SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

Ya se puede profundizar un poco más en el concepto de “política”.-

En este punto, cabría un pequeño recordatorio sobre la política.

Al hablar de ella, normalmente se ha utilizado la expresión espacio político, o escenario político.

Se trata, en todo caso, de un concepto, de una abstracción que utilizamos para tener un mejor conocimiento de la realidad social, de la sociedad que nos rodea, y en el seno de la que vivimos.

Primero, cogemos un trozo de la realidad, o sea, hacemos ya una selección. Por ejemplo, hemos elegido el trabajo, todo lo que rodea el trabajo, pero solo el trabajo. Sabemos que el trabajo no se da solo, pero para estudiarlo y conocerlo mejor, hacemos la abstracción de considerarlo solo, aislado. Y con los conceptos de valor, medios de trabajo, intercambio, productividad, plusvalor, etc, hemos construido un campo, un espacio, que hemos llamado producción, y que nos ayuda a conocer mejor qué es un obrero, qué es un empresario, cómo son sus relaciones.

Pues bien, con la política se puede hacer lo mismo. Primero aislamos un espacio en el que el elemento que le da vida, como el trabajo a la producción, es en este caso las instituciones. Todo el espacio, el escenario de la producción, está delimitado por el trabajo; todo el espacio de la política está centrado en las instituciones.

Ya vimos lo que son las instituciones. Los apoyos que precisa cada tipo de producción, para pervivir en el tiempo, para seguir siendo producción hoy y mañana y el otro mes y el otro año. Son aparatos, es decir, algo físico (muebles, edificios, herramientas, dinero), medios materiales, y medio humanos, trabajadores. En esto, se parecen a los elementos de la producción, al aparato productivo.

Los elementos de nuestra producción se ordenan y organizan con una finalidad: producir mercancías. Y esa finalidad le da forma, sentido y dirección a todo el aparato productivo.

Las instituciones no tienen como finalidad producir mercancías, sino prestar determinados servicios (un policía, seguridad; un maestro, enseñanza; un notario, dar fe de lo que ve y oye; Hacienda, recoger los impuestos). Sin todo este aparato extenso y complejo, la producción no existiría como existe, en la forma que existe.

La política tiene mucho que ver con todo este aparato institucional, pero no se confunde con él. Tiene mucho que ver con la actividad de estos aparatos, pero tampoco se confunde con esa actividad. La política no es llevar la limpieza de un municipio, ni dar clase en una escuela, ni gestionar las subvenciones a los cultivadores de determinados productos agrarios. La política no se confunde con las instituciones, ni con su actividad, pero vive entre ellas.

Si a las instituciones se las crea para cumplir una función relacionada con la producción, quien dirige a ésta, ya se cuidará de que quien dirige la institución sea fiel al cumplimiento de la función encargada. Para ello, elegirá o designará a la persona o personas que ofrezcan la suficiente confianza al respecto.

La creación de las instituciones, con las características, los medios y el personal adecuado, la vigilancia sobre su correcto funcionamiento; la elección o designación de la persona o personas que se responsabilizan de su dirección; la jerarquía u orden de importancia entre ellas; el cambio conveniente en esta jerarquía; la decadencia o desaparición de una institución; todas y cada una de estas tareas son tareas políticas.

Todos los cambios, por pequeños que sean, en un campo tan variable como es la producción, tienen inmediatamente su reflejo en las instituciones; de aquí que estas funciones políticas descritas, sean de una gran elasticidad, de una gran capacidad de amoldarse constantemente a situaciones nuevas.

Se trata, como vemos, de una función, de una actividad delegada. La actividad principal es la producción, la actividad política sigue las órdenes, las indicaciones, de la primera.

La delegación, el encargo que los políticos reciben, no tiene por qué ser visible; aunque a veces, sobre todo en las dictaduras, la relación suele ser tan estrecha, que llegan a confundirse las funciones (pensamos en Cuba, Libia, Egipto).

En Europa, actualmente, las funciones que hemos señalado, las llevan a cabo los partidos políticos. Estos, los partidos, son los encargados de montar y hacer funcionar todas las instituciones. Comenzando por señalar cuáles serán, y cómo funcionarán las principales –Parlamento, Gobierno, Tribunales-, en las normas que llamamos constitucionales (que por eso se llaman así, porque crean el esqueleto de lo que será el aparato institucional, o sea, constituyen el marco institucional en el que tendrá lugar la reproducción).

A estas funciones, los partidos han de añadir la preparación y realización de elecciones, a través de las cuales se decide qué equipos de dirigentes ocuparán los puestos de mando en el conjunto de las instituciones.

Para estas tareas, necesitan medios materiales y personales (ya que forman también un aparato), cuya consecución es también parte de su actividad.

Asimismo, precisan los partidos, buscar y adiestrar a sus miembros en el desempeño de todas las tareas descritas.

Este sería el campo de la política. Y en él intervendrían, principalmente, los partidos, pero también, todos los ciudadanos y los medios de comunicación, en la medida en que participan u opinan en cuestiones referidas al campo de la política.

 

Conviene acotar el terreno en una cuestión tan escurridiza como es la política.

La producción es la base, el fundamento, lo que permite a una sociedad vivir y sobrevivir. Las instituciones son los apoyos que permiten una mejor reproducción. Y la política es la actividad que da orden, coordinación y forma a las instituciones para su más perfecta ligazón con los procesos productivos.

Esto nos da una idea de cual es la actividad principal y cuales las secundarias, las auxiliares.

La importancia de las instituciones viene de que con unos buenos apoyos, la reproducción hace más fluida, más ordenada, más rápida, la producción. Un ejemplo es que, cuando el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, son llamados para prestar ayuda a la producción de un país africano poco desarrollado, lo primero que miran son las instituciones. Con esas instituciones, dicen, el empujón que demos con nuestra ayuda a la producción, morirá sin fuerzas en la reproducción; el empujón que demos a la producción no será sostenible.

Y la importancia de la política es que es la actividad que pone orden y eficacia en las instituciones.

Pero, recordemos que la actividad política pone orden y eficacia en unas instituciones cuya finalidad y objetivos vienen ya fijados, con relación a la producción.

Las instituciones no son tornillos sueltos que funcionan fuera del mecanismo. La actividad política busca el mejor engarce entre el aparato productivo y el aparato institucional.

Esta es la delimitación, el encuadre teórico de la política, lo político y los políticos.

Estos encuadres teóricos, conceptuales, nos ayudan a entender mejor la práctica.

Quien dirige la producción son los empresarios, no los políticos. La política (las instituciones, el Parlamento, preparará y aprobará unas leyes, unas normas, que facilitarán la producción, y su reproducción), propondrá a los empresarios (y a los trabajadores –recordemos que el capital es la relación que se establece entre ellos-) las medidas que a su entender mejorarán la producción. Solo en el caso de que les interese, serán adoptadas. Sus representantes en el Parlamento se encargan de ello.

En consecuencia, el primer valor de la actividad política se mide por su eficacia. Y los trabajadores, responden entonces, apoyando a los representantes políticos que propusieron y aplicaron la medida eficaz.

El hecho de que la producción tenga unas necesidades concretas para reproducirse bien, hace que las propuestas políticas que pretendan ser eficaces, no pueden, ni ser muchas, ni ser muy distintas. Pensemos en la producción de nuestro país, por ejemplo. Las propuestas (programas) que hagan los diversos partidos políticos si son realizables y pretenden ser eficaces (es decir, mejorar la producción), no pueden ser muy diferentes. Ya se trate de la política de inmigración, de la política europea, la de salarios, pensiones, etc., las diferencias en las propuestas han de ser mínimas.

Desde este punto de vista, la política tiene mucha importancia, pero con los límites que acabamos de ver.

Sin embargo, las apariencias son otras.

La sensación que se da, es que los políticos dirigen la economía, la producción del país. Y que si, los llamados partidos de izquierdas ganaran las elecciones, de una manera abrumadora (el 75% de los votos, por ejemplo), cambiarían la producción.

Si sabemos, si conocemos, el funcionamiento de la producción, y el significado y los objetivos de las instituciones, y el significado y los objetivos de las instituciones y de la acción política, comprenderemos que eso no tiene ningún sentido. La producción, en sus cambios, sí que arrastra, en su mismo sentido a las instituciones y a la política.

La penetración de la forma capitalista de trabajar en los países europeos, arrasó a las instituciones medievales, sustituyéndolas por otras que facilitaban su profundización y su extensión (su reproducción). La revolución francesa, y unos años antes la norteamericana, no trajeron el capitalismo; fue al revés; la forma capitalista de producir hizo innecesarias las instituciones medievales. Unos países lo hicieron escalonadamente, a lo largo de los años, otros, en forma estrepitosa. Unos países hicieron desaparecer las viejas instituciones; otros las vaciaron por dentro y dejaron la fachada. Todo esto explica la historia particular de cada país.

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