniforme. La  familia prepara de manera distinta a hembras y varones, tanto los valores y normas que se trasmiten mediante este proceso marcan espacios y roles diferente para unos y otros.

Estas formas diferenciadas se corresponden, generan y sirven de apoyatura a las diferencias que se consideran importantes para ambos géneros. Desde el propio nacimiento preparamos de forma diferentes a hembras y varones.

En el seno familiar aprendemos el significado de lo femenino y lo masculino y los atributos identitarios de cada uno, percibimos e internalizamos las diferencias. Desde los primeros años,  se fomentan mundos separados para niños y niñas, creando visiones, expectativas y modelos, no solo diferentes, sino opuesto para cada género.
 
Las diferencias sexuales en la sociedad occidental no constituyen solo diferencias biológicas, sino que a través del proceso de socialización se modelan dos cosmovisiones, dos grandes formas de vivenciar y percibir el mundo. A estas dos formas de conocer y percibir el mundo Fina Sanz las ha llamado subcultura femenina  y subcultura masculina y esciende los valores y espacios de cada uno. (2005, 75).

Así es la estructura patriarcal imperante en nuestras sociedades, la subcultura masculina es la dominante y su ideología rige la cotidianeidad del mundo público y del privado, porque es en ese ámbito donde existen y se desenvuelven los sujetos.
Estas subculturas no son el resultado de diferencias culturales, sino de un proceso educativo distinto para hembras y varones que están a su vez atravesados por relaciones de clases, niveles socioeconómicos, razas, etnias y que matizan los rasgos comunes de la pertenencia cultural.

De esta forma, se enseñan valores femeninos y masculinos que obligan a comportarse de manera diferente y a desempeñar también roles opuestos y nunca complementarios entre sí.

Para el mundo del varón es importante ser fuertes, agresivos,  no manifestar emociones como la ternura, no llorar, no mostrar inseguridad, tienen que saberlo todo y resolver sus problemas por sí solos, mientras que en la educación de las mujeres se invierten los roles y valores.

La preparación  diferente marca con pautas bien delineadas la construcción de la identidad genérica de hombres y mujeres, enraizándose profundamente en la auto imagen que conformaran y que rigen la conducta toda sin permitir por la inflexibilidad de estos cánones, la adopción de otros valores que entren en contradicción con el ideal de masculinidad o de feminidad, porque esta desviación de lo socialmente aceptado puede generar rechazo o alguna forma de castigo.

El sexismo, como práctica que enfatiza permanentemente los estereotipos diferenciadores de los géneros basados en una cultura marcadamente machista, es el rasgo distintivo de la preparación diferente, cuya efectividad es indiscutible porque la interiorización de los valores es fundamentalmente consciente, emocional y sensitiva.

Este proceso ininterrumpido de asimilación de patrones escindidos genéricamente en todos los ámbitos de la vida y donde las instituciones más influyentes, dígase familia, escuela y medios de comunicación refuerzan estos mensajes, complementándose unos a otros, generan enormes conflictos en la identidad personal cuando de modo racional se transgreden estas normas, pautas culturalmente que se aprehenden con inusitada fuerza desde la infancia. El sexismo es fundamentalmente un tipo de discriminación invisible.

1.2.3 Influencia de la familia en la preparación de los adolescentes para los cambios de la pubertad.

A través de la historia de la humanidad han sido los valores de la moral religiosa los que han regido la conducta sexual de los hombres. Sus fuertes prejuicios, mitos y tabúes ejercen un efecto tiranizante sobre hombres y mujeres al no concebir todas las funciones de la sexualidad, enmarcándola en la reproductiva; cuestión que ha comenzado a modificarse con desniveles entre las diferentes religiones y sectas. Es esta moral la que permanece subyacente en la educación de la sexualidad que realiza la familia.

La educación de la sexualidad basada en una moral humanista, que armonice las demandas sociales con las legítimas necesidades individuales, aporta al enriquecimiento humano. Esta postura ha sido defendida desde el Enfoque humanista crítico y la educación de la sexualidad alternativa y participativa, que en la actualidad sustenta la posición de la Pedagogía de la Sexualidad en Cuba, encabezada por autores y autoras como: Dra. Beatriz Castellano Simons (2003), Alicia González (1994) y Xiomara Ruiz Gamio (2007), el Dr. Pedro Luís Castro Alegret (2004), los psicoterapeutas sexuales y los especialistas del Centro Nacional de Educación de la Sexualidad.

La educación de la sexualidad basada en los principios aprobados por la Federación Latinoamericana de Sociedades de Sexología (FLASES) en Varadero de 1997, sustenta el desarrollo de la esfera psicosexual de la personalidad basada en los valores de dignidad, la responsabilidad ciudadana, la honestidad, la modestia, entre otros. Como los valores morales constituyen un sistema resulta, difícil extraer alguno de la influencia que hacia ellos puede ejercer una adecuada educación de la sexualidad.

Lo que más conflictúa las relaciones padre – hija/a y madre – hija/o, es el temor a la afectación moral en la formación del hijo/a, por el desarrollo de la función placentera de la sexualidad durante la adolescencia. Aquí se mezclan ignorancia, prejuicios, temores, que después se refractan en la comunicación y en el clima psicológico familiar. Que sea la educación de la sexualidad sustentada en valores es una condición básica para el trabajo con la familia.

Por las propias características de la adolescencia resulta conveniente trabajar el tema de los valores mediante la formación de su esfera psicosexual, teniendo en cuenta el carácter íntegro de la personalidad La familia es decisiva en la formación de la sexualidad desde el momento mismo del nacimiento del hijo o la hija… (Castro. L. P. 2004. 12).

Es por eso que la familia constituye el primer y más importante grupo donde se fragua el desarrollo de la personalidad, de hecho se convierte en el grupo primario más significativo para el ser humano, en su seno se satisfacen necesidades íntimas mediante diversas actividades socialmente condicionadas y estableciendo estrechos vínculos de comunicación entre cada uno de sus miembros.

La familia juega un importante papel en el proceso educativo de sus hijos e hijas, lo cual se hace evidente en la preparación de los adolescentes, ya que  está permeada de prejuicios.  “muchas familias se guían por tabúes  y estereotipos. Estos se reflejan en la vida cotidiana del hogar y por tanto se reproducen en los hijos, los padres ejercen “su poder” para que así sea”. Castro, P. L. (2003)
Desde pequeño, el niño tiene curiosidad por su físico, si se comienza a explicarle paso a paso los cambios que ocurren en su cuerpo, cuando llegue el momento de entrar en detalles será menos incómodo.

Dar información sobre los cambios de la pubertad desde que son pequeños es clave si queremos ayudarles a tomar decisiones saludables durante toda su vida, también se puede aprovechar para hablarle de sus sentimientos, ya que en el niño se están desarrollando aspectos emocionales y sociales, tratemos de dejar atrás las ideas anticuadas, que nos impiden comunicarnos honestamente sobre el amor, las relaciones, las transformaciones de nuestro cuerpo y de la sexualidad en general.

Al respecto Vilma Espín planteó “No se debe evadir la pregunta, ni se debe contestar jamás una mentira por dos razones: una porque no se debe decir mentiras a un niño, lo estás confundiendo en lo que está preguntando y otra por que va a perder la confianza en los padres”. (1985,75).

La educación  es un proceso de toda la vida, de adquirir información y de formar actitudes, creencias y valores acerca de la identidad, las relaciones y la intimidad.

La educación sobre la sexualidad abarca el desarrollo sexual, la salud reproductiva, las relaciones interpersonales, el afecto, la intimidad, la imagen corporal y las funciones de género. La educación sobre la sexualidad aborda las dimensiones biológicas, socioculturales, psicológicas  y espirituales del (1) dominio cognoscitivo, (2) del dominio afectivo, y (3) del dominio conductual, incluyendo las aptitudes para comunicar eficazmente y tomar decisiones responsables.( Kenney, A.M.,1992).

A menudo la familia y la escuela no proporcionan información clara y específica sobre estos cambios y sus consecuencias. La familia es un medio óptimo para el desarrollo y la educación de los adolescentes, es el medio familiar el que favorece la discusión, el intercambio de puntos de vista entre padres e hijos y la adopción de opiniones propias por parte de ellos.
Además de esta combinación de apoyo afectivo, comunicación y favorecimiento de la autonomía, existen en el medio familiar características favorables para el desarrollo y adaptación de los adolescentes. Hay que tener en cuenta que la adolescencia es un período de exploración en que los púberes necesitan tener diversas experiencias, aunque estas conllevan a ciertos riesgos, resultan necesarias.

Por lo que resulta  importante mantener abiertos los canales de comunicación entre padres e hijos y que los padres se muestren atentos ante las preocupaciones de sus hijos, además de brindar apoyo e información. La familia como agente socializador, tiene la primordial tarea de preparar a sus hijos en todas las esferas de la vida, brindándole la información necesaria y trasmitiendo su experiencia histórica cultural de las que son portadores, aun conociendo todos los prejuicios que existen en nuestra sociedad, que aunque se hayan ido flexibilizando aún persisten.

Es necesario preparar a nuestros hijos/as desde edades tempranas para que puedan tener un desarrollo pleno y se conviertan en personas sanas, fuertes y felices, y brindar el manantial de conocimientos del que estos puedan beber hasta saciar su sed.  “No es suficiente preparar a nuestros hijos e hijas para el trabajo, y la vida en colectivo, desarrollar al máximo sus capacidades físicas e intelectuales, así como los sentimientos estéticos y morales, formar un sólido sistema de convicciones, entre otros aspectos de suma importancia. Se requiere también prepararlos para la sexualidad”. (Simonns.C.B:1995).

Por lo que se hace urgente brindar a nuestros hijos una adecuada preparación  para enfrentar todos los cambios que trae consigo la adolescencia y principalmente aquellos relacionados con los cambios o transformaciones  de la pubertad.

La comprensión de la necesidad e importancia de preparar a los/as adolescentes,  viene dada desde la concepción filosófica que se asuma, en este caso, la filosofía materialista dialéctico histórica respecto al propio proceso educativo en su sentido más amplio (proceso de formación de la personalidad) concebir esta como un fenómeno eminentemente social que le posibilita al ser humano apropiarse de toda la experiencia cultural anterior, al mismo  tiempo que lo prepara para vivir y desarrollarse acorde al progreso social de su tiempo.

Al respecto nuestro Héroe Nacional José Martí dijo:
 “Educar es depositar en cada hombre toda la obra humana que le ha antecedido, es hacer de cada hombre resumen del mundo viviente hasta el día en que vive, es ponerlo al nivel de su tiempo para que flote sobre él y no dejarlo debajo de su tiempo, con lo que no podrá salir a flote, es preparar al hombre para la vida”. (Martí. J, 1981; 231).

Desde esta posición en el seno de la familia el ser humano tiene la primera y la más perdurable determinación social de su personalidad. Las actividades que el niño desarrolla de sus padres, está encaminada a satisfacer sus necesidades y todos los momentos son regulados y dirigidos por los adultos. En esta  actividad y en la comunicación conjunta el padre suministra la experiencia histórica acumulada de la cual se apropia el hijo. (Núñez de Villavicencio, 1987: 54)

La responsabilidad  que a la  familia le corresponde dentro del sistema de influencias que existen en la sociedad, exigen de ella un conjunto cada vez mayor acerca de cómo debe orientar y atender a sus hijos durante el transcurso de sus vidas para que se desarrollen óptima y plenamente. La educación comienza en la cuna y del mundo que lo rodea, el niño absorbe lo bueno y lo malo, precisamente porque el hombre es un ser  social.

Para lograr el establecimiento de una adecuada preparación para los cambios biológicos  de los (as) adolescentes, depende en gran medida de la unidad de acción  de la escuela y la familia y el papel fundamental lo deben desempeñar los maestros.

Existen diversas vías a través de las cuales la escuela puede lograr la comunicación con los padres y la influencia orientadora sobre ellos, considerando que todas ellas ofrecen grandes potencialidades para el trabajo coordinado escuela familia.
 -- Reuniones de padres.
-- Entrevistas con los padres.
-- Consultas de padres.
-- Relación hogar- escuela.

La correspondencia hogar – escuela constituye una vía que aunque por lo general  solo ha sido utilizada con el fin de informar a los padres acerca de los resultados y problemas docentes de los adolescentes, debe ser utilizada para preparar e informar a los padres sobre la sexualidad, incluyendo todo aquello relacionado con la pubertad y  los cambios que aquí se producen.

Es necesario intervenir activamente en el aumento de los conocimientos psicológicos y pedagógicos de la familia, preparándola para una educación general.

Lo esencial desde este punto de vista, consiste en garantizar la sistematicidad de los intercambios con los padres, empleando las distintas vías, solo en tal circunstancia resulta factible alcanzar los resultados anhelados.

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