LA CONSTRUCCIÓN DEL DISCURSO SOBRE NACIÓN Y NATURALEZA EN EL PERONISMO HISTÓRICO (1946 - 1955)

Ximena Agustina Carreras Doallo

2. 4. CARACTERÍSTICAS DEL PERONISMO Y LA IMPORTANCIA DE SU DISCURSO

El peronismo construye la noción de la Nueva Argentina, enmarcado en un país con desequilibrios regionales, mediante la utilización del discurso y por ciertas características ligadas al concepto de populismo. Respecto a esto último, en el populismo aparece una tensión entre la afirmación de la propia identidad, y la pretensión de hegemonizar y analizar el campo de la representación .

Es decir, se basa en la inclusión del `pueblo´, de las masas desprotegidas y la exclusión del adversario que la identidad peronista aspira a cubrir. Sostiene Gerardo Aboy Carlés que los agudos procesos de cambio que se expresan en los movimientos populistas, emergen como `abruptas fronteras´ respecto de un pasado repudiado y con la pretensión de encarnar una representación hegemónica de la sociedad frente a un adversario ilegítimo y poco representativo.

Según Ernesto Laclau, los movimientos populistas, como el peronismo muestran “la construcción de un Estado nacional fuerte en oposición al poder oligárquico local fue la marca característica de este populismo” . Para este autor “el populismo […] no es una constelación fija, sino una serie de recursos discursivos que pueden ser utilizados de modos muy diferentes (lo que se asemeja a nuestra noción de significantes flotantes, términos con exceso de sentido)” .

Laclau define que el “populismo se presente a si mismo como subversivo del estado de cosas existente y también como el punto de partida de una reconstrucción más o menos radical de un nuevo orden una vez que el anterior se ha debilitado. El sistema institucional debe estar […en parte al menos] fracturado para que la convocatoria populista resulte efectiva” .

Por lo tanto, se enuncia la supervivencia de dos cuestiones: la de encarnar un límite respecto de un orden y unos actores que conservan aún cierto poder de bloqueo, y la de la representación de la comunidad política a partir de una voluntad unitaria y hegemónica. Así los movimientos populistas presentan oposiciones bipolares porque el populismo reinstala el inestable juego entre la afirmación y el ocultamiento de su propio origen así como entre su ruptura fundacional y la aspiración a una representación global de la comunidad política.

Una diferencia fundamental que se plantea en el populismo, es la apelación regular y sistemática a la comunicación colectiva, a las prácticas discursivas de carácter público, por parte de los gobernantes, ya que constituyen la identidad política del pueblo . Además, estas prácticas generan la internalización y el intercambio de “un tipo singular de bienes [que Castoriadis ha denominado] significaciones sociales imaginarias” . Es decir, el conjunto de significados que integran los diferentes modelos de interpretación mediante los cuales los integrantes de una sociedad se explican el lugar que ocupan en el mundo .

En esta línea, explican Eliseo Verón y Silvia Sigal que, en el caso del peronismo, la intervención del líder se define como “una acción que lo coloca en el lugar de una carencia: la insuficiencia, el dis-funcionamiento de las instituciones –del Estado- que resulta de la degradación de la sociedad civil” . La presencia del líder, su llegada significa “venir a ocupar el lugar de esa `cosa pública´ que no existe más y que es, sin embargo, indispensable para que la nación exista” .

Perón en su gobierno no actuó sólo, y es gracias al discurso de la política social, que este líder facilita la confluencia de los sectores de la vieja clase obrera y los nuevos trabajadores industriales en un movimiento sindical y político de carácter nacional . Los dirigentes del primer gobierno peronista se orientaron hacia políticas para alcanzar la consolidación y la expansión del Estado intervencionista. Ricardo Sidicaro por su parte agrega que el programa era “continuar con la acción económica, social, cultural e institucional del régimen militar precedente, en el que habían participado muchos de los dirigentes de la nueva fuerza política” . Este autor asegura que mientras Perón marcaba esta tendencia, los dirigentes partidarios y sindicales de diferentes procedencias y enfrentadas tradiciones, libraron importantes conflictos antes y al iniciarse el gobierno .

El líder en el populismo deviene en mecenas “que reparte `obsequios´ entre la población”, es visto como “un `padrino´ […] que concede ofrendas a particulares quienes –por esta vía- son rescatados de la anónima muchedumbre y distinguidos como sujetos” . El líder populista no parece gobernar porque es su función y su obligación pública para la que fue elegido, parece que gobierna por decisión o sacrificio propio. De allí que el vínculo que une a los gobernados con el líder populista sea de origen simbólico, asociado a la gratitud y no con un legítimo derecho . De acuerdo a los argumentos de Sigal y Verón, en el caso del peronismo, el proyecto de Perón “que consiste en construir un Estado capaz de definir las reglas del juego social, queda automáticamente fuera del campo de lo político: ya que la redención [previa a 1946] no es un proyecto político, es un proyecto patriótico” . Ese sacrificio y esa ayuda no son para sí mismo o su grupo, sino que lo expone como un beneficio para lograr el bienestar de la nación.

La construcción dentro del imaginario populista de la noción del pueblo se limita a un conjunto de significaciones articuladas con cierta coherencia y previsibilidad, en la que sus núcleos –la nación, la democracia, el voto- “se hallan jerárquicamente referidos a un único sol semántico, polisémico, que es el pueblo” . La retórica populista es la que cierra el ciclo y permite anular discursivamente al pueblo . Esta entidad que aparece como interlocutora del líder, es fundamental para la construcción del líder como tal, pero no habla por sí misma.

Laclau focaliza que “el lenguaje del discurso populista […] siempre va a ser impreciso y fluctuante: no por alguna falla cognitiva, sino porque intenta operar performativamente dentro de una realidad social que es en gran medida heterogénea y fluctuante [por otra parte los sujetos populares son siempre singularidades]” .

La hipótesis de Sigal y Verón es que la noción de pueblo en el peronismo se limita a ser un colectivo singular en el que Perón, como construcción discursiva en la enunciación, puede ubicarse como enunciador abstracto mediante el discurso. Perón puede convertirse en el pueblo, así como lo fuera del Ejército o Patria ya que, de acuerdo al modo de configuración dentro del discurso, podrá emerger como un ciudadano argentino más, como un simple soldado, como un trabajador .

Daniel James subraya que, a diferencia del caudillo o cacique político tradicional, en el caso del discurso de Perón, este enunciador no se dirige a los obreros como individuos atomizados “cuya única esperanza de lograr coherencia social y significado político en su vida radicaba en estrechar lazos con un líder capaz de interceder por ellos ante un Estado todopoderoso. […] Perón les habló como a una fuerza social cuya organización y vigor propios eran vitales para que él pudiera afirmar con éxito, en el plano del Estado, los derechos de ellos. Él era sólo su vocero, y sólo podía tener éxito en la medida en que ellos se unieran y organizaran. […] el Estado era el espacio donde las clases –no los individuos aislados- podían actuar política y socialmente unos junto con los otros para establecer derechos y exigencias de orden corporativo. Según este discurso, el árbitro final de ese proceso podía ser el Estado, y en definitiva la figura de Perón identificada con el Estado” .

Como se afirmaba, “los populismos establecen en nombre del pueblo un sistema de caudillaje cacique, por el cual sus dirigentes ejercen una excepcional capacidad organizadora y manipuladora. La `seducción populista´ se encarna en el estilo personalista de liderazgo carismático , se expresa en el discurso político polémico y maniqueísta, que se apoya en mecanismos de patronazgo místicos para plasmar la articulación entre el líder y la base clientelar .

El discurso y la retórica populistas radicalizan el elemento emocional, y a través del discurso, otorgan nuevo sentido a palabras y actitudes claves de la cultura política de la época. Por estas razones los líderes populares, como es el caso de Juan D. Perón, hacen un uso creativo de los medios de comunicación como la radio, el cine, la prensa, la propaganda. Son estos medios los que actúan como mediadores entre el partido y la sociedad civil. Pero por otro lado, esa articulación entre el poder y la sociedad sólo es posible contando con apoyo legislativo y crediticio.

Perón “tiene la habilidad de recoger las experiencias privadas de los trabajadores y volverlas públicas; de tomar sus estilos de vida, sus valores y afirmarlos tal como se presentan a través, por ejemplo, de las más diversas empresas de cultura popular pero […] debe aplicar a ellos el auxilio financiero necesario para lograr su objetivo político” .

Además, el líder en el discurso populista apela a los afectos, esta estrategia logra la transferencia de un vínculo colectivo e impersonal –el del gobierno-, a uno más íntimo entre el líder populista y cada gobernado . Esta destreza se materializa en parte con la utilización por parte del líder de la primera persona, “desde el Yo, individualiza el mando, singulariza el compromiso, personaliza en su única acción y decisión el acto de gobernar a los otros” . Laclau retoma “la idea de Freud de una situación extrema en la que el amor por el padre sea el único lazo entre los hermanos. Obviamente, la unidad de un `pueblo´ constituido de este modo será extremadamente frágil y volátil.”

Por su parte, M. Fernanda Madriz descubre una clave diferencial: “la estrategia retórica que permite al discurso populista persuadir al pueblo de que se encuentra amenazado, es la construcción discursiva de lo que he definido como `las fuerzas´”. Estas son artificios retóricos del líder para amedrentar al `soberano [pueblo]´. Estas entidades están ocultas, no portan rostro ni nombre, pero poseen “un alto potencial de destrucción que, agazapadas, mantienen bajo zozobra al pueblo y sus dirigentes. […] Así, las fuerzas brindan al imaginario populista magros servicios. […Son] como una suerte de caparazón vacío que no refiere a ninguna persona o grupo en concreto […] permiten al líder populista proponerse como imbatible redentor del soberano [pueblo], como paladín de los desvalidos, como infalible conjuro ante todas las conjuras” .

Verón y Sigal se acercan a esta postura y reconocen un imaginario de la sombra, en que la construcción del enemigo (oculto y agazapado, que se infiltra), así como la utilización en el discurso de metáforas de la oscuridad. “Es la luz que crea la oscuridad: la sombra se convierte en su situación `natural´ a partir del momento en que la verdad es formulada por boca de Perón […], los adversarios se convierten en una especie de residuo que testimonia la diferencia que existe todavía entre `peronistas´ y `argentinos´” .

Marini y Otegui destacan que el Estado peronista entre 1946 y 1955 quería terminar con “la injusticia social” y equilibrar las estructuras sociales de poder. A través de los medios, el peronismo conformó y “estigmatizó” a sus interlocutores válidos, tanto positivos como negativos. Aparecieron los descamisados, la oligarquía, los políticos, el imperialismo (este último colectivo fue en un momento identificado comunicativamente de modo singular en la figura del ex embajador estadounidense Spruille Braden, acusado por Perón de resumir todos los males de la oposición) .

Los gobiernos anteriores aparecen como otra construcción estratégica usada por el líder en el discurso , así “el pueblo sobrevive no sólo amenazado por las fuerzas sino también `victimizado´, así sea por las fuerzas y sus secuaces, por la inhumanidad pasmosa de `el gobierno anterior´ […a su vez, este último] hace de comodín en el mazo de las calamidades que asolan al desventurado pueblo” .

Desde la perspectiva de Verón y Sigal, se trata de una asimetría como consecuencia del discurso peronista, ya que el Otro está en una posición desplazada. Para estos autores, los verdaderos enemigos de Perón serían los políticos y la oligarquía pero no tienen voz . Los autores refieren al vaciamiento político que consiste en una cuestión moral (maldad, engaño, traición) y se relaciona con el orden de la sombra y las fuerzas ocultas, así como con el orden de la verdad y el error (con la correspondiente aparición de falsos apóstoles) y el descentramiento de la alteridad (junto con el surgimiento de ideologías extrañas).

De un modo más clarificador: “si no hay un eje común respecto del cual se pueden situar a la vez Perón y sus enemigos, es porque no hay un colectivo capaz de abarcar ambos términos, el peronismo reivindica para sí el colectivo más amplio posible: `los argentinos´. Que el enemigo sólo pueda ser, en última instancia ciego o malvado, resulta del hecho de haber sido expulsado del colectivo más amplio posible” .

Ernesto Laclau muestra como característica definitoria del populismo la dimensión rupturista y sostiene que “la retórica es parte constitutiva de la construcción de las identidades políticas y no sólo un puro adorno del lenguaje” . Laclau recorre las reflexiones de Le Bonn y Freud acerca de la psicología de masas para comprender la relación y el fenómeno de un líder frente a las multitudes.

Por su parte, Emilio de Ipola y Juan Carlos Portantiero afirman que el populismo existe como proyecto y “acaba por cerrar y coartar su propia conflictividad inicial derivando en la integración de un nuevo orden de tipo organicista que desactiva el potencial de ruptura” . Es importante destacar que habitualmente se caracteriza al peronismo histórico (1946-1955), como una variante de populismo urbano, promotor de una política económica planificada, dirigista y nacionalista, con apoyo y base en una alianza con el movimiento obrero y la pequeña y mediana burguesía nacional .

En resumen, el populismo se centra en un liderazgo respecto de la figura de un pueblo como conjunto de actores, como conglomerado. El líder, desde el discurso, maneja la exclusión del adversario, así como en este espacio discursivo, muestra y/o silencia su propio origen, de acuerdo al contexto y al impacto que desea causar. Es importante señalar la representación del Otro, del adversario, del enemigo. Algunos autores los denominan como fuerzas ocultas u obscuras -sombras-, con una posición desplazada, ya que en los populismos y en el peronismo, los enemigos y el líder no están, no aparecen en el mismo plano, ya que sólo el líder tiene voz.

Una característica distintiva es la comunicación colectiva entre el líder y el pueblo, más aun si hay una elección del líder emisor de utilizar la primera persona del singular (o el nosotros, primera persona del plural) en el discurso, ya que se convierte en el foco, en lugar de ser el representante del pueblo. El líder llega al poder, al gobierno para redimir al pueblo, para salvarlo de los enemigos que lo acosan. Su llegada aparece, por lo tanto, como un sacrificio y no como una obligación cívica.

En la construcción del imaginario populista aparecen puntos claves sobre los que se montan las lógicas y los discursos del líder, a veces vaciados de contenido, en otros casos, vastos de significados. Una manera interesante de entender esta cuestión es mediante la atractiva propuesta de análisis de Verón y Sigal. Estos autores estudian el fenómeno peronista desde la enunciación y focalizan en la figura de un enunciador abstracto que puede cambiar su ubicación de acuerdo al modo de presentación y propia construcción en el discurso.

Por su parte el peronismo logró instalarse ya que su retórica sobre la justicia social y la soberanía nacional eran temas verosímilmente interrelacionados antes que solo consignas abstractas enunciadas . El peronismo en su contexto proveyó y participó activamente en la confección de una ideología, esta también podría conceptualizarse como el sistema de pensamiento tanto individual –de cada trabajador, ciudadano, etc.- como colectivo –pueblo- mediante el cual las relaciones de poder, control y dominio se mantienen, crean, transforman y preservan en una comunidad .

La llegada del peronismo implica, de manera simbólica, un “recomienzo de la historia. A un lado quedaba el pasado ominoso, hecho de pobreza, exclusión, inseguridad; al otro se desplegaba el presente radiante de un país en paz, próspero y más justo. En el marco de esta Nueva Argentina no había un lugar reconocido para el conflicto y todo debía ser la expresión de la concordia social por fin y definitivamente alcanzada” , sostiene Torre.

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