EDUCACIÓN MATEMÁTICA Y FORMACIÓN DOCENTE

Silvia Vázquez Cedeño y Gustavo Mazcorro Téllez

El Profesor de las Disciplinas

Humanísticas como Orientador

del Desarrollo Humano

(Curso 2007-2008)

MARÍA DEL CARMEN NAVARRETE REYES

UNIVERSIDAD CENTRAL “MARTA ABREU” DE LAS VILLAS, CUBA.

Dedicaste tu vida profesional a la educación, a la tarea de formar y desarrollar profesores.

Compartiste tus conocimientos científicos y pedagógicos, tus virtudes, tu carisma, la amistad y el amor con tus alumnos y alumnas, compañeros y compañeras, amigos y amigas.

A tu familia le diste amor y ternura.

A ti, mis respetos y gratitud.

En el actual siglo XXI, la educación desempeña un importante papel y al mismo tiempo ocupa un lugar fundamental en la formación, crecimiento y desarrollo humano. En este sentido, el destacado educador cubano Dr. Chávez Justo (2003) en su trabajo “Aproximación a la teoría pedagógica cubana” apunta:

“La educación tiene como fin la formación y el desarrollo del hombre y de la cultura en interrelación dialéctica. Este proceso se realiza a través de la socialización”.

Continúa:

“La educación que se organice a inicios del siglo XXI tiene que lograr un adecuado equilibrio entre la formación científico técnica y el pleno desarrollo del hombre. Debe ser en sí un proceso de interacción entre la comprensión y la explicación del mundo social y natural y ser capaz de conducir al ser humano a altos niveles de bienestar espiritual y material”.

Por otra parte, la profesora Mañalich Suárez, Rosa (s.f.) señala que la educación ha venido a concebirse como un proceso dinámico de liberación de las capacidades creadoras en cada personalidad. Y agrega:

“Ese formar personalidades en que se desarrolle un pensamiento caracterizado por la fluidez de las ideas, la búsqueda de nexos y asociaciones –imprescindibles en las humanidades-, la flexibilidad en los enfoques, la originalidad, la colaboración en la búsqueda del conocimiento tipifica los fines de la educación. ... Hoy día, en un mundo cada vez más globalizado, la dimensión educacional y cultural puede actuar como apertura al desarrollo y al crecimiento humano o como cierre de esas oportunidades y vías para la deshumanización y fragmentación del hombre”.

Las disciplinas humanísticas reúnen todas las condiciones imprescindibles para contribuir al cumplimiento de los fines de la educación y en particular al desarrollo y al crecimiento humano. El encargado de dirigir este proceso en el contexto escolar es el profesor; por ello expondremos algunos criterios y opiniones sobre cómo los profesores de las disciplinas humanísticas pueden desempeñarse como orientadores del desarrollo humano de sus estudiantes.

Es preciso señalar que el papel del profesor, incluyendo a los profesores de las disciplinas humanísticas, ha evolucionado históricamente y en ello han influido los resultados científicos y académicos obtenidos en sus disciplinas particulares y en aquellas como la Pedagogía, la Psicología, la Sociología y la Cibernética, entre otras. La interdisciplinariedad se ha incorporado a la concepción de lo que debe ser el trabajo docente, el modelo de enseñanza-aprendizaje basado en la Psicología Conductista ha sido abandonado para pasar a tomar en consideración los procesos mentales de apropiación y asimilación de los contenidos. El enfoque histórico cultural de Vigostsky ha ocupado un lugar fundamental en el proceso de enseñanza- aprendizaje en general. Los resultados han repercutido en los objetivos a alcanzar, en los contenidos a impartir, en los métodos, formas organizativas, medios y formas de evaluación que se emplean en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

En el campo de las humanidades, los estudios lingüísticos han ido desde la Lingüística Estructuralista hacia la Generativo-transformacional, primero, y desde la Lingüística Teórica a la Lingüística Aplicada, después. Esto ha dado un gran impulso a los estudios sociolingüísticos, pragmalingüísticos, psicolinguísticos, lingüística del texto y análisis del discurso, entre otras disciplinas, y al mismo tiempo ha renovado, por ejemplo, la didáctica de las lenguas (tanto de las lenguas maternas como de las extranjeras).

Además, las investigaciones sobre el aprendizaje y la enseñanza: el desarrollo de estrategias, el desarrollo de la enseñanza comunicativa, el estudio de las condiciones del aula como lugar de comunicación y de aprendizaje, las teorías generales sobre el aprendizaje, los estudios de adquisición de segundas lenguas, el papel de la intervención didáctica, también han influido en la evolución del papel del profesor.

El perfil del docente actual es un tema al cual se le presta atención, y en este sentido muchos autores coinciden en los aspectos que a continuación referiremos y de los cuales no están exentos los profesores de las humanidades. Estos son:

• El profesor debe conocer con profundidad la materia que imparte, la forma en que aprenden los estudiantes y cómo favorecer el aprendizaje.

• El profesor debe estar abierto a la innovación didáctica y comprender la importancia de la metodología para la realización de su labor docente.

• El profesor debe conocer los criterios de selección y secuenciación de los contenidos aplicables a su materia.

• El profesor debe conocer procedimientos que le permitan planificar el proceso de enseñanza y aprendizaje.

• El profesor debe ser capaz de dirigir las actividades de los alumnos en el aula y fuera de ella (tutorías, trabajos…).

• El profesor debe adoptar una perspectiva formativa de la evaluación, concibiéndola más como un instrumento de aprendizaje que como una mera repetición de los contenidos expuestos en clase.

• El profesor debe ser capaz de investigar e innovar didácticamente, utilizando los recursos obtenidos de la retroalimentación para mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje.

• El profesor debe ser capaz de desarrollar actitudes y prácticas docentes más colaborativas, críticas y autónomas.

• El profesor debe ser capaz de cambiar sus concepciones y prácticas docentes sin aferrarse a falsos dogmatismos.

• El profesor deber ser una persona abierta, serena y tolerante, que asuma ante sus alumnos el papel de mediador y consejero, que domine las nuevas tecnologías, que sea un buen pedagogo, que tenga capacidad para el trabajo en equipo, que sea capaz de orientar personalmente y profesionalmente a los alumnos, que tenga un alto grado de adaptabilidad a las situaciones conflictivas y cambiantes del aula y del contexto social; y sobre todo debe poseer tres cualidades: la ejemplaridad, la autoridad moral y la madurez afectiva.

• El profesor debe facilitar a los estudiantes la capacidad de reflexión crítica y ayudarles a formar capacidades de pensamiento que les permitan tomar posiciones ante temas de sociedad, política, cultura, religión, naturaleza, su propia vida y trabajo, entre otros.

• El profesor debe contribuir a la formación crítica del pensamiento, del sentimiento y de la conducta.

Salazar Moya, A. (2005) apunta tres cualidades que constituyen el reto de ser educador en los momentos actuales, estas son: ser vocacional, profesional y vivir en el día. Sin embargo, ¿Qué significa ser vocacional, profesional y vivir en el día?

Ser vocacional significa que le debe gustar lo que hace, que debe encontrar sentido a su labor. Su trabajo lo debe realizar, no como una actividad cotidiana y rutinaria, sino como una vivencia continua y una experiencia renovadora.

Ser profesional implica que a quien le guste algo, si no está cualificado, si no es un verdadero profesional, lejos de enriquecerse y enriquecer, suele abortar el desarrollo lógico de todos los que de él dependen.

Para Salazar Moya vivir en el día quiere decir que el profesor debe educar y formar a alumnos del siglo XXI, debe ser consecuente con el futuro inmediato de sus educandos y deberá prepararse y adelantarse a lo que los alumnos vayan a necesitar en su futuro profesional y personal. Por lo tanto, el profesor debe:

• Ser consecuente consigo mismo (vocacional).

• Ser consecuente con los educandos (profesional).

• Ser consecuente con la sociedad (vivir en el día).

Las palabras pronunciadas por la eminente intelectual cubana, Dra. Pogolotti, Graziella en el congreso de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (2008), nos define con claridad y precisión el papel del maestro:

“El maestro es el puntal de todo sistema de enseñanza, su autoridad es la que tiene que estar presente en el aula, autoridad inmanente, y es la que contribuye a preservar valores, conocimiento de la materia en sí y del modo de enseñarla y, si efectivamente, el proyecto educativo debe consistir en que el estudiante asuma cada vez más responsabilidades, como corresponde, no debemos olvidar que enseñar a pensar es lo más difícil y que la mayéutica socrática también es de una extraordinaria complejidad y no desnaturalizará de ningún modo el papel protagónico del maestro”.

La profesora cubana Mañalich Suárez (2002) al referirse a la enseñanza de las humanidades, plantea que

“hay que hacer más humana la enseñanza de las humanidades en sus fines, objetivos, contenidos, métodos y formas de organización de las tareas de aprendizaje, y que hay que huir de la tendencia a la copia foránea, ajena a nuestras realidades educacionales, a la idiosincrasia de nuestros estudiantes, a las reales posibilidades de los docentes, en fin, a las propias exigencias sociales. La unidad de la diversidad es una divisa y frente a una globalización neoliberal, jamás debe perderse el punto de vista de que se educa para desarrollar valores y el orgullo de una identidad nacional en personalidades cada vez mejores en su “sentido de la vida”, muy diferente a una concepción solo utilitaria de la vida”.

Estas palabras se relacionan con el desarrollo humano, el cual en el informe de Delors (1997) para la UNESCO se define como el proceso conducente a la ampliación de las opciones de que disponen las personas. Las tres opciones esenciales para las personas, a todos los niveles de desarrollo, son:

• poder tener una vida larga y saludable,

• poder adquirir conocimientos,

• poder tener acceso a los recursos necesarios para disfrutar de una vida decorosa.

Además, se señala que el desarrollo humano no se logra si no hay un justo equilibrio entre la responsabilidad de la sociedad con cada uno de nosotros, pero también la responsabilidad de nosotros con la sociedad, donde nos consideremos parte de un todo y entendamos que calidad plena de vida es ejercer nuestra libertad, nuestros derechos, pero también nuestra responsabilidad y obligaciones.

Al hablar de desarrollo humano y educación, Mesta Martínez (s.f.) señala que, como maestros, nuestra responsabilidad es tanto mayor porque en nuestras manos está la conducción y la formación de valores, conductas y creencias para las nuevas generaciones, conservando lo que hay que conservar y cambiando lo que se debe cambiar.

Para llevar a cabo el desarrollo humano partimos de que el profesor debe actuar como orientador y para ello nos apoyamos en los planteamientos de González Maura (1999) acerca de que la educación, y en particular la escuela y el profesor, tienen un papel rector en el sistema de influencias sociales que estimulan la formación y desarrollo de la personalidad del estudiante, y que el profesor, por su formación profesional, es la persona capaz de conducir, guiar científicamente el proceso de aprendizaje del estudiante hacia niveles superiores de desarrollo en la medida que cree los espacios de aprendizaje que propicien la formación de niveles cualitativamente superiores de actuación. Desde esta posición el profesor no es un facilitador sino un orientador del aprendizaje, pues diseña las situaciones de aprendizaje que estimulan la formación y desarrollo de valores como reguladores de la actuación del estudiante en condiciones de interacción social.

Nosotros compartimos esa definición de profesor orientador y a partir de ella abordamos la influencia que este tipo de profesor puede ejercer en el desarrollo integral y en el desarrollo humano de los estudiantes.

Considero que ser profesor de las disciplinas humanísticas es un privilegio social y cultural, pues cuando este profesor intercambia sus conocimientos con los alumnos, y en especial con los de la educación superior, tiene la gran posibilidad de participar activamente en la formación integral de los profesionales que tendrán en sus manos la organización, dirección, ejecución y desarrollo de las principales actividades de la vida social, económica, cultural, política, educacional, entre otras, de un país.

En Cuba el profesor de las disciplinas humanísticas, al igual que el resto de los profesores, desarrolla la docencia, la investigación y el trabajo educativo, pero hay determinadas particularidades que diferencian su labor y que están dadas por la propia naturaleza de las humanidades.

En el caso de los profesores de lenguas extranjeras una de estas particularidades se manifiesta en la enseñanza de la lengua objeto de estudio; una de las finalidades es que los estudiantes intercambien criterios, opiniones, puntos de vistas, defiendan sus posiciones en diferentes esferas: social, económica, científica, cultural, política y en diferentes contextos.

Entre los principales objetivos que este profesor debe alcanzar está potenciar el desarrollo de la competencia comunicativa de los estudiantes, lo cual implica el desarrollo integral de la competencia gramatical, la competencia sociolingüística, la competencia discursiva, la competencia estratégica, la competencia intercultural. Él debe tener en cuenta las implicaciones pedagógicas que contiene el concepto de competencia comunicativa, las cuales, según plantea Canale (1995), se refieren a la integración de los distintos tipos de competencia por parte del alumno y al hecho de que la docencia debe estar basada en las necesidades comunicativas de los estudiantes, en interacciones comunicativas significativas y realistas, en las habilidades que ya tiene el hablante en su primera lengua y en la interdisciplinariedad.

Otro aspecto es que el profesor debe hacer un buen uso de la comunicación. El proceso de enseñanza aprendizaje es un proceso eminentemente comunicativo. La comunicación es una condición indispensable para el desarrollo humano; entendido éste como el desarrollo y la utilización de las potencialidades humanas para lograr una vida más plena y de mejor calidad.

La comunicación favorece las interacciones, el intercambio, las relaciones intrapersonales, interpersonales y sociales. La comunicación se caracteriza también por el alto grado de impredictibilidad y creatividad en cuanto a la forma y el contenido, por darse en contextos discursivos y socioculturales que requieren el uso apropiado de la lengua y ofrecen referencias para la correcta interpretación de las expresiones. La comunicación siempre tiene un propósito: establecer relaciones sociales, persuadir, entre otros.

En la clase, el entorno humano inmediato del alumno está constituido por sus compañeros y por el profesor, con quienes establece relaciones a través de actos de comunicación. Esta interacción, sin embargo, puede estar influenciada por varios factores, entre los cuales se encuentran los afectivos.

La importancia del aspecto afectivo es incuestionable durante el desarrollo del proceso de enseñanza-aprendizaje. La existencia de buenas relaciones afectivas permite que en las situaciones de aprendizaje el alumno no se sienta lastimado ni avergonzado cuando se le señala algo, cuando se discrepa de sus opiniones o criterios.

Al mismo tiempo debe prestarle atención a rasgos de la personalidad del estudiante, tales como valores, afectos, conductas, modales, gestos y acciones inapropiadas que en ocasiones pueden manifestarse y deformar la imagen que la sociedad tiene de ellos. A nuestro criterio, la influencia, no sólo del profesor sino del grupo, puede ayudar a eliminar estos momentos desagradables a través de actividades orientadas, organizadas, reguladas y controladas por el profesor.

El contenido de las disciplinas del área de humanidades (Literatura, Arte, Lingüística, Historia y otras) unido a la riqueza incalculable que tienen los profesores que las imparten, si son aprovechados a cabalidad y con talento, pueden influir en que los profesores se conviertan en profesores con una gran realización espiritual, con una gran sensibilidad a la vida, por lo que considero que están en condiciones de facilitar a sus estudiantes la realización profesional y científica y por consiguiente, también están en condiciones de contribuir al desarrollo humano de sus alumnos.

El profesor del área de las humanidades no puede estar ajeno a los hechos positivos y negativos que la sociedad nos depara; convivimos con ellos y debemos preparar a nuestros alumnos y prepararnos para afrontarlos.

Los métodos de trabajo que se empleen deben propiciar el trabajo colaborativo, cooperativo, la solidaridad, la reflexión individual, la discusión y confrontación de ideas mediante técnicas de dinámica de grupo; también debe tener en cuenta la organización del debate para que los estudiantes aprendan a fundamentar, negar, disentir y lograr que interioricen que la discusión sirve para aclarar ideas que se enriquecen con los aportes de todos. El desarrollo humano es resultado de una perpetua y mutua cooperación entre las personas.

Estas son posibilidades que tiene el profesor de las disciplinas humanísticas para que los alumnos se exterioricen con él, se abran, se desarrollen con éxito las relaciones profesor alumno y alumno-alumno, que aprendan a “ser”; aprender a estar, aprender a convivir, aprender a hacer, para que sientan más por la vida, por sus actividades, por sus quehaceres, para que co-construyan su crecimiento como seres humanos.

Muchos autores plantean que el profesor es el primer responsable de la creación, explotación y aprovechamiento de las situaciones para el aprendizaje, así como de las condiciones óptimas para su desarrollo. En este sentido, el profesor debe caracterizarse por la capacidad para entender la naturaleza del aprendizaje y los procesos por los que pasan sus alumnos; una de las tareas más difíciles con las que tropiezan los profesores conscientes de su función, es comprender al alumno.

Una cualidad que debe tener un profesor de las humanidades es ser una persona con carisma suficiente para que los estudiantes se sientan guiados, orientados, atendidos, implicados y motivados para aprender. Debe conocerlos mejor, así como sus estilos de aprendizaje, lo cual le permitirá aplicar métodos de enseñanza más acordes con sus necesidades y crear vínculos más fuertes con ellos.

La aplicación del enfoque histórico cultural de L. Vigotsky en el proceso de enseñanza aprendizaje de las disciplinas humanísticas, le permite al profesor desarrollar en los estudiantes las capacidades requeridas para adquirir los conocimientos necesarios y promover el desarrollo humano. A la luz de este enfoque el desarrollo humano se explica a partir de la integración dialéctica de los factores internos (biológicos y psicológicos) y externos (sociales) del desarrollo en el proceso de la actividad. Hay que tener en cuenta que para Vigotsky los procesos de desarrollo no son independientes de los procesos educacionales.

Partiendo de este planteamiento el docente debe diseñar situaciones de aprendizaje que les planteen retos a los estudiantes y los hagan sentirse más motivados, interesados, responsables e involucrados en las actividades, y al mismo tiempo experimenten que los aprendizajes que en ellos se están produciendo los llevan a desenvolverse como profesionales universitarios capaces de resolver problemas de la vida real en correspondencia con los modos de actuación de la carrera que estudia. Aquí el estudiante alcanza la condición de sujetos de su actuación y el profesor actúa como orientador del aprendizaje.

Una condición necesaria para el desarrollo humano es la actividad, por ello en el proceso de enseñanza-aprendizaje no se puede pasar por alto su importancia.

Una vía para favorecer estas realizaciones la constituye la creación de comunidades de aprendizaje. El concepto comunidad de aprendizaje parte de la redefinición de la noción de contexto que se da en las teorías psicológicas que abordan cómo el contexto puede afectar de manera unidireccional al individuo en situación de estudio. El concepto comunidad de aprendizaje es bastante afín al de escenario-sociocultural, el cual apela a una serie de elementos como son:

• un entorno espacio-temporal que le es propio y donde emergen determinados tipos de relaciones personales en función de los roles que cada persona desempeña;

• las intenciones, metas y motivos tanto de las personas como la función social que implícita o explícitamente cumple dicho escenario;

• las actividades y tareas que se llevan a cabo en él;

• el formato de interacción y el tipo de discurso que los participantes ponen en juego.

Compartimos el criterio de Díaz & Morfín (2003) acerca de que las comunidades de aprendizaje son grupos de personas que se encuentran en un mismo entorno, ya sea virtual o presencial, y que tienen un interés común de aprendizaje con diferentes objetivos e intereses particulares. Se basan en la confianza y en el reconocimiento de la diversidad y la disposición para compartir experiencias y conocimientos. A través de ellas se busca establecer procesos de aprendizaje a largo plazo que apuntan a la innovación, el desarrollo de capacidades, el mejoramiento de la práctica y el fortalecimiento de los vínculos entre miembros: las sinergias.

En las comunidades las personas desarrollan determinadas habilidades mientras se efectúan actividades que son significativas y tienen un valor y un sentido en una cultura específica. La participación en estas prácticas, regulada inicialmente por otros, contribuirá a que las personas se desarrollen.

Las comunidades de aprendizaje favorecen el desarrollo de la enseñanza mediante proyectos. En la enseñanza por proyectos el alumno desarrolla su autonomía e independencia desde el momento en que selecciona el tema que quiere emprender y diseña el proyecto, así como al actuar, discutir, decidir, realizar, evaluar, lo que le permite tomar conciencia de cuál es el centro de la actividad y es la persona que de conjunto con el profesor la conduce. Este último actúa como orientador. Nuestra experiencia como profesores del área de humanidades nos ha demostrado que con la creación de comunidades de aprendizaje y la aplicación de la enseñanza por proyectos hemos podido actuar como orientadores del desarrollo humano de nuestros estudiantes, quienes se han sentido motivados, interesados y han crecido espiritualmente. Por otro lado, el aprendizaje adquirido los ha llevado a disfrutar de nuevos conocimientos, y a relacionarlos con los anteriores, lo cual los ha hecho sentirse más plenos, más solidarios, pues sus quehaceres los han compartido con sus compañeros de aulas, han colaborado entre todos y el aspecto afectivo ha encontrado un lugar importante en el grupo. Somos del criterio que ésta es una forma de propiciar y contribuir al desarrollo humano desde las disciplinas humanísticas

CONCLUSIONES

De lo expuesto se puede concluir que el papel del profesor de las disciplinas humanísticas es complejo y sus funciones son numerosas. Una de las más importantes es actuar como orientador del desarrollo humano de los estudiantes, a lo cual le favorece su formación humanística, la preparación psicopedagógica, la voluntad, el interés, y la motivación porque sus alumnos sean mejores personas, con una mayor cultura, más instruidos, más integrales, más educados, respetuosos, y mejores profesionales, con sentido de la vida, de la responsabilidad, de colaborar con los demás, de compartir sus conocimientos con otros y de ser solidarios.

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Dra. María del Carmen Navarrete Reyes

Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas, Cuba.

mcnavarr@uclv.edu.cu

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