EL TÉCNICO SUPERIOR UNIVERSITARIO EN ADMINISTRACIÓN: ORIGEN, TRAYECTORIA ESTUDIANTIL Y DESARROLLO PROFESIONAL.


Javier Damián Simón

2.4. TEORÍAS QUE FUNDAMENTAN LOS ESTUDIOS DE SEGUIMIENTO DE EGRESADOS.

Si los estudios sobre egresados tienen como objetivo explicar la relación existente entre el mundo de la educación y el mundo del trabajo, debe reconocerse que dicha relación está inmersa en un contexto complejo y cambiante razón por lo cual difícilmente pueden ser analizados e interpretados bajo un solo enfoque o teoría, ante estas situaciones en el devenir de los ESE se a producido un vasto cuerpo teórico en el que se han perfilado perspectivas diversas. En este trabajo de investigación, solamente se hace un breve repaso a los principales fundamentos de dichos estudios o teorías. Es de destacar la llamada Teoría del Capital Humano (TCH) la cual sentó las bases para la Economía de la Educación, haciendo evidente que esta teoría tiene limitaciones para explicar el conjunto de relaciones entre educación y trabajo; y, por lo tanto, se reconoce la contribución de perspectivas emergentes que buscan cubrir dicha insuficiencia explicativa de la TCH; es precisamente, en este orden de ideas como se presentan y abordan dichas teorías en este trabajo.

2.4.1. La Teoría del Capital Humano

. Si bien es cierto que la Teoría del Capital Humano tiene su auge a mediados de los años sesenta del siglo XX, podemos encontrar vestigios de ésta en la Economía clásica, especialmente en la década de los setenta del siglo XVIII; en esta época empezó a gestarse la idea de que el nivel de educación de los individuos de una u otra forma incidía en los resultados en términos económicos; se decía que un hombre que había sido educado o instruido, al utilizar dicha educación o habilidad aprendida obtendría ingresos a través de los cuales recuperaría todos los gastos que hizo para obtener dicha educación. De igual manera, una explicación para la diferenciación de los niveles salariales obtenidos y de los cargos de trabajo ocupados entre los individuos, se explicaron bajo el principio del nivel de escolaridad o educación. En esencia, la idea básica era considerar a la educación y la formación como inversiones que realizan individuos racionales, con el fin de incrementar su eficiencia productiva y sus ingresos.

Según Navarro (1998), a mediados del siglo XX, la idea básica de considerar a la educación y la formación como inversiones es retomada y plasmada por los economistas en tres obras importantes; primero tenemos a Theodore Schultz con su obra Invertir en el hombre: la visión de un economista, obra en la cual trata de justificar que la teoría del capital humano reduzca o compare al individuo como una máquina; en segundo lugar tenemos la obra Measuring the Contribution of Education (and the residual) to economic growth, en la cual se presentan pruebas de que existe una correlación positiva entre el incremento en gasto educativo y el incremento del PNB, así como argumentos de que la inversión en educación es preferible que la inversiones en capital físico y, en tercer lugar encontramos la obra Human Capital de Gary Becker a partir de la cual se estructuró el denominado Modelo simple de capital humano, mismo que sugirió que la educación es alguna forma de inversión que afecta positivamente variables como el ingreso, el empleo, el crecimiento económico y la equidad social.

Así en términos generales, La TCH considera que el individuo al tomar la decisión de invertir o no en su educación (seguir estudiando o no) calcula o sopesa, los beneficios que obtendrá en el futuro y los costos de la inversión. Presupone que el individuo decide seguir estudiando solo si el valor actual neto de los costos y de las ventajas es positivo. Como se puede apreciar, esta teoría considera que el individuo tiene un comportamiento racional, invierte para sí mismo yla inversión la realiza en base a un cálculo.

Derivado de estos estudios, la TCH con sus fundamentos, resultaron muy atractivas para los países subdesarrollados, pues representaban una estrategia para su crecimiento económico. Estos países impulsaron políticas de financiamiento y expansión o masificación educativa, dirigiendo las inversiones en educación especialmente con aquellas que contaban con relaciones más directas con el mundo del trabajo; esta política educativa dio origen al enfoque de la funcionalidad técnica de la educación. Al finalizar la década de los sesenta, en México algunos teóricos tomando los fundamentos de la TCH, afirmaron que las desigualdades en los ingresos y las tasas de desempleo, bien podrían atribuirse a las diferencias educativas o grado de preparación académica de los individuos, situaciones que podían mejorar dependiendo si éstos tomaban o no la opción de invertir de manera personal en este rubro (Navarro, 1998); cautivado por estas concepciones, el estado mexicano empezó un proceso de masificación de la educación superior, al considerar a ésta como el mecanismo principal para la movilidad, la igualdad social y, por ende del crecimiento económico. Sin embargo, desde la década de los años cincuenta los estudios e investigaciones efectuados por algunos economistas en los Estados Unidos, con el objeto de medir el grado de contribución de la educación al crecimiento económico, encontraron que sólo parte de ese crecimiento podía ser explicado a la luz de los fundamentos de la TCH, afirmando que la otra parte de dicho crecimiento podría ser resultado de la tecnología empleada por las naciones; los resultados de estos estudios dejaron claro que la TCH resultaba insuficiente para explicar de manera satisfactoria la relación educación-crecimiento económico y que era necesario desarrollar otras formas de interpretación y explicación para este fenómeno (Navarro, 1998).

2.4.1.1. La insuficiencia de la Teoría del Capital Humano.

Con el paso del tiempo, los estudios efectuados en la década de los cincuenta fueron complementados con nuevos estudios cuyos resultados mostraron de manera evidente la existencia de diversos factores que incidían en la compleja relación mundo de la educación-mundo del trabajo, mismos que no habían sido adecuadamente considerados en la TCH; entre los factores más importantes estaban aspectos tales como la edad, la condición socioeconómica, las relaciones familiares e inclusive, la raza. Así Becker, al llevar a cabo una comparación entre la tasa de rendimiento de costo de educación universitaria encontró que los hombres blancos que habitaban zonas urbanas y que habían recibido una educación universitaria alcanzaban una tasa del 9% en contraste con la tasa del 7% que alcanzaban hombres de otras razas; estos resultados pusieron en entredicho la relación proporcional entre educación e ingresos tan defendida por la TCH (Navarro, 1998).

En este mismo tiempo, Carnoy (citado por Navarro, 1998) hace alusión a dos estudios importantes que contribuyeron a mostrar de manera clara la insuficiencia de la TCH; el primero, efectuado por Blaug y Ducan en el cual se observó que la preparación académica que poseían los padres constituía una variable con gran significación, pues todo parecía indicar que los padres con algún tipo de educación proporcionaban educación adicional a sus hijos, encontrándose una alta correlación entre las variables posición socioeconómica de los padres y educación que reciben los hijos. En el segundo estudio, Thurow y Lucas, mostraron evidencias de que la educación y capacitación escolar poco contribuían en la productividad potencial de los trabajadores, afirmaron que la productividad es una característica del empleo o puesto que existe en una organización, concluyendo que los sistemas de trabajo con equipo moderno y alta tecnología traían consigo una alta tasa de productividad, mientras que la forma de trabajo mecanizada o manual originaba una tasa de productividad baja; en el estudio, todo parecía indicar que la formación recibida en la escuela no dotaba a los individuos de las destrezas y habilidades para incorporarse al mundo del trabajo, sino más bien, dichas destrezas y habilidades las desarrollaba una vez que este se incorporaba al trabajo a través del entrenamiento y la capacitación. Se concluyó que los conocimientos adquiridos en la escuela no impactaban en la productividad, más bien éstos ayudaban a los empleadores en una actividad discriminatoria, pues al momento del reclutamiento y selección, el empleador prefería a los futuros trabajadores con habilidades mínimas que facilitaban su entrenabilidad en un área específica con un costo mínimo para la empresa.

2.4.2. Otras interpretaciones emergentes.

Las nuevas variables que aparecieron en los estudios de Becker, Blaug y Duncan y, Thurow y Lucas sin duda hicieron tambalear los fundamentos mismos de la TCH por lo que se vio la necesidad de buscar y encontrar nuevas explicaciones acerca del papel de la educación en la ocupación e ingresos de los individuos, lo anterior originó la conformación de un conjunto teórico mismo que hasta lo que va de este siglo XXI todavía sigue enriqueciéndose. Las teorías o interpretaciones emergentes más representativas que se han venido configurando van desde la Teoría de la Fila (TF), la Teoría de la Devaluación de los Certificados (TDC), la Teoría de la Educación como Bien Posicional (TEBP), la Teoría de la Segmentación (TS) y, a principios del siglo XXI aparece la Teoría del Enfoque Alternativo (TEA) que incluye el enfoque de las capacidades humanas y el enfoque de la libertad humana (Flores, 2005). A continuación se hace un breve análisis de estas teorías emergentes con la finalidad de entender un poco el complejo mundo de las relaciones escuela-trabajo, relación que resulta fundamental en los Estudios de Seguimiento de Egresados.

Los orígenes y desarrollo de la Teoría de la Fila (TF) según Piore (1985), se fundamenta a partir de tres diversos enfoques: 1) la teoría de la cola, que sostenía que la escolaridad del individuo juega un papel importante al momento de incorporarse al mercado de trabajo, es decir, los individuos más educados lograrían colocarse primeramente en un empleo obligando a aquellos con menor escolaridad a esperar otras oportunidades de empleos. En concreto este enfoque afirmaba que a mayor educación, mayor facilidad de empleabilidad; 2) la teoría de la fila, que consideraba que la productividad de un individuo al desempeñar un trabajo no depende de la persona, sino que está condicionada por las características y naturaleza del puesto en cuestión, por lo que el empleador sólo identifica a los individuos que muestren evidencias de ciertas habilidades y destrezas, mismas que con un entrenamiento eficaz puedan mejorarse y de esta forma aumentar los niveles de productividad en el trabajo. En pocas palabras este enfoque afirmaba que a mayor educación mayor facilidad de entrenabilidad en un puesto de trabajo; 3) el tercer enfoque llamado teoría del filtro, sostuvo que la credencialización académica es la base a través de la cual el empleador está en posibilidad de identificar a las personas que tuvieron mejores desempeños escolares (notas o calificaciones altas) y, por ende, serán estos los individuos más idóneos para ser contratados. Todo parece indicar que este enfoque afirmaba que a mayor credencialización y desempeño escolar mayores oportunidades de ser contratados.

Por su parte, la segunda teoría emergente llamada Teoría de la Devaluación de los Certificados (TDC), sostiene que como los empleadores utilizan como tabla rasa los documentos que los individuos obtienen en la escuela al momento de seleccionar a los trabajadores, es fácil entender que cuando existe una gran demandan de empleos en áreas específicas de formación, los empleadores utilizan la estrategia de devaluar el título o grado académico para detener la demanda de espacios laborales, de esta forma se exige a los candidatos a ocupar un empleo más credencialización académica del que es necesario (Navarro, 1998).

Por otro lado, investigaciones efectuadas a finales de los años ochenta del siglo XX en América Latina, mostraron algunos cambios en la forma de cómo se comportaba el mercado de trabajo, algo común que se encontró es que a medida que los trabajadores antiguos se jubilaban de sus puestos, quienes llegaban a ocuparlos (personal joven) deberían tener una escolaridad superior a la de quienes se jubilaban. Para explicar esta forma de comportamiento del mercado surgió la Teoría de la Educación como Bien Posicional (TEBP), la cual sostuvo que las variaciones en la escolaridad de los individuos para ocupar puestos semejantes son explicadas por el hecho de que quienes adquieren más escolaridad, lo hacen para poder competir por determinado status (De Alba, 1997), es decir, la competencia por el status origina una elevada demanda social para cada profesión, esto a pesar de que la demanda laboral correspondiente disminuya o permanezca inmóvil (Esquivel, 1995).

Otra explicación de las relaciones entre el mundo laboral y el ámbito educativo la ofrece la Teoría de la Segmentación (TS), ésta se basa en el papel desempeñado por las características propias de cada empleo en la determinación de los salarios y de la productividad atribuida a la fuerza laboral. Esta teoría señala que el mercado laboral, está compuesto por tres segmentos con características perfectamente diferenciadas e integrados por grupos no competitivos de trabajadores que comparten algunas características comunes, presentando poca movilidad o transferencia de trabajo entre ellos; dichos segmentos son denominados primario independiente (nivel directivo y de alta gerencia), primario subordinado (nivel ejecutivo y de supervisión) y segmento secundario (nivel operativo), se considera que estos segmentos serán ocupados por los individuos según la división social, sexual y económica a la que pertenezcan en la sociedad (Muñoz, 1985). Esta teoría ha resultado ser una de las más completas para explicar la relación educación-trabajo ya que retoma los fundamentos de las teorías que le antecedieron; refuerza el papel de la educación como proceso de estratificación y reproducción social, afirma que la educación cumple una función distributiva para lograr movilidad social y ocupacional, generando en los individuos la búsqueda de un mayor credencialismo aumentado a la vez, el cisma entre las clases sociales.

La más reciente aportación de las interpretaciones emergentes es el Enfoque Alternativo (EA), el cual considera que la influencia de la escolaridad de un individuo se puede evidenciar no solo en términos de su productividad en el trabajo, sino que de igual manera debe apreciarse en una mejoría en sus capacidades humanas. Este enfoque de capacidades humanas no excluye a los clásicos enfoques económicos como la teoría del capital humano para evaluar el impacto de la educación en el desarrollo, más bien, tiende a complementarlos al estudiar y concentrarse en la relación directa entre la educación y los logros de la libertad humana y, en el papel indirecto que juega en el cambio social y la productividad económica, la adquisición de habilidades, destrezas y conocimientos que se adquieren a través de la escolarización (Flores, 2005).

Al efectuar este breve análisis de la teoría clásica y de las diversas teorías emergentes que han surgido para explicar los diversos fenómenos que ocurren en el ámbito educativo–laboral; se entiende que dichos fenómenos no pueden ser interpretados solamente a través de la luz de una sola teoría pues de hecho estas relaciones no son directas y unívocas, sino de carácter complejo, en el que intervienen factores tanto escolares como extraescolares. Así pues, para el análisis e interpretación de los resultados de un estudio de seguimiento de egresados resulta conveniente tomar en cuenta los diversos enfoques o teorías a fin de contrastar sus diversos argumentos, categorías y variables y de esta forma encontrar explicaciones más satisfactorias de este objeto de estudio.

De igual manera, asi como resulta importante el análisis de las diversas teorías que fundamentan los ESE, para poder llevar a cabo un estudio de este tipo se tiene que revisar y analizar los tres elementos o componentes que se encuentran implícitos en el mismo: el currículum, el perfil profesional y el perfil de egreso.

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