LA RESPONSABILIDAD Y LA SEXUALIDAD: DINÁMICAS EN LOS ESTUDIANTES ACTUALES

Alexey Megna Alicio

1.2.2 Fundamentación psicológica y pedagógica

La actividad se ha definido como una forma específica humana de la relación activa hacia el mundo circundante, cuyo contenido es su cambio y transformación racional. La actividad práctica por su parte designa la actividad material adecuada a fines, es decir, una esencial relación sujeto-objeto donde lo ideal y lo material se convierten recíprocamente.

El objeto es aquella parte del mundo que el hombre humaniza, que se integra a su realidad mediante la práctica social. En este sentido el hombre conoce el mundo en la medida que lo integra a su actividad. El sujeto, por otra parte, como categoría filosófica, designa al hombre socio-históricamente determinado y portador de la práctica social.

La práctica histórico-cultural es el núcleo determinante de la actividad que media la relación sujeto-objeto, sin la cual es imposible concebir la actividad.

El trabajo es la forma determinada por la práctica, en tanto es forma especial humana de mediar la relación sujeto-objeto. En esta relación la actividad humana se expresa como una síntesis que integra a manera de tres momentos o dimensiones de la forma existencial de la realidad social: la actividad práctica, la actividad cognoscitiva y la actividad valorativa.

La actividad práctica deviene punto de partida en la explicación de la relación sujeto-objeto y la actividad cognoscitiva y la valorativa son desprendimientos de la primera. La práctica es inconcebible sin la necesidad social, los intereses, los fines, los medios y condiciones que le sirven de premisa.

La práctica es fundamento y fin del conocimiento, así como criterio objetivo de su veracidad. Por otra parte la actividad cognoscitiva constituye una forma esencial de la actividad espiritual del hombre. Condicionada por la práctica, refleja la realidad y la reproduce en forma de conocimiento que se expresa en principios, leyes, categorías, hipótesis, teorías, etc.

El conocimiento media toda actividad humana incluyendo su fundamento sustancial: la práctica. La actividad cognoscitiva se manifiesta en la interacción dialéctica sujeto-objeto, cuyo resultado se expresa en determinado conocimiento de la realidad aprehendida a dicho proceso.

El hombre no solo refleja los objetos tal y como existen con independencias de sus necesidades e intereses, sino que, además, los enjuicia desde el ángulo de la significación que estos objetos poseen, es decir, los valora positiva o negativamente.

La valoración constituye aquel proceso de la conciencia humana en el cual se unen, por un lado, cierta información acerca de los objetos y fenómenos de la realidad objetiva y, por el otro, determinada información acerca del estado de las necesidades del sujeto valorante. La autovaloración es básica en este proceso y se relaciona con la autorreflexión.

Las condiciones sociales constituyen un conjunto de positivas influencias que se ponen de manifiesto en nuestros estudiantes, no obstante la necesidad de fortalecer la formación de valores de las nuevas generaciones mediante un sólido proceso de asimilación en el que inicia lo cognoscitivo y lo afectivo, producen en los estudiantes nuevas necesidades y motivos que hacen elevar la importancia de tan relevante tarea pedagógica, porque las condiciones actuales de existencia en nuestro país revelan que estamos viviendo momentos difíciles de profundos cambios tanto en la arena internacional como de modificaciones internas trascendentales.

En el plano educacional concretamente se analiza con fuerza una problemática de connotación social, y de una importancia social, la formación de valores de las nuevas generaciones, pues de ello dependerá en grado sumo, la continuidad histórica de nuestro proceso revolucionario fijando en los adolescentes los valores del socialismo que los lleven a actuar con un sentido humano y profundo, integralmente desarrollado.

Cuando hablamos de formación de valores morales nos referimos a un proceso educativo en el que el contenido axiológico de determinados hechos, formas de ser, manifestación de sentimientos, actuaciones o actitudes humanas, con una significación social buena, y que provocan una reacción de aprobación y reconocimiento (vigencia), en el contexto de las relaciones interpersonales, trascienden a nivel de la conciencia individual del niño o el joven (Nancy Chacón Arteaga, 2006).

En la labor ideológica se distinguen dos áreas bien delimitadas: la actividad teórica y la práctica. Entre ambas existe estrecha vinculación, pero cada una de ellas tiene su propio contenido y sus propias funciones. La actividad teórica se encarga de conservar los postulados fundamentales de la teoría Marxista – Leninista, de desarrollarla mediante el estudio y la generalización de la experiencia práctica a través del análisis permanente de los diferentes fenómenos de procesos reales. La actividad práctica está relacionada con la labor de propaganda u orientación directa de las masas como define el Programa del PCC.

La propaganda tiene como función fundamental, la educación y transcripción de los contenidos de trabajo independiente de forma más asequible a los diferentes grupos socio–profesionales. La propaganda instruye, educa y moviliza, o sea, prepara al sujeto para su activa participación en la construcción y defensa del socialismo.

Realizar un análisis de la formación del valor responsabilidad, presupone tener en cuenta los fundamentos teóricos y metodológicos que la sustentan a partir de postulados y teorías axiomáticas, psicológicas y pedagógicas que se asumen.

En el sujeto debe aparecer una concientización en el transcurso del proceso de socialización mediante la asimilación por él de la cultura material creada, que posibilita la valoración crítica de la realidad para su transformación. Este proceso tiene lugar como una gradual interiorización de lo externo social y su transformación en el interno individual desde la autovaloración y la autorreflexión en el contexto de los diferentes grupos en que tiene participación, en la actividad que realiza en función de las circunstancias objetivas de la vida y sus características muy propias, lo que pone de manifiesto el carácter histórico de la formación de la personalidad y el papel activo del sujeto en la formación.

El modelo de hombre a formar en cada sociedad existe y será punto de referencia de la educación, lo que no es más que la exigencia de la sociedad respecto al hombre a formar. Un modelo que se ajuste a las posibilidades y características de las diferentes edades y que sirva de referencia al docente, al padre y al propio estudiante en la meta a trazar en su formación.

En su conceptualización psicológica el valor debe ser analizado teniendo en cuenta su naturaleza objetiva y subjetiva, el significado atribuido tiene una naturaleza subjetiva, toda una vez existe individualmente en los seres humanos capaces de valorar, pero al mismo tiempo tiene una naturaleza objetiva en tanto constituye parte de la realidad social e histórica en la que se desarrolla el ser humano; los valores existen en el sujeto como formaciones motivacionales de la personalidad que orientan su actuación hacia la satisfacción de sus necesidades. De esta manera un estudiante es responsable no porque conozca la importancia del valor responsabilidad o la circunstancias lo obliguen a ser responsable, sino porque siente la necesidad de actuar responsablemente. La responsabilidad en este caso deviene un motivo de la actuación. Por tanto solo cuando los valores constituyen motivo de la actuación del sujeto se convierten en verdaderos reguladores de su conducta. El sujeto puede asumir una posición activa o pasiva en la expresión de sus valores.

La posición activa en la expresión de los valores caracteriza un nivel superior de desarrollo y se manifiesta cuando el sujeto actúa espontáneamente, con iniciativas en la expresión de sus valores. Este nivel se corresponde con lo que Fernando González Rey (1991), denomina valores personalizados. La posición pasiva en la expresión de los valores formales, es decir cuando el sujeto actúe por conocimiento, por sentir la necesidad de actuar de esa manera, y no por presiones externas, por ejemplo: dos estudiantes pueden actuar solidariamente, sin embargo uno lo hace solo cuando siente una presión externa, mientras que el otro lo hace cuando sea necesario.

El proceso de la socialización se produce a través de la comunicación de la persona en las diferentes esferas de la vida: comunicación con las otras y en la diversidad de expresiones sociales del hombre, desde la formación de la pareja hasta la fijación de una posición política concreta. Las que se configuran alrededor de necesidades que se van desarrollando en esas diversas relaciones. Los valores constituyen, el tipo de motivación que definen la formación en que nos implicamos en los distintos tipos de relaciones de las que somos parte. Estos no se fijan por un proceso de comprensión por lo tanto no son una expresión directa de un discurso que resulta asimilado, sino el resultado de una expresión individual.

La formación de los valores es un complicado proceso interno, personal que no puede ser impuesto por fuerzas internas que exijan respuestas inmediatas a un nivel contextual. El sujeto, por tanto no es resultado pasivo de este proceso sino una parte activa de su desenvolvimiento. Los valores son entonces, una expresión de la realidad viva y actual de cada uno de los sectores constitutivos de la trama social, así como los sujetos que la integran.

En la adolescencia el desarrollo de la personalidad tiene lugar muy sustancialmente a través del aprendizaje organizado por la escuela, cuya misión es formar y educar la joven generación, de acuerdo con los objetivos educativos de su orden social. El estudiante pasa una gran parte del día en la clase, tiene que adaptarse a las condiciones escolares como son el orden escolar, la atmósfera de la clase, la autoridad del profesor, o sea conducirse disciplinadamente.

En esta etapa los estudiantes son capaces de emitir juicios, opiniones y puntos de vista morales relativamente estables. Surge en ellos un sistema de normas y exigencias propias que pueden defender con bastante firmeza, incluso sin tener en cuenta las consecuencias que esto les pueda traer. Además funciona de forma escéptica, responden rápidamente con desvalorización, o bien con observaciones presumidas y protestas por cualquier requerimiento.

En la adolescencia comienza a desarrollarse la conciencia de la autonomía y la responsabilidad. Solo que la decisión y su realización dependen de él.

Se interesan por comprender las particularidades de la personalidad de los demás y la suya propia para valorar sus posibilidades y juzgar sus conductas y las de su grupo.

Los cambios corporales que anuncian la pubertad, que marcan el inicio de la adolescencia, provocan cierto desconocimiento en los púberes y adultos más cercanos. El desconocimiento y el miedo al adolescente son tan grandes que se extienden a descalificar, como si no pasara nada, como si fuera una simple etapa de transición. Entonces al no entender qué sucede, se abandonan o se le pone grilletes al desarrollo de la fantasía de evitar el cambio, asignándole una importancia suprema a los problemas de salud reproductiva, sin entender otras demandas esenciales del proceso de crecer, que sientan pautas para toda la vida. Por lo que es responsabilidad de la familia no limitar este desarrollo.

En esta etapa de la adolescencia, al igual que la niñez y la juventud son momentos ideales para formar y consolidar valores, estos propician que afloren virtudes humanas. En el sujeto la formación de valores no ocurre de forma lineal y espontánea, sino que pasa por un complejo proceso de elaboración personal en virtud del cual los seres humanos en interrelación con el medio histórico-social en el que se desarrolla construyen sus propios valores.

Es por ello que los valores más específicos como la responsabilidad, son reflejados por cada sujeto de manera diferente en dependencia de su historia individual, capacidades, intereses, es decir, no siempre los valores jerarquizados esencialmente por unos son asumidos igualmente por todos los miembros de la sociedad.

Fernando González Rey (1991) al referirse a la importancia de comprender la complejidad de la naturaleza subjetiva de los valores en su función reguladora de la actuación del sujeto, establece la diferencia entre lo que denomina “valores formales” y “valores personalizados”.

El valor en su existencia subjetiva individual se manifiesta como motivo de la actuación, por tanto los valores existentes en el sujeto son formaciones motivacionales de la personalidad que orientan su actuación hacia la satisfacción de sus necesidades.

La formación de valores, en el preuniversitario debe producirse mediante la comunicación entre profesores y estudiantes en el proceso de enseñanza aprendizaje, donde este último asuma la posición activa durante la clase en la apropiación individual de los significados para la apropiación de los valores.

El docente debe dominar qué es un valor y cómo regula la actuación del estudiante, entonces estará en condiciones de propiciar su formación y desarrollo en el proceso de enseñanza aprendizaje.

El estudiante estará en condiciones de formar sus valores en el momento en que este deje de ser objeto de aprendizaje, que repita mecánicamente la información que recibe y se convierta en sujeto que procesa información y construye conocimiento a partir de sus intereses y conocimientos previos sobre la base de un conocimiento profundo de reflexión en el que toma partido y elabora puntos de vista y criterio propio.

La relación profesor-estudiante debe basarse en el respeto mutuo, la confianza y la autenticidad puesto que el docente debe ser modelo de actuación para los estudiantes. Para contribuir a la formación de valores del estudiante es necesario crear espacios de reflexión en el proceso de enseñanza-aprendizaje, que les permita aprender a valorar, argumentar sus puntos de vista, defenderlos ante los que se oponen a ellos, donde tenga libertad para escribir su criterio, discrepar, plantear iniciativas, escuchar y comprender a los demás, para enfrentarse a los problemas con seguridad e independencia, para esforzarse por lograr sus propósitos.

Educar es esencialmente una tarea perfectiva, optimizadora y al final de dicha acción educativa, debe resultar que los educandos sean más valiosos, que hayan alcanzado nuevos hábitos valorables, expresión auténtica de la calidad educativa, lo que está determinada por la profundidad y extensión de los valores que hayamos sido capaces de suscitar y actualizar. Donde se desarrolle la autorreflexión como criterio para la autorregulación de la actuación.

Lograr una educación moral precedida del ejemplo y con una gran cuota de responsabilidad en ello, es un reto para los educadores.

Solo cuando la orientación ocupe el lugar que le corresponde y estimule la autovaloración y el autocontrol de lo realizado, se podrá contribuir a un desarrollo más pleno del estudiante, con el aprovechamiento de todas sus potencialidades y habilidades, llegando a ser personas responsables, independientes, con criterios creativos y laboriosos en el medio en que se desenvuelven en la sociedad.

Cómo aplicar los fundamentos pedagógicos y psicológicos de todo el trabajo con valores (Celia Diaz Cantillo y Lucía .Y Rafael Martínez, 2007):

 Hay que precisar los modelos, las aspiraciones para lo cual no podemos valernos de actividades donde normalmente se hacen narraciones, lecturas, charlas, diálogos, conferencias, debates, análisis de personajes de películas, de actos que se han realizado, entre otros, que no promuevan las reflexiones y valoraciones críticas.

 Hay que objetivar, estos modelos: juegos, trabajos en equipos, asignación de responsabilidades, fiestas, actividades productivas y socialmente útiles.

 Hay que lograr la reflexión y la valoración que culmina con la representación de cómo va el proceso y qué hacer, reajustar, con el fin de alcanzar las metas propuestas, y que se refleje en sus conductas responsables.

Todo valor está condicionado por lo que se ha denominado rasgos determinantes que contribuyen a desarrollar cualidades en el sujeto a los cuales los docentes deben contribuir por medio de determinadas acciones.

Rasgos determinantes que contribuyen a desarrollar algunas cualidades en los adolescentes(Celia Diaz Cantillo y Lucía .Y Rafael Martínez, 2007):

Rasgos determinantes. Contribuir a

Respecto a sí mismo, a su capacidad de acción. Fomentar su seguridad en lo que hace y se propone.

Favorecer la autoestima.

Ubicación de la personalidad como sujeto social. Responde a tres preguntas:

 ¿Quién soy?

 ¿Dónde estoy?

 ¿Adonde voy?

Capacidad de autoanalizarse para perfeccionarse. Fomentar el espíritu de auto evaluación y autocrítica.

Sentirse comprometido con sus tareas. Cumplir con lo propuesto.

Asumir las consecuencias de sus actos. Responder con sus actos, pensar antes de actuar.

Asumimos la educación de la sexualidad como una educación en valores. Los comportamientos responsables que deseamos se manifiesten en los adolescentes, sólo pueden sustentarse en valores socialmente positivos.

Las actividades de educación de la sexualidad deben implementarse teniendo en cuenta el sistema de relaciones profesor-estudiantes, estudiantes-estudiantes, que propicie el aporte de cada uno de estos factores en la labor educativa y asegure el clima de comunicación, flexibilidad, creatividad y bienestar adecuados en torno a los estudiantes.

El sistema de relaciones y actividades, debe caracterizarse porque cada uno de los estudiantes tenga que asumir un rol protagónico y sienta que ocupa un espacio, que es respetado y querido por todos lo que le rodean y las normas de convivencia pongan de manifiesto un clima emocional positivo.

Al organizar esta labor educativa en torno al comportamiento psicosexual tiene que asegurarse la atención diferenciada a cada estudiante, en correspondencia con sus necesidades e intereses. Se necesita partir del diagnóstico y determinar las necesidades educativas básicas de los estudiantes.

Sobre esta base es posible realizar actividades educativas que tomen en cuenta las potencialidades e intereses de los estudiantes en la esfera psicosexual.

Para lograr el enfoque educativo en el trabajo de educación de la sexualidad es necesario (Pedro Luis Castro Alegret, 2006):

1. Crear condiciones pedagógicas y comunicativas que favorezcan un clima de confianza, receptividad y reflexión valorativa del docente y los estudiantes.

2. Caracterizar de manera integral el avance de la educación moral y de los problemas que pueda confrontar en su comportamiento psicosexual cada estudiante, visto también en el contexto de su familia y su comunidad.

3. Implementar procedimientos de trabajo que promuevan el diálogo reflexivo y la autovaloración.

4. Lograr un trabajo metodológico diferenciado que permita definir con precisión las acciones de cada asignatura para lograr la incorporación de las temáticas de la educación de la sexualidad y la prevención del VIH/SIDA en el proceso docente educativo.

5. También es necesaria la atención específica a la solución de las dificultades en el comportamiento poco responsables de algunos estudiantes para que ganen mayor responsabilidad en su comportamiento sexual.

6. Una real participación de las organizaciones estudiantiles en esta labor preventiva, asegurando el dialogo sincero y el respeto a su autonomía como organización.

7. El perfeccionamiento de la interacción educativa con la familia, con el objetivo de coordinar y hacer más efectivas las influencias sobre la educación de la sexualidad de sus hijos.

A partir de estos presupuestos filosóficos, sociológicos y psicopedagógicos de los valores y su relación estrecha con la educación de la sexualidad se fundamenta nuestra labor en la Educación Preuniversitaria.

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