CRITICA FENOMENOLÓGICA A LA EDUCACIÓN INTEGRAL


Raúl Arturo Sánchez Irabú

CAPITULO I. La educación integral en el contexto de la realidad posmoderna

1.1. Ubicación del término: Posmodernidad

La posmodernidad participa de unas características particulares que se dan dentro de la cultura actual, seguido por los grandes cambios de la industrialización iniciados en la modernidad, y se convierte ahora en una propuesta que adquiere en sí misma cierta especificidad, pero siempre garantizada por los fenómenos sociales, concretados en la actividad del ser humano.

Iniciemos diciendo que según Featherstone el término de la posmodernidad se origina a través de que el consumo apoya directamente la actividad de las transformaciones de la realidad, en donde las imágenes y la fragmentación del tiempo han convertido la actividad del hombre actual, en una serie de presentes perpetuos (Featherstone, 2000 pág. 204), en donde la reflexión histórica de la vida, queda relegada al momento.

De aquí que la posmodernidad también procura la estilización del modo de concebir la existencia humana, por lo que el arte y la experiencia estética, participan en la transformación del conocimiento, como paradigmas fundamentales, en donde más que el ejercicio de la reflexividad, son los sentimientos, los que dan significado a la vida humana.

La posmodernidad se puede indicar como el efecto del análisis de las culturas que se han generado después de la modernidad, y que para ubicarla cronológicamente, la podemos identificar como una tendencia que se originó después de la Segunda Guerra Mundial, y que va muy de la mano con los nuevos procesos comerciales que se suscitaron en ese entonces. Sin embargo, tenemos que ser conscientes que estos nuevos cambios que se dan en la cultura producen efectos con características que se identifican por su fascinación por lo popular, lo carnavalesco, lo salvaje (Featherstone, 2000 pág. 234), es decir, por la parte del impulso de una racionalidad poco conciente, que forma parte de los procesos de civilización actual.

Gilles Lipovetsky al respecto de la posmodernidad, menciona que la noción no es clara, que remite a niveles y esferas de análisis difíciles de coincidir. Sin embargo, el objetivo del autor ha sido izar la posmodernidad al rango de una hipótesis global que describe el paso lento y complejo a un nuevo tipo de sociedad, de cultura y de individuo que nace del propio seno y en la prolongación de la era moderna, es decir, el individuo posmoderno aprehende el cambio de rumbo de pensamiento que poco a poco se ha producido en el curso del S. XX, en beneficio de una preeminencia cada vez más acusada de los sistemas abiertos y flexibles de nuestro tiempo.

Frente a esta realidad posmoderna, la investigación que estamos realizando cobra su importancia, ya que hay que ligar el fenómeno de la posmodernidad con el devenir educativo. Desde la perspectiva de la educación, hay que darse cuenta qué modelo de realidad antropológica se está educando y tener bien claro, qué es lo que se pretende construir. En tanto, si la realidad del educando se pretende construir desde la perspectiva integral, la pregunta frente a la posmodernidad es ¿Qué parámetros de ente integral, se procura delante de este fenómeno?

La posmodernidad tiene como objeto la coexistencia pacífica de estilos entre la oposición de la tradición y la modernidad, es decir, entre lo local y lo internacional, en otras palabras, la posmodernidad es el relajamiento de las ideologías duras que ya no entran; es un ambiente en donde las instituciones buscan la opción y la participación, donde papeles e identidades se confunden, donde el individuo es flotante y tolerante. Ante esta perspectiva posmoderna, es difícil querer encasillar al individuo en una sola forma de actuar. El ejercicio educativo, debe comprender que la cosmovisión de los educando; en el caso concreto de nuestra investigación, son jóvenes de preparatoria; es distinta incluso ya, a la de sus progenitores y por supuesto, de algunos maestros, que intentan enseñar con los mismos métodos de hace ya, bastante tiempo.

Los criterios religiosos tienen un desencuentro bastante notable, la ética y la moral, basadas en principios y dogmas, no comprenden la complejidad del individuo de hoy, su realidad cinética, hace que rompa con todo modelo antropológico, que pueda ayudarle a extraer el fundamento o principio de su actuar.

Y sin embargo, hay que intentar buscar categorías, que nos permitan la construcción de este modelo de hombre, que pueda convivir con su realidad y establecer parámetros de actuación, en donde el fin último de su actuar sea el hombre mismo, aunque ahora hay que ir más allá de nuestro ser antropológico, para convertirlo en un ser cosmológico, que tenga conciencia de que el ser o ente humano está en relación directo con los entes, que constituyen junto con él, toda su cosmología.

En el ejercicio de la educación, recae parte de la responsabilidad de la buena o mala formación de la persona; cuando la posmodernidad ha influido en los alumnos, en el ambiente familiar y en las características de desarrollo social del individuo mismo, podemos decir que la posmodernidad es un constante movimiento de ideas y sentimientos, que reducen al individuo en un objeto en constante devenir, en constante contradicción entre las ideas y sus propios actos (LIPOVESTKY, 1986, pág. 80) de forma tal, que la posmodernidad se presenta como un cambio claro de valores y perspectivas de los proyectos personales del ser humano y su relación con la alteridad.

Sin embargo, la verdadera revolución de la sociedad moderna se produjo en el curso de los años veinte, pero no fue sino hasta después de la Segunda Guerra Mundial cuando llega a su plenitud, este tipo de sociedades tiene su esencialidad en la realización definitiva de la secularidad de las sociedades modernas, que provocó una mayor liberación de la esfera privada en manos de los autoservicios, la velocidad de la moda, de la flexibilidad de los principios, roles y estatutos. A partir de estos presupuestos, hemos construido nuestra sociedad.

La posmodernidad ha considerado como parte de su movimiento social, a la era del consumo, que ha liquidado el valor y la existencia de las costumbres y tradiciones, que ha producido una cultura nacional o internacional, que hoy se visualiza en el fenómeno de la globalización y que ha arrancado al individuo de su tierra natal y más aún, de la estabilidad de la vida cotidiana, del estatismo inmemorial de las relaciones con los objetos con la alteridad, el cuerpo y uno mismo, en donde se desocializan los individuos y correlativamente los socializa por la lógica de las necesidades y de la información, socialización sin contenido fuerte, socialización sin movilidad.

Imaginemos la influencia que tienen estos medios de comunicación e información en los adolescentes de nuestras aulas, que apenas están construyendo su propia identidad, en la construcción de su yo interno.

Esta realidad posmoderna hay que ubicarla en el salón de clases, especialmente en los alumnos de secundaria y preparatoria, aunque no deja de darse con mayor énfasis en la etapa universitaria, por el descubrimiento que hacen de su propia libertad y responsabilidad. Pero es básicamente en el nivel medio superior, en donde podemos ubicar este singular fenómeno. La realidad educativa, no se construye sobre la base del contenido, sino sobre la base de la socialización. La socialización es un proceso que intenta generar la personalidad del individuo, que posteriormente se convierte en personalidad. Pero, ¿Cuántas personalidades construimos? Los grupos juveniles, que crean una cultura, realizan su génesis desde su propia realidad, no existe fenómeno juvenil, que no pretenda dar a conocer la construcción de una realidad, que es parte de un proceso de concienciación, es decir, se abren a la nueva experiencia de darse cuenta de por qué existen, cómo existen y qué sentido tiene existir, lo que va construyendo, los distintos tipos de vida, que son marcadas por las múltiples experiencias de la vida.

Y hablar de la juventud es hablar también del padre de familia, que en medio de la desintegralidad de su persona, brota su instinto de ubicación, que hace que la vida sea más relativa y convencional, movida por los intereses de un contexto, simulado por la realidad del éxito y de la fortuna, eventos ambos, provocados por los procesos de consumo, generados por las grandes empresas de las ideas.

Por otro lado, la posmodernidad ubica características antropológicas que generan comportamientos éticos, es decir, si la ética en sí misma sólo estudiara el comportamiento de la conducta humana nos quedaríamos en un análisis social de la realidad y la reduciríamos al ámbito de la sociología, pero si la ética procura una integralidad de la persona que logra humanizarla, comprenderemos entonces que las características de la posmodernidad en donde participa la educación, no logra la finalidad de la ética en sí misma, por lo que los procesos de simulación social , no procuran una ética que valide la experiencia humana como aquella que trasciende más allá de su realidad social. Esto implica un cambio en la visión de la realidad educativa, ya que la educación se concibe hoy en día como la portadora de valores, que inciden en el ámbito social, sin embargo, ¿será cierta esta realidad?

Estos nuevos cambios que se dan en la posmodernidad, nos hacen preguntarnos ¿acaso la humanidad está en la adolescencia de la modernidad, dando paso a la edad adulta, para encontrar su identidad, a través de los procesos globales de la cultura misma?

La educación tiene mucho que decir, ya que es parte fundamental del proceso mental, que hacen los individuos desde que están pequeños, hasta la construcción de su propia personalidad a lo largo de todo su proceso educativo, que ciertamente no termina con un título profesional, sino que se extiende a la experiencia de su propia vida. Pero es importante que nos quede claro, que la escuela, es un medio, de todo un proceso.

Lo anterior justifica que en nuestro estudio, hayamos retomado las características de este fenómeno de la posmodernidad, porque nos ayudará a identificar mejor algunos puntos, para establecer una crítica válida a la situación social que vive nuestra cultura, y que sostiene en gran parte la simulación social contemporánea. Además de proponer una postura crítica, la cual puede ser valorada para tener una actitud diferente, ante el fenómeno educativo.

Las características de la posmodernidad son vividas y muchas veces asumidas, desde la socialización educativa, es decir, desde los encuentros antropológicos, que los educandos tienen día con día.

En resumen podemos decir que la posmodernidad validad la posibilidad de “ser quien realmente somos”, da la oportunidad de expresar lo que verdaderamente sentimos, acota el sentido de la libertad a la necesidad interior de cada persona, valida las características hedonistas, que ya de por si, son promovidas por nuestra sociedad, procura una visión del hombre en donde le importa muy poco todo tipo de instituciones como el gobierno, la escuela, la familia, por lo que el interés por el otro desaparece en una simple apatía. Además, por la necesidad de expresarse, se destruye la vida íntima de las personas, convirtiéndola en una simple noticia, por lo cual se falta al respeto a cualquiera, y se ha reducido el valor de la autoridad, a la cual se puede enfrentar sin ningún límite. Estas y otras características, son parte de nuestra realidad posmoderna. (Cfr. LOPEZ Enrique, 2001, pág. 37)

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