LAS TRANSFORMACIONES EN LA CONSIDERACIÓN DEL SECTOR SERVICIOS

Genilson Valotto Patuzzo

CAPÍTULO 4. Los Servicios en la Esfera Internacional

Como citamos anteriormente en las últimas décadas el interés que han despertado los servicios desde el punto de vista económico ha sido notable. Las actividades consideradas dentro del sector terciario se han incrementado y han pasado a constituirse en elemento generador de riqueza para las economías, con una participación muy importante expresada en porcentajes del PIB.

Hay que destacar que en la actualidad se le atribuye al sector servicios un papel destacado en la economía mundial por la expansión que han tenido los servicios en la estructura productiva de las economías avanzadas y en desarrollo, como es el caso de Brasil, y la capacidad del sector para generar empleo. En la actualidad, los servicios representan más de dos tercios del producto interno bruto (PIB) mundial. La parte del valor añadido de los servicios en el PIB tiende a aumentar significativamente con el nivel de ingresos de los países, siendo del 71 por ciento en los países de ingresos altos (del 75 por ciento los Estados Unidos) y del 55 por ciento y el 47 por ciento, respectivamente, en los países de ingresos medios y bajos . El sector de los servicios es uno de los que más ha crecido en las economías avanzadas.

Simultáneamente, y en el mismo sentido de crecimiento, se ha originado en los últimos años una expansión del comercio internacional de servicios, asociada a los avances en las tecnologías de la información y de las comunicaciones, que son fundamentalmente servicios en la definición tradicional de estos. La propia OMC (2006:11) menciona al hacer referencia a este cambio.

El marcado crecimiento del comercio de servicios estuvo acompañado de cambios significativos en la estructura de los servicios objeto de comercio. Entre otros factores, la revolución de la comunicación eliminó obstáculos importantes a la prestación internacional de una serie de servicios, al ofrecer los medios de suministrarlos a distancia.

Teniendo en cuenta la importancia que los servicios tienen en el funcionamiento de las economías y las nuevas situaciones que plantea el intercambio de los servicios en el contexto internacional, el comercio de servicios se presentaba como una temática nueva a desarrollar, no contando con una normativa específica. Por otra parte, los países no han podido permanecer al margen de los cambios que paulatinamente se han producido tanto en su interior como al incrementarse los intercambios internacionales de servicios. Esta preocupación por las cuestiones del comercio internacional de servicios se ha visto reflejada en la necesidad de elaborar una reglamentación a nivel internacional que tendiera a dar un ordenamiento a esta nueva realidad.

Sin duda, el comercio internacional de servicios ha pasado a ser un tema a considerar desde distintos puntos de vista (académico, de negocios, etc.), no sólo por ser una materia nueva que se incorporaba al ámbito de las negociaciones comerciales con normas de carácter universal, sino también porque los servicios objeto de transacción internacional constituyen un eje principal alrededor del cual se observan una serie de aspectos que trascienden la pura normativa legal. Y no ajeno a esto, las primeras valoraciones sobre el tratamiento de las actividades de servicios en las primeras publicaciones relevantes de carácter económico parten de los mercantilistas; pero conviene recordar que muchos servicios tenían entonces un desarrollo muy incipiente y que su importancia desde el punto de vista social tampoco es comparable con la que gozan en la actualidad (CUADRADO ROURA y DEL RÍO, 1990).

Aunque desde tiempos muy remotos existían actividades de servicios ligadas a las transacciones de mercancías entre naciones: el transporte, la financiación, el seguro (DÍAZ MIER, 1990). A partir del desarrollo tecnológico en los sistemas de transportes (desde el siglo XVI) fue posible en las naciones la intensificación de sus interrelaciones económicas, ampliando el acceso a los insumos y a los mercados y trayendo como resultado la internacionalización económica (KON, 2006b). Sin duda, las aportaciones posteriores de los mercantilistas son las principales para el comercio internacional (bienes y servicios) que hoy conocemos.

Abundando en el tema de los movimientos internacionales de servicios y en relación con el tema ya mencionado de las contribuciones de las vertientes económicas, como citamos anteriormente, las principales aportaciones sobre servicios parten de A. Smith. Aunque se mostrara poco interesado, y al mismo tiempo crítico, con los servicios, hay que subrayar que sus ideas contribuyeron significativamente a que se desarrollase un cierto debate teórico sobre el valor económico de los servicios. Entre tanto, los economistas clásicos seguían con la tesis de que los servicios son improductivos por su forma de tratamiento, como subraya Díaz Mier (1990:84), “La primera tendencia tradicional, hoy superada, fue considerar todas estas actividades y su impacto en las relaciones económicas entre naciones como apéndices del comercio de mercancías, aplicándoles, en consecuencia, el mismo o similar tratamiento analítico”.

En el siglo XIX, y con el preludio de las ideas de los economistas neoclásicos, o más precisamente entre mediados del siglo XIX y 1930, es cuando los economistas generan ideas y planteamientos que supondrán el abandono del debate sobre el carácter productivo o improductivo de los servicios, y el acercamiento a un tipo de enfoque cada vez más adecuado a la realidad (CUADRADO ROURA y DEL RÍO, 1990) . Pues, como cita Kierzkowski (1986), el enfoque moderno del papel de los servicios en la economía comenzó en este periodo con el desarrollo de la tesis de las etapas económicas elaborada por la escuela histórica alemana, principalmente en la figura de Friedrich List , que desempeñó un papel fundamental en este movimiento intelectual, que, a diferencia de la escuela clásica, consideraba al desarrollo de los servicios como un signo de progreso económico y social. Pues según Kierzkowski (1986:86) “List no dudaba de que una sociedad que crease unos sectores manufactureros y de servicios fuertes alcanzaría el más alto nivel de desarrollo económico”.

En este sentido, la internacionalización que, desde los siglos pasados tenía un carácter de intercambios comerciales de mercancías, se intensificó en la segunda mitad del siglo XIX, principalmente con el desarrollo de la industria en Europa y el proceso extremadamente rápido de la concentración de la producción, y se transformó, en estas circunstancias, en la internacionalización del capital financiero, resultado de la acumulación del capital de los Bancos, que pasan a actuar no solamente como intermediarios, sino también como monopolistas del capital-dinero, de medios de producción y de materias primas en varios países, agrupándose con las empresas del proceso productivo (KON, 2006a).

Sin embargo, es a partir de los años treinta cuando los servicios y los intercambios internacionales pasaran realmente a ser objeto de consideración autónoma dentro del análisis económico, bajo la denominación genérica de “sector terciario”. Tres autores contribuyen de forma decisiva a impulsar este giro, como citado anteriormente, en el tratamiento de los servicios: Allan Fisher, Colin Clark y Jean Fourastié (BHAGWATI, 1987; CUADRADO ROURA, 2003; CUADRADO ROURA y DEL RÍO, 1990 y MAROTO, 2007), y podremos apreciar la expresión de Maroto (2007:28):

(…) los planteamientos pioneros de Fisher, Clark y Fourastié, que constituyen el punto de inicio de las modernas aproximaciones sobre el sector servicios. Estos autores reorientan sus trabajos hacia la casi total desaparición de las fronteras entre bienes y servicios. Así, todo es productivo.

De hecho, como citan algunos autores (CUADRADO ROURA y DEL RÍO, 1990; DEL RÍO, 1988; DÍAZ MIER, 2008 y KON, 2006a y 2006b), el interés por los servicios como actividad económica y social se ha manifestado en diferentes ámbitos. Por una parte, coincidiendo con una etapa de concentración de los excedentes de capital que, en gran parte, son exportados, se originó en una nueva etapa de desarrollo industrial, que ya en el siglo XX se ve a través de inversiones directas de las grandes empresas en el exterior en la producción de materias primas y de productos manufacturados en busca de mercados más amplios, menores costos de los factores productivos y, de modo general, mayor retorno del capital invertido.

Particularmente después de la segunda Guerra Mundial, una parte de los países hasta entonces menos desarrollados, fueron también conducidos a un proceso de industrialización y a una nueva división internacional del trabajo, que conservó la desigualdad estructural ya consolidada anteriormente, resultante del monopolio del nuevo desarrollo científico y técnico. Así, los Estados se han visto obligados a replantear sus formas tradicionales de intervención en un mundo al que habían tratado desde una consideración tradicional del concepto de soberanía.

Por otra parte, desde el ámbito empresarial, no sólo la extensión de las empresas multinacionales, sino también las cuestiones relacionadas con la organización y las estrategias, impactadas por la revolución en los sistemas informativos, contribuirían también a despertar y aumentar el interés por los temas relacionados con los intangibles. No obstante, con la continuidad de los avances tecnológicos de los transportes y comunicaciones de la postguerra, el propio aparato productivo de las empresas se mueve para el exterior, inicialmente con la internacionalización de la producción de productos.

En efecto, la producción o fabricación de un producto requiere, cada vez más, trabajo inmaterial, e incorpora así una cantidad creciente de actividades de servicios (BAILLY y MAILLAT, 1990). En este sentido, las relaciones económicas internacionales se incrementaron substancialmente , y varios países (23 países) las institucionalizaron en 1947 dentro de un sistema de cooperación internacional , establecido a partir de Bretton Woods, con la formación del GATT, hoy OMC, para abolir las cuotas y reducir los aranceles y con el objetivo de fijar normas referidas al comercio de bienes a nivel internacional (MORA, 2002) y, según Daniels et al. (2004), muchos consideran que la contribución del GATT a la liberalización comercial permitió la expansión del comercio mundial en la segunda mitad del siglo XX.

A partir de finales de los años sesenta, particularmente con el avance de la microelectrónica y de la tecnología de la información, en algunos sectores el proceso de producción se internacionaliza, con el desarrollo de cada parte del proceso en una diferente zona del mundo (KON, 2006b), o sea, el camino de su internacionalización es su movilidad, que viene como consecuencia de que el mundo se encuentra cada vez más y mejor conectado a través de las redes de telecomunicaciones (DÍAZ MIER, 2008). En la década de los setenta, precisamente en 1973 , se inicia la Ronda de Tokio (1973-79), “con 99 países participantes” (DE LA CRUZ y ROMERO, 2004). El gobierno de los Estados Unidos tomó la iniciativa de situar los servicios entre los temas a negociar en ella, pero los materiales estadísticos necesarios para efectuar cálculos sobre los efectos de una eventual liberalización eran prácticamente inexistentes (DÍAZ MIER, 2008).

En este marco, desde la década de 1980 se configuró una nueva etapa más avanzada y veloz de las transformaciones tecnológicas y de acumulación de capital, intensificando la internacionalización económica, social, cultural y política. Esta década estuvo marcada por el fin de las políticas de sustitución de las importaciones y el fenómeno de la globalización . Esta intensificó el mercado mundial y se difundió con mayor velocidad en la década de los 90, marcando un proceso histórico de la internacionalización del capital (KON, 2006b).

Ventura-Dias et al. (2003:09) hacen una interesante reflexión sobre la globalización y los servicios.

Es sorprendente que en la abundante literatura acerca de la globalización económica existan escasas menciones a los servicios, aunque sea evidente que en cuanto al movimiento transfronterizo de bienes y servicios, la globalización económica es inseparable de los servicios de transportes, de telecomunicaciones, seguros y de los servicios financieros. Asimismo, las innovaciones organizacionales del tipo “just in time”, la fragmentación del proceso productivo, el comercio de productos intermedios, y la producción internacional requieren soluciones de logística de transportes, de gestión y de manejo de inventarios que son suministradas en gran parte por empresas de servicios independientes.

En el camino al desarrollo tecnológico y al proceso de globalización económica en la década de los 1990, mencionado anteriormente, nuevas formas de competición entre empresas y sistemas económicos se modelan y prevalecen en diversas ramas. Desde el punto de vista comercial, la globalización proporciona el desarrollo de semejanzas en las estructuras de la demanda y homogeneidad en la oferta de los países. Y este proceso fue intenso sobre la naturaleza y la división nacional e internacional del trabajo y particularmente sobre la condición de internacionalización de los servicios (KON, 2006a). Estos servicios aseguraron la correlación entre los canales de producción y distribución, desempeñando un papel relevante en el flujo en la economía internacional.

No obstante, grupos sofisticados de servicios están substituyendo las actividades manufactureras tradicionales como sectores líderes de las economías avanzadas y posiblemente también en las economías en desarrollo. Entre tanto, se ponen al descubierto los tipos de complementariedad entre el sector de producción de bienes y el sector terciario que permiten comprender la organización actual del sistema productivo, viéndose, en primer lugar, que industria y servicios no se desarrollan independientemente.

Así, con la aceleración de la globalización, la política económica de cada país pasa a estar grandemente condicionada por factores externos, buscando atender los objetivos de la competitividad internacional y de la participación activa en el proceso de interlocución mundial. En cada economía nacional, la velocidad de la internacionalización de las actividades, en gran parte, está influenciada por las políticas internas compatibles con los requisitos del incremento de los flujos entre países. En realidad, las exportaciones e importaciones de servicios son partes importantes en el proceso de internacionalización a medida que los mercados globales se tornan más relevantes para las relaciones económicas. Tal proceso exige transformaciones en las infraestructuras económicas de los países, principalmente por medio de actividades de servicios, lo que conduce a un estímulo al desarrollo y al incremento de las oportunidades de empleo (KON, 2006b:22).

Como resumen de esta discusión y en gran parte como consecuencia de la internacionalización los servicios empiezan a recibir la debida atención de los analistas, en función de su relevante papel en la generación de ingresos y de empleo, además de su rol estratégico en la coordinación de las actividades económicas, que respaldan el progreso de fragmentación productiva e integración por el comercio y las inversiones. Si bien tradicionalmente los servicios se caracterizaban como intangibles, en oposición a los bienes, que son tangibles, la evolución tecnológica y la digitalización han permitido que, a pesar de permanecer la intangibilidad de los servicios, actualmente las empresas proveedoras pueden entregar sus productos ya sea bajo una forma física (el caso de los programas de informática), o en forma electrónica (sin que sea necesario el acto simultáneo de la producción y el consumo del servicio). Así, el suministro de servicios ha asimilado las características de racionalización y organización de las manufacturas, lo que ha permitido el surgimiento de verdaderas industrias de servicios.

Asimismo, el papel de los servicios parece haber sido fundamental para explicar el éxito de algunos países en el proceso de incorporación de innovaciones, propias o adaptadas, a la producción de bienes y otros servicios. Estas incorporaciones se traducen, a su vez, en nuevas oportunidades para una inserción de calidad en los flujos dinámicos del comercio. Volver al índice.

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