ACTIVIDADES DE ANTONIO MACEO EN LA CUENCA DEL CARIBE

José Antonio Navarro Álvarez

1.3 Interrelación entre patriotismo y latinoamericanismo

"... En las postrimerías de la segunda mitad del siglo XIX en América sólo quedaban atados a España, Cuba y Puerto Rico y el imperialismo norteamericano no había desatado aún todo su poderío sobre los pueblos al sur del Río Grande, el latinoamericanismo, se expresa en primer lugar, en la solidaridad con la lucha independentista de las Antillas hermanas, en el apoyo a la autodeterminación de las repúblicas liberadas del dominio español y en el empeño de fortalecer los lazos fraternales entre todos los pueblos de América Latina..." .

Desde la época de Simón Bolívar, todo perfil latinoamericanista contiene una elevada dosis de actividad patriótica; podríamos decir, que existe una interdependencia entre el latinoamericanismo y la actividad patriótica, son inseparables. En Antonio Maceo esta interrelación está presente y se enriquece con sus proyecciones internacionalistas, antiimperialistas y caribeñas.

Maceo se forjó en la lucha revolucionaria y afrontó en la guerra los más grandes sufrimientos ante la pérdida de hijos, padres, hermanos y el bienestar social que disfrutaban.

La decisión tomada desde los inicios de la contienda, de anteponer el querer patriótico a los problemas familiares y a las rencillas sociales, lo elevan al más alto pedestal.

Como hombre de grandes hazañas y heroicidades, sufrió afrentas por el color de la piel, por el sentido de la disciplina, el orden y los ideales que sustentó.

Su posición ante la Historia es el resultado del auge revolucionario de las masas, de las que él surge como un paradigma, por su resolución de luchar por la independencia y la abolición de la esclavitud, que constituían una necesidad impostergable del desarrollo económico, político y social.

Fue un cubano integral, no llegó a la guerra con las estrellas de general, sino que adquirió los grados con cientos de acciones que demostraron valor, inteligencia y cualidades excepcionales para el mando. Creció junto a los suyos y fue respetado por amigos y enemigos, saliéndole al paso a los males que aquejaban a la Revolución.

Un ejemplo lo constituye la carta que redacta al Presidente de la República el 16 de mayo de 1876 donde le expresa:

“...de individuos hermanos nuestros, que olvidándose de los principios republicanos ... se ocupan más bien en servir a nuevas políticas particulares... en razón de lo dicho, se cree obligado a acudir al gobierno que usted representa para que ... proceda como fuere de justicia... dicta las medidas necesarias, a fin de que en ningún tiempo se tache ni aparezca dudosa la conducta del exponente, ni su honra con la más ligera mancha .... El exponente... supo... que existía un pequeño círculo que propalaba...no querer servir bajo las órdenes del que habla, por pertenecer a la clase... no querer servir por serles contrario y poner miras en sobreponer los hombres de color a los hombres blancos... para herir en lo más vivo al exponente... quieren servir a los intereses políticos particulares... para ver si así inutilizan al que consideran un estorbo para sus planes... tratando de hundir... al hombre que ingresó en la Revolución sin otras miras que la de dar su sangre por ver si su patria consigue verse libre y sin esclavos..." .

En esta carta nos trasmite con una claridad inobjetable las líneas fundamentales que trazan sus convicciones, al desenmascarar a aquellos individuos, que bajo falsos conceptos, ignoraban los deberes republicanos, obviando exponer sus criterios como miembros de un cuerpo administrativo organizado, asiéndose al divisionismo.

Demuestra como él acude a las normas disciplinarias establecidas, para actuar con honestidad y justicia, bajo los reglamentos militares; que apeló al orden para eliminar el mal; Maceo no actuó deliberadamente, sino respetó las instituciones aprobadas, dándonos una lección de obediencia y credibilidad.

Denunció la propaganda insidiosa de aquellos que lo culpaban de violentar el odio de razas, enervando el prestigio político y militar de la Revolución.

Dejó escrito su limpieza política, así como la intransigencia de los principios que defenderá el 15 de marzo de 1878, con recto sentido de la unidad ante la confusión reinante.

La lealtad a la causa de Cuba y a la disciplina militar se ratifican en la carta respuesta, al Mayor General Vicente García el 5 de julio de 1877, cuando le contestó:

"... Soy interesado como el que más por la libertad ... lo que más perjudica es la actitud de usted, la fuerza de las Tunas y los de la Línea Occidental de Holguín...”

Estamos en presencia de la postura consecuente de uno de los jefes más prestigiosos del Ejército Libertador en 1877:

"... Nunca apelaré a la rebelión y al desorden para hacer uso de mi derecho... para satisfacer las aspiraciones del pueblo no es necesario la desobediencia al gobierno constituido y a las leyes..."

Este, es Maceo, práctico, decidido, brillante ante el infausto sedicioso, no hubo apatía, ni dejadez ante lo que ocurría, fue temerario e indómito como todos aquellos que le acompañaban; y continúa:

"... Los hombres amantes del orden y obedientes al gobierno legítimo y a las leyes, se indignan contra usted y sus adictos... indignación, desprecio me producen su invitación al desorden y la desobediencia de mis superiores, rogándole se abstenga en lo sucesivo de proponerme asuntos tan degradantes que sólo son propios de hombres que no comprenden los intereses patrios y personales..."

Nótese cómo el Mayor General Vicente García, buscaba su apoyo, porque conocía la influencia que ejercía dentro de sus subordinados y en el Departamento de Oriente. Pero la respuesta, no deja sombras, su lenguaje es directo, expresa la firmeza de su espíritu y la vigilancia tenaz ante lo mal hecho. A la vez, al final de la carta revela la confianza en el compañero, particularidad que siempre le fue inseparable, cuando expresó:

"... Aún no es tarde, para que los hombres como usted se salven de un fracaso..."

Esta exhortación a la unidad tan necesaria, sin sumisión, sin desobediencia fue convincente; constituía atajar una afección, que sería saludable para el futuro.

La lucha que se desarrollaba no está exenta de problemas, la rebelión fenecía en 1878 con los Acuerdos del Zanjón, pero aún quedaban hombres que amaban la Patria para que fuera libre, entre estos estaba el General Antonio, secundado por un nutrido grupo de jefes entre los que se encontraban:

"... El Mayor General Manuel de J. Calvar, los Coroneles Arcadio Leite Vidal, Silverio del Prado, Flor Crombet, Belisario Grave de Peralta, Guillermo Moncada, Leonardo Mármol y Francisco Borrero; Tenientes Coroneles Pedro Martínez Freire, José Maceo, Juan Rius Rivera, Vicente Pujols, Limbano Sánchez, Miguel Santacruz Pacheco y Emiliano Crombet; Comandantes José Lacret Morlot, Quintín Banderas, Agustín Cebreco, Ramón González, Jesús Rabí, Silverio Sánchez Figueras, Rafael Maceo, Francisco Leite Vidal, Prado, Urquiza, Luis de Feria, Ortiz, Agustín Portuondo, Pedro Vázquez, Antonio Soria. Los diputados por Oriente, únicos restos en el campo de la Revolución de la disuelta Cámara de Representantes, Tenientes Coroneles Fernando Figueredo Socarrás y Pablo Beola y los médicos doctores Félix Figueredo, Brioso y Rosas, los hijos del Coronel Prado y los Capitanes José Sauvanell, Zayas Bazán y muchos oficiales subalternos..." .

¿Cuántos héroes de los campos de batalla? Y los anónimos soldados que guiados por sus principios los secundaban, fueran blancos, negros, mulatos o de otras nacionalidades no estuvieron representados en Baraguá, así se forjó la conducta del movimiento insurreccional cubano.

¿Cuántos soldados desconocidos para la Historia componían aquellas fuerzas del mambisado?

El valor y la significación trascienden el escenario nacional, Maceo es la exhortación a la acción contra el colonialismo, es la expresión de todo el pueblo cubano, representa el desafío criollo al despotismo español, en él, se concentró el ideal, el alma combatiente, en Baraguá fue más previsor, y político, su visión se hizo más práctica.

La Protesta enalteció los representantes, no hay odio contra los españoles, sino justicia y honradez por los suyos, es el gesto del rebelde, lleno de grandeza en un nuevo período de la Historia de Cuba, por la defensa de la dignidad nacional.

Ejemplificó los cambios sociales que se necesitaban, a partir de entonces se convierte en uno de los líderes político-militares de mayor prestigio del movimiento emancipador, simbolizando las cualidades más extraordinarias.

La resonancia internacional de aquel acontecimiento atrajo la atención de cientos de periódicos del mundo.

El 26 de marzo de 1878 Maceo le escribe al General Julio Sanguily:

"... Nuestra protesta es la actitud en que nos hemos colocado, la cual está firmada con los tiros que desde ayer se oyen sonar por todas partes y sellada con nuestra sangre..." .

Era pues la heroicidad ejemplar, que no cejaba, que no iba a la conciliación claudicante, era el aliento glorioso que se insertaba con caracteres sobresalientes, que jugó el rol protagónico que le correspondía. Así lo calificó genialmente Martí, cuando el 25 de mayo de 1893 escribe:

"... Precisamente tengo ahora ante los ojos "La Protesta de Baraguá" que es lo más glorioso de nuestra historia...". .

Baraguá fue latinoamericanista e internacionalista, porque allí se defendió la creación de un estado soberano contra la metrópoli que explotó más de 300 años al continente; se buscaba culminar un proceso que se había iniciado en la América Hispana en 1810, y Maceo no estuvo ajeno a las dimensiones que alcanzó su verticalidad revolucionaria.

El, hombre de amplias proyecciones, conoció que había conmovido el escenario político internacional, a partir de entonces fue más hijo de los pueblos de América; además, el Ejército Libertador cubano, se había nutrido de numerosos combatientes que provenían de otras tierras del continente, y muchos apoyaron la actitud consecuente del General Antonio.

Estamos convencidos que Maceo en Baraguá se sentía amparado por los pueblos de América y todos aquellos amantes de la libertad.

El llamamiento: A los habitantes del Departamento Oriental el 25 de marzo de 1878, nos saca a la luz importantes afirmaciones, que fundamentan el contenido de su percepción política en aquel momento histórico; cuando dijo:

"... debemos formar una nueva república asimilada con nuestra hermana la de Santo Domingo y Haití...".

Demanda la creación de un nuevo tipo de estado republicano, donde Cuba se uniría a dos naciones ya libres e independientes que han cimentado la oposición desarrollada por los insurrectos, para enfrentar el colonialismo; además, Maceo conoce los tradicionales lazos que han mantenido estos pueblos del Caribe, quizás fue el primer cubano que planteó la unidad política, económica y social con otras regiones del área antillana. En la contienda libertaria cubana, había muchos descendientes de franceses y haitianos radicados en el país, así como dominicanos que eran baluartes del proceso revolucionario; es decir, sus pronunciamientos de integración y unidad, intentan formar un estado antillano, con múltiples etnias que tenían fuertes vínculos socio-históricos.

Continúa su invocación:

“...Los grandes espíritus de Washington, Lafayette y Bolívar, libertadores de los pueblos oprimidos, nos acompañan y están con nosotros, y creemos que nuestra obra de la regeneración la conseguiremos..." .

Maceo está seguro que el pueblo combatiente lo apoyará, he ahí su reclamo a la unidad, al rescate de aquellos jefes que junto a él, mantienen las banderas de la independencia. Clama por el aliento y la virtud de campeones como Washington, Lafayette y Bolívar, porque fueron hombres que supieron vencer las dificultades y se impusieron en la creación de nuevas repúblicas. Su credibilidad en el reconocimiento de la lucha, nos trasmite la magnitud de su pensamiento hacia el internacionalismo y el latinoamericanismo, los nombres de Lafayette y Bolívar así lo confirman.

La práctica de Diez Años de contienda bélica le proporcionó a Maceo no sólo una gran experiencia en el arte de guerrear, sino que le permitió constatar el papel que habían jugado importantes miembros que formaron parte del Ejército Libertador, sin haber nacido en esta tierra.

De todos, Máximo Gómez ejercería sobre él, una enorme influencia, por los estrechos lazos de amistad y admiración que los unieron, aunque hubo famosos jefes como Tomás Jordán, Henry Reeve, Luis Marcano, Modesto Díaz, Carlos Roloff y otros como Juan Rius Rivera que lo secundó en Baraguá. Unido a esto, no podemos olvidar que Maceo es hijo de Marcos, venezolano de nacimiento, que perteneció al partido español como integrante del Batallón de Leales Corianos, que había luchado contra las fuerzas lideradas por Bolívar; pero que fue también un gran combatiente internacionalista, que hizo mucho por las enseñanzas patrióticas de la tribu heroica; les enseñó el manejo de las armas de fuego, el uso del machete y la monta del caballo. El fue el primer maestro militar de los Maceo-Grajales, de los Regüeyferos-Grajales y de los Maceo-Téllez que se incorporaron a la contienda.

Marcos estuvo junto a Antonio en numerosas acciones en la Gesta del 68 tales como:

"... El Cobre, El Cristo, Jiguaní, Copeyales, Samá y

Mayarí... La Candelaria, Palmarito y Sabana de la Burra... Cuchilla de Palma Soriano ... y murió en al asalto y captura de la guarnición y defensas de San Agustín el 14 de mayo de 1869..." .

Había permanecido en la manigua alrededor de 6 meses, desde octubre 1868 hasta mayo de 1869, válidos para impregnar en su hijo las enseñanzas que poseía de la guerra, traídas desde los llanos venezolanos. Por ello afirmamos que Maceo, se forjó en la táctica y estrategia de guerra irregular, tomando las mejores experiencias, primero de su padre y después de Máximo Gómez, adaptándolas a su audaz intransigencia combativa; forjando una escuela revolucionaria de lucha, que simboliza el internacionalismo patriótico de la Revolución Cubana.

Que Maceo llevaba en su sangre el origen multinacional: su abuelo paterno fue descendiente de francés, la abuela paterna criolla dominicana, los abuelos maternos dominicanos y de madre cubana y padre venezolano.

Mantenemos el criterio, que en el seno de la educación familiar no sólo se le inculcaron a los hijos una educación por el bien de la Patria sino por una concepción más solidaria y humana.

Otros factores deben haber posibilitado además, sus ideas latinoamericanistas e internacionalistas como lo fueron el vínculo a la masonería del Gran Oriente de Cuba y Las Antillas. Ello lo corrobora la siguiente aseveración del historiador Torres-Cuevas.

"... A partir del tríptico revolucionario libertad, igualdad y fraternidad, se expresa un código ético-político que proclama la necesidad de la libertad humana, de pensamiento, de religión, política, de reunión, de palabra; en resumen que une la lucha por la independencia de la nación, con la creación de una sociedad nueva profundamente humanista..."

El apoyo brindado por los pueblos y gobiernos de América Latina y el Caribe a la lucha que desarrollaron los cubanos está en contraposición con las acciones hostiles de las administraciones norteamericanas, ejerciendo quizás notables influencias en las concepciones maceístas.

Se debe por lo pronto revitalizar la historiografía maceica, ir a las fuentes originales para estudiar aspectos inéditos y fundamentales de la misma, para identificarnos con sus testimonios, como aquel ejemplar suceso que al finalizar la Guerra de los Diez Años lo convierten en el principal protagonista político de la independencia y la abolición de la esclavitud; empinándose con gran gallardía y elegancia revolucionaria, dejando de ser un respetado jefe y líder territorial, para convertirse en líder nacional del Ejército Libertador y de las clases y sectores sociales que más sentían la opresión metropolitana sobre sus espaldas.

Baraguá sobrepasó los límites de la Patria, y adquirió proporciones internacionales en América y fuera de esta.

Así nos lo confirma; José Luciano Franco cuando expresó:

“... La Verdad", periódico cubano de New York, en su edición del 6 de abril de 1978 insertaba, destacándola, una carta comentando la digna insurgencia oriental: "el héroe del día es Maceo, y parece que está reservado a él volver a levantar a Cuba al pináculo de su gloria ...."

Más adelante se expone en la citada obra:

"...Aquel procedimiento noble, altivo y absoluto, fue preconizado en miles de periódicos de la Unión Americana, insertando con caracteres sobresalientes: "el General Antonio Maceo ha salvado la honra de los cubanos...”

A partir de aquí la identidad de Antonio Maceo ocupa un significativo lugar, tomando en consideración las tendencias objetivas del movimiento revolucionario cubano y las necesidades de la sociedad, en una etapa concreta de la dialéctica, al producirse la pérdida total de la dirección de la lucha, por aquellos que la habían iniciado en 1868.

El poder de decisión, más la capacidad de su intervención a partir de los Acuerdos del Zanjón, ejercen una colosal influencia sobre la marcha de los acontecimientos. No actuó como un individuo solitario, sino como el exponente de los intereses de clase y grupos sociales, que mantienen posiciones vanguardias y constituyen el engranaje del progreso. Su contribución tiene un valor perdurable, se desprende que su personalidad a partir de entonces, forma parte intrínsecamente del desarrollo social, no en un país determinado, sino en el curso de la historia latinoamericana y caribeña.

No podemos omitir elementos del proceso revolucionario cubano, que por su magnitud no deben ser ignorados, como son las proyecciones patrióticas, latinoamericanistas, caribeñas e internacionalistas de Antonio Maceo. Estas tienen que estar presente en el fundamento de la Historia de Cuba y la de Latinoamérica.

"... Maceo es un gran triunfo del hombre; del hombre como producto y función de lo colectivo. Ninguno de sus actos deja de estar teñido de cubanidad, de mulatismo, de humanidad arraigada en su trópico, el más válido cubanismo y la excelencia del mestizaje. Humanidad, tropicalismo, mulatismo y cubanidad, que estuvieron en sus seguidores como están en cada de uno de nosotros, pero que en él adelantaron y culminaron las esencias positivas...".

La gallardía de la actividad que desarrolló, adquiere relieves insospechados, cuando se lanza una mirada sobre el panorama colonial de la época que le correspondió vivir, así podemos definirlo. Por su conducta moral, fue un hombre que se alzó sobre su tiempo y deviene en uno de los representantes más completos de las grandes masas que engrosaron el Ejército Libertador.

La riqueza de su pasado hay que encontrarla interpretando su vida sin cabildeos, ni parcialidades.

Al profundizar en la obra del Titán encontramos la madurez que fue adquiriendo su pensamiento, a pesar de no haber desarrollado estudios académicos. Trabajar sus fuentes es hallar la calidad de un escritor de muy particular estilo que va siempre guiado por la agudeza revolucionaria siendo crítico enjuiciador, cuando lo requieren las condiciones; participó en debates epistolares, con un conocimiento profundo, analítico, que demuestra la superación constante a pesar de las barreras que afrontó su vida.

He ahí el papel que deben jugar nuestras indagaciones; la pesquisa incesante de lo nuevo, con las reflexiones ponderadas, para analizar el juicio objetivo de la realidad, e identificarnos con las ideas más avanzadas, hasta hallar una historia propia, ajena a toda interpre-tación euro centrista o norte americanizada de nuestras raíces.

Las historias de Cuba y de América Latina y el Caribe, están íntimamente relacionadas; y esta conexión se revitaliza con la particularidad de Antonio Maceo, porque fue un creador para nuestra Patria y América. Recorrió parte del continente en aras de nuestra libertad, y su valor moral contribuyó a la brillantez de los ideales martianos, en sus más elevados conceptos de independencia absoluta, soberanía nacional y solidaridad continental.

Maceo es un héroe de todos los tiempos, fue un prodigio de sacrificio, de voluntad y de ejemplo; demostrándonos que:

“... El poder de decisión sobre el modo de vida a elegir es muy importante, la voluntad de quererlo ser, es un hecho de los sujetos..."

El venció las exigencias de su época, porque fue un líder que volcó todas sus energías hacia la unidad y la independencia nacional, sin intromisiones extranjeras, explorando la posibilidad del apoyo latinoamericano y caribeño.

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