EL TÉCNICO SUPERIOR UNIVERSITARIO EN ADMINISTRACIÓN: ORIGEN, TRAYECTORIA ESTUDIANTIL Y DESARROLLO PROFESIONAL.


Javier Damián Simón

2.5. EL CURRÍCULUM.

Uno de los componentes que se tienen que incluir al efectuar un ESE lo es sin lugar a dudas el correspondiente al currículo. El término currículum ha tenido dos acepciones fundamentales: curso de estudios y curso de vida. Durante bastante tiempo predominó la primera concepción; recientemente se han producido varios intentos de recuperar el segundo significado, es decir, como conjunto de experiencias vividas en el aula o fuera de ella, pero dentro de la institución escolar. Cuando se habla de currículum universitario encontramos en la bibliografía al respecto que se refiere al correspondiente primero o segundo ciclo de la formación universitaria (Benedito, Ferrer y Ferreres, 1995), o el correspondiente al nivel de Profesional Asociado, Técnico Superior Universitario y/o Licenciatura en México. Al efectuar una revisión a las distintas definiciones del término currículum universitario, encontramos que estas se pueden clasifican en dos grandes grupos.

En el primer grupo se ubican aquellas definiciones cuya visión particular de currículum universitario las llevan a considerarlo como un universo de cursos, cada uno con su propio contexto y finalidad, es decir, lo entienden en función de sus objetivos y resultados, éstos últimos como efectos en los aprendizajes de los alumnos (visión proceso–producto) y no como un proceso en sí. En resumen este grupo da énfasis a la importancia de conseguir resultados observables y cambios de conducta o comportamiento en los estudiantes.

En el segundo grupo se encuentran aquellas definiciones que concuerdan con la concepción de Apps (citado por Benedito, Ferrer y Ferreres, 1995), en el cual el currículum universitario tiene una acepción más amplia pues incluye tanto actividades académicas como extraacadémicas, sujetas a crédito o no, que pueden realizarse dentro del campus universitario o fuera de este.

Ante tal diversidad de definiciones, Sacristán (1995) realiza una ordenación de las mismas señalando que el currículum puede analizarse desde cinco perspectivas diferentes: 1) según su funcionalidad social, es decir, del enlace entre la sociedad y la escuela, 2) como plan educativo, integrado por diferentes aspectos, experiencias y orientaciones, 3) como materialización formal del plan educativo traducido en una estructura con sus contenidos y orientaciones correspondientes, 4) como campo práctico y, 5) como un tipo de actividad discursiva, académica e investigadora, sobre los temas propuestos.

Por otro lado Casarini (1999), identifica cuatro caminos distintos para interpretar las distintas teorías curriculares existentes: 1) como la totalidad de las exigencias académicas o estructura organizada de conocimientos, 2) como base de experiencias de aprendizaje, 3) como sistema tecnológico de producción y, 4) como reconstrucción del conocimiento y propuesta de acción: el puente entre la teoría y la práctica.

Todo lo anterior muestra la necesidad de que cuando se quiere evaluar el grado de eficacia, cumplimiento o aplicación del conjunto de saberes que los alumnos aprendieron en las aulas –como en un ESE-, dicho análisis deberá efectuarse tomando las distintas interpretaciones del currículum universitario. Después de todo debemos recordar que el currículum universitario representa la planeación anticipada del conjunto de acciones formativas que se tienen que llevar a cabo, mediante el diagnóstico de las personas, situaciones, componentes, etc., que hacen posible el conocimiento previo de la práctica educativa y la justificación del conjunto de decisiones más pertinentes para el óptimo desarrollo (Medina, 1997).

Para conformar un currículum se necesita llevar a cabo el desarrollo y diseño curricular entendidos éstos como procesos y, el currículum como la representación de una realidad determinada, resultado de dicho proceso (Arredondo, 1981). Por las mismas razones, las áreas curriculares se deben conformar de manera adecuada para conseguir ese sello característico que un estudiante del programa académico debe mostrar. Dichas áreas deberán conformar los conocimientos, habilidades y actitudes que le permitirán a un egresado insertarse de manera conveniente en el nivel siguiente o bien, en el aparato productivo.

La estructura curricular dará el soporte desde el cual el programa académico se desarrollará. A partir de los objetivos del plan, el mismo será impartido en unidades educativas, las cuales darán cuerpo a la organización académica de la estructura con la que se cuenta o bien de la que debe crearse o en su defecto modificarse. Es conveniente la construcción del mapa o mapas curriculares que muestren todas las relaciones entre las unidades educativas de tal manera que presenten una correcta integración vertical y horizontal. Es una condición necesaria jerarquizar las unidades del programa académico para que las relaciones descritas tengan una coherencia lógica y pedagógica. Para el caso del programa educativo de Técnico Superior Universitario en Administración, mismo que se estudia en este trabajo, la estructura curricular está integrada de la siguiente manera:

• Ciencias básicas y aplicadas: Matemáticas I, II y Matemáticas para Administración; Informática I, II e Informática para Administración, Administración y, Contabilidad.

• Conocimientos técnicos: Proceso Administrativo, Costos, Administración estratégica, Administración de recursos humanos, Análisis e interpretación de estados financieros, Economía, Derecho Mercantil, Calidad, Producción, Mercadotecnia, Administración de sueldos y salarios, Derecho Laboral, Compras e Inventarios, Auditoria, Integración y desarrollo de personal, Formulación y evaluación de proyectos de inversión y, Comercio exterior.

• Lenguajes y métodos: Idioma extranjero I, II, III, IV y V; Expresión Oral y Escrita I y II. • Formación sociocultural: Formación sociocultural I y II.

Además, el proceso de diseño curricular debe ser dinámico; la estructura curricular debe ser evaluada periódicamente para asegurar que los propósitos del programa y el modelo así como las estrategias didácticas se encuentran fielmente implementadas. Cuando las condiciones contextuales cambien dramáticamente, entonces debe revisarse nuevamente el diseño adoptado. Para lograr lo anterior, la estructura curricular del programa educativo de TSUA es evaluada cada dos años por una comisión de pertinencia, integrada por profesores, directores de carrera y representantes de la industria; lo anterior con la finalidad de efectuar ajustes en algunos contenidos de las asignaturas y/o incluir nuevas asignaturas de tal manera que el programa académico responda a las exigencias de la planta laboral. Cabe agregar que además la estructura curricular incluye un área flexible compuesta de tres materias o asignaturas mismas que pueden ser adaptadas al contexto local en el que se ubica la Institución que imparte la carrera, pues resulta obvio que las necesidades de formación profesional son distintas entre una región industrializada y otra región cuyas actividades económicas sean las del sector servicios.

2.6 EL PERFIL PROFESIONAL Y DEL EGRESO.

Existen varias definiciones de perfil profesional, mismas que comparten elementos comunes; para la ANUIES (1998), el perfil profesional del alumno se entiende como el "conjunto de conocimientos, capacidades, habilidades y actitudes que deben reunirse para el ejercicio de una profesión"; Díaz Barriga (1995), afirma que el perfil profesional está "integrado por conocimientos, habilidades y actitudes" (p.32). Arnaz (1981), considera el perfil profesional como "la descripción de las características que se requieren del profesional para abarcar y solucionar necesidades sociales" (p.27). Haciendo uso de los elementos comunes de las definiciones anteriores, tenemos que el perfil profesional es el conjunto de capacidades y competencias que identifican la formación de una persona para asumir en condiciones óptimas las responsabilidades propias del desarrollo de funciones y tareas de una determinada profesión.

Para las carreras ligadas al sector secundario y terciario como es el caso del Técnico Superior Universitario en Administración, las funciones generales son la gestión, la administración y la dirección en el nivel de los mandos técnicos. Todas ellas conectadas estrechamente con las actividades de ejecución. Así el conjunto de capacidades y competencias que integran el perfil profesional del TSUA son las que ya se enumeraron en el apartado 1.4 de este trabajo (véase páginas 5-6).

En relación con el perfil de egreso, éste debe señalar con precisión que tipos de competencias se espera que el estudiante domine al término del programa. A partir de la conceptualización del nivel y de la caracterización de los usuarios y en congruencia con la propuesta pedagógica, deberá mencionarse cuáles son los conocimientos que le permitirán al término de la instrucción desarrollarse ya sea, en el aparato productivo y/o bien continuar preparándose en nivel siguiente. La institución, obedeciendo a la conceptualización de la educación superior determinará los requisitos académicos administrativos pertinentes que aseguren que un estudiante egresado obtenga el certificado correspondiente del nivel. En base a lo anterior resulta útil al momento de elaborar un perfil de egreso considerar dos dimensiones: 1) Formativa, cuyo objetivo es el desarrollo de las llamadas competencias genéricas, referidas a contenidos académicos, constituidas por conocimientos, destrezas, habilidades, actitudes y valores requeridos para satisfacer necesidades sociales, profesionales, culturales, con relación a un cuerpo de conocimientos particulares y de acuerdo con cierto enfoque psicopedagógico para el logro del proceso pretendido y; 2) Profesional, cuyo fin es el desarrollo de las competencias técnicas, referidas al ejercicio o práctica profesional, constituida por funciones, tareas, acciones y actividades que será capaz de realizar el egresado en determinadas condiciones de trabajo y campos de desarrollo profesional (Beneitone; et al, 2007).

2.7 INTERÉS E IMPORTANCIA DEL ESTUDIO DE SEGUIMIENTO DE EGRESADOS PARA LA EVALUACIÓN Y PLANEACIÓN CURRICULAR.

En los últimos años como resultado de las políticas educativas a nivel mundial, se ha incrementado el interés por realizar evaluaciones educativas, por este motivo conceptos tales como eficiencia interna y externa, evaluación contextual, de insumo, de procesos y del producto y, responsabilidad social de las instituciones, representan nuevas perspectivas a la vez que nuevos retos que se generan ante los posibles objetos a evaluar y analizar por parte de la institución (Zúñiga, 2006).

La evaluación de los aspectos antes mencionados se realiza con el propósito de conocer en qué medida la institución está logrando los fines u objetivos que se ha planteado, con lo cual se pretende retroalimentar a la evaluación. El ESE es considerado como una estrategia evaluativa del proceso de análisis de los sistemas educativos de la institución, para conocer la ubicación, desempeño y desarrollo profesional de los egresados y determinar si la formación profesional fue adecuada para su realización profesional y si proporciona preparación para las necesidades de superación.

El seguimiento de egresados es una estrategia de evaluación, porque el egresado es el producto del sistema educativo y, como tal, es el vínculo posible entre el proceso educativo –del cuál es producto- y, el contexto social en el que se encuentra inserto este proceso, así como del mercado de trabajo al cual se incorpora quien egresa, para dar respuesta a ciertas demandas y necesidades sociales. En este aspecto es el egresado quien puede proporcionar mayor información a la institución acerca de su propia experiencia. En síntesis, con ello se intenta obtener información sobre el vínculo que hay entre la formación profesional recibida y el desempeño profesional.

Esta información permitirá a la institución educativa analizar y valorar en qué medida está respondiendo al compromiso que guarda con la sociedad, a través de los recursos humanos que se forman en ella y si éstos a su vez, contribuyen a responder a las demandas y a satisfacer las necesidades existentes en la sociedad. Por este motivo es que a últimas fechas la realización de estudios sobre seguimiento de egresados se ha llegado a convertir en una actividad indispensable dentro de las instituciones de educación superior, entre éstas, se encuentran incluidas las Universidades Tecnológicas, pues su objetivo principal es formar mediante programas académicos cortos, profesionales que respondan a las exigencias del mundo laboral.

Los ESE, en un primer momento parten del estudio de la incorporación de los egresados a un mercado de trabajo, entendiéndose por éste la institución necesaria al capitalismo para la compra y venta de una fuerza laboral heterogénea, y para su distribución en diferentes ocupaciones y oficios (Gómez, 1982). Sin embargo, es fácil entender que la vinculación que se plantea entre el sector productivo y la educación superior no se limita al hecho de la incorporación de los egresados a un mercado de trabajo, pues esto, no es un indicador suficiente de que aquella se haya logrado (Pérez, 1981); por lo contrario habría que contemplar además algunos otros indicadores.

Es conveniente enfatizar que la universidad no ha, ni habrá de canalizar todas sus acciones únicamente a la atención de las demandas del sector productivo, sino debe propiciar de alguna forma, los cambios en las prácticas sociales, mismas que se van transformando a partir de la propia actividad laboral del egresado. En esta relación, la universidad retoma las transformaciones habidas, para su propia actualización por lo que hace a contenidos y sistemas de enseñanza a seguir, con la cual busca dar respuesta a demandas futuras de las profesiones y acercar la correspondencia entre el mercado de trabajo y las necesidades sociales.

El campo profesional es el nivel de la división del trabajo en el que se agrupan las prácticas profesionales, que son diferentes y en ocasiones hasta antagónicas. Cerdá (1981), distinguen tres categorías de práctica profesional: decadente, estable o dominante y emergente. La primera es la práctica que está haciéndose obsoleta; la segunda (la práctica dominante), es la que absorbe la mayor cantidad de recursos materiales y humanos y, la que proyecta su influencia sobre las demás prácticas y su imagen se recoge en la mayoría de la currícula; la última, es la práctica nueva, emergente, que empieza a ganar espacio. Es precisamente, la opinión de los egresados lo que permite a las IES identificar para que tipo de categoría de práctica profesional esta preparando a los nuevos cuadros y, sobre la base de esta información es posible hacer adecuaciones a los diversos programas educativos que oferta a fin de que sean pertinentes a las necesidades y exigencias del campo laboral.

La síntesis de las bases teóricas y conceptuales que hasta este momento hemos enunciado y revisado, nos permite concluir que los Estudios de Seguimiento de Egresados son el conjunto de acciones tendientes a mantener una comunicación constante con los egresados, con la finalidad de desarrollar actividades que permitan un mejoramiento personal e institucional y que sirvan como medida de retroalimentación y evaluación en beneficio de la institución y del sistema educativo nacional. La importancia de la información que se obtiene en un ESE, radica en que a nivel de planeación y evaluación permite determinar la validación externa del plan de estudios conociendo cuál es el tipo de práctica profesional que desarrollan los egresados y en qué condiciones la realizan. En resumen, se puede decir que los Estudios de Seguimiento de Egresados tienen como propósito lograr el conocimiento de las condiciones laborales y del mercado de trabajo, y en particular el de las condiciones ocupacionales de la profesión, para lo cual la opinión de los egresados se considera de suma importancia, así como la información que aportan sobre la adecuación o inadecuación real entre su formación profesional y las responsabilidades y funciones que define su práctica profesional.

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