PRESENCIA DE LA ÉTICA MARTIANA EN LA POLÍTICA CUBANA

Raúl Quintana Suárez

"Y con esta fe científica, se puede ser un excelente cristiano".


Valorar las creencias religiosas en Martí es tarea asaz compleja. Resulta necesario en primer lugar, en las particularidades de Cuba, esclarecer la primacía de una religiosidad popular "sui generis", nacida de la transculturación presente en la formación de nuestra identidad y reconocer a las propias creencias religiosas, como componente importante de nuestra cultura.
Como expresase el acucioso investigador cubano del tema, el Dr. Jorge Ramírez Calzadilla…"…sobre la religión las definiciones son muy variadas; no obstante, se puede coincidir en su carácter social, es una categoría cultural al decir de Max Weber, que consiste en primer término en un reflejo de la realidad, como lo sintetiza Marx, una forma de  conciencia social, en la que, siguiendo a Francois Houtart, se representan las relaciones de los hombres entre sí y con la naturaleza produciendo un sentido. El rasgo que la identifica y a la vez diferencia de otras formas de conciencia es la aceptación de la existencia objetiva de lo sobrenatural" (81).
Cuba cuenta como legado valioso la obra del  sabio cubano Don Fernando Ortiz, en la que expuso acerca de las características de las creencias religiosas en Cuba, de profundas raíces socio culturales. Al respeto opina el Investigador Ramírez Calzadilla como…"…la complejidad, heterogeneidad y contradictoriedad que de inmediato se presentan al estudioso en el campo religioso cubano, responden principalmente a la diversidad del origen de las expresiones que lo componen, al contenido de sus ideas y representaciones, modos de organizarse y de expresar el ritual, el enfoque de la sociedad, su inserción y nivel de influencia en ella. En esto ha incido básicamente la multiplicidad cultural que caracteriza a la sociedad cubana" (82).
Tradicionalmente, hasta la propia actualidad, ha primado en el pueblo cubano, la denominada religiosidad popular, basada en la creencia en lo sobrenatural, más que la práctica sistemática u ortodoxa de uno u otro culto. En ello han desempeñado un papel relevante las diversas influencias culturales que han intervenido en el proceso de formación de nuestra identidad, cada una aportadora de sus singularidades en el campo religioso: la española, sintetizadora por si misma de muchas culturas; la heterogeneidad de las creencias de las diversas etnias africanas, implantadas en Cuba a través del criminal tráfico esclavista; las denominadas iglesias evangélicas, a partir de las estrechas interacciones culturales con el pueblo norteamericano y otras de menor influencia.
Las ideas religiosas en Martí, que se expresaban, en alusiones relativamente frecuentes en sus escritos y discursos, nos expresan sus complejas peculiaridades. Resulta evidente que en él está presente un Creador Universal, donde se expresa quizás su probada afiliación masónica, en determinada etapa de su vida y lo que pudiéramos denominar un singular panteísmo, vinculado a un peculiar deísmo, donde se percibe su juicio y obra, en la propia naturaleza. Pero lo que más caracterizan sus creencias religiosas es su profundo sentido ético, muy vinculado a sus concepciones políticas, a su laicismo militante y su rechazo a los falsos profetas manipuladores de los sentimientos de los creyentes en provecho de sus espurios intereses.
Para el Maestro…"…no hay providencia.   La Providencia no es  más que el resultado lógico y preciso de nuestras acciones, favorecido o estorbado por las acciones de los demás. Si aceptáramos la Providencia católica, Dios sería un   atareadísimo Tenedor de  Libros  (83).
Concepto que reitera años más tarde cuando expresa que…"…la Providencia para los hombres no es más que el resultado de sus obras mismas; no vivimos a la merced de una fuerza extraña; el hombre inferior inteligente no puede concebir torpeza en una inteligencia superior; el justo de la tierra no comprende la injusticia en quien ha de encaminarlo y dirigirlo" (84).
" Ese  Dios que regatea- valora Martí- que vende la salvación, que todo lo hace en cambio de dinero, que manda las gentes al infierno si no le pagan, y si le pagan las manda al cielo, ese Dios es una especie de prestamista, de usurero, de tendero" (85).
Todo lo anterior conduce a que para el Apóstol…"…no podemos conocer las causas de las cosas en sí mismas. Las causas no se revelan a nosotros directamente. Tenemos siempre delante la obra de la Creación, y siempre en nosotros el deseo de saber cómo obró. ¿A quién le podemos preguntar?... ¿A la fe? ¡Ay, no basta! En nombre de la fe se ha mentido mucho. Se debe tener fe en la existencia superior, conforme a nuestras soberbias agitaciones internas, en el inmenso poder creador, que consuela- en el amor, que salva y une- en la vida que empieza con la muerte. Una voz interior y natural, la primera voz que los pueblos primitivos oyeron,  y el hombre siempre oye,  clama por todo esto. - Pero la fe mística, la fe en la palabra cósmica de los Brahamanes, en la palabra exclusivista de los Magos, en la palabra tradicional, metafísica e inmóvil de los Sacerdotes, la fe, que enfrente del movimiento en la tierra, dice que se mueve de otra manera; la fe, que enfrente del mecánico de Valencia, lo aherroja y ciega; la fe, que condena por brujos al Marqués de Villena, a Bacon y a Galileo; la fe, que niega primero lo que se ha visto obligada a aceptar; esa fe no es un medio para llegar a la verdad, sino para oscurecerla y detenerla; no ayuda al hombre, sino que lo detiene; no le responde, sino que lo castiga; no le satisface, sino que lo irrita-. Los hombres libres tenemos ya una fe diversa. Su fe es la eterna sabiduría. Pero su medio es la prueba. Y con esta fe científica, se puede ser un excelente cristiano, un deísta amante, un perfecto espiritualista. Para creer en el cielo que nuestra alma necesita, no es necesario creer en el infierno, que nuestra razón reprueba" (86).
Para Martí las verdaderas creencias en los hombres se materializan en sus acciones de amor al prójimo, en su conducta éticamente loable. Por eso éste afirma como…"…hay hombres y hay grajos; los hombres son los que codo a codo honrado se  abren paso por sí propios en el mundo, y sazonan su pan con la levadura de la vida; los que viven sin vergüenza y sin remordimiento del dinero o de la gloria ganada por sus padres, son los grajos" (87).
Respecto a Fidel Castro, aunque educado en colegios católicos y ser su madre Lina Ruz, una ferviente creyente católica, hasta su muerte, poco después del  triunfo de la Revolución cubana, ya desde su temprana juventud asumía una posición atea, aunque de respeto, ante las creencias religiosas. Pero el ateísmo en Fidel estaba muy alejado de todo dogma antirreligioso y al igual que en Martí, la principal creencia había que buscarla en las acciones buenas de los hombres.
Como éste expresa a Frei Betto en la antológica entrevista realizada en 1985…"…yo antes de ser comunista utópico o marxista, soy martiano, lo voy siendo desde el bachillerato; no debo olvidar la atracción enorme del pensamiento de Martí sobre todos nosotros, la admiración por Martí. Yo fui siempre un profundo y devoto admirador de las luchas heroicas de nuestro pueblo por su independencia en el siglo pasado. Te hablé de la Biblia, pero poda hablarte también de la historia de nuestro país, que es maravillosamente interesante desde mi punto de vista, llena de ejemplos de valor, de dignidad y de heroísmo" (88).
Los propios errores de los revolucionarios al abordar las relaciones con la religión y los creyentes resultaron maquiavélicamente aprovechados por las fuerzas más reaccionarias, que se autoproclamaron, en su dimensión universal, como abanderadas de la fe y de salvaguardas de las creencias populares. Ejemplos significativos lo fueron la Revolución Francesa, de fines del siglo XIX; la Revolución Mexicana iniciada en la primera década del siglo XX; la Revolución Rusa, de noviembre de 1917 y la República Española, en la década de los 30 del propio siglo. La propia Revolución Cubana no estuvo exenta de políticas erróneas en el tratamiento a los creyentes y las instituciones religiosas motivado por el carácter marcadamente fascista del clero católico, predominante en Cuba, al triunfo del proceso revolucionario, que asumió una actividad abiertamente contrarrevolucionaria y que culminó en la expulsión del país de los elementos del mismo vinculados a grupos directamente participantes en actividades terroristas, además de la copia de principios dogmáticos contentivos en el proclamado ateísmo científico practicado por los partidos del modelo socialista europeo, promovido por la antigua URSS. Errores felizmente superados.
 Fidel Castro explica a Frei Betto, como a partir de las primeras leyes revolucionarias, en 1959 y 1960…"…se producen los primeros conflictos con la  Iglesia, porque realmente estos sectores quisieron utilizar a la Iglesia de instrumento contra la Revolución. ¿Por qué pudieron intentar eso? Por una razón muy particular de Cuba, que no era la situación de Brasil, ni de Colombia, ni de México, ni del Perú, ni de muchos países latinoamericanos: es que la Iglesia en Cuba no era popular, no era Iglesia propiamente del pueblo, no era la Iglesia propiamente del pueblo, no era la Iglesia de los trabajadores, de los campesinos, de los pobladores, de los sectores humildes de la población; aquí nunca en nuestro país se había hecho la práctica- que ya en algunos países se hacía y después fue frecuente en América Latina- de sacerdotes trabajando con los pobladores, sacerdotes trabajando con los obreros y sacerdotes trabajando en el campo. En nuestro país, donde el 70% de la población era campesina, no había una sola iglesia en el campo" (89).
Para agregar posteriormente como…"…la religión en Cuba se divulgaba, se propagaba, a través de las escuelas privadas fundamentalmente, es decir, de las escuelas regidas por religiosos o religiosas…donde asistían los hijos de las familias más ricas del país, de la más rancia aristocracia, o que presumían de aristócratas, de las clases medias altas y de una parte de la clase media en general…El núcleo fundamental de la Iglesia Católica estaba integrado en nuestro país por estos sectores, y son los que tenían más vínculos con las parroquias, que estaban por lo general, en barrios de ricos. Había desde luego, algunas iglesias en áreas urbanas normales desde hacía tiempo, pero en toda nueva área hacia donde se desarrollaban los barrios residenciales de la alta burguesía,  se construían excelentes iglesias, para ellos el servicio estaba garantizado. En los barrios de indigentes, en los barrios pobres, en los barrios campesinos, en los barrios obreros, ningún servicio religioso estaba garantizado…Aparte de eso una gran parte del clero era extranjero y de este una gran parte era español…muy permeado de las ideas reaccionarias, ideas de derecha, ideas nacionalistas españolas e, incluso, de las ideas franquistas. Cuando aquella gente trata de utilizar la Iglesia, como instrumento, como partido contra la Revolución, surgen los primeros conflictos con la Iglesia" (90).
Acerca de las relaciones con otras iglesias, explica el líder revolucionario a Frei Betto que…"se podía apreciar, por otro lado, una diferencia en la conducta de las Iglesias evangélicas. Yo pude apreciar, lo observé siempre, que las Iglesias evangélicas  se habían propagado más bien en sectores humildes de la población, como regla, y también observaba en ellos una práctica de la religión más militante, quiero decir, observaba más disciplina en las Iglesias evangélicas, dentro de sus concepciones, dentro de sus estilos, sus métodos, su forma de hacer la oración…De modo que realmente no surgieron problemas con estos sectores.  Evangélicos, al contrario, siempre fueron muy buenas y fáciles las relaciones con ellos" (91).
Las dogmáticas interpretaciones que se realizaron de las valoraciones, de los clásicos acerca de la religión, por la mayoría de los partidos comunistas y su manipulación tergiversadora por la extrema derecha centró toda una polémica acerca de la afirmación de Karl Marx, acerca de la religión como opio del pueblo, hábilmente descontextualizada de su texto original, época y marco histórico en que fueron formuladas.
Lo que realmente Karl Marx y F. Engels valoran en su obra la «Ideología Alemana» (1846) es que…"…no se parte de lo que los hombres dicen, se representan o se imaginan, ni tampoco del hombre predicado, pensado, representado o imaginado, para llegar, arrancando de aquí, al hombre de carne y hueso; se parte del hombre que realmente actúa y,  arrancando de su proceso de vida real, se expone también el desarrollo de los reflejos ideológicos y de los ecos de este proceso de vida…No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia" (92).
Al respecto Karl Marx en su obra  «Crítica a la filosofía del Derecho de Hegel» (1843) valora como…"…el fundamento de la crítica irreligiosa es: el hombre hace la religión, la religión no hace al hombre. La abolición de la religión en cuanto dicha ilusoria del pueblo es necesaria para su dicha real. La exigencia de abandonar sus ilusiones sobre su situación es la exigencia de que se abandone una situación que necesita de ilusiones. La crítica de la religión es, por tanto, en embrión, la crítica del valle de lágrimas que la religión rodea de un halo de santidad. La crítica de la religión desengaña al hombre para que piense, para que actúe y modele su realidad como un hombre desengañado y que ha entrado en razón  para que gire en torno a sí mismo y por tanto en torno a su sol real. La miseria religiosa es, de una parte, la expresión de la miseria real y, de otra, la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura agobiada, el estado de ánimo de un mundo sin corazón, porque es el espíritu de los estados de cosas carentes de espíritu. La religión es el opio del pueblo” (93).
La comprensión socio-histórica del individuo humano lleva a Marx a concluir que la religión es la realización fantástica de la esencia humana, porque la esencia humana carece de realidad verdadera. Es decir, el elemento fundamental que determina las manifestaciones humanas en el individuo debe buscarse ante todo en las condiciones sociales en que transcurre su vida, cuya esencia existe fuera de él. La expresión fantástica de la esencia humana verdadera refleja ante todo  las particularidades de la espiritualidad de una determinada cultura. Por supuesto que estas reflexiones de Marx estaban basadas en el contexto europeo y en la época que le tocó vivir.
Al respecto, Fidel Castro valora que…“…lo más lógico desde el momento  en que, además,  se utilizaba la religión como instrumento de dominación, era que los revolucionarios tuvieran una reacción anticlerical, e incluso antirreligiosa, y yo me explico perfectamente las circunstancias en que surgió la frase…En mi opinión, la religión desde el punto de vista político, por si misma, no es un opio o un remedio milagroso. Puede ser un opio o un maravilloso remedio en la medida en que se utilice o aplique para defender a los opresores y explotadores, o a los oprimidos y explotados" (94).
Con respecto a la importancia asumida por la Teología de la Liberación (muy significativa en las décadas 70 y 80 del pasado siglo, en América Latina)  valora en la entrevista con  Frei Betto como…"…si tú me dices que en las actuales condiciones de América Latina es un error  poner el acento en las diferencias filosóficas con los cristianos, que como parte mayoritaria del pueblo son las víctimas masivas del sistema, poner el énfasis en ese aspecto en vez de concentrar en esfuerzo en persuadir para unir en una misma lucha a todos los que sustentan una misma aspiración de justicia, entonces yo diría que tú tienes razón; pero mucho más te diría que tienes razón, cuando se observa la toma de conciencia de los cristianos o de una parte importante de los cristianos en América Latina. Si partimos de ese hecho y condiciones concretas es absolutamente cierto y justo plantear que el movimiento revolucionario debe tener un enfoque correcto sobre la cuestión y evitar, a toda costa, una retórica doctrinal, que  choque con los sentimientos religiosos de la población, incluso de trabajadores, campesinos y capas medias, que solo serviría para ayudar al propio sistema de explotación…Creo que la enorme importancia histórica de lo que tú señalas como la Teología de la Liberación, o la Iglesia de la Liberación- como la quieras llamar- es  precisamente su profunda repercusión en las concepciones políticas de los creyentes. Y diría algo más: el reencuentro que significa de los creyentes de hoy con los creyentes de ayer, de aquel ayer lejano, de los primeros siglos, después que surge el cristianismo, después de Cristo. Yo podría definir a la Iglesia de la Liberación o la Teología de la Liberación, como un reencuentro del cristianismo con sus raíces, con su historia más hermosa, más atractiva, más heroica y más gloriosa- eso lo puedo decir- de tal magnitud que ello obliga a toda la izquierda en América Latina a tener eso en cuenta como uno de los acontecimientos más fundamentales de los que han ocurrido en nuestra época" (95).
Muy cercano a esa visión de un Cristo renovado, cercano a los pobres y oprimidos, explotados y discriminados, revela José Martí en su escrito "Hombre del campo" cuando expresa como…"…fue un hombre sumamente pobre que quería que los hombres se quisiesen entre sí, que el que tuviera ayudara al que no tuviera, que los hijos respetasen a los padres, siempre que los padres cuidasen de los hijos; que cada uno trabajase, porque nadie tiene derecho a lo que no trabaja; que se hiciese bien a todo el mundo y no se quisiera mal a nadie. Cristo estaba lleno de amor para los hombres. Y como él venía a decir a los esclavos que no debían ser  más que esclavos de Dios y como los pueblos le tomaron un gran cariño, y por donde iba diciendo esas cosas se iban tras él, los déspotas que gobernaban entonces, le tuvieron miedo y lo hicieron morir en una cruz (96).

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