SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

Todas nuestras instituciones relevantes están, directa o indirectamente, inspiradas y pagadas por el capital.-

 

Las instituciones auspiciadas (patrocinadas, favorecidas) por el capital, son todas las que conocemos. Todas las instituciones que tienen relieve, importancia, en nuestras sociedades capitalistas, son pagadas, y por tanto, dirigidas, directa o indirectamente por el capital.

Las relacionadas con la violencia (Fuerzas Armadas, Policía, Tribunales, Cárceles) no ofrecen ninguna posibilidad de duda. Se encargan de mantener el orden. Y no hay orden más importante en estas sociedades, que el orden del capital.

Las que se encargan de mantener al día el aparato técnico que asegura la fluidez de los movimientos del capital (Bolsas, Bancos, Aseguradoras, Administración Civil del Estado, Notarías, Registros, Colegios de Abogados, Tribunales en la rama civil y mercantil, etc)., es evidente su dedicación a la causa del capital. Incluidos en este apartado, los Partidos del capital, así como los Sindicatos y los Partidos de los Trabajadores, dedicados todos ellos a lograr esa fluidez que señalamos más arriba.

Y no quedan más que las culturales, en este pequeño recorrido que hemos hecho.

Mientras que las que acabamos de citar, parecen ligadas en forma muy directa con el capital, al que dan soporte técnico y seguridad, éstas últimas, las culturales, se presentan a sí mismas como autónomas, como no dependientes del capital. Algunas de ellas, incluso, se presentan como el espíritu crítico, la mala conciencia, del capital.

A este respecto, hay que tener en cuenta lo dicho sobre el papel real que juegan en la sociedad las ideas de libertad, justicia, democracia; cómo sólo las que logran formar cuerpo en una institución, alcanzan la posibilidad de difundirse; ser conocidas y tener influencia. Y a esas instituciones, precisamente, nos estamos refiriendo.

Estas instituciones culturales pueden, no pocas de ellas, resbalar lentamente hacia soportes materiales con forma de empresas capitalistas (editoriales de libros y revistas, librerías, productoras de cine, locales de exhibición, distribuidoras, compañías de teatro, casas de discos, de D.V.D y de venta y alquiler de películas, clubes de fútbol, radios y televisiones privadas, galerías de arte, anticuarios, subastas de obras de arte, escuelas de danza), pasando así a seguir directamente las pautas de la producción. Pensemos, concretamente, en los fabricantes de radios, televisores y demás soportes físicos de las diversas formas culturales. Se trata de simples empresas capitalistas, sometidas como cualquier otra a las leyes del movimiento del capital.

De esta forma, la institución que, recogiendo las ideas más puras sobre libertad, justicia, belleza, etc, se convierte en una empresa capitalista, deja el mundo de las instituciones y se inserta en el orden de la producción, en nuestro caso, de la producción capitalista.

Se acaba formando así un bloque, un apartado, en la producción, que se ocupa de dar forma material a la expresión cultural, colocando a ésta en un lugar, perfectamente alcanzable a las indicaciones de los intereses del capital, y por tanto, lejos de la pretendida autonomía e independencia.

Otra parte importante de las instituciones culturales, quizá las de más brillo social, tienen su base de subsistencia en el dinero que reciben, bien de otras instituciones, bien de los capitalistas directamente.

Entre las primeras, podemos señalar, las instituciones culturales más importantes del país: el Museo del Prado, el Teatro Real, Radio televisión Española, la Orquestra Nacional, el Ballet Nacional, la Compañía Nacional de Teatro, las Televisiones Autonómicas, los Teatros Municipales, los Teatros de la Opera, las iglesias (en buena medida). Todas ellas reciben el dinero de la misma fuente que las Fuerzas Armadas, los Tribunales, el Gobierno, etc., es decir, lo reciben con la misma finalidad general (reproducir el orden productivo), y su finalidad particular: señalar la “excelencia” de las altas cumbres del espíritu artístico, en contrate con las tareas planas de la producción, mostrando vías individuales de superación de las condiciones materiales y sociales del entorno.

Otras, sin embargo, con idénticas finalidades que las que acabamos de ver, reciben el dinero que cuesta su existencia y mantenimiento, directamente del capitalista, al que se llama un mecenas (Mecenas era un rico consejero del Emperador romano Augusto, y que era un protector de los literatos). Recordamos, por ejemplo, la Fundación Juan March.

Si las instituciones culturales convertidas en empresa capitalista, encuadran las ideas y los valores que manejan, en el marco de reproducción del capital; si las que reciben el dinero del Gobierno (del Parlamento), quedan sometidas al régimen general de las demás instituciones en sus funciones reproductoras; en éstas que señalamos en último lugar, no hay lugar alguno para la duda: las rige directamente el propio capital.

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