TALLERES METODOLÓGICOS PARA INTEGRAR LOS CONTENIDOS HISTÓRICO-LOCALES A LA HISTORIA NACIONAL EN LA ENSEÑANZA PREUNIVERSITARIA

Pilar Morales Pérez

1.2 Presupuestos teóricos y metodológicos para el estudio de la historia local


Para estudiar la historia debe examinarse entonces la relación entre determinados fenómenos y acontecimientos históricos de acuerdo con el espacio concreto en que se producen. Esta clasificación tiene como su más amplia categoría la historia universal. En el marco de la historia universal se inscribe la historia nacional y así mismo, dentro de esta última, se inserta la historia local, denominada por algunos pequeña historia, que investiga los hechos ligados a las comunidades establecidas dentro del marco nacional, la vida específica de ciudades, municipios, provincias, etc. Muchas veces menospreciada, la historia local constituye un elemento indispensable para el desarrollo coherente del conocimiento sobre la historia nacional. El caso cubano ofrece un buen ejemplo, cuando se advierte que entre mediados del siglo XVI hasta mediados del XIX tiende a concentrarse la exposición del proceso histórico en la parte occidental de la isla, cuestión que se revierte en la segunda mitad del siglo XIX cuando las regiones centro-orientales, con antecedentes históricos poco conocidos en la historiografía cubana, asumen el protagonismo a partir del inicio en esos territorios de las luchas por la independencia nacional. (Plasencia Moro, 1985).
La enseñanza de la historia local posee hoy un lugar meritorio en el proceso de enseñanza aprendizaje de la historia nacional, lo que aparece reflejado en los programas de la asignatura y en los lineamientos de la enseñanza de la Historia de Cuba para todos los niveles de educación.
Los cubanos tenemos que hacer una probanza de nuestra cubanía, de nuestro sentido cubano, y para eso es necesario estudiar quiénes somos, de dónde venimos, cuál es nuestra familia, sus raíces. Amar la historia local es el prólogo para amar la historia de la patria. (Leal García, 1999).
Los conceptos de localidad e historia local han sido abordados desde diversa óptica por múltiples autores:
Localidad es (...) un sistema imposible de separar de su entorno, pero que tiene su propia expresión. (Acebo Meireles, 1998).
Lo local designa siempre un espacio más reducido que el país, un espacio socio-geográfico, con límites definidos, por lo general administrativos, en el que habita una colectividad humana que establece entre sus integrantes relaciones sociales que le imprimen un sello característico, que las distingue y, a su vez, la insertan en el conjunto nacional. (Arias Herrera, 1995).
También se define como un territorio, más o menos extenso, con una población estable, históricamente constituida; con una organización económica, social, política y cultural definida; que forma parte y se supedita, de alguna forma, a una estructura mayor, o más compleja. (Abreus Ponvert, 2008).
Con relación a la definición de historia local diversos autores plantean:
“El estudio de la historia local no fomenta el localismo estrecho, suspicaz y esterilizador, antes bien, lo combate. Adquirimos la noción de la dependencia del exterior para todo cuanto significa instrumentos de trabajo, elementos de bienestar, etcétera. Inculca la noción y fomenta el sentimiento de la gratitud a la patria y a la humanidad; es el mejor correctivo a la vanidad ridícula y necia del espíritu del campanario; enseña a ser modestos y agradecidos; robustece la solidaridad (...) La historia local fomenta la confianza en el esfuerzo propio; pone de manifiesto los milagros de la voluntad perseverante, robustece la fe en los destinos de la comunidad y de la patria... Muestra que el progreso local (como el nacional) es constante, cierto, gigantesco, objetivo, dinámico y dialéctico (Guerra Sánchez, 1998). Para este autor, la historia local es entendida como (...) quehacer historiográfico sobre conjuntos urbanos de mayor o menor importancia.
Venegas Delgado (1994), conceptualiza historia local como (...) el estudio hecho por los alumnos, bajo la orientación del maestro, de los hechos, fenómenos y procesos singulares y locales del pasado lejano o próximo, y del presente, de determinado territorio, en su relación con el devenir histórico nacional.
La historia local tiene como objeto de estudio la localidad. (Cuétara López, 2004)).
Cruz Bonachea (2006), entiende en el ámbito pedagógico la historia local  expresada como el estudio hecho por el alumno de los procesos, hechos y fenómenos singulares y locales del pasado y presente de un territorio en relación con la historia de la patria, realizando un análisis de hasta qué punto un hecho es local o singular o hasta dónde lo último implica lo primero. Esta definición, afirma, se acerca con mayor certeza a una formulación adecuada para términos de la docencia ya que ofrece la posibilidad de dinámica y la necesidad, establecida por el curso histórico, de transgredir cualquier límite territorial.
A partir de otras consideraciones se asume el concepto como: “proceso histórico que transcurre en núcleos poblacionales cuya ubicación espacial y quehacer histórico cultural se relaciona con zonas aledañas que de alguna forma estuvieron subordinadas o vinculadas en el pasado histórico, habiéndose constituido en ellas los rasgos distintivos de la producción y reproducción de sus condiciones de existencia –tendiendo a lo común, y que permiten la observancia del proceso nacional matizado, además, por lo particular”. (Arias Herrera, 1995).
Ello le permite a este autor considerar un conjunto de rasgos puntuales relacionados con la localidad para desarrollar no solo la investigación, sino la docencia, conceptualizándola como un espacio geohistórico de límites definidos por el sentido de pertenencia de carácter histórico concreto, con una población bastante estable, en una comunidad humana cuyos individuos se relacionan entre sí y establecen un sello distintivo a dichas relaciones en su cultura, el que forma parte de una estructura mayor y más compleja, permitiendo la observación de lo nacional como tendencia y la expresión de lo particular objetivamente y en el cual el hombre establece un estrecho y consciente contacto con el medio natural que lo circunda y el ambiente social en que actúa. En este contexto se produce el despliegue de su actividad cognoscitiva por la vía directa e indirecta. Los objetos que actúan sobre su conciencia se revierten en imágenes, conceptos, juicios, etc. de ahí que la historia local sea un recurso de grandes potencialidades para desarrollar sobre ella el sentido de pertenencia y su conversión en bien común.
La autora considera que estos rasgos del espacio denominado localidad tributan al concepto de historia local y los asume en sus consideraciones durante la elaboración de este trabajo.
Entre las propuestas para conceptualizar historia local se destaca la elaborada por Núñez de la O(1993), quien plantea que la historia local consiste en la selección de los hechos, procesos, fenómenos singulares y locales del pasado lejano o próximo y del presente en relación con el devenir histórico nacional, como las personalidades que actúan en ellos, de un determinado territorio, con flexibilidad de límites, de acuerdo a un interés pedagógico concreto, en el cual los escolares asumen una posición activa en el estudio e investigación de las fuentes, para la cual establecen comunicación cognoscitiva y afectiva con la localidad, todo ello bajo la dirección del maestro. Se destaca en esta definición con precisión el papel que juega el alumno como sujeto activo de su propio aprendizaje.
A partir de los valores de esta última definición pedagógica, la autora se adscribe a la misma, por cuanto asume la historia local como: una selección de hechos, procesos, fenómenos y personalidades que tuvieron lugar en un territorio o zona cuyos límites están determinados por el interés pedagógico y guardan coherente y equilibrada relación con el proceso histórico nacional, con los que interactúan los estudiantes bajo la dirección del profesor, para lograr un dominio de la historia patria y el desarrollo de sentimientos, valores, actitudes y capacidades investigativas, en sus relaciones afectivas con las fuentes del conocimiento.
En cuanto a la evolución de la enseñanza de la historia local en Cuba el investigador Rodríguez Ben (2001), aporta una interesante reseña histórica y determina los principios metodológicos predominantes en la actualidad respecto a este tema los cuales constituyen para la autora presupuestos teóricos metodológicos a considerar en esta investigación.
El autor mencionado plantea que el problema de la historia de la localidad en la enseñanza de la Historia de Cuba no resulta tan novedoso puesto que acompañó a la enseñanza de la disciplina desde su génesis. Sin embargo no es hasta el siglo XIX, llamado “Siglo de la Historia”, en que se sistematiza su enseñanza, en la medida en que se va instituyendo la enseñanza primaria elemental como un sistema público escolar que respondió a los intereses educacionales e ideológicos del emergente estado burgués.
En este contexto, desde finales del siglo XVIII se desarrolló un complejo y variado proceso de opinión, experimentación y aplicación de diversos proyectos para la introducción de la asignatura Historia en los planes de estudio, y dentro de ellos no faltó la idea de establecer el estudio de la historia de la localidad.
En Cuba, a pesar de las limitaciones que imponía el contexto colonialista, los educadores cubanos tempranamente comprendieron las potencialidades de la historia local y nacional. Un ejemplo de ello fueron los criterios del prestigioso educador y filósofo, José de la Luz y Caballero, quien se pronunció a favor de la enseñanza de la Historia de Cuba como medio eficaz para instruir y educar a los niños en el amor a la patria y a la justicia, destacando la importancia de vincular la historia nacional a la del pueblo natal.
Debe recordarse que a la Historia de Cuba durante el período colonial se le impuso la concepción de historia regional, antecedida por la historia de España en el sistema educacional.
Iniciándose el siglo XX, un grupo de historiadores y pedagogos cubanos divulgaron en la isla un texto donde se abordaron criterios acerca de la importancia que se debía otorgar a la enseñanza de la historia local asociada al estudio de la Historia de Cuba. Esto ocurre cuando se publicó, en 1901, la primera versión del manual o guía para los exámenes de los maestros, colección de cuadernos titulados  “Biblioteca del maestro cubano’’ que tuvo como autores principales a Carlos de la Torre, Vidal Morales, Esteban Borrero y Manuel Sanguily.
Otros destacados pedagogos e historiadores cubanos abogaron por la impartición de una historia local afectiva, entre ellos: Alfredo Aguayo, Pedro García Valdés, Miguel Cano y Ramiro Guerra, autores de valiosas recomendaciones y lineamientos metodológicos para los cursos de historia local. Vale destacar las interesantes reflexiones de orientación metodológica para la enseñanza de la historia local elaboradas por el pedagogo e historiador Ramiro Guerra, en antológica conferencia publicada en 1923.
En los planes y programas de Historia de Cuba, la primera referencia a la historia local apareció en el Plan de Estudio para escuelas primarias urbanas de 1922 precisando que en el 3er grado se abordarían estos contenidos con carácter cívico, a través de narraciones sencillas, y que en 5to grado se hiciera la vinculación de determinados contenidos para evidenciar el desarrollo progresivo de las ciudades cubanas en distintas épocas de su historia, con especial interés en la villa o ciudad en que estaba ubicada la escuela. El plan de estudios aprobado en 1927 para las escuelas urbanas y rurales establecía un programa de historia local para 3er grado, como antecedente de los estudios de Historia de Cuba que recibirían los alumnos en 4to ,5to y 6to grados.
Desde 1926 hasta 1944 no se hicieron modificaciones sustanciales a los planes de estudio, si bien a partir de 1930 comienza a publicarse una gran cantidad de textos de historia local para la escuela primaria, que no pudieron escapar de las barreras que imponía la sociedad neocolonial y el conservadurismo de la textolografía de entonces.
Entre 1944 y 1959, se trabajó a partir de 3er grado, incluyéndose leyendas y narraciones aborígenes, y el descubrimiento, en una unidad introductoria y después se abordaba la historia de la localidad. En 4to, 5to y 6to grados se continuaba el estudio de la Historia de Cuba, hasta llegar en 6to grado a la Asamblea Constituyente de 1940, sin incluir elementos locales.
Durante el período neocolonial la enseñanza de la historia local no fue una prioridad dentro de la estrategia educacional, pues solo se impartió desde el inicio de la república en la escuela primaria elemental. Su presencia fue tardía e irregular en la primaria superior; en el bachillerato se incorpora a partir de 1939; en algunas ramas de la educación técnica fue ignorada y en la Universidad se introduce limitadamente en 1927.
A partir de 1959, se hizo posible y necesario emprender la transformación de la educación en el país, dentro de este contexto cambiaron los planes de estudio y programas, incluidos los de Historia de Cuba. En los primeros años de la Revolución existieron cambios frecuentes, motivados por un marcado interés político. Después de esta etapa de tanteos y variaciones se produjo el análisis minucioso, detallado y la investigación sobre cuyas bases se promovieron modificaciones armónicas.
Entre 1961 y 1975 se utilizaron cuatro planes de estudio diferentes. En el plan de 1961–1962 se comenzaba la Historia de Cuba en 3er grado y continuaba en 5to y 6to grados, sin vínculos con la localidad. En 1975, como parte del perfeccionamiento de los planes y programas, se determinó llevar paralelamente, en un mismo curso el estudio del proceso histórico universal y cubano dentro de cada época histórica, sin destacar elementos locales.
Entre los años 1975 y 1986 se produjeron cambios, como parte de la experiencia acumulada en la aplicación del plan de estudio creado para el Perfeccionamiento del Sistema de Educación y los resultados parciales de la Investigación Ramal. Se realizó un análisis crítico de la concepción adoptada respecto a la Historia de Cuba, ya que en la preparación de los alumnos se observaban grandes lagunas en el conocimiento patrio. La primera determinación con respecto a esta problemática fue modificar el plan de estudios vigente. Entre las modificaciones realizadas se precisa la adopción del criterio de retomar el estudio de la historia de la localidad.
A partir del año 1987 se instrumentó el proyecto de Historias Provinciales y Municipales donde participaron innumerables docentes del Ministerio de Educación y de otros organismos. Todo este trabajo ha tenido como resultado que, prácticamente todos los territorios cuentan con una historia local, lo que unido a las publicaciones que se han venido realizando, conforman una fuente importante de información.
En el curso 1988-1989 se aplicó un nuevo diseño curricular donde la asignatura Historia de Cuba retomó su espacio e independencia en todos los niveles de enseñanza, indicándose en sus objetivos y temáticas la atención a la historia local, demostrándose así la importancia que reviste esta información en la formación de valores en los alumnos. El diseño adoptado para la enseñanza de la Historia y en particular de la historia nacional facilita abordar los elementos de la historia local desde la escuela primaria hasta la Educación Superior, a partir de los objetivos formativos que le plantea la sociedad a cada enseñanza.
En los más recientes estudios acerca de la Didáctica de la Historia, de Acebo Meireles, Leal García y otros, se abordan métodos y procedimientos particulares para la enseñanza de la historia local.
Un análisis de las principales tesis y valoraciones contenidas en los textos metodológicos que abordan esta temática permitieron al investigador Rodríguez Ben afirmar que se está alcanzando un importante consenso entre los maestros y profesores, metodólogos de Historia y especialistas en la investigación y enseñanza de la historia local en cuanto a los siguientes principios metodológicos:

En el presente trabajo de investigación hay coincidencia con estos principios metodológicos para abordar la historia local.
Para la selección del contenido histórico local que debe integrarse a la historia nacional se sigue la opinión de Castilla Barrios (2001), quien plantea dos elementos de consideración: lo local debe tener rigor y cientificidad histórica y en segundo lugar deben seleccionarse acontecimientos y personalidades locales en dependencia de su connotación. Respecto a la extensión territorial de un hecho para que se considere parte de la historia de la localidad expone dos criterios de extensión geográfica: el macro local y el micro local. Dentro de este último incluye el consejo popular, la circunscripción, el batey, el poblado, el municipio. Dentro del macro local contempla no solo el municipio sino otras localidades limítrofes que estén vinculados social e históricamente, incluso la provincia y otros territorios fuera de la misma.
Todos los autores consultados coinciden en que la enseñanza de la historia local posee invaluables potencialidades y resulta de gran importancia en el proceso didáctico de la Historia de Cuba como asignatura. La autora se suma al criterio de Cruz Bonachea (2006) quien en su tesis de maestría resumió la importancia de la historia local considerando que:

La importancia del estudio de la historia de la localidad se constata además con mucha claridad en los objetivos programados para la asignatura Historia de Cuba en todos los niveles de enseñanza, lo que indica el lugar que la escuela cubana ha otorgado a este elemento dentro del curriculum docente. En el programa de preuniversitario también se coloca la integración de la historia local en su justo lugar.

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