APRENDIENDO ECONOMÍA CON LOS SIMPSONS

Isaías Covarrubias

II. La Globalización

1. Organizaciones, multinacionales, subcontratación

Figura 5. La familia Simpson visita una fábrica de automóviles robotizada

En el episodio “Sólo se muda dos veces” (Temporada 8, Nº 2, 1996) Homero es contratado por la empresa Globex Corporation para trabajar en un proyecto de energía nuclear. La familia Simpson se muda de Springfield a su nuevo hogar donde está la sede de la compañía. El jefe de Homero, Hank Scorpio, es un empresario bastante informal que en realidad es un terrorista  fabricante de armas atómicas, aunque en todo momento se muestra motivador y dispuesto a apoyar a sus trabajadores. Homero se siente muy a gusto en su trabajo en la nueva empresa, ignorando cuál es el verdadero objetivo del proyecto en el que trabaja.

En el episodio “Bob el Italiano” (Temporada 17, Nº 8, 2005) la familia Simpson viaja a Italia a buscar un automóvil para el Sr. Burns. Es un auto con un diseño innovador semejante a los Lamborghini y Ferrari y ha sido construido en una fábrica altamente automatizada (Figura 5). La familia Simpson pasea unos días por Italia y en una escena en Pisa, Homero exclama asombrado que había visto fotos de eso, pero no se lo podía creer hasta no experimentarlo. Su incredulidad no es porque está viendo la famosa torre inclinada de Pisa, sino porque está en un McDonald´s (justo en frente de la torre) donde está permitido consumir vino.

En el episodio “Adiós a la India” (Temporada 17, Nº 17, 2006) el Sr. Burns decide cerrar la planta nuclear de Springfield y mudarla a Bangalore, bajo la modalidad de subcontratación. Selecciona a Homero Simpson para que se encargue de la compañía; un primo de Apu que se ocupa de un call center lo orienta a su llegada. En la nueva planta, Homero se gana la confianza de los trabajadores y comienzan a “adorarlo” como un Dios cuando les reconoce derechos y privilegios laborales que no disfrutaban, equivalentes a los de sus colegas norteamericanos.1          

Lo primero que vale la pena destacar de estos tres episodios mencionados, es que retratan en alguna medida las características principales de las organizaciones modernas. Estas propiedades son afines sobre todo al desempeño de las empresas multinacionales de alcance global, aunque algunas de estas características también están presentes en  pequeñas y medianas empresas de entornos locales que funcionan en red.

Estas características son grosso modo las siguientes: a) tienden a ser organizaciones “aplanadas” con un relativamente alto nivel de autonomía de los trabajadores en la toma de decisiones; b) la mayoría de sus trabajadores son “analistas simbólicos” o trabajadores del conocimiento, importando más la calidad que la cantidad del capital humano; c) son empresas flexibles que desarrollan estrategias para adaptarse a los cambios del entorno; d) la producción y distribución se basa en una estructura reticular, en una red de  integración vertical y horizontal de insumos y productos; e) los procesos de producción están automatizados en al menos alguna fase; f) se apoyan en las TIC; g) hacen uso de la subcontratación para fases del proceso de producción que no son críticas, descentralizando las actividades; h) la innovación y el mercadeo cumple un lugar preponderante en su modelo de negocios.

Las singularidades señaladas para el desempeño de las firmas globales adquieren mayor importancia en la medida que la enorme complejidad implicada en las actividades de producción, distribución y mercadeo de productos y servicios, obliga a diseñar planes y estrategias que permitan reducir de manera sostenida los costos de producción, especialmente los involucrados en la gestión de inventarios, los costos de transacción y los costos de información, a objeto de mantener la competitividad.

Para sostener la competitividad y responder rápidamente a los cambios del entorno, se requiere de trabajadores altamente calificados con habilidades individuales funcionando de manera combinada. Esto es así porque los procesos de producción flexible y en red exigen una suerte de “apareamiento de talentos”, es decir, trabajadores con niveles de calificación muy similares,  evitando o al menos minimizando así la posibilidad de disfunciones de alguna de las partes del proceso de producción lo cual puede convertirse en una amenaza para la producción eficiente del todo.

Las organizaciones planas y el apareamiento de talentos tienen un prototipo, según el teórico de las organizaciones Peter Drucker, en el funcionamiento de una orquesta sinfónica. En una sinfónica cada ejecutante es un especialista que subordina su especialidad a la tarea común de producir una pieza musical en armonía con los demás. Para lograr este objetivo, los especialistas tienen que ser pares, asociados, y la posición de cada uno se determina por su contribución a la tarea común, lo cual hace que tiendan a igualarse más allá de sus capacidades individuales (Drucker, 1994). 

Las organizaciones aplanadas, como Globex, en el episodio “Sólo se muda dos veces”, son un modelo de negocio orientado a resolver problemas en tiempo real y a tener un alto nivel de flexibilidad para responder a la dinámica  impuesta por los cambios del entorno económico. Para lograrlo, además del alto grado de autonomía de los trabajadores, la estructura de incentivos para éstos frecuentemente se respalda en factores motivacionales no necesariamente monetarios. Guarderías en la empresa para los hijos de los empleados, ambiente de trabajo agradable y anti-fatigante y flexibilización de las jerarquías, son representativos de estos factores motivacionales, reflejados en ambientes de trabajo de firmas globales como Google.

En el episodio, como lo documenta Hall (2005), se puede observar el papel que cumple la estructura de incentivos en los procesos de producción de las organizaciones aplanadas. Hall lo analiza a través de la conducta de Homero, quien diseña una estructura de incentivos de muy bajo costo para motivar a los trabajadores basada en ofrecerles rosquillas y la posibilidad de más rosquillas en el futuro. Aunque el incentivo parece un poco fuera de lugar, lo cierto es que su jefe le informa que su técnica motivacional permitió aumentar en 2% la productividad de la compañía.

Autonomía e incentivos son característicos de las organizaciones modernas porque, según Drucker (1994), en la era “post-capitalista” lo más relevante para una organización es la manera como gestione el cambio. Las firmas deben aprender a abandonar prácticas y estrategias relacionadas con productos, procesos y mercados que han quedado obsoletos o que ya no resultan ventajosos. De allí que se necesite de flexibilidad y de autonomía en la toma de decisiones para poder no sólo adaptarse a los cambios, sino también para “crear” y propiciar los cambios. Esto conlleva a procesos de reingeniería que involucran el auto-mejoramiento organizado y continuo y hace énfasis en la innovación como objetivo estratégico y sistemático.

Otra característica de las organizaciones modernas es la de operar con un alto nivel de integración vertical y horizontal, en redes. Un modelo de este tipo son las empresas de un sector económico que forman una compleja retícula de proveedores de insumos y servicios funcionando estrechamente con las actividades de alguna gran empresa productora. En el plano de la economía de redes empresariales, el modelo kan-ban japonés es una representación de las mismas. Desarrollado desde finales de los años cuarenta, el modelo kan-ban fue propiciado por la empresa fabricante de automóviles Toyota y posteriormente adoptado por una gran cantidad de industrias del país asiático.
El “toyotismo” fue capaz de desarrollarse porque existían, según Castells (1999), dos mecanismos específicos a disposición de la Toyota: su control sobre la mano de obra y su control sobre una ingente red de proveedores, formados por pequeñas y medianas empresas, que eran externos a la firma, aunque internos a los conglomerados industriales típicos de la economía japonesa, los keiretsu.

Otro tipo de modelo de cooperación empresarial, orientado hacia la integración horizontal, lo representa las redes o clusters como los conformados por los “distritos industriales” del norte italiano. Formados por empresas pequeñas y medianas especializadas, muy productivas y flexibles, no se organizan alrededor de una firma líder sino más bien apelan a un alto nivel de cooperación, dirigido a lograr economías externas mediante un esfuerzo común de promoción, intercambio de información, estandarización de la calidad del recurso humano empleado y una misma orientación de satisfacción al cliente, adaptando los productos y servicios a sus requerimientos específicos.

También los parques tecnológicos, siendo Silicon Valley su máximo referente, constituyen una expresión de un grupo de empresas, en este caso desarrolladoras de bienes y servicios de tecnologías de punta, operando en red. Para Vázquez Barquero (2005: 65), la reducción de los periodos de innovación, el aumento de los costos de I+D+I, la necesidad de integración de diferentes aplicaciones y la aparición constante de nuevas oportunidades tecnológicas, estimula la cooperación técnica entre estas empresas. Se debe agregar que esta es la razón por la cual este tipo de empresas, sea desarrolladoras de software, firmas de internet, compañías de biotecnología, tiende a localizarse en el mismo lugar para aprovechar las ventajas derivadas de las economías de aglomeración.2      

Generalmente, los clusters de alta tecnología, por la importancia que tiene en su proceso productivo contar con capital humano altamente capacitado e innovador, están vinculados a los centros de investigación y generadores de conocimiento como son, entre otros, las universidades. El desarrollo de Silicon Valley ha estado asociado a la investigación generada sobre todo en la universidad de Stanford y las firmas localizadas en la Ruta 128 tienen una relación similar con el Massachusetts Institute of Technology (MIT).

Esta asociación se repite en muchos países y regiones de esos países, desarrollados y en desarrollo, donde exista un cluster de empresas de base tecnológica consolidado o incipiente y donde organizaciones privadas y públicas apuestan fuertemente por la inversión en ciencia y tecnología. En países emergentes como Brasil y la India, la ciudad de Campinas y el Bangalore Software Complex respectivamente, representan expresiones localizadas de esta tendencia.

Especialmente en las naciones en desarrollo, pero no exclusivamente, los clusters empresariales a menudo se vinculan, al menos en sus inicios, a estrategias de política pública diseñadas para impulsar el desarrollo de un territorio, por lo cual el tejido productivo termina siendo una expresión de las sinergias que en el ámbito del desarrollo territorial o local se establecen entre el sector privado (empresas) y el sector público (organismos de financiamiento, universidades, centros de I+D+I).

Esta apreciación es corroborada por Vázquez Barquero (2005: 54), para quien, en la actualidad, las empresas más competitivas tienen mayores oportunidades de éxito en aquellos lugares que cuentan con una buena infraestructura tecnológica, los recursos humanos están relativamente bien cualificados, existen facilidades financieras, se ha consolidado una red de empresas de alta tecnología y existe un entorno institucional y cultural propicio para la asunción de riesgos y la introducción de innovaciones.
La empresa que entrega el automóvil del Sr. Burns a la familia Simpson en el episodio “Bob el italiano”, puede ser vista como un referente de las propiedades mencionadas. Es una empresa flexible (una vez demandado por el Sr. Burns, el automóvil se fabrica en tiempo real), está altamente automatizada (como muestra la figura 5, la fabrica es casi enteramente manejada por robots), lo cual involucra además tener operarios altamente calificados y seguramente está integrada vertical y horizontalmente con otras firmas del sector (se ubica en la región de la Toscana, en el norte de Italia).

Es un hecho que las organizaciones actuales y del futuro sean empresariales, militares o de cualquier otro tipo dependerán cada vez más de las tecnologías de punta, especialmente de las TIC y, para el caso de las firmas y el estamento militar, del desempeño de robots cumpliendo múltiples tareas. Esta es una apreciación que se deja colar en el episodio “La guerra secreta de Lisa Simpson” (Temporada 8, Nº 25, 1997). En el mismo, Bart y Lisa terminan satisfactoriamente su curso escolar en una academia militar y el director de la academia pronuncia un discurso de despedida para los graduados. Concluye su discurso señalando que las guerras del futuro se librarán en el espacio y la mayor parte de la lucha la llevarán a cabo robots, de manera que la verdadera tarea para los cadetes es formarse para construir y mantener esos robots.

La realidad es que las potencias militares del planeta han avanzado en el desarrollo de robots bélicos y, como lo destaca Giménez (2008), más allá de los dilemas éticos planteados por esta cuestión, la frontera tecnológica en este campo se encuentra en la posibilidad de fabricar verdaderos “soldados robots” con un alto nivel de autonomía en la toma de decisiones gracias a su inteligencia artificial. La posibilidad de guerras robóticas, al menos en algunas facetas de la guerra, ya existe y se desarrolla con base a una estrategia militar no convencional. La nueva estrategia se apoya en un enfoque descentralizado en el mando y en la organización, en red, de forma similar a la organización y funcionamiento de las redes empresariales.     

    La preponderancia de las empresas multinacionales ha sido consustancial y se ha desarrollado en paralelo a la emergencia de estas propiedades de las firmas modernas. Esto es así porque, como lo sostienen entre otros Castells y Hall (1994), las multinacionales siguen constituyendo los centros nerviosos estratégicos de la economía, así como uno de los actores más innovadores de la misma. El modelo de red sigue extendiéndose en virtud de una lógica que asocia el rendimiento esperado de las inversiones de estas firmas a su capacidad de lograr una estrecha interconexión entre los diferentes factores de la producción, la utilización de las TIC y la ampliación de los mercados.

La diferencia con las redes formadas por pequeñas y medianas empresas localizadas es que en el caso de las multinacionales, como bien lo destaca Porter (1999: 203), la mundialización les permite aprovisionarse de capital, bienes y tecnología en cualquier lugar del mundo y ubicar sus actividades en el lugar que les resulte más económico. Por lo demás, la producción de las multinacionales y la inversión extranjera directa (IED) requerida para apalancar financieramente sus actividades globales, a menudo van de la mano y se complementan. Otro dato no menos relevante del desempeño de estas firmas lo constituye el hecho de que alrededor de un tercio del comercio mundial consiste en intercambios asociados a empresas multinacionales.

La capacidad financiera de estas empresas les permite invertir en I+D+I, un aspecto álgido para sostener la competitividad, o participar con mayor facilidad de los resultados logrados en ciencia y tecnología por parte de universidades y centros de investigación. Valga de ejemplo señalar que la división de biología de Toyota está fabricando piezas de automóvil a partir de plásticos cultivados en plantas. La innovación que caracteriza el desempeño de una gran cantidad de multinacionales, al igual que para el caso de los clusters, también se apoya en parte en la estrategia de incorporar la investigación básica y aplicada proveniente de universidades y de otros centros de investigación.
El fenómeno de las multinacionales ya no es un ámbito exclusivo de naciones ricas, pues algunas firmas de países emergentes también han logrado un alcance global, trabajando en red con una gran cantidad de firmas de sus sectores productivos. Según algunas estimaciones, como lo reseña Van Agtmael (2007), alrededor de 10% de las mayores sociedades globales provienen de mercados emergentes y muchas de ellas son incluso más rentables que sus similares de las naciones desarrolladas. Algunas tienen presupuestos de I+D+I mayores a los de sus pares estadounidenses. Más de 25 multinacionales de mercados emergentes son líderes en sus respectivas industrias, entre ellas algunas de las de mayor dinamismo a nivel mundial.3

Este autor también destaca que algunas de estas compañías se ubican en sectores productivos tradicionales, como el gigante mexicano de la industria del cemento CEMEX, o la empresa de gas rusa Gazprom, aunque el grueso de ellas pertenece a los sectores de mediana y alta tecnología como electrónica de consumo, tecnología multimedia e inalámbrica y farmacéutica. Algunas han surgido a partir de ser subcontratistas de otras compañías multinacionales más conocidas de su sector productivo; otras, como la firma fabricante de aviones brasileña Embraer, se sirve en su cadena de suministro de partes y componentes provenientes de empresas de países ricos.

La competitividad y expansión adquirida por varias empresas multinacionales de América Latina la destaca en un reciente informe la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal, 2011), al corroborar un flujo de IED de estas firmas dirigida hacia otras regiones del exterior de alrededor de 43.000 millones de dólares en el 2010.   
Una modalidad característica de los negocios globales lo constituye la práctica de la subcontratación. Numerosas firmas multinacionales recurren a esta práctica porque las mejoras de la productividad se han convertido en el baremo que mide la competitividad de estas empresas en el entorno mundial, por lo cual se vuelve apremiante la búsqueda de las estrategias que permitan reducir los costos. La subcontratación es un tipo de proceso productivo menos flexible porque en este caso la política de la multinacional no es la de fomentar la cooperación, sino la de asegurar los costos más bajos posibles para ciertos procesos de la producción que pueden realizarse off shore.

Por esta razón, las naciones con costos salariales bajos y legislaciones laborales permisivas se convierten en candidatos potenciales para migrar algunas actividades desde la sede matriz de la compañía hacia estos destinos, o incluso, en algunos raros casos, todas las operaciones de la firma. Frecuentemente, el outsourcing se concentra en actividades que no ponen en riesgo la estrategia de innovación o el mercadeo de la multinacional. Los procesos involucrados en la subcontratación a menudo requieren de un recurso humano relativamente menos calificado que el encargado de los procesos críticos en la sede, como es el caso de las maquilas en Centroamérica, o de los call center en la India.

Las críticas a las prácticas subcontratistas de las empresas multinacionales se concentran en denunciar su papel expoliador de una mano de obra a menudo desprotegida, viviendo en naciones con gobiernos incapaces de dotar de educación de calidad y buena salud a su población, aunque necesitados de las inversiones de estas firmas para paliar de alguna forma los altos niveles de desempleo existentes. También se ha denunciado que las precarias condiciones laborales se extienden hasta la contratación de mano de obra infantil, siendo esta situación tanto la expresión de la debilidad en materia de regulación de los gobiernos que son receptores de estas inversiones, así como del uso del poder de mercado ejercido por la firma multinacional.4
 Aunque Krugman (1998) ha ironizado respecto a estas críticas, aduciendo que un mal trabajo con un mal salario siempre será mejor que ningún trabajo, lo cierto es que las denuncias de numerosas ONG sobre las prácticas laborales perjudiciales de las multinacionales en los países en desarrollo han presionado a firmas de renombre, como Nike, para que establezca estándares laborales socialmente responsables, con independencia de si existen o no en el país de subcontratación regulaciones laborales que otorgan protección social a los trabajadores.

En el episodio “Adiós a la India” esta práctica socialmente responsable es lo que más o menos hace Homero con los trabajadores de la planta nuclear en la India. Ante la escuálida seguridad laboral que tienen, toma la decisión de nivelarlos con la que disfruta el mismo y los trabajadores de su país. Esta decisión unilateral de Homero es cuestionada por el Sr. Burns, pues visualiza el incremento de los costos laborales de estas medidas.         

Por su parte, Soros (2002), ventilando algunas críticas contra las multinacionales, señala que la influencia ejercida por estas grandes firmas en los organismos multilaterales, con el objeto de resguardar sus derechos de propiedad intelectual y otros derechos relacionados con sus inversiones, no se corresponde con la activación de mecanismos similares para salvaguardar los derechos del trabajo, así como medidas protectoras ante los daños infligidos y que pueden infligir estas empresas en el medio ambiente.

Otro cuestionamiento relevante a las multinacionales tiene que ver con sus prácticas dominantes en cuanto a mercadeo y publicidad, siendo la obra de Klein (2001) un referente de estas críticas. La autora analiza el comportamiento de las multinacionales en su estrategia global de ampliar cada vez más sus mercados y llega a la conclusión de que ello ha sido posible porque han logrado fusionar la venta de sus productos y servicios con un modo y estilo de vida particular.

Esto supone que el producto no se consume o se use tanto por su funcionalidad y aplicaciones, sino por la imagen personal que transmite consumirlo o usarlo. Para lograr este objetivo, las multinacionales invierten cuantiosas cifras en publicidad, asegurando así el posicionamiento de sus marcas en los gustos y deseos del consumidor, llegando hasta a invadir los espacios públicos para cumplir esta finalidad. Que sea la marca del producto y no su utilidad lo privilegiado por el consumidor en su compra, permite a las empresas fabricantes de los mismos aumentar sus ganancias, toda vez que pueden ampliar considerablemente la diferencia entre el precio de venta y su costo unitario de producción.   

Este tipo de cuestionamientos se deja colar, a manera de parodia, en un episodio llamado “Mypods y dinamita” (Temporada 20, Nº 7, 2008). La familia Simpson visita una tienda Apple (con el nombre ficticio de Mapple) y es evidente la influencia que ejerce sobre Lisa la imagen de la compañía y sus productos. Pero Lisa se va frustrando al darse cuenta que su disposición a pagar está lejos de los precios de los productos de la marca y no puede adquirirlos. El presidente de la multinacional, Steve Jobs (con otro nombre ficticio en el episodio), se prepara para dar un anuncio virtual a los asistentes a la tienda, siendo saboteado por Bart, pues sustituye su voz para burlarse del público, anunciándoles que el artículo que se llevan por 500 dólares en realidad le cuesta a la firma 8 dólares producirlo.

En otro orden de ideas, las diferentes dimensiones de la globalización aquí discutidas dan argumentos para debatir hasta dónde el proceso globalizador ha avanzado, si se trata de un proceso irreversible o si, por el contrario, en alguna de sus facetas relevantes puede ralentizarse o estar amenazado por sucesos que lo hagan replegarse de manera significativa.

Algunos estudiosos del fenómeno (Ohmae, 1990; Friedman, 2005) confirman en sus trabajos el avance, según ellos indetenible, de la globalización y de la interdependencia global. La existencia de un mundo “sin fronteras” conformado por una economía funcionando en un espacio mundial y en tiempo real; o la constatación de un mundo cada vez más “plano” lo cual estaría nivelando el campo de juego de la competitividad global para todos sus actores, independientemente de su localización, serían algunos de los rasgos  de un modelo de capitalismo que requiere, cada vez con mayor apremio, de esta integración plena de las actividades económicas.5

No obstante, han surgido críticas a este tipo de visión excesivamente optimista de la globalización y de su alcance. Desde una perspectiva histórica, Frieden (2006) ha hecho notar que, como sucedía a principios del siglo XX, en la actualidad la globalización es contemplada como un estado natural de las cosas y se espera que sea un proceso permanente. En realidad, según este autor, las bases que sustentan el capitalismo global del presente no son muy diferentes a las existentes en 1900, por lo cual la posibilidad de disgregación es tan factible como las de aquella época.

Visto así, la globalización no es un hecho sino una opción tomada por los gobiernos nacionales, quienes deciden las políticas expansivas o restrictivas en cuanto a las barreras al comercio y a la inversión, los tipos de cambio y las finanzas y las políticas industriales. Estas decisiones nacionales están interconectadas en el contexto global, por lo cual dependen de la acción conjunta de los gobiernos nacionales, especialmente de los gobiernos más poderosos, que a su vez necesitan del respaldo político interno y del apoyo de los grupos económicos importantes. De manera que la determinación del poder de expansión o de restricción de la globalización sigue siendo un asunto muy afectado por las decisiones sobre políticas nacionales, las cuales, en una situación dada, podrían cambiar radicalmente.

Por su parte, para Ghemawat (2007) la observación detallada de los fenómenos de interacción de las empresas, personas y gobiernos a una escala mundial, apenas muestra atisbos del potencial que encierra una verdadera integración global y no necesariamente se trata de un proceso lineal, sino más bien sujeto a ciclos de auge y estancamiento, amenazado desde diversos flancos, por lo cual sería más frágil de lo que frecuentemente se piensa. Su argumento para sostener que aún cuentan las fronteras y el mundo no es todavía plano, se soporta en las principales estadísticas de internacionalización. 

Al respecto, la integración de los mercados de bienes y servicios mundiales sólo representa aún un poco más del 20% del PIB mundial y se trata del proceso más integrado. Los flujos de IED alrededor del mundo, a pesar del auge de las multinacionales no representan más del 10% de la inversión de capital de largo plazo mundial. Adicionalmente, sólo alrededor del 3% de la población mundial forma parte de la migración internacional, una cifra muy similar al porcentaje de personas que vivía fuera de sus países de origen a principios del siglo XX.

Otro aspecto donde el proceso de la globalización se muestra muy asimétrico es en cuanto a los países que se están integrando a la oleada globalizadora frente a las naciones que no logran insertarse a este proceso y se quedan atrás. Un estudio del Banco Mundial (2002) corrobora que, además de las naciones desarrolladas, un poco más de una veintena de países en desarrollo se han integrado de manera efectiva a la economía global, medida esta integración por el incremento de su comercio internacional con relación al PIB. Estas naciones crecieron a tasas más rápidas comparativamente al resto de los países en las dos décadas finales del siglo XX.

El estudio también pone el acento en un grupo de países en desarrollo cuya incapacidad de insertarse en la economía mundial se ha reflejado en el estancamiento o incluso la disminución de su participación en el comercio global. Se trata sobre todo de naciones del África Subsahariana y algunas regiones de Asia, albergando una población de alrededor de dos mil millones de personas, con serias restricciones políticas y económicas internas, como estar gobernados por estados fallidos, no tener acceso a litorales y sufrir guerras civiles o étnicas.

Lo anterior no quiere decir que no sean visibles los cambios provocados por la globalización, pero aún no tendrían la velocidad y el alcance que algunos le acreditan. Sí supone considerar que determinantes como las barreras impuestas por la geografía, el idioma y las distancias siguen teniendo mucha importancia en el desenvolvimiento de los flujos de comercio y de inversión y en la realización de otras actividades económicas. Sirva de ejemplo que, a  pesar de reducirse constantemente y de forma significativa los costos de las tarifas por minuto para las llamadas internacionales y de las ventajas brindadas por Internet para la interconexión, las personas siguen comunicándose básicamente con otras de su propio entorno local.

En resumen, el funcionamiento de las multinacionales y de las redes empresariales, interconectando operaciones y mercados globales, apoyadas en el desarrollo de las TIC y de otras tecnologías de punta, empleando recurso humano altamente capacitado, aplanando en lo posible las organizaciones y flexibilizando los procesos de producción, subcontratando actividades que no son críticas, innovando, conforman la dimensión competitiva de un gran número de empresas frente al proceso globalizador.
La dimensión no competitiva de las firmas multinacionales está marcada por la generación de externalidades negativas, como la contaminación ambiental, prácticas oportunistas e ilegales en la contratación laboral, sobornos a gobiernos y sus estrategias orientadas a obtener ganancias extraordinarias a partir del posicionamiento de  la imagen de marca por sobre los atributos reales del producto o del servicio.    

Ambas dimensiones son representaciones del proceso globalizador y las empresas multinacionales son a la vez actores y espectadores influyentes de este proceso. La globalización económica en sus múltiples facetas ha supuesto un flujo y reflujo constante de capitales (de corto y largo plazo) de localizaciones y deslocalizaciones de firmas, de desplazamiento de trabajadores (migraciones), de regulaciones y desregulaciones, de oportunidades para algunos grupos sociales, los cuales han dejado atrás la pobreza, y de amenazas para otros, que experimentan una ampliación de las brechas de  desigualdad económica.

Las diferentes facetas del proceso de globalización no marchan al mismo ritmo y nada asegura que algunas de ellas no pueden revertirse. Incluso procesos que marcan la pauta, como los flujos de comercio internacional, pueden estar amenazados en un momento dado por una oleada de neoproteccionismo. La integración de los mercados de capitales y de algunas áreas monetarias también puede sufrir desaceleraciones como efecto de las crisis financieras. Por lo demás, las barreras geográficas y del idioma siguen siendo la referencia para que la economía local (territorial) tenga un peso específico todavía relevante por sobre la economía global.

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