SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

Un acercamiento al Marx “socialista”.-

Lo cierto es que se produce un desenfoque teórico. El gran esfuerzo intelectual de Marx, desentrañando la mecánica con la que los capitalistas organizan el trabajo, es correspondido por los socialistas, sus seguidores, con un anticapitalismo, que pone su meta en la destrucción de este sistema.

Esto no quiere decir que la lectura de Marx no inspire estas consecuencias. Ciertamente Marx ve la destrucción del capitalismo como el paso necesario hacia la consecución del comunismo, haciendo creer que la secuencia se producirá así: destrucción del capitalismo, llegada del socialismo. En muy buena medida así lo pensaban los dirigentes del partido comunista ruso. 

Es una manera de estudiar a Marx. Hay, sin embargo, otras direcciones en el estudio de su obra. Otras direcciones, no contrarias a la que acabamos de aludir, ni mucho menos contrapuestas a ella, sino como una suma, como un sentido más a añadir al anterior.

En el Capital, Marx hace una disección, un corte en el cuerpo de la producción capitalista, y nos enseña las tripas; las tripas, los huesos, los músculos, los nervios. Los describe con detalle. Los describe quietos, en reposo, y en movimiento. De manera que se pueda apreciar su agrupamiento por funciones (aparato digestivo, esqueleto, aparato motor), y su funcionamiento como conjunto global.

El trabajador, los medios de trabajo y las relaciones entre estos dos elementos, son el eje central de este estudio.

El argumento de toda la obra es, la forma en que el capitalista se introduce en esta relación, da a la misma las modalidades que mejor sirven a su interés, y convierte a éste (a su interés) en el norte de toda la actividad del trabajador.

En la detallada explicación de toda la trama, el lector, quien estudia esta obra, puede ir anotando dos tipos de consideraciones.

Una sería: todo este delicado montaje que han realizado los capitalistas con el trabajo de los obreros, no tiene otra finalidad que enriquecerse ellos. Para ello han desprovisto al trabajador de todo, sus, medios de trabajo, la iniciativa y la creatividad, apropiándose de la dirección técnica y el mando en el trabajo, dejando al trabajador convertido en un ejecutor de sus órdenes. Y además, apropiándose del producto. Este sistema hay que destruirlo. Las organizaciones obreras, es lógico que tengan como meta principal la destrucción del mismo. Los estudios de Marx y sus continuadores han servido de gran ayuda para comprender hasta qué punto es preciso luchar contra el capitalismo para hacerlo desaparecer.

Otra consideración, otro enfoque de la obra de Marx, sería: el centro de atención de esta obra, el Capital, es el trabajo, o sea, el trabajador. Y el ángulo desde el cual lo contempla es el de las relaciones que establece a través, o como consecuencia, de su actividad, del trabajo. Y distingue, principalmente, dos tipos de condiciones que influyen en ello. De un lado, las condiciones técnicas, es decir, el grado de desarrollo del instrumento que utiliza en su trabajo, y eso influye directamente en su productividad, así como en el hecho de que se pueda (sea técnicamente posible) trabajar individualmente, o sea necesario hacerlo en forma colectiva. Por otro lado, las condiciones llamadas sociales, es decir, si el trabajador es dueño, o no, de los medios de trabajo y del producto.

Se nos ofrecen así las herramientas intelectuales, la teoría, que permite penetrar en el conocimiento de la organización del trabajo que hace el capitalismo. Pero, al mismo tiempo que descubre, y va describiendo, las transformaciones que convierten al propietario en empresario, a los medios de trabajo en capital, al trabajador en obrero, y a las relaciones de todos ellos, en el funcionamiento del capital. Al mismo tiempo, está dejando en claro otra vía, es decir, cómo combinar los elementos descritos, de forma que las relaciones que se establezcan entre ellos no sean capitalistas. Y todo ello, con el rigor que caracteriza a nuestro autor

 

Seguramente, el principal aporte de esta obra, el principal hallazgo intelectual de quien la estudia, consiste en que describe los elementos y relaciones citados, en su nacimiento y su desarrollo. Es decir, los hace históricos, propios de un lugar y de una época (eso quiere decir históricos), o sea, lo contrario de naturales y eternos.

Los individuos, dice, no nacen obreros. Los obreros hay que fabricarlos. Y, efectivamente, nos describe las condiciones técnicas en que es posible que aparezca la figura del obrero: herramientas, máquinas, que solo las puede poner en funcionamiento un trabajador colectivo, que utiliza las formas más complejas de la cooperación. Y, asimismo, nos describe las condiciones sociales : que los trabajadores no dispongan de esos medios, ni de medios de consumo para poder reproducirse.

Esas condiciones, efectivamente, son históricas, se han dado en un lugar y en un tiempo (Europa y los siglos XVI a nuestros días). Y en un lugar y un tiempo pueden empezar a transformarse, o desaparecer, o pueden no aparecer.

Eso hace que el capitalismo aparezca como una modalidad más de las formas en que, de hecho, a lo largo de la historia se ha ordenado la producción. Esa no era la opinión general en los tiempos de Marx. Ni en los tiempos de Marx, ni ahora, en que hasta los socialdemócratas la dan como la más aceptable.

Esta visión histórica del capitalismo, a través del estudio de sus elementos y de las relaciones entre ellos, permite hacer mucho más permeable una realidad que se presenta a sí misma como sólida y acabada.

Y esto, en un doble sentido; teórico y práctico.

Empezaremos por la práctica. La práctica es el suelo sobre el que anda la teoría, de forma que cuando va evolucionando, cambiando, enseguida va abriendo grietas en la teoría.

Un ejemplo. Una de las condiciones, hemos visto, para que comience a montarse y a funcionar el sistema del capital, es la existencia de una acumulación de medios de trabajo, o de dinero para adquirirlos, de una parte, y de otra, la existencia de trabajadores que no disponen de esos medios.

Eso ocurrió cuando la productividad del trabajo era muy baja, y los salarios, en consecuencia, también eran muy bajos; de forma que apenas permitían la reproducción física del trabajador (no morirse de hambre, y poder criar a sus hijos, sus sustitutos mañana). Hoy, en Europa, la productividad ha crecido en forma espectacular, y ello permite pagar salarios altos, de tal forma que determinadas categorías de obreros, pueden ahorrar.. Y con los ahorros de un grupo de ellos, pueden adquirir los medios materiales de trabajo que les permitan montar una empresa cooperativa, donde propietarios y trabajadores puedan ser ellos mismos. Esto quiere decir, que las condiciones materiales han cambiado (concretamente la productividad del trabajo), y al cambiar éstas, abren la posibilidad a otra forma de relacionarse al trabajador con sus medios de trabajo. Si antes lo hacía teniendo como intermediario al propietario de los mismos, que era el empresario; ahora, ya puede prescindir de éste, y relacionarse con los medios de trabajo directamente. Y esto, en procesos de trabajo colectivos, que en los individuales ya lo podía hacer cuando era artesano.

La práctica, la experiencia, en su caminar semiciego, va abriendo lentamente vías que antes no existían. Y éstos cambios lentos, que casi no se perciben, dan pié a la teoría para hacer un repaso de sus posiciones, así como de su herramental, no sea que se hayan quedado atrasados.

Marx suministró suficientes elementos teóricos como para, con su análisis del capitalismo, permitir concebir otros modelos de procesos de trabajo, y por tanto otros modelos de sociedad; considerando al modelo capitalista como la plataforma desde la cual se podría acceder al socialismo.

Estos elementos teóricos fueron recogidos por el movimiento obrero socialista y comunista, convirtiéndolo en parte de su teoría, en parte su pensamiento, en parte de sus ideales.

Como hemos visto anteriormente, a todo este conjunto de aportaciones se les ha venido llamando el marxism

 

El marxismo, por lo tanto, significaba, tanto una teoría, como un proyecto. Como ambas cosas se le utilizó. Y por eso se ha podido decir de él que es una pura falsedad, o que ha sido un fracaso. Lo de la falsedad vendría referido al aspecto teórico del marxismo, y el fracaso, a su aspecto de proyecto o programa para el futuro.

Las aportaciones que cualquier estudioso hace a la teoría del campo al que dedica su actividad, son recogidas por los demás estudiosos, en la medida en que les resultan valiosas y utilizables en la comprensión del objeto de que se trata.

Marx ha ayudado a avanzar teóricamente en la comprensión de la sociedad que vivimos, y muy particularmente en el papel del trabajo productivo en el seno de la misma.

Colocando en el centro de su investigación el trabajo humano, ha suministrado los elementos teóricos que permiten entender las formas concretas con que se nos presenta en la vida diaria, así como las palancas sociales con las que se crean y se manejan estos tipos concretos de trabajo.

Esta parte teórica de sus estudios nos parece muy útil para orientar la navegación del movimiento obrero. Y en cuanto a sus proyectos y “profecías”, no dejan de ser eso, proyectos y profecías.

Esta doble consideración del marxismo, como teoría y como proyecto, lo hace poco apropiado en algunas de sus utilizaciones habladas o escritas. Por ejemplo, cuando se dice de un Estado, o de un Gobierno, que es marxista, no es fácil entender a qué hace referencia esa característica. Sería propio aplicar lo de marxista a una forma de estudiar la sociedad y su funcionamiento; y, sin embargo, dejar para referirse a unas metas, a unos objetivos, la palabra socialista o comunista.

Así, se podría decir de un partido político, que propone como objetivo alcanzar una sociedad comunista, utilizando en su visión de la sociedad unos análisis de tipo marxista.

Lo que parece, en definitiva, poco esclarecedor, es aplicar a los resultados de la acción de un partido el adjetivo de marxista, aunque este partido, en la forma de enfocar su actuación, obedezca a una visión marxista.

De esta forma, podríamos decir que Lenin era marxista, como el resto de los dirigentes del partido bolchevique, pero no parece muy apropiado llamar marxistas al tipo de granjas colectivas que montaron, porque Marx estudió lo que estudió y mantuvo determinados conceptos para actuar sobre la realidad, pero él no montó ninguna granja, ni dijo cómo debían montarse.

Cada fracaso de la teoría capitalista, de la teoría liberal, es un fracaso de su aplicación, ya que otras muchas aplicaciones han sido un éxito. Las teorías, el conocimiento ordenado de las cosas y de sus movimientos, se elaboran a partir de la práctica y de la observación y reflexión sobre esa práctica. Los fracasos y los éxitos, lo que llamamos fracasos y éxitos, no son más que la propia práctica. La teoría, con esa práctica (fracasos y éxitos), va avanzando. El conocimiento, con la práctica, perfecciona sus instrumentos y nos ayuda a tener una visión de la realidad que nos permite actuar sobre ella con mayor precisión.

Todo esto, viene a cuento de la utilización que se hace de todos los términos de los que estamos tratando. Se dice que el comunismo ha fracasado, que el marxismo ha resultado falso, por ejemplo.

Sería más exacto decir que, el llamado comunismo ruso, dirigido por un partido político de inspiración y formación marxista, después de una experiencia de más de 70 años, no ha sido reconocido como obra propia por los mismos obreros rusos.

Es un fracaso del partido comunista ruso. Es el fracaso de un partido de formación marxista.

Ni el concepto de valor y plusvalor han dejado de ser útiles para la mejor comprensión de nuestra sociedad, ni el proyecto de una sociedad formada por productores libremente asociados han dejado de poder convertirse en un modelo atractivo para los trabajadores.

Cada cosa en su sitio. El marxismo, o sea, los estudios que Marx inició, con vocación de aplicar los principios científicos a la comprensión y conocimiento de la sociedad, es un instrumento válido como guía para la acción de una organización de trabajadores. Y el proyecto de una sociedad centrada en el trabajo en común de todos sus miembros, una sociedad comunista, sigue siendo una meta alcanzable. Los fracasos y los éxitos serán las señales en el largo camino; de ninguna manera los frenos en el caminar

 

Los estudios de Marx, lo que llamamos el marxismo permitió, abrió la vía para, que el movimiento obrero pudiera penetrar en los más íntimos secretos del poder.

Las apariencias dicen que un obrero, un pobre obrero, tiene muy difícil, extraordinariamente difícil, entrar en las cámaras blindadas dónde se forja el poder, el dinero, la sabiduría, el mando.

El marxismo, en lo que tiene de intención científica, de seguir el camino del conocimiento científico, se fija como meta tomar la realidad como se presenta, es decir, en su apariencia, y enseguida empezar a escarbar, a investigar qué hay detrás de las apariencias. Si la realidad social, más concretamente, se presenta en forma de sujetos enmascarados, la ciencia, el método científico, nos invitará, primeramente a percibir que efectivamente van enmascarados, para pasar seguidamente a descubrir quién era el verdadero personaje que teníamos enfrente.

El escenario escogido por el marxismo es el del trabajo, el de la producción. La elección del escenario ya ha supuesto una labor de tipo científico, de desenmascaramiento. Las apariencias, lo hemos visto en otro punto anterior, no apuntan en este sentido; más bien, indican que el centro de gravedad de nuestras sociedades estaría en los centros financieros, en los centros políticos, en la influencia de las grandes religiones, en el sentido ético que hay en el interior del hombre, en la racionalidad humana, como principios ordenadores.

Un estudio histórico de las sociedades que nos han precedido, nos permite colocar, por delante de todos estos adornos que hemos citado, la producción material. Esta siempre está en la base de la propia existencia de la sociedad estudiada y, como es natural, de su reproducción. Es la condición misma de su existencia. Sin tribunales, sin escuelas, sin ejército, sin religión, sin dinero, sin gobierno, han existido sociedades; sin producción material no cabe ni pensar en ellas.

Y ya hemos visto cómo las exigencias de la reproducción acaban rodeando a la producción de los apoyos que la hacen posible. De este modo no queda ninguna duda sobre cual es el centro ordenador de cualquier sociedad, y cuáles los centros de segundo orden que siguen las exigencias e indicaciones del primero.

El marxismo, como teoría, resalta esta ley general en el movimiento de las sociedades: la producción marca el paso a todas las instituciones que la rodean. Y de esta forma, rompe las apariencias de que la religión, la política, las ideas, o la fuerza (militar) sea quien marca la dirección en una sociedad.

Decir la producción, es decir el trabajo. Y es decir el trabajo vulgar, el trabajo feo, no el trabajo artístico, creativo.

En esta teoría, el obrero se sitúa en el corazón de la sociedad, en el lugar donde se producen los impulsos que la alimentan y la mueven. En el mismo sitio sitúa a los siervos en la sociedad medieval, y a los esclavos en la sociedad que la precedió.

El estudio de estas sociedades nos pone en evidencia, cuáles son los medios a través de los que los trabajadores, siendo los protagonistas de la producción, no tienen papel alguno en la ordenación de la sociedad, ni siquiera en la ordenación de la  producción.

Marx se centra básicamente en la sociedad capitalista para hacer sus análisis.

En la producción capitalista, los obreros son, efectivamente, sus protagonistas, en el sentido de que son quienes trabajan, quienes empujan, pero no son quienes la dirigen.

La dirección de la producción la ejercen los capitalistas, y la razón para ello es que son los propietarios de las condiciones materiales de la misma, sin las cuales el trabajo no es posible.

La propiedad de los medios de trabajo convierte a los capitalistas, de una parte en propietarios del producto obtenido, y de otro, en directores técnicos del proceso de trabajo.

El trabajador queda así, desprovisto del fruto de su trabajo, y ajeno a la finalidad y dirección técnica del proceso en el que participa.

Estas dos últimas condiciones son el marco en el que se ofrece contratar al trabajador. Este marco es intocable, y lo que se ofrece discutir para contratar, o no, es básicamente, el salario que se cobrará y la jornada, las horas que se trabajará. Una cosa y otra, deberán permitir al capitalista obtener una ganancia que girará alrededor de la ganancia media de todos los capitales.

Así es como se presenta la producción en el análisis de Marx, y de estos análisis se desprenden una serie de consecuencias teóricas que pasamos a considerar.

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