RETORNO AL AYLLU: UNA MIRADA AYMARA A LA GLOBALIZACIÓN

Fernando Untoja Choque

El Fenómeno del Triunfo del Capital

Introducción

El igual que lo propio se desdobla o se presenta; sea como privado o común, la colonización debe ser concebida como la des-territorialización, desarticulación y juego del propio en el Ayllu. La des-articulación toma una nueva forma de división; esta vez la del sí-mismo y del Otro, de lo interno y de lo externo. El proceso de des-estructuración para el Ayllu es toda una época crucial donde, la resistencia y persistencia toman formas muy diversas; y nosotros situamos en la intersección de lo que es propio al Ayllu y aquello que es propio al Otro. A propósito de la relación del sí-mismo y del Otro, tenemos que hacer referencia y tratar el imaginario de sociedad y de la ideología propia al Otro. Entonces es necesario hacer un recorrido a través del universo del Otro-otro y del sí-mismo-sí-mismo.
Del lado de la colonización, o de aquellos que realizan la misión civilizadora, el imaginario social está profundamente marcado por la relación del sí-mismo y el Otro, lo que no significa que las otras sociedades no tengan la misma manera de pensar y de concebir el Otro. Lo importante aquí, son las connotaciones que se da en cada sociedad al sí-mismo y al Otro. En este sentido expondremos las diferentes connotaciones, sabiendo que la división entre el sí-mismo y Otro ha existido siempre, ésta corresponde a un mecanismo elemental de poder, es decir, de exclusión, de adecuación respondiendo a una finalidad. Esta dialéctica está siempre presente en todas partes y en toda sociedad. En todo caso esta relación es la forma como se manifiesta la violencia de propiedad y muestra también cómo las sociedades establecen simulacros para la conjura de lo que pone en peligro la existencia misma del ser social.
Durante mucho tiempo esta dialéctica del conflicto entre la identidad, y el Otro ha existido sin manifestarse bajo la forma ideológica. Hablar del sí-mismo y del Otro es situarse siempre en el sí-mismo y el Otro de la violencia de la propiedad. Así el Otro no ha sido realmente percibido como Otro, –es decir como sujeto posible–, que cuando el sí-mismo se descubre condicionado por la existencia de ese Otro que le escapaba; cuando el Otro se ha convertido esencial a la formación de la identidad, y que esta identidad haya pasado profunda y esencialmente de la conciencia a la conciencia de sí-mismo. Algunos autores afirman que ésta corresponde a una cierta etapa del desarrollo de la conciencia humana la cual parece ser bien expresada en el pensamiento de Hegel.
Pensar el Ayllu, es cierto hacer referencia a un pueblo, una tradición, una cultura, un universo mental, una visión del mundo, una cosmogonía y a las relaciones humanas establecidas a través del tiempo. En el momento de la colonización los pueblos andinos (aymara-quechua, waranis, chapacos y otros) invadidos por los "civilizados" desaparecen bruscamente; pierden su identidad y devienen "Indios". Este nombre de "Indio" despoja a toda la población Aymara-Quechua de toda humanidad, de toda necesidad material, la población es reducida a la condición de "Indio". Pero ¿cuál el sentido de éste? Pues es la primera nominación del dominio colonial, un nombre es la negación del Otro y tiene como objetivo de que este nombrado reconozca al Otro como, su amo y se reconozca como el vasallo de esta relación.
El discurso sobre el "Indio" esta dominado por la noción del sí-mismo y del Otro. Desde la "conquista" es el sí-mismo del Occidente que se toma por vencedor y único. El Otro ha devenido el indiferenciado inferior. La noción de "indio" es entonces la cosificación de los seres e indiferenciación. Si tal es el sentido; ¿qué puede representar para un Aymara-Quechua u otros; aceptar este nombre es el de la negación y autodestrucción? El otro y la alteridad son términos que lejos de ser neutros indiferentes en cuanto a su sentido presupone nociones con significación puramente ideológico.
Otro quiere decir, inferior según el sistema de valores fijados por aquél que se sitúa fuera o por encima de los Otros y se ve como superior midiendo la identidad de los otros respecto a la suya. En el lenguaje corriente, nosotros y los Otros significan superiores e inferiores respectivamente; esta connotación se acentúa mucho más con la interiorización de las relaciones coloniales.
Se puede aquí distinguir casi siempre de manera implícita una categoría de Otros a la cual pertenecen los seres inferiores así definidos con el sostén de una escala de valores sociales, y por medio de una escala de valores étnicos y antropológicos. El problema que nos interesa, no es el de saber, cómo es visto la alteridad de los grupos étnicos culturales y sociales sino más bien, cómo el Ayllu es visto, es decir, como la sociedad del Ayllu es visto por los colonizadores.
Todo comienza como sigue: la idea preconcebida de superioridad cultivada por las sociedades occidentales, se confunde con la idea que se tiene, sobre el "Otro", esta siendo el fundamento estructural en el establecimiento de relaciones de las condiciones socioeconómicas del sujeto. Juzgando con la del objeto juzgado: Pueblos poseyendo un modo de producción precario, una economía de subsistencia (Pre-mercantil, no monetarizada con ausencia de propiedad privada, etc.), una política despótica, familiar, no teniendo como único sistema más que las relaciones de parentesco. Caracterizadas así las sociedades son juzgadas como inferiores diferentes careciendo de toda humanidad.

Sección I: El etnocidio

La política de la colonización no es sólo una empresa de destrucción en el sentido que se lo podría comprender, como una práctica genocidaria: que sólo consiste en suprimir y exterminar física y sistemáticamente un pueblo, una "raza"; sino más es una política, una acción de destrucción de mentalidades en un proceso largo donde se comienza atacando la religiosidad, juzgando superiores y verdaderas las sociedades occidentales y calificando de inferiores todas las formas de creencia de los no occidentales; incluso si los que practican esta creencia no estén seguros de la validez.
Es bueno remarcar que por definición toda sociedad tiende a considerarse y afirmarse como la representación única del ser humano. Si bien es verdad que potencialmente cada sociedad es etnocentrista, en la realidad estas sociedades no se extienden, ni imponen a las otras sus propias concepciones del mundo, sus propios valores, su propia organización social, política y económica.
El etnocentrismo es lo propio de toda cultura, pero vale la pena constatar que solamente la cultura occidental es etnocidaria, es decir, práctica del etnocidio a escala mundial en nombre del hombre, de la Humanidad, la libertad, la civilización y la ciencia. El Etnocidio es la práctica que consiste en negar el alma de un pueblo, ésta socava lo que hay de lo más profundo en una población: la cultura, la visión del mundo, la religión, la ideología, las relaciones interindividuales. Hay en el etnocidio una particular actitud con respecto al Otro. La diferencia no es aceptada, ésta es considerada como negativa, el Otro es inferior.
Son los misioneros los primeros quienes han practicado el etnocidio, propagando la fe cristiana, negando la cultura de las poblaciones, a quienes tratan de evangelizar y según ellos de civilizar. Se trata de rehacer, perfeccionar, de dar un "alma" a los salvajes. La vocación de éstos es de propagar la religión cristiana, de hacer acceder al" salvaje" a la dignidad del ser humano, sacándolo de su inhumanidad. Bajo la cobertura de practicar el humanismo, ellos destruyen negando toda identidad diferente a la de ellos. Estos "hijos de Dios" se dan por ética el humanismo. Su concepción del Otro es aquella de un "salvaje" a quien se puede aportar las condiciones del "ser humano", la elevación a la condición humana gracias al conocimiento de Dios; el Otro no es alguien que se debía matar, más bien alguien a quien educar.
La conquista significa para los Ayllus el comienzo del anonadamiento espiritual. Los conquistadores practican genocidio y etnocidio; mientras unos saquean riquezas a los Salvajes, los otros, los misioneros se dan la tarea, a la vez de estudiar y de reformar las condiciones de los "Indios". Conviene tomar en cuenta el momento histórico en que se produce el contacto entre los españoles y los "Indios". Los españoles llegan al final del siglo XV o en las primeras décadas del XVI, trayendo consigo el elán de las cruzadas y el resabio de la dominación señorial propia a la edad media.
La ideología será aquella del "progreso", la "civilización" frente a la "barbarie" indígena. Esta filosofía del progreso, corresponde a la alternativa, de destrucción o la incorporación del "Indio" a la parte civilizada de las naciones. Lo que se afirma aquí es la superioridad de la cultura occidental, una visión del mundo como la única justa. La otra es ignorada.
Es la reducción del otro, es la tentativa manifiesta, ganar a la masa de indios al mundo de los hombres. ¿Cómo en España ha sido legitimado ideológicamente este etnocidio? Veamos cuáles eran los términos del debate, ¿cómo los cronistas han visto este Otro y han erigido del mito?; cómo un mundo salvaje", "bárbaro" sin ley, sin fe, sin propiedad; una sociedad que no posee más que faltas ha sido humanizado. Finalmente ¿cómo son legitimados los actos de pillaje, de destrucción por los que llevan el escudo de la civilización?

a) La marcha hacia la civilización y debate: Del Salvaje al Indio

España ha legitimado su conquista desde dos ángulos de visión; algunos pensadores se refieren a la teoría de Aristóteles, ligándola a aquella del esclavismo y las otras a la doctrina católica. El problema que se plantea es el cómo integrar la alteridad social y seres a la humanidad. La visión que se tiene sobre el Otro; el "Indígena". "Indio" es, que éstos son inferiores. La cuestión ideológica y política que de golpe se plantea es cómo justificar la integración, el avasallamiento, la manera de gobernar a este Otro, considerado inferior, no humano.
En España existe un pensamiento al rededor del cual se articulan los hechos de la conquista. En el siglo XVI, el español se interesa en la teología y la moral. El debate se instaura entre los partidarios de la servidumbre y aquellos de la libertad.  Pero estas dos corrientes a pesar de su oposición, consideran al "Indio" como un ser inferior. Los pensadores escolásticos, toman la defensa de la servidumbre natural de los indios; entonces proclaman el derecho para los españoles a subyugar a los "indios" por la fuerza.  Los pensadores cristianos y estoicos afirman la libertad para los indios, reivindicando sin embargo, la misión de civilizarlos, de dar a los salvajes, a los bárbaros, un alma.

b) Del Indio Bárbaro "Esclavo Natural"

Los partidarios del régimen de la servidumbre natural se basan en la filosofía política griega, notablemente en la de Aristóteles. La diferencia entre los hombres está justificada por la posesión (o no) de la razón. Existe pues una jerarquía y los hombres "prudentes" dotados de razón pueden reducir a la esclavitud a los bárbaros. Así, Jean Major, a través de sus escritos legitima el avasallamiento de la población "India", afirmando que ésta releva de la esclavitud natural.
He aquí los términos que él emplea para responder cómo debía ser gobernada la población salvaje: "Este pueblo vive bestialmente". Tolomeo ya nos decía en su cuatripartición que "de lados del Ecuador y bajo sus polos vivían hombres salvajes", "Es justamente lo que la experiencia acaba de afirmar". Y este prosigue justificando el avasallamiento de los indios. "Resulta que el primero que ocupa estas tierras puede en pleno derecho gobernar a las gentes que lo habitan, pues éstos son con toda evidencia esclavos por naturaleza''
De la misma manera Palacios Rubios, jurista de La Corte fue consultado sobre la manera como se debía gobernar la población de los territorios conquistados. Este señor también justifica, distinguiendo dos tipos de esclavitud: La esclavitud legal y la esclavitud natural. La esclavitud legal es aquella que resulta de la fundación de los reinos erigidos después de una guerra, mientras que la esclavitud natural es la que resulta de cualidades innatas. Algunos hombres han nacido para dominar y otros para servir. Para Palacios Rubios, estos dos tipos de esclavitud podían muy bien aplicarse a los indios. Es así que la encomienda se justificará por la esclavitud "natural", a pesar de que esos hombres fueron libres.
Para Sepúlveda el "indio" es un bárbaro: éstos revelan de la esclavitud: y la dominación de los bárbaros por los españoles, podía tener solamente electos civilizadores, y escribe como sigue: "¿Qué habría podido ocurrir de más oportuno y saludable a estos bárbaros que de encontrarse sometidos al imperio de aquellos de quienes la prudencia, la virtud, la religión los transformaron necesariamente de bárbaros que eran -y merecían apenas el nombre de seres humanos- en hombres civilizados, en la medida en que ellos podían ser idiotas y libidinosos en hombres honestos, de impíos e idólatras del demonio en cristianos y adoradores del verdadero Dios?
Numerosas son pues las razones y muy graves que obligan a los Bárbaros a aceptar el imperio de los españoles, conforme a las leyes de la naturaleza y ellos aprovecharan bastante bien y mejor que los españoles, pues la humanidad y la verdadera religión son más preciosas que el oro y la plata". ().
Para los indios que se sometían sin resistencia a los españoles le parecía justo de no despojarles de sus tierras pero si de imponerles un tributo. Esos seres bárbaros pudiendo ser sometidos; puesto que siendo esclavos naturales eran, incluso para ciertos autores, supuestos de no tener alma, citemos por ejemplo lo que dice el monje Peñaloza: "Los Indios eran de una barbarie y de una incapacidad tal que jamás se habrían imaginado, que tanta idiotez puede estar contenida en la imagen humana". A tal punto que los primeros españoles que los descubrieron no pudieron percatarse que ellos tuvieran un alma racional; les parecieron en el mejor de los casos un poco más que monos y los españoles no tuvieron ningún escrúpulo para alimentar sus perros con la carne (de los Indios) y tratarlos en simples animales.
"Y esto fue así, tanto que su santidad el Papa Paulo III, habiéndose informado abundantemente, declara que aquellos eran seres humanos y que tenían un alma como nosotros, un alma que era como una "tabla raza "(como Aristóteles ya lo decía, como intelecto desprovisto de toda cultura) sin la menor seña de esta imagen y semejanza de Dios, que en el origen de la naturaleza humana, creó las potencias del alma de todos los humanos. Según parece no tenían (ellos los indios) en demasía esta luz e innata que poseen todos los hombres."().
Indios, bárbaros sin alma, sin fe, sin ley y además sin ningún sentido sobre la propiedad, éstos podían ser despojados y aprender a pagar impuestos. Esto justifica el despojo y la usurpación de los bienes y tierras.
Si los colonizadores juzgaban, que los indios tenían una cierta noción de la propiedad ésta es muy poco desarrollada. He aquí como afirma un jesuita. Domingo Muriel (en lo que concierne al derecho de propiedad): "Pero este derecho es más débil en ellos que en otras naciones. Nada no es pues necesario para suprimírselos por más que la causa fuese tan grave, más que aquella que se requiera para desposeer a las otras naciones, pues para los Indios la vida y la libertad son consideradas por cosas de poca importancia"().
Así se justificará la política colonial de desposesión, de pillaje, a través de la "obra civilizadora", en el cual el objetivo aparente es dar alma a los indios y educarlos. Esta práctica etnocidaria tiene por base la visión del Otro como un ser inferior, desprovisto de razón, de alma. La política preconizada es aquella de una civilización única, de la cual todo español era el realizador y dotado de toda humanidad. El desarrollo único sin diferencia tiene por término un ideal único de civilización.
Frente a esta posición que reivindica el avasallamiento, incluso por la fuerza, una contraposición se elabora, dando a los españoles la misión de una tutela civilizadora. Esta se impondrá en el universo ideológico Español e impulsará una política legislativa a seguir durante la colonización.
Si estos pensadores se oponen a los precedentes, es porque piensan que todo hombre está dotado de una capacidad suficiente para recibir la fe. Incluso el otro, no es visto en su alteridad, sino en el "sí-mismo", como alguien a quien se puede elevar a la condición humana aportándole la fe, la religión; es pues esta comente que aún hasta nuestros días se perpetúa como la actitud filantrópica hacia el "indio". Lo que se conoce generalmente con el nombre de indigenismo, actitud aparentemente pro-indio pero en el fondo profundamente etnocidaria. Así sociólogos criollos que pasan su tiempo acuñando términos como mestizo, cholo, etc. Para vaciar y despersonalizar la identidad kolla. En estos últimos años, esta manera de calificar al otro, continúa la tradición colonial con la posición indigenista: Indígena, originario, campesino.  

c) Bartolomé de las Casas: Pensador del etnocidio

Para Bartolomé De Las Casas existían hombres esclavos por naturaleza, pero ellos debían ser muy pocos, y la razón, signo distintivo del género humano es lo que está mejor compartido por los hombres. Las Casas, afirma que todos los hombres tienen la capacidad de civilizarse: "Lo mismo que la tierra inculta no da frutos, sino cordones y ronces, pero que contienen en ella la fuerza, para poder, una vez cultivada producir de su seno un fruto comestible y útil: de la misma manera todos los hombres del mundo, tan bárbaros y brutales fueron ellos, tienen necesariamente -siendo hombres- el uso de la razón y la aptitud a todo lo que depende de la instrucción y de la enseñanza.
Es pues entonces, consecuente y necesario que no haya población alguna en el mundo tan bárbaro y humano como fuese, y que no haya tampoco nación que instruida y adoctrinada sobre lo que requiere la condición natural de los hombres –y notablemente sobre lo que dice la fe– no produzca una floración de hombres excelentes"().
Contrariamente a algunos pensadores escolásticos, esta corriente de pensamiento no toma el medio natural como rol principal, determinando ciertos pueblos a la irracionalidad y a la servidumbre. El determinismo naturalista no tiene prioridad en este pensamiento, y la vía escogida será la de la ética. Al igual que Bartolomé de las Casas, quien pensaba que la barbarie estaba dividida en varias formas; el Jesuita José de Acosta distingue tres tipos de bárbaros: aquellos a quienes, él reconoce una organización social, pero a que les falla la fe cristiana, aquellos que se gobiernan hasta cierto punto, pero que no tienen ni escritura, ni leyes escritas, ni ciencia y del cual la falta principal es también la carencia de la religión católica, y en fin aquellos que son hombres salvajes a quienes se debe "domar" por la fuerza.
Esta distinción sirve en realidad a legitimar o reconocer que el bárbaro puede ser educado y que esa barbarie releva de la falta de una educación religiosa y cultural. Lo que está afirmado es la idea de la libertad cristiana; todo hombre está en un estado natural de igualdad y de libertad, es en esos términos como se define la unidad de la especie humana: "Todas las naciones del mundo tienen hombres y que de cada uno de ellos no hay más que una sola definición; todos tienen, el entendimiento y la voluntad, todos tienen cinco sentidos externos y cuatro internos, y ellos se mueven según sus objetivos, todos ellos se satisfacen del bien, todos encuentran placer en las cosas buenas y alegres; todos rechazan y condenan el mal, están confusos y molestos por la rudeza que mortifica a todos"().
El problema de la colonización es aquel del derecho de los indios. El debate que se instaura en torno a la esclavitud encontró en Las Casas un oponente a esas tesis. Si bien es verdad que esas tesis no han suprimido la opresión de los indios, ellas han contribuido a arreglarla. Los indios fueron reconocidos como hombres que podían perfeccionarse gracias a la religión católica. Es Francisco Vitoria quien hará la teoría; puesto que existe una naturaleza humana universal, independiente de la fe, esto implica el reconocimiento de derechos. La teorización hecha por Vitoria será la de sostener la existencia de un derecho universal.
 Así antes de la llegada de los españoles, los indios poseían un poder real, porque ellos son seres humanos. Es por eso y puesto que el hombre está hecho a la imagen de Dios - que sea cristiano o no- que tiene derechos. "Parece que el hombre se funda sobre la imagen de Dios", dice Vitoria.  Puesto que la naturaleza humana existe, el derecho está fundado sobre su existencia y este derecho es indiferente a las variaciones morales y religiosas que se injertan. No se puede negar entonces a los indios sus derechos, en nombre de su ignorancia, de la verdadera religión, ni porque ellos cometen actos inmorales. Cualesquiera fuesen sus costumbres, sus comportamientos por los cuales sean juzgados, ellos tienen el "libre albedrío" y deben por consiguiente ser dueños de sus cuerpos y de sus actos. Vitoria en su análisis reconoce una unidad moral y política de los hombres.
Y así los hombres teniendo todos, la misma naturaleza, no pueden erigir barreras, los unos respecto a los otros. "De esta manera, en nombre del derecho será justificada la colonización. "Los españoles pueden por ejemplo aportarles (a los indios) mercancías que les faltan y llevarse oro, plata y otras riquezas, bienes que (los indios) tienen en abundancia".  Además, los indios deben aceptar: en caso contrario la guerra está justificada ella es una guerra justa "impidiendo a los españoles de gozar del derecho de las gentes. En consecuencia, es necesario desencadenar la guerra para obtener el respeto del derecho, los españoles pueden legítimamente hacerlo".

Es de todo ese debate sobre el Otro, sobre la manera de civilizar, y de darle un alma: que la práctica colonial se legitima y toma razón para la instauración de poderes locales, a través de la institución en un derecho legislando la desposesión, la apropiación de territorios y de los hombres.

  Savala Silvio; Amérique Latine: La philosophie de la conquête

Savala S. op. cit. Pag 52

Savala S. op. cit. Pag 155

Savala S. op.cit. Pag 75

Savala S. op.cit. Pag 75

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