ENSAYOS SOBRE LA HISTORIA, LA FILOSOFÍA Y LA SOCIOLOGÍA DE LA EDUCACIÓN

Carmina García de León

CAPITULO III
¿Para qué adoptar modelos educativos que causan agotamiento, tensión, fatiga y estrés, por múltiples tareas realizadas a la vez?


       A lo largo de más de cuatro décadas se realizaron cambios en relación al trabajo, a las tareas y a la educación de las mujeres; lo que permitió su activa participación en diversos campos del conocimiento, de la política, de la economía, etc. Sin embargo este nuevo modelo educativo,  que fue construyéndose en estos últimos tiempos, está en crisis, está causando nuevos malestares en las mujeres que lo adoptaron. Por lo que desde el final del siglo pasado y durante este nuevo milenio, se han realizado estudios por sociólogas, psicólogas y comunicadoras, sobre el malestar que experimentan muchas mujeres de la clase media, las que en su mayoría nacieron en la década de los sesenta y setenta del siglo veinte, debido a la aplicación del ya no tan nuevo  modelo que se gestó como resultado de la ruptura con el anterior tradicional  modelo.
      Si el modelo educativo anterior que hizo crisis a fines de los años cincuenta, como narra Betty Friedman en su libro “La Mística de la Femineidad”, causaba sentimientos de aburrición, insatisfacción y fastidio en las mujeres por no tener su propio proyecto personal creativo y productivo; el modelo  actual también está en crisis; pero a diferencia del anterior, la aplicación de este nuevo modelo, causa nuevos malestares: sentimientos de tensión, de estrés,  cansancio,  fatiga y agotamiento.
      Este nuevo y extenuante modelo exige nuevos lineamientos, nuevos requisitos para las mujeres que deciden adoptarlo y someterse a su cumplimiento, como lo detalla Carmen Villoro:

  1. Estar en tres partes al mismo tiempo; contestar cuatro preguntas simultáneas; recordar que en la cena uno quiere la leche con azúcar pero sin chocolate, otro la quiere con chocolate pero tibia, otro la desea con azúcar y chocolate, y otro nada más quiere el chocolate.
  2. Llevar a los hijos al pediatra, al dentista, al oculista y al ortopedista. Conducirlos a sus clases de natación, música, pintura  gimnasia y taller de tareas. Detenerles la bicicleta cuando están aprendiendo en ella. Asistir a las juntas de padres de familia.
  3. Mantener la casa limpia y recogida, es decir lavar los trastes, barrer, trapear, sacudir y acomodar y hasta planchar bien los cuellos de las camisas. Cocinar, preparar diferentes platillos  dependiendo, de la colitis de la hija, o del sobrepeso del hijo.
  4. Hacer dietas para no pesar más de 58 kilogramos, correr y hacer aerobics Estar siempre ardiente, sensual y de preferencia ser multiorgásmica
  5.  Al mismo tiempo estudiar por lo menos una licenciatura. Trabajar para no sentirse frustrada después de tantos años de estudio. Continuar con una maestría, esforzarse por hacer la tesis y pasar el examen de idioma.  Leer el periódico para estar enterada de lo que ocurre en el mundo.
  6. Estar contenta, tranquila y sobre todo muy,  muy  descansada.

 

          Pero sucedía exactamente lo contrario, como lo señala la psicóloga argentina Mabel Burin,  las mujeres no estaban descansadas, sino agotadas, tensas y exhaustas, como lo narran las pacientes que acudían a su consulta:
Susana que es odontopediatra, al principio de su consulta refiere:” Me siento agotada, llego de mi trabajo por la noche y me resulta un sacrificio ponerme a preparar la cena o ayudar a los chicos con sus trabajos para la escuela. Cuando me voy a dormir, lloro de angustia, porque pienso que al día siguiente será lo mismo, y no puedo dejar de hacerlo. Si me enfermara tomaría licencia en el hospital, podría no ir en las mañanas, pero en la tarde tengo que atender mi consultorio.  Hay que pagar la hipoteca de la casa, las colegiaturas, etc. por lo que me transformo en una máquina de trabajar. Hace un mes que estoy sin empleada doméstica, estoy buscando una nueva, pero le tendría que pedirle a mi mamá que venga a casa y se quede con ella para explicarle el trabajo, yo no puedo faltar, pero no quiero volver a molestarla, porque también está cansada de ayudar a todos mis hermanos.
El otro día me levanté con los chicos a las 7 de la mañana, los dejé en la escuela y me fui al hospital, después al curso y después a atender mi consultorio. Llegué a casa a las ocho de la noche, estaba todo hecho un lío, desordenado, la ropa sucia, la cena sin preparar. Bastó que uno de mis hijos protestara porque la carne se había pasado un poco, para que yo estallara de furia y le grite. Al día siguiente me sentía angustiada, no me podía concentrar en lo que hacía. Mi hijo me preguntaba porque estaba así,  tan cansada, tan enojada. El  fin de semana salimos con unos amigos  y sus hijos pero yo tenía que atenderlos, que ofrecerles comida, mantas cuando empezó a refrescar, lo que me dejó más agotada.
Es bastante común que últimamente me duela el estomago después de la cena, ni puedo dormir bien de noche, duermo con tensión y me despierto agitada por la mañana pensando en el día que me espera. Además me siento mal porque al no haber una persona que se encargue de mis hijos por la tarde cuando salen de la escuela, tienen que ir a casa de su abuelita, o de sus tíos o de algún amiguito esperando que yo los pueda ir a recoger.
Es una sensación de tanta responsabilidad, de que todo es urgente y que nada puede esperar. Mi esposo también está cansado, estresado, pues él trabaja todo el día y hay tanto tráfico que tiene que comer cerca de su oficina. El también llega fatigado y tensionado porque no sabe por cuánto tiempo podrá conservar su trabajo, ya que habrá cambios en el gobierno, el no tiene una plaza segura, trabaja por honorarios, con muy pocas vacaciones.
Susana durante otra sesión expresa: "No es habitual que yo esté contenta y mucho menos radiante, pero el otro día me sentí así. Fui a la reunión con mis compañeras de posgrado. Había un congreso, yo era coordinadora de una mesa y una compañera me dijo que era lindo verme así, tan sonriente, tan contenta, es cierto me sentía muy bien ese día. Lo habitual es que yo este con medio tono de entusiasmo en un clima de opacamiento, neblinoso. A veces me imagino que tengo un momento de brillo, especialmente cuando estoy de vacaciones. Voy a la playa y ahí me siento radiante, a pleno sol, siento que el sol y yo brillamos juntos, que me da ese calorcito que me hace sentir tan bien, es tan placentero para mí. Es como estar cuidada por algo tibiecito, es algo que da calor. Pero también es por el contacto sobre mi piel, porque también me imagino esa sensación de entrar al agua, con la piel calientita y el agua que me refresca; flotar sin peso,  La semana pasada empecé a ir a una alberca, voy a nadar antes de entrar al hospital, es algo que  tenía que hacer para mí, ahí yo me siento bien.  La mayoría de los días, por estar haciendo lo que tengo que hacer, no me doy cuenta si estoy bien o mal, sólo hago las cosas debidas; sólo me doy cuenta de que algo no me hace bien cuando me siento mal, pero muy mal, ahora estoy prestando más atención a lo que me hace sentir bien, no me resulta fácil, pero quiero lograrlo, pero el problema es que me siento, tan cansada, tan fatigada que no me quedan fuerzas”.
“Era una buena madre,
estudiaba y trabajaba
y al mismo tiempo
participaba políticamente
iba a marchas y plantones
e incluso para el gimnasio
tenía tiempo.
las ventanas estaban relucientes
lo mismo que las alfombras y manteles
a los perros atendía y bañaba
el pasto también cortaba
todo lo del super cocinaba
y el suelo como espejo dejaba
cuando la ambulancia llegó a buscarla”                                   
                                          Leona Holstein

Esta crisis de cansancio, de tensión, de agotamiento y fatiga que causa gran malestar y hasta produce enfermedad; no sólo es el resultado de la aplicación de erróneos modelos  económicos, políticos y sociales; sino sobre todo de la  aplicación de ilógicos modelos culturales  que no hay  que  adoptar, elegir, seguir o cumplir;  al contrario es necesario cambiarlos,   junto con los de “fusión confusión con una lógica de cabeza”.

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