AUTOESTIMA Y MOTIVACIONES SOCIALES EN ESTUDIANTES DE EDUCACIÓN SUPERIOR

Mónica Válek de Bracho

Bases teóricas de la Investigación

            En este sentido una vez revisadas las investigaciones antecedentes, se hace necesario penetrar en el estudio de cada variable en particular, de la mano de las principales teorías en las cuales ésta investigación fundará sus basamentos.

La Autoestima

            Se hace imprescindible puntualizar el concepto de autoestima como tal. Con la acepción que se utiliza es relativamente reciente, y es uno de los grandes descubrimientos de las ciencias de la conducta en el siglo XX. Tal como lo señala Volvi, citado por Cortés (1999), es propia del castellano, en otros idiomas podría sustituirse por “autoconcepto” o “autoimagen positiva” pero sin duda reduciendo su connotación actual. Es preciso aclarar entonces qué cosa es la autoestima separándola de otros conceptos similares que pueden formar parte de ella, complementarla o simplemente confundir a quienes no están realmente claros sobre su significado.

            En este sentido Reasoner, citado por Raffini (1998), define” la autoestima como la apreciación del propio valor e importancia, caracterizada por la posibilidad de responsabilizarse  de  uno  mismo  y  de  actuar  de  manera  responsable  hacia   los  Demás (p.19).  Este concepto general resulta verdaderamente valioso, sobre todo si se aplica a la educación, desglosándolo en sus tres componentes, de acuerdo al mencionado autor: En primer lugar el valor y la importancia inherentes al individuo como ser humado, por lo tanto debe brindarse la oportunidad al joven de experiencias que le generen sentimiento de orgullo, evitando aquellas que puedan producir expectativas que culminen en la desvalorización.
            Por otra parte la posibilidad de responsabilizarse por sí mismo, deriva de la sensación del propio valor, alimentado tanto en la casa como en la escuela, de suerte que los docentes deben  propiciar un clima donde se favorezca la integridad  y la responsabilidad individual, ofreciendo incentivos particularmente atractivos para motivar por igual a todos los jóvenes.

            Por último la posibilidad de actuar de manera responsable hacia los demás, deja entre ver que para valorarse en necesario valorar también a los demás, lo que incluye por supuesto escuchar y respetar los pensamientos y sentimientos de otros. En este sentido el docente debe proporcionar consciente y sistemáticamente, actividades que faciliten en los estudiantes el proceso de experimentar la valía que poseen las diferencias, lo importante de aprender a escuchar y de asumir la responsabilidad por las propias acciones, sean estas positivas o negativas.

            Por otra parte Rogers (1967), establece que la autoestima es la composición experiencial constituida por percepciones que se refieren al Yo, a las relaciones con los demás, con el medio y la vida en general, así como los valores   que el sujeto concede a las mismas. Se puede apreciar en consecuencia que para este autor el concepto es netamente sujetivo, donde cada individuo va a poseer una experiencia individual, muy arraigada a su marco referencial.

            Asimismo, Coopersmith (1976) la conceptualiza como la evaluación que el individuo hace de sí mismo expresando una actitud de aprobación o desaprobación e indica la extensión en la cual el individuo se cree capaz, significativo y exitoso. En este caso la autoestima es igualmente subjetiva, agregando que el sujeto puede aprobar o no, el resultado de dicha percepción.

Niveles de autoestima

            En sintonía con lo anteriormente expuesto, el mismo autor citado por Méndez (2001), plantea que existen distintos niveles de autoestima, por lo cual cada persona reacciona ante situaciones similares, de forma diferente; teniendo expectativas desiguales ante el futuro, reacciones y autoconceptos disímiles. Por lo cual, caracteriza a las personas con alta, media y baja autoestima.

            Al respecto, las personas que poseen una autoestima alta son expresivas, asertivas, con éxito académico y social, confían en sus propias percepciones y esperan  siempre el éxito, consideran su trabajo de alta calidad y mantienen altas expectativas con respecto a trabajos futuros, manejan la creatividad, se autorrespetan y sienten orgullo de sí mismos, caminan hacia metas realistas. Por su parte las personas con una media autoestima, son personas expresivas, dependen de la aceptación social, igualmente tienen alto número de afirmaciones positivas, siendo más moderadas en sus expectativas y competencias que las anteriores.

            Por último, las personas con baja autoestima son desanimadas, deprimidas, aisladas, consideran no poseer atractivo, son incapaces de expresarse y defenderse; se sienten débiles para vencer sus deficiencias, tienen miedo de provocar el enfado de los demás, su actitud hacia sí mismo es negativa, carecen de herramientas internas para tolerar situaciones y ansiedades.

Desarrollo de la autoestima

            Cabe considerar el desarrollo de la autoestima como un proceso que se lleva a cabo mediante una serie de fases que permiten su desarrollo, según Coopersmith (1990), estos son:

  1. El grado de trato respetuoso, de aceptación e interés que el individuo recibe de las personas significativas de su vida.
  1. La historia de éxito, el status y la posición que el individuo tiene en el mundo.

 

  1. Los valores y las aspiraciones por los cuáles estos últimos pueden ser modificados e interpretados.
  1. La manera singular y personal de responder a los factores que disminuyen la autoestima, ya sea que el individuo minimice, distorsione o suprima las percepciones de las fallas propias y las de los demás.

 

            Generalmente ésta se construye en la infancia y es muy posible que perdure por siempre, por lo tanto se debe ser cuidadoso de los mensajes emitidos hacia los niños desde su más tierna edad, puesto que lo acompañaran durante el resto de su vida, ya sea de forma consciente o inconsciente. El desarrollo de una autoestima positiva requiere de establecer una sensación de identidad reforzada por las opiniones de los demás y por una constante autoevaluación. No está de más destacar el papel privilegiado que una vez más juega el docente, quien mediante comentarios positivos, intencionalmente emitidos puede ayudar a sus alumnos a poner atención a sus características individuales y a realizar descripciones más exactas de si mismas.

            Igualmente importante es la reafirmación que tiene lugar durante la adolescencia, ya que durante esta etapa el joven es especialmente susceptible en lo que respecta a la imagen que envía a los demás y el eco que ésta tiene. Se debe prestar especial consideración a los modelos que ellos eligen pues serán determinantes en la personalidad que como futuros adultos están forjando. En ésta búsqueda los alumnos necesitan aliento para explorar diversas opciones, comentarios positivos acerca de sus fortalezas y debilidades, y sobre todo una aceptación incondicional.

Bases de la autoestima

            Ahora bien desde la perspectiva del mencionado autor, este  sostiene que las personas desarrollan un  concepto de sí mismas de acuerdo a cuatro bases, las cuales según sus estudios son: a) Significado, la forma en que consideran que son amados por las personas importantes en sus vidas y el grado de aprobación que reciben de   las mismas. b) Competencia, para llevar a cabo las tareas que consideran importantes. c) Virtud, su adhesión a las normas de ética y de moral. d) Poder, el grado en que influyen en sus propias vidas y en las de los demás.

            Igualmente plantea que la autoestima no es un concepto estático, fluye, puede disminuir, aumentar o mantenerse. Por lo tanto las personas experimentan las mismas situaciones de formas diversas, teniendo expectativas distintas sobre el futuro, reacciones desiguales ante los mismos estímulos y en fin otras opiniones sobre conceptos similares.

Componentes de la autoestima

            Según Cortés de Aragón (1999), la autoestima tiene una serie de componentes de diversa índole, entre los cuales señala: el componente cognoscitivo, el componente emocional y componente conductual.
1.   Componente Cognoscitivo, denominado autoconocimiento, autoconcepto,             autocomprensión, autoimagen y autopercepción. Todos estos conceptos están       referidos a la representación mental que cada uno elabora de sí mismo; a los      conocimientos, percepciones, creencias y opiniones de los diversos aspectos         que conforman la personalidad. De suerte que el conocimiento personal es       absolutamente necesario para poder autorregularse y autodirigirse. De igual         manera la autoestima se ve afectada por la eficacia de cada uno para superar      los problemas por iniciativa propia y para la autorrealización personal.

2.   Componente emocional- evaluativo, no se puede separar los sentimientos y          emociones de los deseos y las necesidades del ser humano. Todos los sentimientos referidos a sí mimo determinan la autoestima que es la base de la autorrealización que cada uno desea conseguir. Este componente como conjunto de sentimientos se denomina autoaceptación, autoevaluación,      autovaloración y autoaprecio. En la medida que estos sentimientos sean          asertivos, en esa medida puede una persona gestionar su propio crecimiento            personal. Sobre todo el individuo debe ser auténtico, de manera que         reconociendo sus potencialidades y limitaciones, pueda a su vez fortalecerse             como persona, y buscar ayuda cuando crea que la situación lo amerite.

3.   Componente conductual, partiendo de la premisa que la autoestima es       conocerse, evaluarse y aceptarse, no es menos cierto que implica la acción          hacia el exterior o actividad con el entorno, en otras palabras interacción y     adaptación al medio. La persona con una rica autoestima se manifiesta por            medio de una actividad permanente, que puede definirse en términos como:         conducta coherente, conducta congruente, conducta responsable, conducta          autodirigida, autonomía, autodirección y muchas otras.
     
            De esta manera se presenta como una estructura que se subdivide de ésta forma para facilitar su estudio, pero tales componentes están tan estrechamente relacionados que es imposible concebir uno sin el otro, solamente con el objeto de analizarlos es posible aceptar esta categorización.

            Igualmente Barroso (1998), en su modelo de desarrollo de la autoestima la enfoca como una energía que fluye y se mueve en una línea ondulada, llenando huecos, terminando situaciones incompletas y permitiendo un crecimiento armónico e integral a partir de etapas en un continuo dinámico, donde el individuo a la vez que satisface sus necesidades, vive procesos y desarrolla el sí mismo y el contexto hasta llegar al final de su existencia, donde por fin se funda con el Universo.          Ahora bien, como  lo señala Albarrán (2004), todos los autores convergen en la idea que la autoestima es la fuerza interna que da sentido, propósito, coherencia, canaliza  capacidades y permite trabajar con certeza en el logro de  objetivos realistas y planificados.

Dimensiones de la autoestima

            Desde la  perspectiva  que  se ha adoptado, Coopersmith (1976), señala que la autoestima posee cuatro  dimensiones que se caracterizan por su amplitud y radio de acción, logrando identificar las siguientes:

  1. Autoestima en el área personal: consiste en la evaluación que el individuo realiza y con frecuencia mantiene de sí, en relación con su imagen corporal y    cualidades personales, considerando su capacidad, productividad, importancia    y dignidad, lleva implícito un juicio  personal expresado en la actitud hacia sí          mismo.

 

2.   Autoestima en el área académica: es la evaluación que el individuo hace y con     frecuencia sostiene sobre sí mismo, en relación con su desempeño en el   ámbito escolar teniendo en cuenta su capacidad, productividad, importancia y             dignidad,  lo cual   nuevamente implica   un juicio  personal  manifestado  en  la  Actitud hacia sí mismo.

3.   Autoestima en el área familiar: consiste en la evaluación que el individuo hace       y frecuentemente mantiene con respecto a sí, en  relación con sus      interacciones con los miembros de su grupo familiar, su capacidad,      productividad, importancia y dignidad , implicando un juicio personal           manifestado en las actitudes asumidas hacia sí mismo.

4.   Autoestima en el área social: es la valoración que el individuo realiza y con frecuencia mantiene con respecto a sí mismo en relación con sus interacciones sociales, considerando su capacidad, productividad, importancia y dignidad, lo cual igualmente lleva implícito un juicio  personal que se manifiesta en  las actitudes asumidas   hacia  sí  mismo.

            En pocas palabras el individuo realiza frecuentes estimaciones de sus frecuentes interacciones consigo mismo y con el ambiente en el que se desenvuelve, logrando monitorear constantemente como influye dentro de él, posterior a lo cual y de acuerdo con la satisfacción que esto le brinde, va a asumir una actitud hacia sí mismo. Es decir, es una calle de doble circulación: de acuerdo a sus relaciones en los ámbitos ya mencionados, así mismo va a ser la actitud asumida ante sí, en otras palabras su autoestima.

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