FACTORES CULTURALES Y DESARROLLO CULTURAL COMUNITARIO. REFLEXIONES DESDE LA PRÁCTICA

Rafaela Macías Reyes

Parte I  LA CULTURA FUNDAMENTOS EPISTEMOLÓGICOS

1.1 El concepto de cultura, su polivalencia semántica y dimensiones

El análisis de la cultura desde el punto de vista de las ciencias sociales, tropieza desde el inicio con un serio obstáculo: la extrema diversidad de significados, que parece desalentar de entrada cualquier intento de conceptualización rigurosa.

La amplia polisemia  del concepto cultura y la disputa acerca de las definiciones que ha acompañado incesantemente la historia de la formación del concepto objeto de atención, han posibilitado la aparición de libros en los que aparecen plasmados dicha situación, aún  después de su incorporación al léxico de las ciencias sociales, tal como argumentan entre otros Kroeber, Philipe Beneton, R. Williams. Adicionalmente otra dificultad se deriva del hecho de que, tanto en el campo de la filosofía como en el de las ciencias sociales, el concepto de cultura forma parte de una familia de conceptos totalizantes estrechamente emparentados entre sí por su finalidad común, que es la aprehensión de los procesos simbólicos de la sociedad, y que por eso mismo se recubren total o parcialmente: mentalidades, ideología, imaginario social. De ahí se origina un problema de delimitación de fronteras y de homologación  de significados que también ha hecho correr ríos de tinta como señalan, Robert Possaert, Eunice Dirham, Michael Vovelle .

Una forma de reducción de la indeterminación semántica del término que se analiza sería retener solamente los conceptos construidos por la sociología y la antropología, desechando la variedad de sentidos que le han conferido la tradición filosófica, literaria y el discurso social común.

Ocurre que en los ámbitos de la sociología y la antropología que supuestamente trabajan con conceptos construidos en función de paradigmas teóricos muy precisos, la cultura sigue siendo objeto de definiciones muy diversas según la diversidad de intereses teóricos y metodológicos en juego, análisis que aparece abordado por Pietro Rossi en su antología”Il concetto di cultura por Haus Meter Thurn en Soziologie de kultur”.

Las ideas antes expuestas impone una doble tarea; por una parte se requiere una nueva crítica del estatus teórico del concepto de cultura en las principales corrientes o tradiciones en la antropología y de la sociología; y por otra urge reponer un concepto de cultura, que responda a las exigencias epistemológicas de coherencia y homogeneidad semántica, y a la vez este lo suficientemente vinculado a la práctica científica de dichas corrientes o tradiciones, para ganar un relativo consenso entre los cientistas sociales.

 

1.2 Etimología y filiación histórica del concepto

 

La historia de las ciencias demuestra que la filosofía y el sentido común han sido los proveedores de la mayoría de los conceptos que circulan en las ciencias sociales y que, después de haber sido reconstruidos y reformulados por la teoría, frecuentemente no logran desembarazarse del todo de sus connotaciones históricas y hasta políticas de origen.

 

El término de cultura admite dos grandes familias de acepciones: las que se refieren a la acción o proceso de cultivar (donde caben significados tales como formación, educación, “paideia”, “cultura animi” entre otras); y las que se refieren al estado de lo que ha sido cultivado, que pueden ser, según los casos, estados subjetivos (tales como buen gusto, hábitos o maneras distinguidas, modelos de comportamientos, acervo de conocimientos,

Estilos de vida, “ethos cultural” en el sentido de Bordieu; estados objetivos, cuando  se habla de “patrimonio” artístico cultural, de herencia o de capital cultural, de instituciones culturales, de “cultura objetiva”, de cultura material.

 

De forma general predomina el sentido activo del término, que hasta el siglo XV se aplica casi exclusivamente al cultivo de la tierra según Jacques Charpentraux, René Kaes.

Sólo excepcionalmente encontramos el uso analógico referido al “cultivo” de las facultades o de las capacidades humanas, como el caso de la “cultura animi” ciceroniana, con una connotación fuertemente selectiva, elitista e individualista. A partir de aquí la cultura será ante todo, un concepto valorativo, predominantemente ligado a la personalidad del individuo: mediante su adquisición el hombre obtiene una  forma más elevada de identidad social e individual. El hombre así formado se encontrará más cerca de quienes se han formado de la misma manera, y más lejos, en cambio, de todos los demás. El concepto de cultura desde su origen está íntimamente ligado con la constitución y perpetuidad de las jerarquías sociales. El ciudadano culto en la antigüedad se elevaba, consciente o inconscientemente, por encima de los incultos.

 

Las tesis culturales premarxistas destacan la existencia de la cultura en dos formas, una objeto y resultado terminado, la otra en forma subjetiva; esto es: el hombre como creador sentando las bases de su propia existencia y al mismo tiempo desarrollando sus capacidades de asimilación. Su principal limitación conduce al desarrollo de la forma subjetiva-activa.

 

La cultura en su origen se puede percibir como producto humano en un primer momento, que se “construye” en la vida social comunitaria, se produce o genera, se transmite o comunica y preserva históricamente las manifestaciones culturales como manera de mantener la cohesión social, apoyada en el sentimiento de pertenencia y ubicada en un espacio particular que es donde se asienta la comunidad, aunque la misma cambie de geografía, se mantendrán la identidad y esto lo realiza cada generación a través del  tiempo.

 

El campo de la cultura es vasto y cambiante. Nadie, ni siquiera un equipo de investigadores, puede hacer una reconstrucción tan detallada de toda una sociedad, ni siquiera de un grupo pequeño, sin embargo, es posible obtener datos cuidadosamente descritos de los aspectos más importantes de una cultura.

 

En 1871, Edgard Taylor publicó su “Cultura Primitiva”, y aunque, la nueva ciencia, la moderna antropología que él creó prácticamente desde sus cimientos, ha tenido muchos y grandes hombres durante ese período, ningún libro acerca de esta materia  ha resistido la prueba del tiempo tan bien como el suyo, por eso parece recurrente considerarlo a modo de fundamento toda vez que fue siempre mucho más historiador humanista y racionalista  que científico natural. Es en la historia de la humanidad en lo que estuvo interesado, en la historia tal como la ha forjado el hombre, y no como resultado de las causas naturales, así señala: “Todos los historiadores que no son simples cronistas han interpretado siempre los hechos culturales como constitutivos, no de una simple sucesión de acontecimientos sino también de una conexión”.

Para Taylor la cultura es “ese complejo conjunto que incluye el conocimiento las ciencias, las artes, la moral, las leyes, las costumbres y cualesquiera otras aptitudes y hábitos adquiridos por el hombre como miembro de la sociedad”.

Subyacen en este concepto algunas implicaciones, la susceptibilidad de ser investigado según principios generales como materia adecuada para el estudio de las leyes del pensamiento y de la acción humana. Así se anota, en primer lugar, el sentido del isocronismo el cual puede atribuirse, en gran medida,  a la acción de causas uniformes: mientras por otra parte, sus diversos grados pueden considerarse como fases del desarrollo o evolución, cada una como resultado de una historia anterior, y dispuestas a desempeñar su propio papel en la configuración de la historia del futuro.

 

En este concepto se observa también un uso equivalente de los términos cultura y civilización, revelando la idea euro-céntrica de que occidente es la cúspide de la evolución humana, mientras las otras culturas, constituyen grados inferiores de ese proceso. Más allá de esta idea que justifica al colonialismo, se encuentra en Tylor algunas claves importantes sobre la definición antropológica de cultura. Al definirla como “un todo complejo”, se supone la inclusión de una serie de elementos de carácter simbólico, pero también elementos concretos como las costumbres, hábitos y otras capacidades. Además advierte el carácter adquirido de la cultura, en la última parte del párrafo citado.

 

Franz Boas, representó una reacción contra la corriente del evolucionismo, o “evolución lineal” por la que todas las culturas tenían que pasar de manera idéntica por las mismas etapas, ante esa postura, insiste en diferenciar la herencia biológica de la herencia social.

 

Para F. Boas toda cultura debe ser investigada y descrita en su contexto histórico con sus rasgos que le son característicos y que constituyen su individualidad y debe evitarse la comparación en paralelo con otras culturas. A esta escuela crítica de la “evolución lineal” pertenecen R. H. Lowie y A. L. Kroeber, entre otros.

 

El método de Franz Boas es la realización de su trabajo en equipo con los propios pobladores, en su postura como difusionista consideró que sólo el pasado hace inteligible cualquier fenómeno cultural.

 

Bronislav Malinowski y A. R. Radcliffe-Brown, fueron integrantes de la escuela  del funcionalismo y señalaban la existencia de una relación mutua entre rasgos culturales, pero creían que la simple enumeración de estos y sus características culturales no explicaba el funcionamiento coordinado como sistema dinámico de las sociedades.

 

Malinowski se centraba en la manera en que funcionaban los rasgos culturales para satisfacer las necesidades individuales primarias de orden biológico y las necesidades derivadas resultaban de las distintas respuestas dadas a las necesidades primarias, la cultura era entonces un sistema cerrado y relacional con un funcionamiento invariable, de acuerdo a sus ideas: “la cultura  evidentemente es el conjunto integral constituido por  los utensilios y bienes de los consumidores, por el cuerpo de normas que rige los distintos grupos sociales, por las ideas y artesanías, ciencias y costumbres. Ya consideremos una simple y primitiva cultura o una extremadamente compleja y desarrollada, estaremos en presencia de un vasto aparato, en parte material, en parte humano y en parte espiritual , con el que el hombre es capaz de superar los concretos, específicos problemas que lo enfrentan”

 

La concepción de este autor con todos los adelantos que en los métodos de la antropología se han hecho, sigue pareciendo un instrumento útil para aquellos que comienzan sus observaciones directas en una nueva sociedad no menos que para el teórico que analiza los datos que de ese modo se han realizado.

 

La cultura ha sido objeto de tratamiento desde perspectivas metodológicas y teóricas diversas y se le ha conceptualizado momento de desarrollo de  la ciencia.

Así la escuela culturalistaa a la que pertenecen Ruth Benedict, Margaret Mead, Ralph Linton, Melville J. Herskovits, entre otros, trabajaron las nociones de “...modelo social y norma social...”  explican a la cultura como algo que ya está estructurado,  jerarquizado, seleccionado, bajo estos aspectos están los comportamientos que se podían observar y los sistemas de valores compartidos por el grupo social estudiado. Consideraban a la cultura “...como una ‘dimensión normativa’ que definirá toda una gama de términos como ‘modelos, pautas, parámetros, esquemas de comportamiento’...” es en esta perspectiva el concepto de cultura, una totalidad que subsume las particularidades para normarlas, como lo afirma la definición de que la cultura es “...todos los esquemas de vida producidos históricamente, explícitos o implícitos; racionales, irracionales o no racionales, que existen en un determinado momento como guías potenciales del comportamiento humano”

Esta escuela llevó después al configuracionismo a algunos de sus miembros como Ruth Benedit, quien afirmaba que los rasgos culturales no sólo se relacionaban mutuamente, como sostenían los funcionalistas, sino que se organizaban de acuerdo con ciertas características dominantes que constituían el “ethos “cultural, de la sociedad.

 

Ralph Linton, pertenece a la escuela del configuracionismo y define a la cultura con precisión y dice: “...una cultura es la configuración de los comportamientos aprendidos y de sus resultados, cuyos elementos componentes son compartidos y transmitidos por los miembros de una sociedad...”

Claude Lévi-Strauss como máximo exponente de la escuela estructuralista cuyo antecedente fue la idea de que la cultura es también un sistema de reglas, ideas que devienen de Emile Durkheim y de Marcel Mauss,  profundizó en la búsqueda de una explicación, tomando como contexto a la naturaleza donde el hombre vive y tiene un producto de esa interacción, destacó que la cultura era, la ausencia o presencia de reglas por lo que se distingue; por eso la cultura es: “...todo lo que en el hombre es universal pertenece al orden de la naturaleza y se caracteriza por la espontaneidad; mientras que todo lo que se halla sujeto a una regla pertenece al orden de la cultura y presenta los atributos de lo relativo y particular”. (1981: 41) Sin embargo, no hay comparación posible entre las “reglas” de los estructuralistas con “las normas” o “pautas” de la escuela culturalista.

 

Lévi- Strauss ha vinculado a la comprensión de la cultura, el símbolo y ha considerado que éste es algo intrínseco, como elemento de la vida social y por lo mismo, es una dimensión que tiene la práctica humana,  lo lleva a incursionar en una concepción semiótica de la cultura. Refiriéndose a la cultura señaló: “…todo lo que en el hombre es universal pertenece al orden de la naturaleza y se caracteriza por la espontaneidad; mientras que todo lo que se halla sujeto a una regla pertenece al orden de la cultura y presenta los atributos de lo relativo y particular” .

Esta definición hace énfasis en el carácter histórico y relacional de la cultura.

Kroeber y Kluckhohn, luego de hacer un inventario de más de 164 definiciones de cultura, elaboran un concepto a partir de los elementos fundamentales y recurrentes de aquellas.

La cultura consiste en patrones (“patterns” o modelos), explícitos o implícitos, de y para la conducta, adquiridos y transmitidos mediante símbolos, constituyendo los logros distintivos de los grupos humanos, incluyendo sus expresiones y artefactos; el núcleo central de la cultura se compone de las ideas tradicionales (es decir derivadas y seleccionadas históricamente) y especialmente de los valores que se le atribuyen; los sistemas culturales pueden por una parte ser considerados como los productos de la acción; por otra como elementos condicionadores para otras acciones.

La idea de que la cultura es un sistema de modelos o patrones “de y para la conducta”, nos remite a la importancia de la educación en este proceso de adopción de moldes artificialmente creados, donde se debe calzar. Pero también habla de la posibilidad del cambio sociocultural, en tanto esos modelos no son “naturales” ni “dados”, sino productos de la acción humana. La posibilidad del cambio cultural está en la afirmación de que “los sistemas culturales son productos de la acción” pero que a su vez actúan como elementos condicionadores para otras acciones”. Estas otras acciones pueden devenir en nuevos sistemas culturales.

Cultura en su acepción más amplia es una forma integral de vida, con una dimensión simbólica (planes, modelos) construidos social, histórica y selectivamente, que se concretan en las relaciones entre personas, entre comunidades, y con la naturaleza. La dimensión concreta de la cultura está conformada por hábitos, prácticas, objetos y relaciones. Existe no como algo estático sino como un proceso de reproducción permanente de sí misma. La reproducción depende de la adopción e insistencia de estos modelos simbólico-prácticos.

 

La definición de la cultura como totalidad, que piensa tanto el universo de la simbolización, sus relaciones con lo concreto, y su realización en las relaciones sociales que genera, es muy próxima a la definición de lo socio-cultural. Siendo la definición específica de la cultura referida a lo simbólico, una concepción más precisa de lo cultural, como existencia particular y distinta a lo social.

 

Alfred Nadel plantea con claridad este problema: existe una especificidad de la cultura que la diferencia de lo social. Sociedad es “...la totalidad de hechos sociales sobre la dimensión de las relaciones y agrupaciones. Cultura, la misma totalidad en la dimensión de la acción con sentido...”

 

Para Clifford Geertz la cultura es un contexto extra somático de inteligibilidad e información que rebasa los fenómenos biológicos y psicológicos.

El hombre es un animal suspendido de una trama de significaciones que él mismo ha tejido; en consecuencia entiendo la cultura como esa red... no es un fenómeno psicológico, una característica del pensamiento, de la personalidad o de la estructura cognoscitiva... la cultura es un contexto, algo dentro de lo cual todo eso pueda ser inteligiblemente, es decir, ampliamente, descrito.

Cultura al ser definida como dispositivos simbólicos para controlar la conducta, como fuente extra-somática de información, suministra el vínculo entre lo que los hombres son intrínsecamente capaces de llegar a ser y lo que realmente llega a ser uno por uno.

Para Stuart Hall la cultura es uno de los dos sistemas de representación fundamentales, a través de los cuales los humanos organizan, clasifican conceptos y establecen relaciones entre ellos para lograr inteligibilidad sobre el mundo concreto, que es su referente real. La cultura es equivalente al sistema de representación conceptual (mapa conceptual), el otro sistema de representación es el lenguaje, que constituye la forma, el significante de los significados conceptuales:

…porque interpretamos el mundo de manera aproximadamente igual, podemos construir una cultura compartida de sentidos, y por tanto construir un mundo social que habitamos conjuntamente. Por ello la cultura es definida a veces en términos de sentidos compartidos o mapas conceptuales compartidos.

Es una definición de tipo semiótica, que reconoce el origen concreto de los signos y su posibilidad de actuar y construir el sistema social. Cultura es el entramado de significaciones con el cual los humanos se representan el mundo social y natural, dan sentido a sus acciones y relaciones, formula e interpretan sus comunicaciones.

 

Raymond Williams propone evitar una excesiva generalización o particularización del concepto de cultura: “Para evitar esto, subrayando el carácter central de su tipo de definición podemos especificar y reforzar el concepto de cultura como un sistema significante realizado”.

 

Se dice que la cultura es un sistema significante realizado, en tanto este sistema de sentidos encuentra su concreción material en la sociedad: “Efectivamente el sistema social y el sistema significante sólo se pueden separar de forma abstracta, puesto que en la práctica y en una escala variable son mutuamente constituyentes”.

 

No solo que la práctica social es la concreción del sentido, sino que ambas dimensiones se constituyen sólo en su interrelación.

 

Estas diferentes perspectivas en el acercamiento conceptual a los problemas de la cultura pueden ser resumidas de la siguiente manera:

 

 

 

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