MANUAL BÁSICO PARA AGENTES DE DESARROLLO LOCAL Y OTROS ACTORES

Arizaldo Carvajal Burbano

3. LOCAL - GLOBAL

"El hecho es que el lugar continúa siendo importante en la vida de muchas personas" Arturo Escobar

En la mayoría de discursos sobre el desarrollo la dimensión local está presente. La globalización se da como un hecho; pero también el rescate de lo local. Es el relanzamiento de lo local en la era de lo global. Un análisis del desarrollo local, de las localidades, también hay que hacerlo en el marco de unas relaciones más amplias, más globales.

Es necesario para el debate hacer la distinción entre estos términos -resaltando el de la globalización-, ya que en distintos discursos se los usa indistintamente. Según Ulrich Beck: Por globalismo entiendo la concepción según la cual el mercado mundial desaloja o sustituye al quehacer político; es decir, la ideología del dominio del mercado mundial o la ideología del liberalismo. La globalidad significa vivir en una sociedad mundial, de manera que la tesis de los espacios cerrados es ficticia. No hay ningún país ni grupo que pueda vivir al margen de los demás. Es decir, que las distintas formas económicas, culturales y políticas no dejan de entremezclarse. Por su parte globalización significa los procesos en virtud de los cuales los Estados nacionales soberanos se entremezclan e imbrican mediante actores transnacionales y sus respectivas probabilidades de poder, orientaciones, identidades y entramados varios (Beck, 1999:27-29). Generalmente -continúa Beck- se reduce la pluridimensionalidad de la globalización a una sola dimensión, la económica, y pone sobre el tapete -si es que lo hace- todas las demás dimensiones: las globalizaciones ecológica, cultural, política y social, sólo para destacar el presunto predominio del sistema del mercado mundial. Y la singularidad del proceso de globalización "radica actualmente en la ramificación, densidad y estabilidad de sus recíprocas redes de relaciones regionales-globales". Siguiendo a Giddens, la globalización influye en la vida diaria tanto como en los acontecimientos que se suceden a escala mundial. La globalización no tiene que ver sólo con lo que hay "ahí fuera", remoto y alejado del individuo. Es también un fenómeno de "aquí dentro", que influye en los aspectos íntimos y personales de nuestras vidas (2000:16-24). También es necesario señalar que el paradigma de desarrollo local que sigue perfilándose en los años noventa -y en este nuevo siglo XXI- no es un fenómeno exclusivamente europeo, sino global; las características y necesidades de la etapa actual del sistema económico mundial -la denominada globalización-, junto con la sucesión de fracasos de anteriores paradigmas y grandes programas de desarrollo, han favorecido la adopción de otros esquemas basados en el ámbito local (Pérez del Olmo, 1999:57). Sí, por todas partes escuchamos los mensajes de que estamos en la "era de la globalización". Pero, hay que tener en cuenta que la globalización es asible en lo pequeño y lo concreto, in situ, en la propia vida y en los símbolos culturales, en lo local, en el lugar; la relación entre lo local y lo global hay que verla como "dos caras de un proceso".

Para Barcellona la comunidad no es "nostalgia". Se requiere la comunicación con el otro, como base necesaria para la confirmación de la identidad. Es "la búsqueda de un terreno común más allá de la abstracción mutiladora del universalismo". Como lo expresa Villasante:

"Lo pequeño es hermoso", no para encerrarse en ello, sino para poder aprehenderlo y moverse con soltura y confianza, para poder adecuarlo a las necesidades específicas de cada sujeto y de cada grupo humano; y desde esa relación de calidad poder abrirse a otras realidades más amplias".

O, en palabras que le escuché a un indígena guambiano hace algunos años: "Hay que rescatar la provincia, pero no ser provincianos".

Según Bauman, palabras como comunidad inspiran sensaciones agradables. Es un "lugar cálido, un lugar cómodo y acogedor. Es como un techo bajo el cual nos abrigamos de la lluvia pesada, como un hogar delante del cual calentamos las manos en un día helado". Este lugar no existe por sí solo. Debe ser construido colectivamente.

Algunos autores tratan la noción de "lo local" a escalas (generalmente a nivel de municipio). "Lo local" es entendido respecto a lo global de forma relativa, así la mera diferenciación por subdivisiones político-administrativas, la dimensión en términos de número de habitantes o de kilómetros cuadrados de superficie no son suficientes para definir que es "lo local". El espacio local se convierte en aquel que permite reconocerse en el otro, crear lazos, unirse y asociarse para resolver problemas comunes y obtener logros (Jalomo).

En opinión de Cunha, como mundo vivido, el territorio aparece como un centro de la existencia humana cuyas cualidades pueden ser definidas en función de sus significados y aspiraciones. El territorio es entonces un lugar investido de significados y el sentido del lugar refleja las cualidades percibidas y vividas del territorio.

Hoy es cada día más relevante el enfoque micro-sociológico, local, rural y urbano; es pensar en el lugar "como escala de planificación y gestión de procesos de desarrollo".

El desarrollo local supone la circunscripción del desarrollo a un espacio "local" determinado. Hay que anotar, siguiendo a Coraggio(2006:24), que por lo "local" no nos referimos a algo minúsculo, parroquial, localista, sino a la condición común de una población que comparte una historia de asentamiento (que muchas veces desconoce) y la vida cotidiana cara a cara - aunque sea de manera más o menos desigual, más o menos conflictiva o solidaria -, en un territorio de radio variable, cuyos problemas están inmediatamente interconectados, y desde donde se vincula a otras localidades o microrregiones y a su más amplio entorno regional o nacional. Además, el carácter "local" del desarrollo requiere que su concepción y materialización sea protagonizada por los propios "actores locales".

Silvana Raquel López (2006:201) anota que tal vez uno de los rasgos sobresalientes sea la emergencia de la dimensión espacial como referente fundamental de los procesos económicos, políticos y sociales "El territorio, como soporte de la actividad humana, pasa a ser también un factor explicativo esencial de los procesos de desarrollo". La importancia del territorio, la localidad, del lugar, va a ser importante en procesos del llamado desarrollo local.

José Arocena (2002) señala que referirse a lo local no está exento de ambigüedad, de impresiones, de dificultades de definición. Frecuentemente la pregunta que surge y que no logra respuestas convincentes es: ¿Qué es lo local?

Para definir la noción de local no hay otro camino que referirla a su noción correlativa de global. Cuando algo se define como local es porque pertenece a un global. Esta primera constatación tiene que llevar a una aseveración categórica: nunca se puede analizar un proceso de desarrollo local sin referirlo a la sociedad global en la que está inscrito. (p. 22)

Arocena se refiere a sus estudios sobre procesos de desarrollo local que han mostrado la importancia de la dimensión identitaria. No es posible la existencia de procesos exitosos de desarrollo local sin un componente identitario fuerte que estimule y vertebre el potencial de iniciativas de un grupo humano. (p. 28).

Una definición de lo local –dice el autor- debe tomar distancia al mismo tiempo del aislacionismo autárquico y del reduccionismo globalizante. Es necesario entonces adoptar una serie de precauciones: (p. 65).

• Se trata de un concepto relativo; • Es una respuesta a un estado de la sociedad; • Supone una definición de actor social bien precisa; • Parte de una concepción integral e integradora del desarrollo; • Se sitúa al mismo tiempo en la afirmación de lo singular y de las regularidades estructurales.

En muchas partes el lugar se ha perdido de vista en la "locura por la globalización" de la que hemos sido testigos en los últimos años. Y –como lo señala Arturo Escobar- el borrar el lugar tiene profundas consecuencias en nuestra manera de entender la cultura, el conocimiento, la naturaleza y la economía. Por un lado, el lugar resulta central en las cuestiones de desarrollo, cultura y medio ambiente, y, por el otro, es igualmente esencial para imaginar otros contextos del pensamiento sobre la construcción de la política, de la identidad o del conocimiento. "El hecho es que el lugar continúa siendo importante en la vida de muchas personas, tal vez de la mayoría -al menos el lugar en tanto que experiencia de una localización particular con una cierta ligazón a la tierra, un cierto sentido de los límites y una conexión con la vida cotidiana, incluso si su identidad se construye continuamente, sin quedar nunca fijada", anota.

Respecto del tejido intercultural, Martín Hopenhayn (2000) señala que asumir el tejido intercultural propio es, quizás, hoy en día el modo más auténtico de asumirse en medio de una modernidad signada por una creciente "complejidad de la identidad". Asistimos a un escenario en que grupos locales se incorporan de manera acelerada a mercados simbólicos exógenos, lo que da por efecto una cierta "hibridez" cultural.

Según Kisnerman, lo local nos plantea el desafío de mantener una apertura total a lo particular y una capacidad de análisis de las formas de inscripción de lo universal en lo particular, cuidando de no caer "tanto en las euforias localistas como en los determinismos estructuralistas" (1998). Haciendo referencia al desarrollo económico local, Alburquerque evidencia la interacción existente entre lo global y lo local, dada la necesidad de esa intervención consciente, selectiva y estratégica desde el nivel local. Lo que implica, "organizar nuevas redes de colaboración e intercambios, las cuales, si bien se configuran a nivel local e internacional, es siempre en el nivel local donde encuentran la cultura de colaboración entre empresas y el entorno apropiado para la innovación y creatividad". Complementa: Así pues, nos encontramos ante una nueva concepción del desarrollo económico, basada en la necesidad de evitar el riesgo de exclusión territorial provocado por el dinamismo de los procesos de globalización, los cuales -como se ha insistido- ni incorporan efectos suficientes de "chorreo" para todos los territorios y clases sociales, ni asumen las exigencias de regulación social y política en las diferentes sociedades (1996:106). Algunos movimientos apoyan el "actuando localmente, pensando globalmente", y conjugan ambas perspectivas. Para Borja y Castells (1997), la importancia estratégica de lo local como centro de gestión de lo global en el nuevo sistema tecno-económico puede apreciarse en tres ámbitos principales: el de la productividad y competitividad económica, el de la integración socio-cultural y el de la representación y gestión políticas. Un aporte de la antropología es la discusión que hace referencia a lo glocal. La glocalización, neologismo resultado de la fusión de las palabras globalización y localización, "pretende reflejar la interpenetración entre ambas dinámicas y el hecho clave, negado desde las ideologías tanto del globalismo como de los diversos localismos, de que, simultáneamente, todos los colectivos humanos y todos los individuos participan en la globalidad de nuestro mundo, de cuyo ecosistema y ámbitos forman parte de forma interdependiente, y poseen también identidades específicas, culturalmente construidas y definidas, que no son estáticas ni deben ser entendidas de forma esencialista" (Moreno, 1999:109). Moreno añade: La perspectiva "glocalística", adquiere su más pleno significado y su mayor utilidad si no la entendemos simplemente en el sentido de que lo local sea un aspecto o una concreción a pequeña escala de lo global, sino, sobre todo, como un método de penetrar en la interrelación entre las dos dinámicas opuestas, pero complementarias y en modo alguno incompatibles, de la globalización y la localización (...) En lugar de seguir proponiendo "pensar globalmente y actuar localmente", como ha venido siendo norma obligada de la ciencia y el pensamiento occidentales durante los últimos dos siglos, tanto en su versión liberal como "socialista", la perspectiva glocalística propone algo diferente, que consiste en pensar, analizar y actuar glocalmente (1999:110 y 135). Lo local convertido en global debe adaptarse a los diversos contextos locales para ser aceptado. Es preciso tener claro que los procesos de reafirmación cultural e identitaria no están reñidos con la asunción y el uso, sobre todo instrumental, de elementos culturales, incluyendo los tecnológicos, que sí están ya hoy globalizados. Antes al contrario, éstos están siendo asumidos y utilizados, crecientemente, desde estrategias locales, sin que ello signifique rehusar a la identidad y los valores culturales propios, sino como instrumentos de resistencia y de reafirmación de lo local, es decir, de lo específico. Estoy de acuerdo con el planteamiento de Acosta (2005), en el sentido que se requiere una "glocalización" puesta en marcha desde lo local, concretamente desde las necesidades e intereses de quienes actúan en el ámbito local, y no una glocalización desde la perspectiva global de los intereses de las empresas transnacionales o de los centros de poder político mundiales, que consideran lo local en función de sus racionalidades globales de revalorización del capital.

En palabras de Escobar (2000), es colocar una atención igual a la localización de lo global y a la globalización de lo local. El quid de la cuestión aquí sería distinguir aquellas formas de globalización de lo local que se transforman en fuerzas políticas efectivas en defensa de los lugares y de las identidades centradas en ellos, así como aquellas formas de "localización" de lo global que los locales pueden utilizar para sus propios fines. Es una visión de la globalización no "globalocéntrica", sino desde la perspectiva de los lugares y de lo local. Así, esta relación local-global, es importante mirarla en apuestas de desarrollo local.

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