CRITICA FENOMENOLÓGICA A LA EDUCACIÓN INTEGRAL


Raúl Arturo Sánchez Irabú

1.4. La educación como problema epistemológico

Me parece importante abordar el problema epistemológico de la educación a partir de dos ideas fundamentales. La primera tiene que ver con el proceso epistemológico del conocimiento mismo, no como un instrumento, sino como un ejercicio de la razón, que ha cambiado a partir de los medios de comunicación. Y por otro lado, es importante analizar que la realidad epistemológica de la educación, tiene que ver con un análisis presemiótico de las ideas que transmiten los signos y símbolos que se representan, lo que se ha configurado como marcas educativas.

El problema fundamental que aborda Orozco (OROZCO, Televisión, audiencias y educación, 2001, pág. 180) es como los medios de comunicación han cambiado la forma de construir nuestro propio conocimiento, ya que lo que antes se transmitía a través del libro, ahora la televisión lo puede hacer sin necesidad de recurrir a los libros.

La televisión va creando una cultura mediática cognitiva, emocional y práctica. Sin embargo, aunque la televisión sea un medio extraordinario para poder transmitir cualquier conocimiento, está limitado por las leyes convencionales del gobierno, ya que los medios siguen en algunos momentos una política de Estado y por otro lado por el desarrollo del mercado, es decir, la televisión se ha convertido en un medio de consumo de ideas, determinada por las leyes del mercado. Por tanto, ¿Cómo es que el ser humano actúa en una realidad mediática? ¿Cómo es que podemos construir una serie de conocimientos a partir del ejercicio mediático de la televisión?

Ahora bien, si es cierto que tenemos el ámbito de la educación como un medio en donde la televisión ha tenido una influencia importante, por otro lado me parece que el medio social ha involucrado a la televisión propiciando una mayor actividad e interacción de las emociones que de la misma razón. En este sentido la televisión ha creado hábitos y costumbres que establecen ciertas conductas de comportamiento del ser humano, procuran siempre una estrategia de mercado y expectativas de políticas gubernamentales. A partir de lo anterior, considero que el ser humano se ha desarrollado en un ambiente de desintegración interior, producto de las características de la misma posmodernidad, que no hay que dejar de lado, ya que es importante que el hombre se reconozca como cambiante y en constante devenir, ya que esto nos ayudará a determinar hasta donde el hombre puede hacer un ejercicio de libertad, en un proceso de integridad interior.

La realidad epistemológica de la educación se asume si somos conscientes de la complejidad de los procesos publicitarios. Hay múltiples formas para convencer a un educando para que asuma las ideas que la publicidad transmite a través de diversos medios. Al hablar de este problema hemos de referirnos a la transformación de las formas de conocer, a través de la dinámica de la educación.

En este sentido una manera de abordar el problema epistemológico de la educación es a partir de la funcionalidad de los objetos, con relación a los medios que pueden ser utilizados para dar a conocer las ideas educativas, a través de la situación concreta de la escuela.

En este sentido habría que preguntarnos si ¿la educación es un producto de consumo? Si lo es, está perdiendo el fin en mismo de su ejercicio, es decir se ha convertido en un objeto vendible, y recupera en sí misma la dualidad racionalista descrita ya por los filósofos modernos, en donde el alma del ejercicio se vuelve tan solo como una “res extensa”, es decir, en un objeto que no tiene alma en sí mismo, ya que puede ser adquirido por todos pero no valorado por su esencia misma, sino bajo la forma de la convencionalidad de quienes acceden a ella.

Quizá para algunos esta última idea es como ir remando contra corriente, sin embargo, desde una reflexión de la filosofía educativa, no podemos quedarnos tan sólo con la idea de acceder al mercado, sin recuperar el fin último de la educación. No se trata tan sólo de consumir conocimientos, sino de construirlos, de entrar en el mar del conocimiento, como una expresión de apreciación artística, que eleve el sentido de la vida del ser humano, que le dignifique, más no que lo utilice como un cliente más que consume educación.

La educación se puede convertir en un objeto vendible, ya que ha comenzado a ser una simulación para las personas, es decir, se ha iniciado el proceso de “fingir tener lo que no se tiene” (BAUDRILLARD Jean, Cultura y Simulacro 2002, pág. 12), desde el momento que los desean, pero de los cuales no se puede disfrutar porque no han sido físicamente adquiridos, o son, por su propia funcionalidad, algo existente solo en la mente o en el deseo, simplemente por no tener el dinero necesario para comprarlo.

Es lo que sucede en el ámbito de las falsas promesas educativas, que se establecen cuando se le promete al alumno, que al final de la carrera encontrará oportunidades laborales a la vuelta de la esquina, cuando en realidad, lo que ofrecen las universidad, en poco tiempo se saturan, porque la demanda será en algunos casos menor a su producción misma.

Si ha esto le sumamos que la mayoría de las carreras están en el ámbito tecnológico, podemos hablar entonces de mano de obra cualificada, sin otro afán que obtener la mayor cantidad de bienes materiales y monetarios, para cambiar la existencia misma, que la realidad del mercado les ha simulado.

Los signos que se establecen desde el ejercicio de la publicidad, ubican la realidad de cada una de las instituciones educativas. En la actualidad han tomado una importancia relevante las universidades que ofrecen la posibilidad de “Trabajar y Estudiar”, ya que han accedido a un mercado concreto, por lo que sus signos y símbolos representan la realidad mercantil a la cual están correspondiendo. Sin embargo es claro y se podrá constatar por algunas cifras de desempleo que la correspondencia que vende la institución con la realidad misma, a veces no se identifican, por lo que a final de cuentas al alumno-cliente, le es simulada su realidad, convirtiéndose así en un modelo que tendrá que seguir buscando en la aldea del mercado.

En el ámbito del sector medio superior de la educación, la simulación de la realidad no pasa de largo. En la actualidad existen escuelas que ofrecen educación media superior, sin tener claridad en los contenidos y en lo que pretenden formar. No basta con llenar un salón de clases, es necesario realizar una labor conciente de crear una situación educativa, no meramente convencional o consumista. Hoy en día están de moda los negocios educativos particulares, que en muchas ocasiones responden de manera más efectiva a lo que necesita la sociedad, que el gobierno mismo. Sin embargo, el proceso de globalización, ha provocado que en el ejercicio educativo, exista mayor competencia en servicios, pero no en contenidos, ni en realidades formativas sólidas.

El espacio de la simulación es el de la confusión de lo real y del modelo. Ya no hay distancia crítica y especulativa de lo real a lo racional. No hay ni siquiera exactamente proyección de modelos en lo real, sino transfiguración en el mismo lugar, en el aquí y ahora, de lo real en modelo.

“La abolición de lo real no es por destrucción violenta, sino por asunción, elevación de la potencia del modelo. El modelo opera como esfera de absorción de lo real” (BAUDRILLARD , Cultura y simulacro, 2002, pág. 189.)

Esta cita trasladada al problema educativo tiene mucho que decir. La realidad de la educación, al menos en México, tiene esta peculiar forma de ser, existe simplemente como modelo, pero no asume la realidad del educando.

El modelo de construcción de la realidad del educando, que se pretende formar integralmente, no corresponde a la realidad en la cual vive. A partir de aquí se maneja una simulación, otorgada por la incoherencia entre el modelo y la realidad misma, de las acciones del educando, que como hombre en construcción se encuentra influido, por una realidad contraria a lo que supone la teoría del modelo.

Nos damos cuenta que la posmodernidad, ha cambiado la forma de construcción del conocimiento del educando. No puede ser estable y concreta, porque su realidad se encuentra en constante cambio.

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