SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

Una primera incursión al campo de “la política”.-

Las instituciones cumplen, según venimos viendo, la función que les encomiendan los amos de la producción; en el caso de las sociedades capitalistas, los amos del capital.

Pero una cosa es quién señala la función a las instituciones y otra quién las hace funcionar, es decir, quien las conoce y sabe ponerlas en movimiento. El amo del coche de caballos es quien decide la dirección y el destino en el viaje, pero el cochero es quien sabe poner en movimiento al coche con los caballos. No es frecuente que el propio amo conduzca el coche y cuide los caballos.

La función general de todas las instituciones en nuestros países capitalistas es reproducir el capital. Pero, acabamos de ver, esto no se hace en el detalle en la misma forma en todos los países sino que hay variantes en la forma de llevar a la práctica diaria esta finalidad común.

En el estado norteamericano y en el sueco hay variantes en las instituciones que se encargan de la reproducción de los trabajadores. En un estado se ha elegido un camino distinto que en el otro.

¿Quién estudia estos caminos distintos, quién los propone, quién crea las instituciones que serían adecuadas y quién las dirige en su ejecución?

También puede hacerse la pregunta en general. Dado que las instituciones tienen señalada su función general ¿quién propone los distintos caminos para cumplir esta función? Y ¿quién propone las instituciones concretas para llevarlos a termino? Y por último ¿quién dirige estas instituciones?.

Esta actividad requiere equipos numerosos y fuertes, compuestos por especialistas en diversas técnicas y habilidades. No se trata de una improvisación, sino de propuestas que pueden acabar en la responsabilidad de dirigir, una, varias o el conjunto de las instituciones de un país.

Se conoce comúnmente esta actividad como política, y como partidos políticos a los distintos equipos que hacen las distintas propuestas. A las personas que se dedican a esta actividad se les conoce como políticos y si hacen de ella la forma habitual de buscarse la vida, se les llama políticos profesionales. Si se trata de una dedicación por un tiempo determinado, se dice que se han “metido” en la política y que después se han “salido”. Si la dedicación es ocasional y no remunerada (no pagada), o seguida con interés sin intervención directa, se dice que se está interesado por la política.

Los partidos políticos tienen, pues, unas tareas amplísimas. Han de preparar a las personas que aspiran a dirigir instituciones (Gobierno, Parlamento, Comunidades Autónomas, Diputaciones, Ayuntamiento, etc.); han de preparar las propuestas que se convertirán en las formas concretas de actuación si llegan a dirigir la institución; han de hacer una labor de búsqueda de personas que quieran pasar a formar parte de los equipos del partido; y han de hacer un esfuerzo de  presentación y defensa de sus propuestas para que resulten las más apropiadas para las soluciones que se proponen, así como que estas soluciones respondan a los problemas de las personas a quien se proponen.

Los grandes partidos europeos se presentan de la forma que acabamos de ver. Todos ellos proponen formas concretas de reproducción del capital, y el personal elige unas veces a unos y otras a otros, lo que traduce más o menos la idea de que todos tienen una misma meta.

Esto no quiere decir que no haya habido o pueda haber partidos cuya propuesta no sea la reproducción del capital. Lo cierto es que ninguno ha presentado una propuesta que haya merecido, pacíficamente, el apoyo necesario para pasar a dirigir las instituciones. Este asunto, que nos parece fundamental, lo consideraremos más adelante.

Las personas que no forman parte, en una o otra forma, de uno de estos equipos llamados partidos políticos, tienen una intervención muy limitada en lo que hemos llamado actividad política. Periódicamente, cada cuatro años en la mayor parte de los casos, será invitada a elegir entre los distintos partidos que pretenden dirigir las instituciones.

Nos referimos naturalmente, a la actividad, no a la opinión. Una opinión sobre estas cuestiones (qué instituciones, para qué finalidad, con qué medios, con o sin partidos, etc.), por muy poco precisa que sea la opinión, la tienen todas las personas. Lo que ocurre es que la realidad concreta en que se produce nuestra vida social, reduce extraordinariamente nuestras posibilidades de acción política, y sin embargo da rienda suelta a nuestra opinión sobre las posibilidades que podría haber, si las circunstancias fuesen otras.

Concretamente, el hecho de que los amos del capital señalen el terreno en el que se moverá la actividad política (la reproducción del capital), hace que el juego que permiten las instituciones sea mínimo (en Norteamérica, de hecho, se permite votar, elegir, a un partido de conservadores y a un partido de ultraconservadores). En Europa, normalmente el juego de las instituciones, permite votar a un partido conservador (mucho) o a otro menos conservador. Cuando aparece un partido cuyo juego, sus propuestas , se salen del terreno señalado por las instituciones, el apoyo electoral que obtiene es mínimo.

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