SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

Una primera aproximación al concepto de “capital”.-

 

En la sociedad europea se dan actualmente, al mismo tiempo, procesos de trabajo por cuenta propia, y procesos de trabajo por cuenta ajena. Estos últimos, sin duda, son los dominantes, son los que dan el carácter que hoy tiene la economía europea, y, junto con ella, la economía mundial.

En un proceso de trabajo por cuenta propia los medios de trabajo no tienen un nombre especial, ni considerados uno a uno, ni considerados en su conjunto. En el proceso de producción por cuenta ajena no es así. Tanto en conjunto como separadamente se les conoce con el nombre de capital. El capital, es por lo tanto, los medios de producción en los procesos de trabajo por cuenta ajena. O lo que es lo mismo, los medios de trabajo dedicados a que el trabajador rinda, mediante su trabajo, al empresario más valor del que a él le costó.

Como los medios de trabajo los adquiere y los repone el empresario adquiriéndolos con dinero, al dinero empleado en estos fines se les llama también capital, porque en realidad se trata de la misma cosa.

De esta manera, simplificando mucho, la gente dice que el dinero da dinero. Al fin y al cabo el empresario empieza invirtiendo una cantidad de dinero y acaba recuperándola aumentada.

La experiencia hace que la gente no se espante con esa operación, puesto que están hartos de ver cómo el Banco te da un dinero y luego tú lo tienes que devolver aumentado, el capital (que lo llaman) y el interés.

Otra vez las apariencias y lo que éstas esconden debajo.

El dinero prestado a interés ha existido desde hace muchos siglos, pero tenía otra significación. Se pedía dinero para el consumo (un vestido, una joya, una casa, un apuro) y, por la comodidad o necesidad de disponer de él en el acto, se pagaba una cantidad. Así funcionaba y así funciona también actualmente. Te dan dinero, tu lo consumes y pasado el tiempo lo devuelves junto con el interés (las letras del coche, la hipoteca del piso).

El dinero de los Bancos, los miles de millones de los Bancos no provienen de ahí. El dinero de los Bancos, el embalse de billones de los Bancos proviene de su participación en las operaciones de los empresarios. Los empresarios toman el dinero de los Bancos, lo utilizan en la forma que hemos visto, y comparten con ellos el incremento de valor que obtienen en la producción.

Es en la producción, solo en la producción, donde se crea valor, ya lo dijo el viejo profesor escocés: solo el trabajo produce valor. No lo dijo un obrero comunista, sino el cabeza de fila de la escuela clásica económica inglesa. El dinero produce más dinero sólo si se transforma en medio de trabajo y con ello emplea trabajo vivo. Este trabajo vivo es la fuente del nuevo valor. El valor de los medios de trabajo ya hemos visto que lo que hace es re-aparecer, revivir en el nuevo producto, pero ese valor, su valor, ya existía. El valor nuevo proviene del trabajo vivo. Y ese incremento de valor, se lo reparten, como es natural, quien facilitó el dinero y quien lo introdujo y utilizó en la producción (el Banco y el empresario). Ningún misterio. El dinero no produce dinero. La operación que el Banco hace prestándote el dinero para que te compres un traje, un coche, un piso, no crea ningún valor, no hay ningún valor nuevo. Un valor que tú tenias  lo pasas al Banco en forma de dinero, a cambio del servicio que te prestó aquel. Los usureros se hacían, y se hacen, ricos prestando dinero a interés, pero ni ellos ni sus clientes producen ningún valor, transfieren un valor ya existente y reciben otro, mayor, también existente. El capital, sin embargo, sí crea valor. Ya hemos visto cómo.

El valor es el otro nombre que damos al trabajo, y el capital lo que hace es poner los medios materiales para que el trabajador cree valor con su trabajo, más valor que lo que él cuesta.

Esta es la razón de que al dinero que hay en los Bancos se le llama capital. Igualmente al dinero que se mueve en la Bolsa. Precisamente a  la Bolsa se la conoce como el mercado de capitales. En ella se compran y venden los títulos de las empresas que invierten en la producción. Muchas empresas, las más grandes, dividen su propiedad en pequeñas partes, y a cada una de estas partes las llaman acciones, y estas acciones las venden en Bolsa. Quien las compra adquiere una parte del capital de la empresa. Por eso se llama mercado de capitales. Y el precio que en el mercado diario adquieren esas acciones se le conoce como su cotización.

Los Bancos, a su vez participan como compradores y vendedores en Bolsa, y ellos mismos, a su vez, dividen su capital en acciones que también se negocian en ella.

Los grandes Bancos, en la grandes Bolsas, son los que protagonizan el mercado de capitales, el mercado del dinero, repartiéndose  el plus valor. El valor nuevo creado por los trabajadores y que excede de su valor de coste. Llevarse la mejor parte de este plus valor es lo que guía el movimiento de capitales en las grandes Bolsas del mercado. Dado que funcionan como mercado, en las Bolsas no se crea ningún valor, solo se reparte el ya existente.

Si nos fijamos bien, el capital cuando sale de la producción en forma de mercancía, va al mercado y allí se convierte en dinero. De este dinero, una parte va al empresario y otra al trabajador. La parte que recibe el trabajador, normalmente se la gasta en mercancías para su consumo. Mientras que el empresario, dedica una parte, como el trabajador, a su propio consumo, y otra la vuelve a invertir en la empresa. La parte que destina el empresario a su consumo se conoce como renta y por tanto deja de ser capital, y la parte que reinvierte se convierte nuevamente en capital.

Se trata, como vemos, de la rotación del capital. Primero existe como dinero. En esa forma de dinero acude al mercado donde se transforma en mercancía (al comprar las medios de trabajo y la fuerza de trabajo). El mercado es la zona de circulación del capital, en cuyo recorrido éste no aumenta su valor. En forma de mercancías entra en la fase de producción (aquí es donde aumenta su valor), y sale de la misma en forma de producto, para encaminarse nuevamente al mercado, a la circulación, donde vuelve a tomar la forma de dinero.

Hay que retener, por tanto, que el capital recorre un ciclo, compuesto de una fase de circulación y otra de producción. En la de producción es donde brota la nueva riqueza que no existía, el nuevo valor (el capital entra con una medida y sale con ésta aumentada), y en la de circulación es donde se recoge y reparte esta ganancia.

Es importante volver, una y otra vez, a esta consideración, porque, con el sistema capitalista (el sistema del capital) ocurre como con el Sol y la Tierra. La Tierra es la que gira alrededor del Sol, el Sol es el centro, la Tierra la que gira y sigue sus movimientos, recibe su calor, etc. El Sol es la producción (las Empresas), la Tierra es la circulación (los Bancos, la Bolsa, etc.).

La producción es la que protagoniza todo el sistema económico, y esta realidad normalmente aparece enmascarada. En el trabajo, en el lugar de trabajo de las empresas es donde se elaboran todos los bienes materiales producto del trabajo, y donde se crea todo el valor que existe en la sociedad. Sin embargo, como estos productos y su valor se convierten en dinero para poder circular, es éste, el dinero el que brilla como si tuviese un poder mágico, y no hay nada de mágico, se trata de trabajo vestido de dinero, y además, trabajo ajeno. Y las arcas en que se atesora (los Bancos) aparecen con el esplendor y el poderío de los templos de la antigüedad.

 

La diferencia más significativa entre un proceso de trabajo por cuenta propia y otro por cuenta ajena consiste en que en el primero el protagonista de todo el proceso es el trabajador, y en el segundo no es así.

Hemos de considerar con más detalle en qué consiste ese protagonismo.

Un carpintero, un campesino, un pastelero, etc., comienzan su proceso de producción disponiendo de un espacio material (un terreno, un local). El propio trabajador es quien dispone de ese espacio que servirá de soporte físico a su actividad. Disponer significa que es él quien decide el destino que se le dará, el cambio de destino (si así conviene), el comienzo de la actividad o su cese. El propio trabajador es quien decide las herramientas que adquirirá, los instrumentos auxiliares, y en general la instalación material, así como las materias primas necesarias. El organizará las distintas tareas, su cadencia, la duración de la jornada, el horario, descansos, vacaciones, etc., y él decidirá, y es lo más importante, el destino de su producto, el destino del valor de su producto; si lo dedica todo a la venta, o una parte es para su propio consumo. Decide la parte dedicada a la amortización de la instalación (reposición de los elementos que se desgastan por su uso), y gastos generales (seguridad social, seguros, impuestos) y de lo que le queda limpio, él mismo decide si lo destina todo a consumo propio, o ahorra  una parte como reserva, o para consumo futuro, o bien, si decide destinar una parte a mejora y modernización de la instalación. Y decide, por último, cuándo y cómo, dejará el negocio, vendiéndolo, cerrándolo o dejándoselo a su hijo.

Todo eso sería protagonizar un proceso de trabajo y ello exige desempeñar al mismo tiempo dos papeles: el de propietario de los medios de trabajo y el de director del proceso de trabajo.

Este doble protagonismo aparece con especial claridad cuando el proceso de trabajo por cuenta propia es individual, es decir, lo realiza un solo trabajador.

En el caso de que sea una familia la titular propietaria y la que, al mismo tiempo, desempeña el trabajo, estaríamos también ante un proceso de trabajo por cuenta propia, dada la identidad entre propiedad de los medios de trabajo y prestación del trabajo. Fijémonos bien en esto: el hecho de que la propiedad sea colectiva y el trabajo se preste también colectivamente no impide que se trate de un proceso de trabajo por cuenta propia. Recordemos que lo que nos dice que un proceso de trabajo es por cuenta propia es el hecho de que coincida el control, la propiedad, de los medios de trabajo (las personas propietarias), y las personas que prestan el trabajo.

Cómo se organiza, cómo funciona la propiedad colectiva de los medios de trabajo (si decide las cuestiones un miembro de la familia en nombre de todos, o todos en común); y cómo se organiza el trabajo colectivo, es una cuestión que veremos en detalle más adelante. Lo esencial es que coincidan propiedad y trabajo.

Por el contrario, y de forma paralela, lo esencial en el trabajo por cuenta ajena, es la separación entre el control sobre los medios de trabajo (la propiedad) y la prestación directa del trabajo mismo.

En este estudio sobre el socialismo y el comunismo en comparación con el capitalismo es importantísimo destacar lo esencial entre estas dos formas de trabajar, por tratarse precisamente del concepto  que sirve de guía en el proceso histórico largo y complicado en que van construyéndose y tomando forma los fenómenos sociales a los que llamamos capitalismo, socialismo y comunismo.

Se trata, en todo caso, de fenómenos históricos (reales), y al mismo tiempo de la imagen de los mismos, es decir, la impresión que dejan en nuestra mente. Una cosa es lo que ocurre en la realidad, y otra lo que significa para los distintos sujetos o grupos que participan en los hechos o tienen noticia de ellos. La expropiación de los grandes propietarios rusos que llevó a cabo el gobierno de Lenin, tienen una significación real, y al mismo tiempo un reflejo en el imaginario de las organizaciones obreras, distinta de la que produce en los sectores de los grandes propietarios europeos. Son representaciones distintas de un mismo fenómeno histórico.

Hechos menos relevantes, pero más cercanos en el tiempo y en el espacio al movimiento obrero europeo y al correspondiente club de empresarios, a lo largo  de siglo y medio, van creando una realidad cambiante y una representación de la misma (cambiante también). La forma de producir, la forma de trabajar, va evolucionando mucho en siglo y medio. Tanto los obreros y sus organizaciones como los empresarios y las suyas, también han cambiado mucho. Por lo tanto, pretender que estas realidades y su representaciones pueden quedar encerradas, durante tantos años, en unos conceptos, en unas “pastillas mentales” (en unos comprimidos) que siempre han significado lo mismo, sería simplificar mucho las cosas.

Tanto el capitalismo, el socialismo y el comunismo, como sus representaciones en el imaginario obrero y en el patronal, han ido cambiando a lo largo del periodo que consideramos. De forma tal  que, cuando utilizamos uno de estos términos en la actualidad, no sabemos bien si lo debemos entender en su versión primitiva o en una de las formas que fue tomando a lo largo de su existencia. Cuando, por ejemplo, leemos lo que dijo un representante obrero socialista de Andalucía en 1.915, o lo que defendía Lenin en 1.921,o lo que hacía Stalin en 1.947, tenemos la impresión de que se trata de un proceso cambiante, tanto de los fenómenos históricos que vivían,  cómo de las representaciones mentales que de los mismos tenían en esos momentos.

En los comienzos del periodo considerado, el capitalismo no era un sistema que dominase la economía mundial. Su desarrollo, por lo tanto, era incipiente, y su estudio y conocimiento poco acabado.

El capitalismo como ordenación de la producción en base a la relación capital-trabajo tiene unas bases o fundamentos sin los cuales no podría existir. Lo hemos visto anteriormente. Se precisa una cierta acumulación de medios de trabajo, o de dinero para obtenerlos, de una parte. Y de otra, un tipo de trabajador que no disponga de medios de trabajo para el desarrollo de su propio trabajo, ni medios de vida para mantenerse.

Si nos fijamos bien, estos dos componente están al mismo tiempo, en su origen y en su resultado. El capitalismo para existir necesita separar al trabajador de los medios de trabajo, los necesita separados, pero en su funcionamiento también reproduce esta separación: produce por un lado más capital, y por otro más obreros.

En la fase madura del capitalismo esta separación, que se inicia con la manufactura, se consuma. Las condiciones materiales del trabajo que, cuando es por cuenta propia, son sometidas, dominadas, controladas por el trabajador, pasan a someter y dominar el trabajador, personificándose con toda su potencia en la persona del empresario.

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