SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

Vuelta al origen del problema: la separación del trabajador de sus medios de trabajo y del producto.-

 

Porque ese era el origen del problema: los obreros; o, lo que es lo mismo, el capital. El comunismo es una respuesta al capitalismo, al proceso que se sigue para convertir un trabajador en obrero. Si ese es el origen del problema, a él habrá que volver.

El proceso de trabajo individual en que el trabajador controla el manejo técnico de sus medios de trabajo y del producto que obtiene, aunque luego haya de entregar una parte del mismo, es el modelo de trabajador del que se arranca para transformarlo en obrero. El artesano en la producción industrial, y el campesino en la agrícola, son los protagonistas de lo que los comunistas rusos llamarán luego la “pequeña producción”; pequeña porque se ajusta a la existencia de un solo trabajador, pero de gran importancia por la aportación que hacen en conjunto a la producción global. Todas las herramientas para el trabajo las fabrican los artesanos, así como todos los  enseres que constituyen el menaje de un hogar. Los campesinos, a su vez, terminada la fase histórica de los siervos; aportan la mayor parte de la producción agrícola en todos los países europeos en las fechas a que nos referimos.

Unos y otros cumplen su labor en los límites que les imponen los medios de que disponen. La productividad de su trabajo, contando con un grado de destreza medio, depende del instrumento con el que trabajan. Cada instrumento o herramienta utilizada es, a su vez, producto de otro proceso de trabajo individual. El carretero utiliza el carro que le fabrican el herrero y el carpintero, y así, cada artesano utiliza herramientas hechas por él o por otro artesano. Y el campesino utiliza el arado que le hacen el herrero y el carpintero, así como los aparejos, cordeles y demás arreos para las bestias de tiro y carga, que le sirven los talabarteros, cordeleros, tejedores, etc.

Sobre este aparato técnico, sobre este aparato productivo comienza sus ensayos el que se convertirá con el tiempo en el nuevo sistema, el sistema capitalista.

Es oportuno recordar en este momento que este aparato técnico-productivo no es más que el esqueleto de un conjunto mayor (con músculos, nervios, sistema circulatorio, digestivo, cerebro) que es a lo que llamamos una sociedad (un país)

El aparato productivo no está quieto, sino funcionando, es decir, se va gastando y se va reponiendo, o dicho de otra manera, se va reproduciendo. Y para que esta reproducción tenga lugar, se van creando los elementos que resultan necesarios: mercado, escuelas, caminos, bancos, servicios de vigilancia, inspección, seguridad, con el personal necesario para poner todo ello en funcionamiento.

Todo este aparato “no productivo”, es decir, no dedicado directamente a la producción, en la época de que hablamos, estaba en manos de los nobles y de la iglesia. El uso de este aparato les proporcionaba todos los medios materiales para su propia reproducción, mediante la entrega que le hacían los productores directos de una parte de los productos obtenidos con su trabajo.

El ensayo capitalista consiste, básicamente, en tratar de conseguir un aumento de la productividad del trabajo. Y la finalidad perseguida es conseguir que el trabajador, al producir más, entregue mas cantidad de producto a su “nuevo señor”, al nuevo propietario de los medios que utiliza el trabajador.

Los instrumentos técnicos utilizados para conseguir el aumento de la productividad son, la especialización de las tareas de los trabajadores y la correspondiente cooperación de estos trabajadores especializados.

Esta operación lleva aparejada la del cambio en las herramientas, en los métodos de su utilización, en los tiempos, etc.

La novedad para los trabajadores es, que han comenzado a ordenarle técnicamente el trabajo desde fuera. Nunca antes el abad de un monasterio o el duque o marqués correspondiente, había indicado a ningún trabajador la forma de ejecutar un trabajo.

Ahora, sin embargo, la especialización de las tareas la estudia y ordena el nuevo señor. Y él se reserva también para sí la coordinación de las mismas. Es decir, separa y se reserva para sí, el “saber” y el “mando” en el trabajo. Se ha convertido en el director técnico del proceso de trabajo, en el que con anterioridad no participaba.

Este periodo, conocido como el de la manufactura, desemboca en el que se denomina del maquinismo. Las tareas, muy simplificadas, que se encargaban a un especialista, se vuelven a descomponer en sus movimientos más sencillos y éstos, se le encomiendan a una máquina, y el especialista pasa a vigilar la máquina.

Este periodo profundiza la separación entre el “saber” y el “mando”, de una parte, la ignorancia y la obediencia de la otra, en el seno del proceso del trabajo. Y el continuo avance en esta separación (cada vez más distancia entre la ejecución de una tarea constantemente simplificada y subdividida, y el conocimiento y control del movimiento de conjunto) es el rasgo característico del nuevo sistema de trabajo capitalista.

A esta característica típica del capitalismo, hay que añadirle la otra a la que va unida: utilizar todo el artilugio técnico descrito para obtener la máxima ganancia posible.

Esta segunda característica, de sacar un beneficio, ya le viene de las formas anteriores de trabajo, en que también existía. La diferencia está en que en la esclavitud y la servidumbre, cada ciclo, cada año, el señor obtenía una parte del producto de los trabajadores sensiblemente igual, es decir, los procesos de trabajo se reproducían a la misma escala, mientras que en el capitalismo, la tendencia es ir hacia la acumulación de las ganancias, o sea, a aumentar la escala del proceso de trabajo (todas las empresas tienen la tendencia a crecer constantemente).

Este proceso descrito, visto desde el lado del trabajador consiste en una pérdida constante en el contenido y el valor de su trabajo, en un profundo vaciado, no solo de sus habilidades y saberes, sino en su creatividad y su responsabilidad. Esto va unido, a que, lo que recibe a cambio de su trabajo no guarda relación con lo que él aporta.

Resulta así, que lo visto desde el lado del capital, como riqueza, creatividad, riesgo, responsabilidad, iniciativa, conocimiento; eso mismo, visto desde el lado del trabajador, es todo lo contrario.

Ese empobrecimiento progresivo del trabajador, y el correspondiente enriquecimiento del capitalista, es el motivo del nacimiento y la existencia de socialismo.

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