RETORNO AL AYLLU: UNA MIRADA AYMARA A LA GLOBALIZACIÓN

Fernando Untoja Choque

Sección lll: El poder en el ayllu

a) Lo propio del poder

Partiendo de la noción de lo propio y del gesto mismo de apropiación, hablar de la determinación económica o política de la estructura social, no tiene mucho sentido. En el mundo Aymara-Quechua y en toda sociedad, la propiedad no es solamente una cuestión económica ni tampoco política. Esta noción está dentro de un movimiento de desdoblamiento: en posesión y poder. Lo propio no puede ser pensado de manera indistinta. Lo económico o lo político no puede ser pensado como determinado o determinante. Lo propio puede ser el acto fundador de toda sociedad, en todo caso parece configurarse así en el Ayllu. Decir apropiación ya quiere decir economía-política. Como plantear la anterioridad de una con relación a otra (economía-poder).
El interés del trabajo se sitúa sobre la relación conflictual de lo propio en la sociedad Inka. El propio, es una verdadera relación de fuerza y se anuncia como violencia, es decir, poder. Quien dice poder, dice política, y dice exclusión, separación. Lo propio como poder es también la apropiación económica, disponer de... poseer para disponer. Lo propio, lo político deben pensarse juntos cuando se habla del Ayllu.
Pensar la política en el Ayllu, y en toda sociedad, no puede ser pensada fuera de la relación violencia-paz; es poder coercitivo-no coercitivo. Estudiar entonces una estructura, como la del Ayllu, sólo desde el punto de vista económico o político, es deslizarse en la unilateralidad de lo propio. Cuando Pierre Clastres, dice que hay sociedades sin Estado y sin un poder de coerción, no hace más que escamotear la esencia misma de lo político (es la violencia). Y algunos autores como La Pierre, señalan que las sociedades arcaicas tienen un poder embrionario, estos caen en el mismo prejuicio etnocentrista o civilizacionista, entonces, ¿no es acaso necesario ver de una manera mas dialéctica, la dinámica de la apropiación para poder estudiar las sociedades y las economías?
Partiendo de la dinámica de lo propio se eliminaría toda esta tipología de sociedades: sin Estado, sin jefe, economías de subsistencia y también sociedades con Estado y clases sociales. ¿Qué nos quedaría? Nos quedaría sólo la gestión de lo propio (es decir, la violencia) en cada una de las sociedades. Lo propio es propio a todas las sociedades. Toda la historia de las sociedades parece ser un problema de conjura de la violencia. A partir de ahí se puede comprender mejor las diferentes sociedades y en fin por una vez se habrá determinado un propio a todas éstas. Esta reflexión de lo propio nos liberaría evidentemente de todos los prejuicios y de todas las ideologías que se injertan en los análisis.
Las clases sociales son evidentemente el ordenamiento operado por la violencia de lo propio. Este ordenamiento puede formar órdenes, castas, divisiones duales, como en el Ayllu (que se asemejan bastante a una clasificación de orden dual, opuesta e idéntica).
En el Ayllu, el poder político es inmanente, éste toma forma y se desarrolla según el distanciamiento que separa lo privado y lo común; al mismo tiempo este juego de lo propio genera instituciones, formas del régimen de la tierra, regímenes políticos limitados en el tiempo y en el espacio. El Jilaqata es a nivel del Ayllu, aquél (poder) que tempera la violencia. Temperar la violencia en sentido metafórico y en un sentido concreto.
La gestión de la violencia es entonces un acto esencialmente político, la violencia política siendo entonces el resultado del movimiento de la apropiación. Para mantener el equilibrio será necesario inventar, innovar nuevos instrumentos, mecanismos e instituciones políticas capaces de conjurar el peligro de la violencia. Así, el Ayllu frente a este juego peligroso de lo propio, desplaza la relación conflictual común-privado sobre la relación mediatizada común-posesión privada; determina la relación de pertenencia al Ayllu y de éste con relación a la Marka. Instituye la regla de la rotación en el ejercicio del poder, limitando en el tiempo y espacio.
La innovación sobrepasa el marco del Ayllu. Esta crea el desplazamiento ecológico de los Ayllus, la creación de los nuevos Ayllus, reproduciendo el modelo original; en esta generalización se va constituyendo en el tiempo una sociedad diferenciada a pesar de reproducir la dualidad del modelo. El terror de la separación de lo propio, hace del Ayllu, lo propio de una instauración, de una diferenciación social, económica, su escisión radical, el desdoblamiento original es la matriz de todas las diferencias.
Lo propio de una sociedad, como ésta, es de ser política, por el hecho mismo de estar organizada por la lógica de la propiedad. En la sociedad Inka no se puede pensar o abordar el establecimiento del poder político coercitivo, como un pasaje de la no-cohesión a la coerción. Todo lo que aparece, un pasaje, es la tensión y el cambio en el régimen de apropiación. Cuánto mas el distanciamiento y la oposición se eclipsa entre lo privado y lo común, más las instituciones políticas toman un carácter coercitivo.

b) La función cíclica del poder

En lo concerniente a la vida social, las relaciones sociales se encuentran centradas alrededor del modelo Ayllu. Es a través del Jilaqata que el Ayllu ejerce su rol religioso, económico, político y administrativo.
En este pequeño sistema Ayllu, el Jilaqata ocupa un espacio a partir del cual unifica bordeando la comunidad, le da cohesión y conserva la propiedad territorial. A ese nivel, la mediatización de la violencia a través de la propiedad parece asegurar el funcionamiento económico y político.
El Ayllu en pequeña escala permite y obliga a cada miembro a participar de la propiedad del Ayllu. Es la pertenencia al territorio, la que posibilita ocupar el espacio de poder; acceder a éste no es posible sin estar antes incluido en el territorio. Si uno es poseedor privado de la tierra, se debería ser también poseedor del poder. El poder del Jilaqata no se adquiere por la cantidad de riqueza acumulada ni por el número de hijos que tiene una familia sino en calidad de poseedor privado.
El poder consiste en poseer en privado y en tanto miembro del Ayllu, el poder pertenece a la comunidad. El territorio y el poder son la propiedad común del Ayllu, para un miembro del Ayllu solo es posible la posesión privada de la tierra y del poder. La posesión privada de la tierra y del poder está limitada en el tiempo y en el espacio. El puesto del Jilaqata no es hereditario ni tampoco puede desbordar en atribuciones sobre otros Ayllus. Esta limitación en el ejercicio de poder se conoce en el Ayllu como " la función cíclica del poder".
La atribución de esta función está regida por el mismo principio de la Mit'a. La rotación cíclica en la función de deber, es atribuida a cada familia, miembro del Ayllu. La atribución del poder se hace por un año y ningún miembro del Ayllu no puede sustraerse a ésta, incluso si él encontrándose en una situación difícil. La función de poder y su carácter rotativo nos parece ser una de las diferencias fundamentales con el Modo de Producción Asiático.
Cada Ayllu está compuesto aproximadamente de 100 personas y cada familia está invitada a ejercer el cargo de Jilaqata por un periodo de un año; por cierto no existe una elección ni nominación por una autoridad ajena al Ayllu, el recomienzo del poder es como el recomienzo del Inti datado para el Intiraymi. Este recomenzar también es la Machaq mará. Por eso los Jilaqatas antes de la machaq mará ya tienen conocimiento de lo que pasa en el Ayllu y también preparado económicamente. El saber se transmite en una ceremonia organizada por el Jilaqata antes del nuevo año; a esta ceremonia son convocados los futuros Jilaqatas que se encuentran esperando su turno.

c) Condiciones para ser poseedor del poder

Pierre Clastres, cita las tres condiciones para poder ser jefe Indio, (en las tribus de la América del Sur): primero, ser jefe hacedor de paz (pacificador), segundo ser generoso, tercero ser buen orador. En el Ayllu, las condiciones no son las mismas como las citadas por Pierre Clastres. La selección toma en cuenta la cualidad de buen administrador de lo propio, es necesario que sepa conjurar la violencia, sea generoso, severo en mantenimiento del orden de lo propio. La violencia o la paz, ejercida por el poseedor del poder dependerán de la buena o la mala adecuación de la realidad al mito.
El talento oratorio es de menor importancia porque la comunicación pasa por el diálogo inter-individual, es decir, que el Jilaqata deberá convencer una por una a todas las familias de su grupo y luego fijar objetivos. La posesión del poder, no puede ser legítimo, si el Jilaqata no está acompañado por la Mama Talla, esta pareja simboliza y reproduce el mito de fundación del primer Ayllu. Esta lógica de la pareja se repite hasta hoy en los ayllus actuales a pesar de su deformación.
Al nivel del Ayllu, el Jilaqata es considerado de acuerdo a un imaginario creado por la sociedad como hermano o padre que se ocupa de los asuntos de la comunidad. Es el awatiri; aquel que ha recibido la calidad de Jila o hermano mayor. Es, el pacificador, es la instancia moderadora del grupo y garante al mismo tiempo de la propiedad común y de la posesión privada de tierras en el Ayllu. Uno de los papeles más importantes es la repartición de la tierra a los miembros del Ayllu.
La atribución de las tierras se realiza anualmente y en presencia de todos, donde el Jilaqata muestra la parcela a cada familia, pronunciando las siguiente frases: aka uraqija jumankiwa (esta tierra está con la familia). Existen dos expresiones en el Aymara para significar la relación posesión y propiedad: el individuo dirá nayankiwa o está conmigo y jiwasankiwa o está con nosotros.
La primera expresión connota, que es efectivamente el individuo que es el poseedor privado pero no el propietario. La segunda expresión da el signo que nosotros somos propietarios (con referencia al Ayllu) y significa también que nosotros somos los propietarios. Pero janiw nayankiw sañakiti jani jilakatantija; esto hace que las familias no pueden pretender ser poseedores sin el acuerdo de la autoridad. Ningún miembro puede apropiarse, las tierras, los bienes, si el jilaqata no ha fijado una demarcación sobre estos. La relación, del detentor del poder con las comunidades, en un sistema económico, donde el conflicto entre lo común y lo privado es conjurado por la posesión privada, obedece a la regla de reciprocidad.
Nosotros vemos al jilaqata vigilar la distribución y el almacenamiento de bienes destinados para la salud del Ayllu. En el entendido que él mismo contribuye a esta finalidad, como jefe, es pues un elemento y un medio para el Ayllu. Su individualidad no puede expresarse materialmente sin la posesión privada, y políticamente en el prestigio que lleva, el signo de realización, el hecho de servir al Ayllu. El prestigio es algo que debe ser ganado en el ritual. Lo que aparece nuevamente en la relación poder y comunidades es el modelo paradigmático que se hace co-extensivo a lo político y económico.
El Ayllu como propiedad común y posesión privada, exige en su funcionamiento, un poder de naturaleza profundamente pacifica (ligada a la cosmogonía de la Pacha, fundador encargado de hacer el bien), y un poder de cohesión que no es más del orden del paradigma, pero que se sitúa del lado del sintagma. El jilaqata tiene que enfrentar a la violencia individual interna y externa del Ayllu para buscar la adecuación de la realidad al mito. 
El Jilaqata estará obligado sin interrupción de buscar nuevos mecanismos en las relaciones de vecindad, tanto al nivel político como económico. Pero para ello será necesario convencer e imprimir, la concepción del universo legado por sus ancestros. Hay una búsqueda constante en imprimir el mito a la realidad.
Así el Jilaqata responsable de la gestión de la vida religiosa, ordena con precisión el calendario agrícola y vigila el cumplimiento de ese ritual para la celebración de fiestas en honor a los dioses, fija los sacrificios y las ofrendas. Se puede pensar entonces que el poder del Jilaqata se ejerce desde el borde sobre todos los asuntos de la comunidad. Se puede notar que en los Ayllus mas alejados, se continúa reproduciendo simbólicamente el mito de fundación. Este recuerdo mítico, a través de la práctica religiosa, ligada estrechamente a la práctica política y económica, sirve también de modelo para la constitución de las Marka. El poder en el Ayllu es un espacio donde se "excluye" un elemento capaz de asegurar la coherencia del conjunto.

d) El poder y la generalización del Ayllu

Nuestro trabajo por la vía mítica e inductiva se muestra incapaz de hacer resaltar las relaciones comerciales entre los Ayllus. Es por el papel que tiene el Jilaqata que podemos comprender. Adquirir y ceder son actos que no existen más que para el detentor del poder. Este es identificado como el hermano, quien deberá realizar la repartición y distribución de tierras y bienes, el da y al mismo tiempo retira los excedentes para la conservación del Ayllu.
En esta ambivalencia, poder y economía son inseparables. La pequeña estructura del Ayllu originario impide, desde ya, la apropiación de una manera unilateral. La economía y la propiedad del Ayllu aparecen históricas y lógicamente dispersas y ligadas a la formación de un nuevo tipo de Ayllu, Es en este donde el Ayllu aparece como un verdadero pequeño Estado. Por eso algunos autores hablan del derrumbe de varios Estados (Godelier, Clastres) en el mundo andino.
Esta hipótesis no es vacía de contenido. Lo importante es subrayar, que esos derrumbes, han sido el comienzo de la generalización del Ayllu, de donde se puede inferir su carácter ambivalente.  En todos los grados de la generalización, la propiedad, el trabajo colectivo y el poder político pasan por el Jilaqata. Este es un verdadero administrador de la economía del Ayllu. Y es bajo la ligazón de relación, entre los Jilaqatas, que aparecen las primeras formas de comunicación y los primeros centros constituyendo el Tampu (graneros que pertenecen a la "federación de Ayllus"). En la sociedad del Tawantinsuyu, no es el Estado central que por intermedio de sus agentes, organiza los trabajos en las comunidades, sino es la comunidad y el Jilaqata que definen y organizan la producción tanto al nivel del Ayllu como de las Marka.
El detentor del poder en el Ayllu, parece ya un Inka en potencia; a medida que el Ayllu se generaliza, la tarea y el papel del Jilaqata se hace cada vez más compleja y cada vez más indirecta con relación a los miembros del Ayllu. Nos es difícil decir, si el Jilaqata es el hombre que lucha contra el Estado en constitución, pero más probable, es que el Estado y su carácter ambivalente estén presentes ya en el Ayllu: el Jilaqata toma la figura de un “señor" que conserva lo real del Estado.
Una primera conclusión extraída del Ayllu, en esta fase es que las comunidades rurales no están en una dependencia absoluta con relación al detentor del poder, de esta autonomía resulta la ambivalencia entre el poder del Jilaqata y el Estado. El alejamiento unilateral, tanto al nivel de la apropiación como del poder político llevaría a un monopolio de poder y a una transmisión hereditaria, la que probablemente conduciría a la apropiación de la tierra y el excedente en el Ayllu.
Pero esto no se produce todavía. Porque el Jilaqata, en su papel político y administrativo, separa la relación de parentesco y la social. Es necesario que el poder proteja la propiedad común con relación a la propiedad de la Marka; que garantice la posesión privada familiar al interior del Ayllu. Al mismo tiempo crea, los medios de comunicación para conjurar en violencia interna y externa. La violencia interna será canalizada por una serie de ritos entre los rivales del Urum y Arum, donde la emulación y la competencia desplazan las relaciones de amistad y de hostilidad. La emulación económica llega a potenciar y encadenar las Pirwas y los Tampus.
La competencia entre el Aram y el Urum y la de las familias se expresa canalizada por la lucha por el prestigio y la demostración del en-sí. Mostrar la particularidad de cada ayllu: riqueza, música, símbolos, vestimenta. Cada Ayllu se erige con fuerza al interior y al exterior. En el interior de cada Marka está la división dual estructurada en Aram y Urum, hacia lo externo se muestra unidad y orgullo. A pesar de esta exteriorización el Ayllu en su interior continua bajo los mismos principios de lo Propio: las familias continúan trabajando las tierras de lo común y de su propiedad, pero englobados en círculos mas amplios y dependiendo cada vez de factores externos al Ayllu.

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