PRESENCIA DE LA ÉTICA MARTIANA EN LA POLÍTICA CUBANA

Raúl Quintana Suárez

 “Los tiempos grandes requieren  grandes sacrificios”

Inserto en el sistema de valores que propiciaron la construcción de nuestra identidad cultural y nacional ocupa un lugar relevante el patriotismo, propiciador de la solidaridad con  otros pueblos, privilegiando la unidad e integración de Nuestra América, así como el amor y respeto, en un clima de amplia tolerancia con el pensar ajeno, a la cultura patria. Profundas raíces poseen tales valores en la tradición del pensamiento progresista cubano en el decursar de los siglos XIX y primera mitad del XX y que se consolidan en el multifacético proceso de  conformación de la Ideología de la Revolución Cubana.

El proceso de formación y consolidación de  valores en nuestro pueblo, en el último medio siglo, particularmente en niños y jóvenes, ha transitado por flujos y reflujos, fortalezas y debilidades, lealtades y traiciones, tabúes y dogmatismos, producto de que los mismos constituyen, en última instancia, reflejo de la realidad política, económica, social e ideo-cultural por la que ha transitado y aun transita el proceso revolucionario.

La continuidad del mismo, aun en las condiciones reales y posibles más adversas, sólo será factible, en esta compleja etapa de relevo generacional, a partir de la permanencia  e incluso imprescindible profundización de una ética comprometida, concientizada y practicada sin subterfugios demagógicos, basados en la ejemplaridad personal, particularmente en aquellos que lideran estados de opinión, gozan de facultades para adoptar  decisiones cruciales o cuentan con prerrogativas, constitucionalmente permisibles, que les otorgan una mayor o menor cuota de poder. La problemática a la vez que compleja por su contenido debiera resultar sencilla por su forma (tal como lo demostrará el Che en su conducta personal): con la plena correspondencia de la actuación personal con sus prédicas. Pero en la práctica, producto de diversos factores, muchos de ellos consecuencia del período especial, y otros, tanto objetivos como subjetivos, que no es nuestro propósito analizar en esta momento la conducta personal de no escasas personas, afortunadamente no la mayoría,   constituyen anomalías, que resulta perentorio erradicar, pues contradicen nuestra rica tradición ético-cultural y concitan el rechazo de nuestro pueblo en todos los contextos históricos, desde la colonia, la república neocolonial y la propia etapa que se inicia el 1ro de enero de 1959.

Sobran los ejemplos de la conducta heroica de nuestro pueblo y de innúmeras personalidades, en las diversas esferas de la actividad humana, fieles a los principios éticos, a lo largo de más de dos centurias,  que ofrendaron en gesto magnífico, bienestar personal, honores, riquezas y hasta la propia vida, como verdaderos Quijotes morales. En tal empeño el patriotismo, como valor irrenunciable, se convierte en escudo ético que preserva nuestra propia identidad cultural y nacional y constituye el legado más preciado de las generaciones que forjaron nuestra patria, desde Félix Varela y Morales hasta Martí, de José de la Luz y Caballero hasta Varona, de Julio Antonio Mella hasta Ernesto Che Guevara.

Si bien todas las virtudes ético-patrióticas del siglo XIX se sintetizan en la vida y pensamiento de José Martí, al igual que las del siglo XX y principios del XXI, confluyen y se encuentran representadas en las ideas y actuación de Fidel Castro, no es menos cierto, que al margen de contextos diferentes  y rasgos particulares de cada personalidad, Martí  se halla presente en Fidel.

Como caracterizara el Apóstol, en su semblanza del patriota uruguayo Juan Carlos Gómez, existen…“... seres humanos en quienes el derecho encarna y llega a ser sencillo e invencible, como una condición física. La virtud es en ellos naturaleza, y puestos frente al sol, ni se deslumbrarían, ni se desvanecerían, por haber sido soles ellos mismos y fortalecido con su amor a la Tierra…..Aman por cuantos no aman; sufren por cuantos se olvidan de sufrir.  La Humanidad no se redime sino por determinada cantidad de sufrimiento, y cuando unos la esquivan, es preciso que otros la acumulen, para que así se salven todos…” (3)

En singular coloquio epistolar entre titanes de la virtud, escribe Martí a Máximo Gómez, el dominicano insigne, acogido entonces al obligado reposo en su propia tierra natal, en Santiago de los Caballeros, el 13 de septiembre de 1892, inmerso el Maestro en su febril preparación de la Guerra Necesaria, como“…los tiempos grandes requieren  grandes sacrificios; y yo vengo confiado a pedir-a rogar- a Vd. que deje en manos de sus hijos nacientes y de su compañera abandonada la fortuna que les está levantando con rudo trabajo, para ayudar a conquistar su libertad, con riesgo de la muerte: vengo a pedirle que cambie el orgullo de su bienestar y la paz gloriosa de su descanso por los azares de la revolución, y la amargura de la vida consagrada al servicio de los hombres…” (4)

Inspirado  en la visión martiana del patriotismo verdadero, Fidel Castro expresa  el 4 de enero de 1959, en multitudinaria concentración popular efectuada en la ciudad de Camagüey cuan…“…dura y difícil será la empresa de los que pretendan separarnos y alejarnos a nosotros de nuestro pueblo, porque cuando no se vive más que para un solo propósito, cuando no se vive más que con una sola intención, cuando no se descansa, cuando no se duerme, cuando no hay tregua en el trabajo y en la lucha por servir honradamente una causa, no hay fuerza que pueda separar a un hombre de su pueblo Y el pueblo tendrá en nosotros eso:  servidores, y no quien trate de servirse del pueblo. ¿Qué podemos nosotros pedir del pueblo más de lo que el pueblo nos ha dado?  ¡Ningún poder, ninguna riqueza, ningún bienestar podrá jamás compararse con la emoción del cariño unánime de un pueblo! Esto no se sacrifica por nada ni por nadie. Solo los miserables, los que son incapaces de sentir podrían despreciar el amor despertado en un pueblo" (5)

La creación del Partido Revolucionario Cubano (PRC) por Martí, el 14 de abril de 1892, expresión de  su tesón unitario, en medio de los arduos afanes de su ya prolongado exilio, en su propósito de  crear en su patria, ya independiente de España, una república con todos y para el bien de todos, le concita a expresar sobre los recelos, intrigas y dobleces morales, de los que cuestionan su designación como Delegado, como…“…sabemos que el poder está en todos; que hemos dado a un representante activo su representación, pero que nos quedamos con su sustancia; que el representante va y viene por don donde lo vemos, y le oímos y le preguntamos, y no goza de más autoridad que la que le quisimos dar, y la que cada uno de nosotros puede proponer que se le merme o se le quite; que estamos en una obra humana de cariño, libertad y razón. Para zares no es nuestra sangre….El cubano, indómito a veces por lujo de rebeldía, es tan áspero al despotismo como cortés con la razón. Quien pretenda ensillarlo será sacudido…” (6)

Apenas a unos días del triunfo revolucionario, Fidel Castro valora, haciendo suyo tal legado,  como…“…yo estoy seguro de que los cubanos no se conforman simplemente con ser libres en su patria.  Yo estoy seguro de que los cubanos quieren además disfrutar de su patria. Yo estoy seguro de que quieren también participar del pan y la riqueza que se producen en su patria. ¿Cómo vamos a decir: <<esta es nuestra patria>>, si de la patria no tenemos nada?  <<Mi patri>>, pero mi patria no me da nada, mi patria no me sostiene, en mi patria me muero de hambre.  ¡Eso no es patria!  Será patria para unos cuantos, pero no será patria para el pueblo. Patria no solo quiere decir un lugar donde uno pueda gritar, hablar y caminar sin que lo maten; patria es un lugar donde se puede vivir, patria es un lugar donde se puede trabajar y ganar el sustento honradamente y, además, ganar lo que es justo que se gane por su trabajo. Patria es el lugar donde no se explota al ciudadano, porque si explotan al ciudadano, si le quitan lo que le pertenece, si le roban lo que tiene, no es patria.” (7)

Referirnos a patriotismo, en su sentido axiológico, expresa el valorar necesariamente  su perentorio vínculo conceptual, asumido este como  el amor concientizado al suelo natal, su historia y tradiciones, es decir, a la cultura, en su sentido más amplio (Ver introducción).  Ello conlleva indefectiblemente el  concebir  con igual rango, el  amor y respeto al pueblo al que pertenecemos, con sus virtudes a imitar y sus defectos a corregir.

Tanto en Martí como en Fidel, a lo largo de su quehacer revolucionario se expresa claramente, en discursos y escritos, su plena convicción del papel protagónico de los pueblos como reales sujetos de transformación, sin menoscabar el papel que desempeñan las personalidades, los líderes, en los procesos revolucionarios dado que,  como expresa el Apóstol el 24 de enero de 1880…“…ignoran los déspotas que el pueblo, la masa dolorida, es el verdadero jefe de las revoluciones; y acarician a aquella masa brillante que, por parecer inteligente,  parece la influyente y directora.Y dirige, en verdad, con dirección necesaria y útil, en tanto que obedece, en tanto que se inspira en los deseos enérgicos de los que con fe ciega y confianza generosa pusieron en sus manos su destino. Pero en cuanto por propia iniciativa, desoyen la encomienda de su pueblo, y asustados de su obra, la detienen; cuando a quienes a quienes tuvo y eligió por buenos, con su pequeñez lo empequeñecen y con su vacilación lo arrastran, sacúdese el país altivo el peso de los hombros y continúa impaciente su camino, dejando atrás a los que no tuvieron suficiente valor para seguir con él…” (8).
Y que Fidel Castro reitera, en el contexto de su época, el 8 de enero de 1959, cuando afirma que…“…lo primero que tenemos que preguntarnos los que hemos hecho esta Revolución es con qué intenciones la hicimos; si en alguno de nosotros se ocultaba una ambición, un afán de mando, un propósito innoble; si en cada uno de los combatientes de esta Revolución había un idealista o con el pretexto del idealismo se perseguían otros fines; si hicimos esta Revolución pensando que apenas la tiranía fuese derrocada íbamos a disfrutar de los gajes del poder; si cada uno de nosotros se iba a montar en una <<cola de pato>> (como se denominaba en Cuba a los carros de lujo. N. del A.), si cada uno de nosotros iba a vivir como un rey, si cada uno de nosotros iba a tener un palacete, y en lo adelante para nosotros la vida sería un paseo, puesto que para eso habíamos sido revolucionarios y habíamos derrocado la tiranía…..Esa pregunta hay que hacérsela, porque de nuestro examen de conciencia puede depender mucho el destino futuro de Cuba, de nosotros y del pueblo” (9).
En una de las tantas ocasiones en que expresa el líder cubano su respeto por el pueblo, éste valora como…“…hoy la historia de nuestro país se escribe en los campos de caña, en las fábricas, en los centros de estudio, en el trabajo tesonero y abnegado, y muchas veces anónimo, de miles, de decenas de miles, de cientos de miles de hombres y mujeres de nuestro pueblo. La escriben los maestros que enseñan en las montañas; la escriben los médicos que salvan vidas en los lugares más apartados del país; la escriben los campesinos trabajando en los lugares más abruptos, donde no llegan apenas las más elementales comodidades de la civilización; la escriben los soldados, que en los puntos de peligro o frente al enemigo montan guardia para defender a su Revolución; la escriben los obreros de los centrales azucareros produciendo millones de toneladas de azúcar; la escriben los cientos de miles de hombres de la ciudad y del campo que, machetazo tras machetazo, gota de sudor tras gota de sudor, van cortando la caña con la que se producen las toneladas de azúcar que proclamamos todos los cubanos con orgullo como victorias de nuestra economía "(10).
¿Qué virtudes valora más, en nuestro pueblo, el Héroe de Dos Ríos?
 En su antológico discurso “Con todos y para el bien de todos” pronunciado  en el Liceo Cubano de Tampa, Estados Unidos, el 26 de noviembre de 1891, éste expresa que…“… ¿temeremos a la nieve extranjera? Los que no saben bregar con sus manos en la vida, o miden el corazón de los demás por su corazón espantadizo, o creen que los pueblos son meros tableros de ajedrez, o están criados en la esclavitud que necesitan quien les sujete el estribo para salir de ella, esos buscarán en un pueblo de componentes extraños y hostiles la república que sólo asegura el bienestar cuando se le administra en acuerdo con el carácter propio y de modo que se acendre y realce. A quien crea que falta a los cubanos coraje y capacidad para vivir por sí en la tierra creada por su valor, le decimos: ¡Mienten! ” (11).
Reconocer las virtudes de nuestro pueblo, en su largo transitar en medio de privaciones y sacrificios, proezas y logros, fortalezas y debilidades, esperanzas y frustraciones,  en la senda recorrida de dos centurias, a partir de la construcción de su propia identidad, le permite valorar a Fidel Castro  como…“…el Primero de Enero de 1959 culminaba, verdaderamente, la heroica lucha iniciada en Yara casi 100 años antes. A nuestra generación le cupo el honor de un destacado papel en la conclusión victoriosa de esa larga contienda. Corresponderá a los historiadores analizar a fondo el fenómeno político y social, en virtud del cual recayó sobre nuestro pueblo el papel primogénito de marchar por los caminos del socialismo antes que ningún otro de nuestra sufrida América. Ello no es posible explicarlo exclusivamente por factores circunstanciales o mediante la interpretación fría y esquemática de las leyes inexorables que rigen el desarrollo de la sociedad humana. Al pueblo cubano, a su histórica, difícil y solitaria contienda por la emancipación en el siglo pasado; a sus heroicas y hermosas tradiciones combativas, a su indoblegable voluntad de lucha, pertenece un mérito que no es posible disminuir ni subestimar. Sin ideas y concepciones claras no es posible la revolución aun cuando existan las condiciones objetivas. Mas sin lucha enérgica, firme, decidida, e inteligente, a lo que puede añadirse una enorme dosis de audacia, no hay revolución posible" (12).
El valor patriotismo, siempre presente en el ideario martiano, revive en el pensamiento ético de Fidel Castro, no por intencionado diletantismo retórico o hipócrita populismo, buscador de votos electoreros,  tan propio de la inmensa mayoría de los políticos  de la república neocolonial, sino plenamente concientizado, asumido y aplicado al nuevo contexto cubano, que le permitió  otorgar  al Apóstol, la autoría intelectual del  asalto al Cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953.
“Vivimos orgullosos de la historia de nuestra patria;-expresaba entonces Fidel Castro en su histórico alegato ante el tribunal que lo juzgaba en octubre del propio año-la aprendimos en la escuela y hemos crecido oyendo hablar de libertad, de justicia y de derechos. Se nos enseñó a venerar desde temprano, el ejemplo glorioso de nuestros héroes y de nuestros mártires…..Nacimos en un país libre que nos legaron nuestros padres, y primero se hundirá la Isla en el mar antes que consintamos en ser esclavos de nadie. Parecía que el Apóstol iba a morir en el año de su centenario, que su memoria se extinguiría para siempre, ¡tanta era la afrenta! Pero vive, no ha muerto, su pueblo es rebelde, su pueblo es digno, su pueblo es fiel a su recuerdo; hay cubanos que han caído defendiendo sus doctrinas, hay jóvenes que en su magnífico desagravio vinieron a morir junto a su tumba, a darle su sangre y su vida para que él siga viviendo en el alma de la patria. ¿Cuba, qué sería de ti si hubieras dejado morir a tu Apóstol?” (13).

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