ACTIVIDADES DE ANTONIO MACEO EN LA CUENCA DEL CARIBE

José Antonio Navarro Álvarez

3.2- Sentimiento independentista y diplomacia revolucionaria en Antonio Maceo

Días posteriores, los tres principales dirigentes del proyecto revolucionario: Gómez, Maceo y Eusebio Hernández, examinan los problemas surgidos y las posibles vías de soluciones para dar continuidad del movimiento.

Por acuerdos de trabajo, viaja Maceo para Panamá en la segunda quincena de septiembre de 1885, entre sus objetivos están presentes convenir con Flor Crombet el plan simultáneo de invasión, y solicitar dinero para la organización del movimiento a los cubanos residentes, los cuales favorecieron sus aspiraciones.

Panamá fue tránsito, y marcha a New York para continuar coadyuvando al proceso de lucha. Allá alentó los últimos pasos, para la corrección del Manifiesto que se lanzaría, activa los grupos conspirativos para las futuras expediciones y gestiona auxilios que favorezcan la Revolución que se preparaba, siendo infecundo en esta actividad; pasa a Filadelfia, hallando el mismo clima que en la cosmopolita ciudad y vuelve a New York y va hacia Cayo Hueso acompañado de Eusebio Hernández.

Su estancia en Cayo Hueso fue triunfal, nunca antes se había estremecido tanto el Cayo, ni el Club San Carlos había vibrado tan alto; el pueblo, tanto cubano como norteamericano apoyó al líder popular por antonomasia. Se realizó una elevada recaudación financiera, en esta semana patriótica.

A la vez, Maceo se encontraba informado de los acontecimientos políticos surgidos en la península a la muerte del Rey Alfonso XII, y la existencia de dos grandes tendencias que dividían a España, la liberal que perseguía instaurar el sistema republicano y la conservadora que perpetuaba el mantenimiento de la monarquía.

El crecimiento del movimiento popular y progresista a favor de la causa de los cubanos, impulsó la desconfianza de las autoridades oficiales del país, ya que los intereses comerciales y financieros crecían en Cuba.

Por lo que se disponen a trabajar para evitar y entorpecer los trabajos conspirativos en los Estados Unidos y en otros territorios del Caribe, Centro y Suramérica.

Se habían retirado del Cayo, respaldados por un gran fervor revolucionario, y en New York ultima detalles para que le envíen las armas a Panamá, de donde invadirá la Patria.

Abandona New York y se presenta en Kingston. Recibe la orden de Gómez desde Santo Domingo que debe desembarcar en la isla en los tres primeros meses de 1886, y lanza su proclama: "A mis compañeros y vencedores de Oriente".

En esta proclama está implícita su determinación de combatiente decidido a dirigir a sus camaradas a la victoria:

"... la libertad no se pide, se conquista..."

Está presente la caracterización de un pensador tan claro como un estratega, de un humanista, que se ha convertido en sujeto social, al apuntar:

"... El gobierno del despotismo y la barbarie declaró el exterminio de los cubanos..."

Y seguidamente expresó:

"... Desde aquella aciaga fecha... vengo trabajando por vosotros..."

Como hombre de conducta moral a toda prueba, conoce que sus compañeros ven en él a un fiel representante de las aspiraciones de los más humildes, destacando:

"Los enemigos de América que os subyugan, oprobio y vergüenza de la humanidad, han sido, son y serán nuestros eternos explotadores: lanzaos contra ellos".

Calificaba a los españoles no sólo los enemigos de Cuba sino de América, va más allá de su Patria, es el sentimiento latinoamericanista, que lo lleva impregnado en cuerpo y alma. Como hombre de acción sabía de la psicología de los combatientes, reflejo de aquella acertación martiana:

"... los ojos limpios que de una paseada se bebían un campamento...".

Maceo no tuvo reposo, fue un hombre dispuesto a la batalla lo mismo en la paz como en la guerra, fiel a su intransigencia revolucionaria.

Allí plasmó en aquella convocatoria.

"... Haced de nuestra bandera, símbolo de la libertad y la justicia, anuncie al mundo que la patria redimida abre incondicionalmente sus inagotables arterias de progresos á la civilización para que bajo su amparo hallen todos paz y prosperidad..."

Hay en esta, una conjugación de lo nacional con lo internacional y a la vez, está su confianza en el pueblo, en los orientales, en aquellos que no pactaron con España, que lo tenían a él, como el sol de la libertad, el conductor de hombres a la victoria. Su evocación se impregna de internacionalismo ejemplar al finalizar:

"...El invicto Mor. Gen. Máximo Gómez, Jefe Supremo de nuestra revolución encadena el movimiento... "Unid á nosotros vuestra valiosa ayuda y salvéis vida, honor y haciendas..."

Es una apelación popular sin distinción de razas, que llama a la unión de todos los miembros de la sociedad cubana.

Estas afirmaciones demuestran una extensión muy general de las concepciones revolucionarias y separatistas del General Antonio, al incluir como antecedente, su presencia en los Estados Unidos.

De Kingston se apresta rumbo a Panamá, a mediados de enero de 1886 está en la ciudad de Colón, allí organizará la expedición que lo lleve a las playas cubanas; pero múltiples problemas no le permitirán lograr el anhelado itinerario.

El 20 de febrero de 1886, atribulado por la falta de recursos para la guerra, le escribe al Coronel López de Queralta, principal coordinador que contrataba los viajes desde los Estados Unidos:

"... Yo confié en Ud., por creerlo tan interesado en la revolución como lo estoy yo, y Ud. confió en las promesas que le hicieron y que le daban su experiencia y relaciones con el asunto, sin contar conque los americanos son hombres sin honra comercial, que no hay más dignidad y amor propio que el dinero para ellos; los compromisos para ellos no existen..."

¿Qué visión tuvo Maceo en febrero de 1886 de los Estados Unidos? ¿Podemos decir entonces que sólo fue un hombre listo para guerrear?

Admitimos que no. En pocas líneas nos concreta que: los americanos, lo que poseen son intereses, no tienen amigos; para ellos el capital se antepone a los problemas políticos de sus vecinos, al auxiliar a los más fuertes, no importa de qué lado esté la razón.

Puntualiza al final de la epístola:

"...En lo sucesivo sea con esos americanos minucioso, sin despertarle sospecha ni malicia sobre responsabilidad y peligro..."

Le transmitía estar alerta ante cualquier elemento que pudiese ser exiguo; pero presentía la traición a la causa.

Por otro lado, el representante diplomático español en Bogotá, influyó en la actitud negativa que lanzó el presidente de Colombia a los habitantes del istmo, al oponerse a cualquier movimiento contra los países amigos.

El 25 de marzo, llegaron las armas, empero, la falta de documentación en tiempo, y la poca colaboración del Prefecto, incidieron en que estas fueran a parar a Saint Thomas, no obstante los esfuerzos de Maceo.

La situación de los emigrados independentistas, parecía laberíntica ante el nudo de tropiezos; en aquellos aciagos días, un puertorriqueño Lorenzo Mercado, amigo de los cubanos, como una muestra de confianza y optimismo, le hace entrega a Maceo de un puñal que fue propiedad tanto de José A. Páez, como de Simón Bolívar; y le dijo:

"...Ese puñal de oro, que nunca estimé por su valor efectivo, lo he conservado como una joya valiosa por su mérito legendario. Consérvelo, amigo General, y ojalá sea usted tan grande como aquellos sus primeros dueños...".

¿Cuántos serían los recuerdos del General Antonio en aquel momento? Esa arma fue del libertador más grande de América, un venezolano como su padre y además, de un llanero temible, símbolo del mestizaje americano, José A. Páez. Y él sería el faro para llevarlo como efigie de la libertad, de la unión y la solidaridad entre los pueblos de América Latina y el Caribe. El era la victoria, el líder, el hombre de América de su tiempo.

Mientras tanto, en Santo Domingo hubo la pérdida de las otras armas, que desde New York, Gómez las fletó. Las autoridades dominicanas, temerosas de que estas fueran para restaurar en el poder al ex-presidente Billini, primo de Gómez, se apoderó del cargamento y encarceló al jefe máximo del movimiento independentista cubano.

Así, se anexa un nuevo problema. Por otra parte, los hombres se agobian de esperar; la debilidad de las emigraciones, las cobardías y tropiezos, unidas al espionaje español, limitan la preparación necesaria.

Eran los tiempos en que empezaron a realizarse las construcciones del canal, y la ciudad de Colón era cuna de cientos de revolucionarios que venían de otras partes a trabajar.

Habían además, representantes de numerosos órganos de divulgación de Europa, Estados Unidos y España. Y a solicitud del periodista español Francisco Perís Mencheta, Maceo le concedió una entrevista el 16 de abril de 1886, dada al público en tiempos posteriores, en un libro.

Una de las preguntas realizadas a Maceo fue la siguiente:

"... Se supone que Uds., se hallan en inteligencia con elementos políticos de los Estados Unidos para anexionar las Antillas aquella poderosa nación.

- Es una calumnia. Para depender Cuba de alguna potencia preferimos que sea España, a la que queremos como la quieren las Repúblicas independientes que a ella pertenecieron. Antes que norteamericanos, queremos ser españoles..."

La respuesta nos previene de cómo Maceo abogaría por España, en el remoto caso de no obtener la soberanía; como fórmula para mantener las tradiciones y costumbres del pueblo cubano. Su proceder en la refutación, nos facultará discutir y reflexionar que él sabía, que los Estados Unidos constituían una nación joven, en desarrollo, capaz de ahogar nuestra identidad y futuro, mientras que España, era como la había llamado tiempos antes, un viejo edificio a punto de derrumbarse. A la par, nos testimonia su antiimperialismo en defensa de la cultura latinoamericana y cubana.

En el límite de la entrevista le preguntan:

"...¿Llega la aspiración de Uds., hasta comprender a Puerto Rico en el estado independiente a que aspiran?

- Sí, señor, llega hasta allí...".

La respuesta fue la seguridad sancionada, de una confesión hecha tiempo atrás a su amigo Anselmo Valdés en Honduras, de su disposición para proyectarse hacia la hermana región del Caribe Antillano.

A los inconvenientes se agrega, el incendio que hubo en Cayo Hueso, con el cual los emigrantes cubanos perdieron gran parte de los bienes, con la consecuente reducción del apoyo económico.

Pero los preparativos para marchar a Cuba continúan, y decide que los hombres que lo acompañarían marchen hacia Jamaica, donde él, se les unirá después.

Al despedirse de Colón, señala en una carta al Prefecto:

"... Le suplico excusar la visita conque debía corresponder a la amabilidad de V. Una orden de marcha a la residencia del Gobierno de la República, me priva del placer de verle cumpliendo con la cortesía, que por deber y deseo de reanudar mis relaciones internacionales de nuestros Gobiernos cabe hacer; pero ya que no me ha sido permitido, al menos séame dable demostrarlo así...".

Fijémonos en la consecuente conducta de Maceo, y sabremos que fue un fiel representante de la diplomacia revolucionaria cubana, con previsión para establecer relaciones oficiales; y que a nivel internacional, haya un reconocimiento a la identificación de las instituciones que representaban los legítimos derechos del pueblo cubano.

Lo antedicho en estas páginas, indica que Antonio Maceo ha de tener un espacio en la historia de la diplomacia revolucionaria de la lucha anticolonialista, ya que nunca obró a título personal; era el portavoz de un pueblo en Revolución.

A mediados de agosto de 1886, la junta de jefes de la que Maceo forma parte, se reúne en Kingston, y ante los sucesivos fracasos para llevar a efecto el plan de invasiones que permitirían el desembarco conjunto de expediciones en Cuba; acuerda dar conclusión a esta etapa de heroísmo y preparación de la guerra revolucionaria.

El General Antonio continúa en Kingston, sin olvidar su querida Patria, ni los sufrimientos de los humildes, allá conoce del Real Decreto del 7 de octubre que abolió la esclavitud, e indaga además por la situación económica, política y social de la Isla.

El 1ro. de noviembre de 1886, redacta una memorable carta a José A. Rodríguez, que dirige un periódico de New York; en la que expone sus más concluidas tesis sobre la unidad que ha de cimentarse en el proceso de organización del futuro movimiento político revolucionario y militar cubano, así como su inapelable postura ante la hipotética intervención de otro país en la guerra que se libraría contra España.

No admitía Maceo el entrometimiento de terceros en la causa de Cuba, para él, estos problemas tenían que resolverse entre cubanos y españoles. La maestría de su prosa antiimperialista la presenta así:

"... y conservar fuera de influencias extrañas la unidad de los cubanos independientes, que hoy más que nunca requieren riguroso celo en nuestros intereses, extraviados en algunos puntos, y que si se desatienden, será nuestro borrón político..."

¿Es que Maceo presiente en 1886 la futura intervención norteamericana en nuestros asuntos? Para él, lo extraño viene del norte, de los Estados Unidos. ¿Nos alerta acaso sobre los sucesos de México con sus vecinos? Cuando estos le arrebataron gran parte de su territorio, y al pasar los años se había perdido toda la identidad del nacionalismo mexicano en esas regiones; si esto le sucedía a Cuba, sería su borrón político. En sus escritos hay una gran vigilancia política, nos avizora de la posible intromisión norteamericana.

Las múltiples enseñanzas de esa histórica correspondencia, nos revela examinar lo prolífico del raciocinio político de Antonio Maceo, al ser el primero de los jefes del movimiento de liberación nacional, que plantea innovar el sistema de la unidad y de la organización interna y externa de la lucha, al subrayar:

"... Mi opinión es que nos reorganicemos, buscando los medios de realizar nuestra empresa revolucionaria; y la manera más adecuada y segura, respetuosa e imponente, civilizada y disciplinada, práctica y de oportunidad, es que nuestro partido se constituye, nombrando su representación oficial; que se caracteriza por el voto popular de todo el partido Independiente, el cual debe y puede hacer una votación libérrima de los hombres que quiere elevar á la categoría de genuina representación; que dirijan la opinión de nuestros emigrados y quiten el marasmo político en que yace el partido.

Formado, podría constituir su órgano oficial de comunicaciones, y hacer relaciones dentro y fuera de Cuba; llevar el amor patrio, juntamente con el cumplimiento de deberes superiores y sagrados, á todos los corazones amantes de la libertad...".

En pocas palabras, en 1886 Antonio Maceo comprende después del fracaso del nuevo intento revolucionario, que el único medio real para la preparación y obtención del triunfo es a través de la creación de un Partido Independentista que organice el proceso insurreccional.

Sabemos, que desde el 20 de julio de 1882, Martí le había expresado en carta a Máximo Gómez:

"... Pero si no está en pie, elocuente y erguido, moderado, profundo un partido revolucionario que inspire, por la cohesión y modestia de sus hombres, y la sensatez de sus propósitos.

Una confianza suficiente para acallar el anhelo del país -¿a quién ha de volverse, sino a los hombres del partido anexionista que surgirán entonces? ¿Cómo evitar que se vayan tras ellos todos los aficionados a una libertad cómoda, que creen que con esa solución salvan a la par su fortuna y su conciencia? Ese es el riego grave. Por eso es llegada la hora de ponernos en pie...".

Postulamos que esta tesis martiana la desconocía Maceo, y considero que, ante la amarga realidad de los fracasos, llegó a las mismas conclusiones políticas que José Martí, cuatro años después.

Aprecio que, Maceo es uno de los precursores en la idea de fundar un Partido Político para dirigir la lucha, y no sólo eso, sino que es el primero que deja constancias de las formas de cómo debe funcionar ese Partido; al poner de relieve, quiénes y cómo deben integrar su dirección y composición; señala algunas de sus funciones dentro y fuera del país, y a la vez intercala:

"...La misma organización nos permitirá acudir al pueblo á otros medios en demanda de recursos con qué hacer la guerra á nuestros crueles enemigos..."

Era inequívoco en el:

"... Acudir al pueblo...".

Era obligatorio la cohesión del Partido a las masas, divisa insoluble de todos los tiempos: la unidad del Partido con las masas y las armas, esencial en cualquier país que luche por la liberación nacional.

Manifiesta el criterio de cómo deben existir dos poderes, el del Partido y el del Jefe de la guerra; la experiencia del 68, y los ejemplos posteriores lo autorizan a hacer estas aseveraciones, precisas para la coordinación de la nueva epopeya.

Con lo expuesto hasta aquí, destacamos que fue el único de los grandes jefes del primer desafío, que llegó a exponer y comprender la necesidad histórica de fundar un Partido.

En estas cuartillas hemos expuesto un breve comentario, y el análisis de esta básica prueba, que formula las aspiraciones organizativas de un Partido Independiente en Antonio Maceo, requiere de un estudio más concienzudo; nosotros, hoy no lo podemos hacer por razones de espacio y tiempo.

Así transcurrió una de las etapas más inexploradas de la vida de nuestro líder conspirador anticolonialista, que pone de manifiesto su dinamismo revolucionario, y disposición para la defensa de la patria caribeña y latinoamericana.

Con la lectura cuidadosa de sus cartas y documentos, podemos interpretar los grandes esfuerzos que acometió por la polarización de las distintas fuerzas sociales, en pos de la correspondencia y reorganización del movimiento combativo, y la reprobación permanente del colonialismo español.

Sus andanzas por tierras antillanas y continentales, lo adentran en la cognición de la semblanza regional de nuestra América, nos indica, el interés de potencias extrañas y replantea la cuestión de Puerto Rico; que yacía desde Bolívar en el olvido de los líderes del continente.

Sería difícil cronometrar su trayecto, pero el perfil y alcance de sus ideas lo elevan a planos superiores, al vincular e integrar los problemas de la región.

La irrefutable personalidad de Maceo y la inteligencia de sus concepciones, lo convierten en el amanecer de la revolución caribeña y latinoamericana de su época. (Ver Mapa 4: Trayectoria de Maceo).

Después de los sucesivos fracasos que impidieron llevar las expediciones al suelo natal para continuar el combate, muchos revolucionarios que se encontraron en Jamaica toman rumbos diferentes; Maceo viaja hacia Panamá.

En los días 20 de diciembre de 1886 está en la ciudad de Colón; Bohío y Bas Obispos les son afines. Allá conoció los más importantes dirigentes de la compañía de Lesseps, algunos compartieron sus ideas con él; en especial el señor Boyer, ingeniero director de obras.

"... El 3 de enero de 1887, inició los trabajos deconstrucción de casas en Bas Obispos, que le adjudicaron por contrata... Bas Obispos, en el kilómetro 53, formaba el grupo más importante de las obras, 3ra. sección, cerca de la Culebra. Maceo debía construir centenares de casas...".

A la vez, mantenía muy buenas relaciones con las autoridades del gobierno civil y militar de ese departamento de la República de Colombia. Era la época en que acudían miles de emigrantes de diversas regiones del Caribe en demanda de trabajo y refugio político; muchos de estos, se relacionaban con él; entre los que se encontraban Eloy Alfaro, político ecuatoriano y José Francisco Echevarría, peruano.

En variadas ocasiones Maceo recorrió en ferrocarril el espacio que hay entre Colón, en el Atlántico y Panamá en el Pacífico.

"... Se ha dedicado, con honesto beneficio, a las tareas civiles de contratista y comerciante, mientras en la obra magna de la construcción del Canal de Panamá ha contribuido a ella con sus iniciativas de empresario...".

Para la Patria, siempre poseía un espacio. Acudía con periodicidad a Colón, a la tienda de su amigo Antonio Alcalá, cubano radicado. Allí se reúne junto a otros sobresalientes patriotas para el debate político por la independencia, a su alrededor se forma un núcleo de cubanos que poseen una línea de pensamiento separatista.

Además, la correspondencia que mantiene con familiares y exilados cubanos, más los periódicos que lee lo instruye sobre la infausta Isla.

No está ajeno a la superación intelectual, así nos lo acreditan varios biógrafos y los cito:

"... autores latinos, ingleses y franceses. Los Anales de Tácito; la notable Historia de Inglaterra de Macaulay; la Revolución Francesa de Thiers; la Historia de los Girondinos de Lamartine; la Historia de Roma ...".

Según otro destacado biógrafo, le llegan: "... historias de Lazarrabal. Y poemas cubanos...".

A la vez se interna en el conocimiento de la vida sociopolítica de la región colombiana, y rechaza las actitudes hostiles de la administración civil, con aquellos emigrantes que persiguen el sustento en las obras del canal.

Asiste al Taller de la Logia Interoceánica #44 de Bas Obispos durante 1887, solicitando baja por:

"... Múltiples ocupaciones..."

Según expresa, pidiendo su:

"... separación..." para " ... llevar á un término feliz nuest:. más bellos ideales...".

Tengo la certeza que para la fecha en que Maceo solicita su baja de esa Respetable Institución, proyecta el desarrollo de actividades más complejas y eficaces para la independencia de Cuba. Suponemos además, que al mencionado Taller #44 de Bas Obispos, asistían destacados patriotas cubanos y revolucionarios de otras latitudes, ensanchándose el aval de solidaridad e internacionalismo en nuestro héroe, al compartir sus criterios, con latinoamericanos y caribeños que profesaban una vocación de principios progresistas por sus países y por la fraternidad humana.

A fines de diciembre de 1887, recibió de la Comisión Ejecutiva Cubana de New York un documento lleno de fervor revolucionario y ansias de libertad, donde le expresan:

"... Debemos, pues, organizar la guerra que se aproxima, en acuerdo con el espíritu del país, puesto que sin él no podemos hacer la guerra... La Revolución surge y nosotros podemos organizarla con nuestra honradez y prudencia, o ahogarla en sangre inútil con nuestra torpeza y ambiciones...".

Esta comunicación que lleva la firma de nombrados patriotas entre los que se encontraba José Martí, renueva los bríos rebeldes en nuestro glorioso paladín; y su respuesta a Martí no se hace esperar:

"... esa carta que tanto me honra y que ha venido a endulzar un tanto la amargura de mi obligado ostracismo, hoy como ayer pienso que debemos los cubanos todos, sin distinciones sociales de ningún género, de poner ante el altar de la patria esclava y cada día más infortunada, nuestras disensiones todas ... La unión, amigo, se impone por fuerza a nuestro patriotismo; pues sin ellas serán estériles todos nuestros sacrificios y se ahogarán siempre en sangre nuestras más arriesgadas empresas...".

La correspondencia maceica es un llamado a la unidad, a la unión cordial y sincera de todos los cubanos; unidad que faltó cuando la política española de pacificación de 1878, encontró respuestas positivas en gran parte del mambisado; insuficiencia que también había influido, en los recientes acontecimientos que dieron término a los planes conspirativos de 1886.

Maceo, como fiel exponente de estos principios, contribuyó a la fundación de una organización con miras regionales de unidad, que tuviese en su seno a revolucionarios de otras partes de América.

En la pos data de su carta a José Martí, fechada el 15 de enero de 1888, aparece:

"... P.D. -Accediendo a los ruegos de varios paisanos del Istmo que al mismo tiempo que daban Uds. su pensamiento a Cuba, buscaban también el mejor medio de propender a su próxima redención, le incluyo, sr. Martí, para que a su vez lo someta Ud. al ilustrado juicio de sus compañeros, el Reglamento de la Sociedad Cooperativa Cubana, establecida en Panamá con tan laudable y patriótico fin. Casi todos sus fundadores y miembros fueron mis compañeros y colaboradores en la última tentativa que desgraciadamente fracasó por un cúmulo de circunstancias imprevistas y fatales..."

Desde luego, aunque en esta investigación hemos tenido dificultades en hallar informaciones en textos de procedencia extranjera; nuestras deducciones nos permiten aseverar que a fines de 1887, el General Antonio Maceo, contribuyó al establecimiento de la Sociedad Cooperativa Cubana, con objetivos patrióticos y de constitución latinoamericanista, por sus integrantes y proyecciones; principio, que avala aún más su internacionalismo.

Estas conclusiones las podemos profesar ya que el texto: Antonio Maceo, Héroe Epónimo, registra:

"... Deliberaron los reunidos sobre la dramática congoja de las Antillas esclavizadas. Unánimes en la aspiración, coincidentes en el propósito, nombraron una junta con buen celo, con entusiasta voluntad...".

Las anteriores citas nos verifican que la labor de Maceo, no sólo se ceñía a la independencia de Cuba, sus aspiraciones se circunscribían a las márgenes del Caribe que aún permanecían bajo las botas del colonialismo.

A mediados de enero de 1888, determina viajar al Perú, para demandar ante las autoridades la devolución del material de guerra que le había entregado a Leoncio Prado en 1879.

De su viaje y permanencia en el Perú, se conoce muy poco. Resulta ineludible saber con quién viajó, el tiempo que duro su estancia en Lima. ¿Con qué autoridades oficiales se entrevistó? y ¿qué otras actividades desarrolló?

Sólo sabemos por referencias, que en su travesía, realizó escala en Guayaquil; que llega a Lima y se hospeda en el hotel "Los Andes", de segunda categoría y, allí se entrevista con Eloy Alfaro, que hacía gestiones ante el gobierno peruano para la causa ecuatoriana. Finalmente, el resultado de su solicitud resultó infructuoso.

Faltan testimonios precisos que son necesarios rescatar; pero la lectura de Antonio Maceo: Apuntes para una historia de su vida, refleja que:

"... las diarias conversaciones con Alfaro, durante su permanencia en Lima, sirviéronle provechosamente, ya que no sólo ampliaron objetivamente sus conocimientos sobre la situación política y social de América -ahora trataban casi exclusivamente de Ecuador, Perú, Colombia y Chile- sino que planeó una estrecha cooperación entre ambos, para tratar de acuerdo en la tarea urgente de completar la independencia nacional de los pueblos situados al sur de Río Grande en unos casos, y, en otros, tales como el de Cuba y Puerto Rico, obtener su liberación inmediata de la opresión metropolitana española...".

Con esta afirmación, y los datos que hasta ahora poseemos, se nos hace imprescindible señalar que Antonio Maceo es un legítimo representante de los intereses latinoamericanistas, deseoso de la cooperación entre gobiernos y pueblos, capaz de aunar e integrar intereses comunes para obtener beneficios ante el dominio colonial español.

Para algunos investigadores, su estancia y viaje al Perú duró apenas un mes, hasta mediados de febrero de 1888.

Con posterioridad, se reinstala en Panamá; y continúa sus asiduas visitas al establecimiento de Antonio Alcalá, en el que se podía ver con numerosos compatriotas de múltiples regiones.

Su residencia en Panamá, dejó una estela de admiración y respeto entre los hombres del pueblo, autoridades del gobierno, empresarios de las obras del canal o revolucionarios, como el Coronel Medina, venezolano que luchó en la Guerra del 68, y al que Maceo ayudó económicamente con sus recursos ante problemas de salud.

Panamá fue para él, una nueva experiencia como revolucionario y como hombre de amplias virtudes en la organización de empresas de corte económico; aunque su permanencia se extendió hasta los meses finales de 1888.

Dentro del complejo período en que Maceo se ve inmerso, si realizamos una sumatoria del conjunto de iniciativas que desarrolla con eminente espíritu emprendedor, como fueron: las constructivas y comerciales, de la masonería ístmica en la que se hace acreedor de compartir sus sentimientos fraternales y de solidaridad con los miembros del Taller de Bas Obispos; de propagandista y organizador de instituciones para incorporar revolucionarios de otras naciones, y como viajero itinerante, que demandó ante gobiernos de nuestra área para la causa cubana; tenemos que decir, que Maceo era el testimonio vivo, que simbolizaba una conducta humana ejemplar, de revolucionario, de caribeño y de internacionalista. (Ver mapa 5: Maceo en la región colombiana de Panamá).

Es axiomático que Maceo, no sólo estuvo por su modo de conducirse a la altura de su época, sino de todas las épocas; la dimensión histórica de su personalidad, es el fructífero resultado de formar parte de la vanguardia que supo promover la identidad cubana y latinoamericana desde una perspectiva social, para resaltar los valores de la solidaridad, la justicia y la independencia.

Estas argumentaciones las corroboramos con palabras del Comandante Raúl Castro, en su discurso del 7 de diciembre de 1959, en el Capitolio Nacional, cuando dijo:

"... No era no, Antonio Maceo de los pusilánimes de los que antes de emprender la acción liberadora miraban hacia el Norte para solicitar la venia. No sería él ahora ciertamente, de los que se acobardaran ante las Notas Diplomáticas o chocan sus rodillas de pavor por las posibles agresiones económicas. El nos enseñó a marchar adelante, amigos de todos los pueblos, respetuosos de todos los gobiernos, sin odio para ningún país, pero sin rebajarnos tampoco ante países y gobiernos...".

Maceo formó parte del pensamiento cubano y latinoamericano que más se hermanó por la defensa de la libertad y la cultura. Obró por el rescate de nuestras tradiciones, por preservar las raíces de la formación cultural caribeña y latinoamericana. No podemos olvidar, que en la mayoría de los lugares en que reside, se vincula a los intelectuales, y desde muy temprano, nos llamó la atención contra las influencias extrañas.

Maceo fue un defensor de nuestra comunidad regional, al sintetizar en su época las mejores virtudes, e interpretar que la justicia social debía ser ineludible para el desarrollo humano.

Las reflexiones e intercambios que desarrolló con intelectuales fueron fecundas, porque su obra se multiplicó, y su diálogo de soluciones prácticas se hizo realidad.

La fraternidad humana y la solidaridad formaron parte inseparable de su conducta internacionalista, y de las enseñanzas que aportó a sus contemporáneos y a los revolucionarios de hoy; por los ideales que sustentó en este aciago período, podemos considerarlo el paradigma de la independencia y la liberación social.

Desarrolló funciones por la Cuenca del Caribe y otras regiones de América, vinculadas a las relaciones internacionales, como fiel intérprete de las autoridades e instituciones revolucionarias cubanas.

En su bregar trató de establecer diferentes compromisos que beneficiasen al proceso insurreccional cubano.

Sus esfuerzos en la esfera de la cooperación y solidaridad con gobiernos y pueblos, por la demanda de apoyo hacia el movimiento de liberación, se corresponde con el desarrollo de una diplomacia revolucionaria; por ello ratificamos que el General Antonio debe poseer un espacio en la historia de la diplomacia revolucionaria cubana.

Algunos de sus documentos personales -como los citados Comentarios al General español Camilo Polavieja, escritos el 14 de junio de 1881- nos permite interpretar la agudeza de su pensamiento en cuestiones referidas no sólo a la personalidad jurídica, sino al papel que debía desempeñar Cuba en la política internacional. Esto se evidencia en el siguiente párrafo:

"... si Cuba debe cumplir alguna misión en la vida, si ha de girar en el concierto de los pueblos cultos, si fines superiores están delineándose en el destino humanizado de nuestro pueblo, no es ciertamente unido a España como lo podía efectuar...".

En realidad Antonio Maceo como hombre de pensamiento integral, aborda la problemática cubana no sólo en el contexto emancipador, sino que trasciende hacia otros espacios como el de las relaciones interestatales, al concebir un proyecto independiente de España en todos los sentidos.

Años después, cuando se preparaba la organización de importantes contingentes para poner en jaque al dominio colonial español en Cuba, le comunicaba con fecha de julio 15 de 1886, al General insurrecto Francisco Borrero:

"... No temo por las autoridades del país, amigos de la independencia de Cuba ... pero nosotros, respetuosos con las leyes de la República y con las internacionales, nada tenemos que temer..."

Desde luego, se refería al gobierno dominicano que prestó decidida cooperación a los cubanos; a la vez nos entrega una sabia advertencia en las relaciones internacionales, que es el preámbulo del respeto, del reconocimiento al derecho que poseen los pueblos y gobiernos en organizar la política exterior.

Su advertencia es una posición de principios no negociables, basada en la colaboración mutua, en la solidaridad caribeña y en el derecho soberano de los cubanos a elegir sus propios destinos.

Tomemos otro ejemplo; cuando Maceo fue en comisión a México a desarrollar actividades revolucionarias entre los patriotas establecidos allí; delineó la política a proseguir en notables documentos; y en uno de ellos expresa en su inciso E:

"... La comisión procurará llevar siempre la mejor armonía con el Gobierno Mexicano, y no violará ninguna de sus leyes, manteniéndose siempre dentro de los límites de la legalidad...".

Exigía responsabilidad a los patriotas cubanos con las autoridades oficiales, y las leyes emanadas de la constitución; pero a la vez trata de encontrar una respuesta gubernamental, de respeto y cooperación para aquellos que cumplían las disposiciones de su Carta Magna, bajo las limitaciones que esta imponía.

Reafirmó los principios de colaboración con aquellos países de América Latina y el Caribe que poseían una identidad común y la necesidad histórica de unirse y encontrar solución a los problemas; así demostró, de forma sistémica y ascendente un profundo interés por los problemas internacionales vinculados a la Guerra de Liberación.

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